06/11/2009

Marlowe: el otro Shakespeare (Uno)





El otro Shakespeare, ahí es nada.


En los boleros “el otro” puede dar mucho juego. Pero para una persona de talento, si la posteridad le adjudica el papelón de ser “El Otro” resulta muy jodido. Uno de esos otros es el “otro” poeta, el “otro” dramaturgo isabelino, ese otro que, vaya por Dios, no era Shakespeare, sino justo eso: el otro.

Mi autodidactismo (1) que no cesa, al igual que mi curiosidad en la que está aupado siempre aquel, me hizo fijarme en Christopher Marlowe hace algún tiempo. Marlowe es a Shakespeare lo que Salieri a Mozart. No un simple segundón, sino alguien con mucho talento, más del suficiente pero menos del necesario, remedando la famosa condición matemática, que tuvo la mala fortuna de coincidir con…Shakespeare. Ufff... Es como si eres un buen diez en fútbol y chupas banquillo con Maradona, o un mediapunta y con Zidane. Aún recuerdo mi sorpresa cuando oí por primera vez a Salieri. Era como escuchar a Mozart, pero…faltaba algo. Ese algo, probablemente indefinible o que requiere voluminosos tomos para explicarlo, es el genio. Supongo. Pero, insisto, si no hubiera existido Mozart a la vez que…Salieri sería un músico muy estimable. De hecho, lo es.

Y si no hubiera existido Shakespeare…el problema es que la gente se ha empeñado a menudo en que en cierta forma no existió, que era Bacon, o Marlowe el que escribía sus obras. Esa gente que propende a buscarle tres pies al gato atribuye a Marlowe una gran parte o toda la obra del más famoso William (después del travieso de la gran Crompton); evidentemente sin ninguna necesidad. O con la necesidad siempre algo boba de desnudar a un santo para vestir a otros: jugar a las muñequitas con la alta cultura.


Del genio de Stratford se sabe muy poco, por eso es tan meritorio que se escriban biografías de más de mil páginas de él; del de Canterbury algo más, lo que le hace muy divertido. De hecho, su biografía es muy resultona, porque nació en el mismo lugar donde también lo hizo la mismísima literatura inglesa, Chaucer mediante; estudió en Cambridge, como todos los dobles espías ingleses cinco siglos después (Phillby, Burgess, Maclean y mi favorito: Anthony Blunt, aunque sólo fuera porque dio motivo a que el irlandés John Banville escribiera una de las mejores novelas inglesas del siglo XX, El intocable) y el mismo fue probablemente lo más parecido a un espía que se podía ser en esa y en cualquier otra época (recordad, el reinado de Isabel), pero le negaron el título de licenciado porque en plena guerra con los papistas corrió el rumor de que se había convertido al catolicismo e incluso que estaba preparando su sacerdocio. Así que por primera pero no última vez salió por pies de allá. Sin embargo, nada menos que el Consejo Privado (Privy Council) de la reina, lo que hoy llamaríamos el grupo de asesores del jefe de gobierno –o más coloquialmente “fontaneros”, y que me excusen los honestos plomeros- intervino a su favor negando los cargos y explicando vagamente que el susodicho Christopher Marlowe prestaba importantes servicios a la susodicha (¿espionaje, favores sexuales?), tachán… No es de extrañar, porque se le daba muy bien el siempre delicado arte del ‘peloteo’. Véase lo que escribe para contestar la carta de un preboste francés:

“Dulce príncipe, voy; que tus amorosos renglones habrían podido hacerme venir a nado de Francia…” Etc.

¿Era un espía? ¿Era el amante real? (pero ¿no era marica?) ¿Tan sólo un ‘pelota’? Qué más da. No soy su biógrafo, sólo su rendido admirador. Así que Marlowe concluye mal que bien sus estudios y se instala en Londres donde vivirá los seis escasos años que le quedaban de vida, siempre metiéndose en problemas. Y escribe obras de teatro en competencia con William Shakespeare; se conservan seis, la mencionada por Miroslav, -ver comentario del post anterior-: ‘Eduardo II’; ‘Dido, Reina de Cartago’; ‘Doctor Faustus’ (sí, antes que Goethe), ‘La Masacre de París’ (esta debía estar bien), Tambourlaine, y El Jeque de Malta (buen guión para Rodolfo Valentino), o directamente escribe las de William Shakespeare, según algunos iluminados.

Se incorpora a una compañía de teatro, la del Conde de Nottingham rival de la que acogía a Shakespeare, la de Lord Chamberlain. Pero lo que resulta más entretenido es que ingresa igualmente en un “peligroso” grupo de librepensadores integrado por los matemáticos Harriot, Allen y Hues, el filósofo y alquimista, Walter Warner y el mucho más famoso favorito real y corsario, Walter Raleigh, sí, justo el que trajo el tabaco a Europa, justo el ingenioso pre científico que demostró como se podía pesar el humo de un cigarro, por ejemplo, justo el muy presumible amante de su nada serena majestad Isabel I (Judi Dench para los cinéfilos), y algunos ociosos inquietos como el conde de Northumberland. O sea, para entendernos, tanto Shakespeare como Ben Jonson o Marlowe eran los amigos golfos y con talento de los aristócratas golfos y sin él; llamémosles ‘mecenas’. Igual que hoy, vamos.

Abandonamos la Wikipedia a la que no estimo pero a veces uso, no sin un rictus de desdén en cada ocasión, injusto que soy, y de ahora en adelante aparece un apasionante biógrafo inglés, que es como decir excelso, de apellido japonés, Constance Kuriyama de la Universidad de Cornell. También surge por fin mí adorado Robert Graves, otro erudito, poeta y novelista inglés de la mejor casta, es decir, de los que no aguantan sus propias "Islas" –ni por el clima ni por la gente- y huyendo de allá como la peste, se mudan a otras y se instalan entre nativos primitivos como nosotros, sin ir más lejos, en Mallorca concretamente, después de la Primera Guerra Mundial. Ya tenéis las claves o rosario de mi erudición en el orden que lo empleo ahora y no en el que fui indagando: Wikipedia-Kuriyama-Graves. A Kuriyama no le conocía antes de emprender esta modesta indagación, y a Graves…, Bueno Robert Graves es un viejo y permanente amor en mi vida; peor para vosotros si no le conocéis. Bien. Aunque no estaba mal, espero que a estas alturas ya os hayáis olvidado del Rupert Everett, el Marlowe de Shakespeare in love, la peli sobre ese Shakespeare enamorado nada menos que de Gwyneth Paltrow (¿y quién no?). El peligroso Everett; perdón, Marlowe. Tal vez homosexual, tal vez amante de la reina (a juzgar por los retratos de ella lo primero hasta podía suponerle una ventaja para soportar lo segundo), tal vez “negro” de Shakespeare y casi probadamente peligroso duelista y peleón de taberna. Tomemos aliento. Tomemos también un buen trago de whisky de malta.



(Continuará)


(1)

[1] Ya se sabe que lo malo es enemigo de lo peor; la Wikipedia está originando una generación de semianalfabetos y evitando otra de analfabetos completos; qué se le va a hacer. Dentro de poco decir “eres un erudito o un listillo de Wikipedia” (ya lo hizo Vanbrugh, creo recordar) va a ser un insulto estupendo. Lo que somos todos, o deberíamos serlo a mi entender, es autodidactas, en el sentido de que la educación propia es una tarea tan esencial –se trata de crecer, no en tamaño corporal, sino mental en su más amplia acepción- como la de, digamos, mantenerse vivo. Y si hay mucha gente que no la emprende, que se trata así de mal, o que erradamente piensa que dicha tarea concluye a cierta edad, no podemos esperar que lo haga mejor con los ajenos que de ellos dependen, por ejemplo, sus hijos (no digamos si tienen alumnos) ni con el mundo/entorno que, perdón por la redundancia, les rodea. Autodidactas pues.

21 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Cambridge y sus elitistas agentes dobles; eso seguro que no se lo imaginaría Marlowe, o quizá sí ya que puede que iniciara él la saga, ¿no? Pero, volviendo a los más recientes, son gente interesante y muy novelesca. De Blunt supe hace un par de meses gracias a la recopilación de artículos del New Yorker de Steiner, que comentaste en algún post. A ver si me consigo la novela de Banville que tanto te gustó (por cierto, siguiendo tus consejos me hice con otras dos de éste; me gustaron, sí).

Un encanto la Gwyneth Paltrow, ciertamente.

Lansky dijo...

Sí, Banville es uno de los grandes actuales y El Intocable la mejor de sus novelas, en mi opinión. Y para demostrar que es un ser humano corriente escribe con el pseudónimo de Benjamin Black (obvio lo de ‘black’) unas novelas negras bastante corrientuchas, más o menos como las del malogrado sueco Stieg Larsson, pero afortunadamente más breves; bueno, no son tan malas.

Anthony Blunt me interesa ‘per se’. Es fascinante y he leído sus libros como crítico e historiador de arte, sobre todo el dedicado a Poussin, que es precioso y agudo. Me encantaría traicionar a mi patria con tanto estilo como é, sí, ser un traidor glamoroso y honesto, exquisito.

Belnu dijo...
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José Montalvá dijo...

el problema de "los otros" es que actúan en parámetros semejantes a "los genios"; para ser una "estrella" con brillo propio hay que buscarse en la diferencia, supongo; se me ocurre que si Duchamp se hubiese quedado en el cubismo no hubiese dejado de ser un satélite de Picasso

Lansky dijo...

No está mal pensado, José, pero en el caso de Duchamp creo que habría sido satélite del primero con el que se hubiera comparado, no estaba hecho para ser planeta, mucho menos sol.

También puede ser mi parte convencionalmente carca que tengo, que no me hace admirar a esos profesionales de la provocación y, aunque entiendo, creo, su utilidad, no me emocionan lo más mínimo.

Ozanu dijo...

¡Muy bueno! Espero que en la próxima continuación nos cuentes más del poeta.

Lansky, ¿no te gusta el arte moderno? ¿Conoces el hartismo?

Nota: La Wikipedia viene bien si sólo quieres leer un resumen rápido de algo, de hecho yo no la usaba para las materias de mi carrera. Eso sí, para profundizar es mucho mejor un volumen de biblioteca.

Dante B. dijo...

Jugosos post, amigo, pero cuando voy a comentarlo me encuentro conque por dos veces la bloggera Zbelnu ha sido eliminada de aquí.
Soy un cotilla, lo sé, pero me interesa saber qué ha pasado.
Tal vez se trate de justicia kármica.
De cualquier forma, y perdona, no estoy a favor de los borrados y supresiones. Creo que todos nos mostramos en nuestros comentarios y está bien que sea así.

Numeros dijo...
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Numeros dijo...
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Numeros dijo...

¿Fue Walter Raleigh quien introdujo el tabaco en Europa? Siempre creí que había sido Boncalo. De manera que me he puesto a buscar en el internete, evitando en la medida de lo posible Santa Wikipedia, y he encontrado:

http://wikanda.sevillapedia.es/wiki/Tabaco

donde dice:

Hernández de Boncalo, cronista e historiador de las Indias, trajo las primeras semillas de tabaco que llegaron a Europa, en 1559, por orden de Felipe II. Estas semillas fueron sembradas por Boncalo en tierras situadas en los alrededores de Toledo, denominadas cigarrales porque solían ser invadidas por plagas de cigarras. Allí se inició el cultivo del tabaco en Europa y, por este motivo, algunos historiadores piensan que el nombre de "cigarro" provenga de esta circunstancia.

Y si bien no es la wikipedia, se le parece bastante... Así que, nueva búsqueda en inglés (para evitar en la medida de lo posible el chauvismo), y ¡tachán!:

http://www.tobacco.org/resources/history/Tobacco_History16.html

En resumen: Sir Walter no introdujo el tabaco en Europa... y ahí hay materia para un nuevo post. ¿Miros, te animas?

Black Arrow dijo...

Hola,Lansky

Encontré muy interesante su blog

¿Me permitiría poner un link sobre su artículo sobre libros de bolsillo y enlazarlo con mi blog?


Saludos

José Montalvá dijo...

bueno, no estoy de acuerdo contigo en cuanto a Duchamp; te guste o no (a mí tampoco me gusta tanto como otros) sí es sol y planeta y constelación; de hecho, el noventa por ciento de lo que se expone hoy en las galerías y museos del llamado arte "contemporáneo" se le debe a él; el noventa por cien de los "artistas" actuales son hijos y nietos de su obra; de hecho, Picasso y Matisse prácticamente han desaparecido (no olvides que también fueron unos provocadores, otra clase de provocadores, formalistas, digamos, pero provocadores al fin y al cabo)...

este hecho, el éxito de Duchamp, no creo que agradase ni siquiera al propio Duchamp; pero hay que reconocerle una gran coherencia, sobre todo vital (yo soy un admirador de su biografía, de sus líneas biográficas, absolutamente magistrales)

saludos

Lansky dijo...

Ozanu:
Gracias. ¿Que si me gusta el arte moderno? Primero tendríamos que ponernos de acuerdo qué es 'moderno', pero en principio, sí, aunque no todo (ver comentarios con josé montalbá, un profesional)

Dante B:
En principio la tal Belnu tenía todas las papeletas para interesarme: una foto (no sé si reciente) con sugerente 'canalillo' sobre un fondo de libros, precioso, pero comenté en su blog y me contestó crispada, me borró los comentarios y entró aquí para explicar lo inexplicable: básicamente que me conocía de antes y que soy, textual, 'un troll'. No sé si la ofendí en otra vida, vete a saber (Y tí a ver si me aclaras esa alusión a la 'justicia kármica')

Números:
Hola, bienvenido, ¿comentas con metralleta? ¿Te borro alguno de los repes o me diran que censuro? Y sí, tienes más razón que un santo; precisamente mi grima a consultar la Wiky y mi vicio a ir de memoria me hace cometer estos errores que luego subsanais los agudos visitantes. Raleigh introdujo, creo, la costumbre de fumar, no el tabaco en sí, que era considerado ¡medicinal! Lo que si sé es que resultaba un espectáculo aún insólito verle a Sir Raleigh soltando humo por boca y nariz.

Black Arrow: por supuesto que le permito, y muy honrado. Le haré una visita.

José Monmtalbá, creo que estamos más de acuerdo de lo que parece. A mí también me interesa más la vida de Duchamp que su obra estrictamente, y como con Darwin y los darwinistas (sólo algunos, los más superficiales), Marx y los marxistas (idem), Freud y los froidianos, etc., me interesa más Duchamp que los duchampistas, sobre todo los atrasados, es decir, los más recientes ¿Me explico?

Vanbrugh dijo...

Por alusiones: no desdeño la Wikipedia. La idea, de hecho, me parece estupenda: una enciclopedia colectiva donde todos podemos aportar nuestro poquito de conocimiento. Los defectos son consustanciales e inevitables. Pero es necesario ser consciente de ellos para darle su justo valor y utilizarla estrictamente para aquello para lo que sirve. Es cierto que alguna vez me he referido a la Wikipedia como paradigma del conocimiento superficial. Lo cual no es despreciarla, sino situarla en su estricto terreno. No hay que darla de lado, basta saber que no es la Fuente de la Sabiduría.

(Esta valoración, por ejemplo, me ha quedado bastante wikipédica).

Lansky dijo...

...y ponficante. Perdón por tomar tu nombre, digo tu 'nick' en vano.

Vanbrugh dijo...

La de pontífice es mi vocación secreta (y frustrada).

José Montalvá dijo...

creo que te entiendo;
yo no soy tanto duchampista como duchampiano, anuque duchampiano escorado hacia la pintura que el propio Duchamp desdeñó;
lo que me hace despreciar profundamente a esos duchampianos, como tú dices "recientes", que hacen de las posibilidades del Ready-made un puro espectáculo...
lo que me interesa de Duchamp es, tal vez, entre otras cosas, el afán por relativizar la figura del genio artístico, que tanto había inflamado el ego de su coetáneo Picasso; Duchamp se burló del genio y, en mi opinión, ganó...

...y, tal vez, y para conectar lo inconectable, tal vez Shakespeare le hubiera dado la razón; o tal vez Marlowe se disfrazaba de Shakespeare pra disimular que él, Marlowe, en realidad era un genio como no hubo otro.

Lansky dijo...

José, me parece que estamos bastante de acuerdo

Vanbrugh, ¿te puedo llamar...Pio XIII o trae mala suerte?

Vanbrugh dijo...

Trae mala suerte. Pero por lo de pío, no por lo de XIII.