19/11/2009

postal


Es evidente. Esto no es un post, sino una postal

Gran parte del encanto de cualquier idioma es su ambigüedad. Aquí ya no quedan indios, salvo los que se ocupan de los casinos bastante más al suroeste. Y tampoco es verano, pero estamos en pleno 'Indian Summer', el equivalente desmesurado del veranillo de San Martín por mis pagos habituales según Miroslav; en fin, esos días cálidos de otoño, antes de la llegada de los fríos severos, en que las hojas de los árboles enloquecen literalmente, se desbocan, tiran de paleta y tiran la paleta. Pongamos que hablo de un lugar llamado Ithaca, pero que no es la patria de Ulises, y además el Mediterráneo y cualquier mar color de vino le queda lejos y es un océano azul plomizo el que está mucho más cerca. No, esta “Ítaca” ni lleva acento en la i ni está en el Egeo, sino en el Estado de Nueva York. Y tiene una Universidad muy pija que se llama Cornell. Los tipos como yo normalmente hacemos 'bolos' por provincias, pero a veces nos invitan al 'Imperio'.

La borrachera de colores tiene una explicación más prosaica (prosa-ica), pero a mí me emociona al menos tanto como la poética. En América las grandes cordilleras, Rocosas, Apalaches, Andes, Sierra Nevada son longitudinales, de Norte a Sur, mientras que en el Viejo Mundo son transversales, de Este a Oeste: Pirineos, Alpes, Cáucaso, Urales, Cárpatos. Durante las pulsaciones climáticas de glaciación e interglaciar (cálido, como el que vivimos ahora), los árboles, que no tienen patas como la mayoría de las gentes que les permitan migrar, sino raíces, como los nacionalistas, que les permiten arraigar, sí que pueden moverse, sin embargo, con sus propágulos y semillas, con alas y otros ingenios propios o ajenos: viajando en el buche de animales móviles; que viene frío, bajan hacia el Sur (como los ánades y los gansos, pero en lugar de anualmente a lo largo de centurias); que viene calor, hacia el norte, pero…¿qué pasa si la cordillera en lugar de ser un “pasillo” de Norte a Sur es un muro, una barrera alzada entre el Norte y el Sur? Pues que las montañas dejan de ser comunicaciones para ser obstáculos, con un antes y un después, y las extinciones por causas climáticas aumentan, aunque algunas especies encuentren precario refugio arriba o abajo de las montañas que así se convierten en islas. Finalmente, y debido a tan azaroso asunto como es la orientación principal de las cordilleras, en América hay diez veces más especies de árboles caducifolios (y también coníferas de hoja perenne) que en Europa, y consecuentemente, la paleta de colores del amarillo al morado, pasando por todos los tonos de ocres y rojos, es inmensamente mas amplia.

Hay que salir a los bosques a recoger setas y bayas, a emborracharse de colores y a comprobar si han llegado unas aves, si se han marchado otras, si las marmotas están ya invernando.


Ante tanta belleza uno debe poner cuidado en no disparatar con pensamientos pretendidamente profundos y, en el fondo, simplemente felices, someros, puramente emocionales, del tipo de:

“¡que bonito es el mundo!” (Sí, como estar dentro de un documental de David Attenborough; o sea: para ti en este momento, so mamón),

o “¡Qué bello es vivir” (creo que el título lo tiene registrado Frank Capra).

Así que me limitaré a decir algo absolutamente irrebatible, creo, en mi modestia:

“Pensad qué paraíso sería este mundo si los hombres fuéramos buenos y sabios.”



Y, hala, otra postal para acabar y os emparedo entre postales, o sea, os empostalo



10 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Enhorabuena, professor. Por que te inviten a desasnar súbditos del Imperio y por estar viendo en directo semejantes paisajes.

Por un momento pensé que tu Ithaca era la de La Comedia Humana de Saroyan, pero me parece que es más grande y está más al norte.

Chrysagon dijo...

Puede que tu post sea una post-al, pero no una “mera” postal. Trae aires frescos de quien está viajando. Alusiones geológicas de plegamientos y de ciclos glaciares. Otoño botánico de árboles caducifolios, setas y bayas. Otoño zoológico de migraciones aviares y marmotas hibernantes. Se siente la magnificencia de la Norte América que contuvo esa admirable “civilización” india cuya cultura sabía vivir en armonía con la naturaleza. Bon voyage, Mr. Lansky.

Ozanu dijo...

¡Las imágenes son muy bonitas! Buena lección de geografía y diversidad vegetal.

Chrysagon, si usaban materiales, eran una civilización.

Chrysagon dijo...

Ozanu: No era necesario entrecomillar “civilización”, pero al hacerlo he querido subrayar el hecho de que estos pueblos no vivían en “ciudades”, que no eran sedentarios.

José Montalvá dijo...

estuve en ese lugar, hace tiempo, de visita, pues mi hermano hizo unos cursos de postgrado en Cornell; lo recuerdo bonito pero insoportable para una visita que exceda los dos o tres días... (a no ser que te dediques a emular al ilustre Philip Roth y, a la vez que las "desasnas", las desfloras.)

Miroslav Panciutti dijo...

En marzo de 2001 estuvimos unos diez días recorriendo el Upper NY, paisajes absolutamente nevados (no tuve la suerte de disfrutar de esas postales en vivo) y pueblitos mínimos. Qué extraño se hacía pensar que esos paisajes tan rurales fueran los del Estado de Nueva York, que asociamos siempre a la inmensa ciudad de su punta sur. Visité también el campus de Cornell, aunque claro, no como profesor invitado. Pues nada, siga usted disfrutando y practicando su inglés.

Lansky dijo...

Gracias a todos por vuestros buenos deseos. Mi inglés hablado sigue siendo penoso, pero mis clases, por llamarlas algo, fueron en español, por fortuna, y a mi lado tengo a P., que sí que es bilingüe y que, Montalvà, impide (no tanto porque me proscriba ella nada, sino porque bastante tengo con espantar los moscones de cualquier edad y condición que revolotean en su torno) cualquier intento de imitar al gran Roth. De todas formas, ya estamos de vuelta al sur del Estado y casi de “La ciudad”: Brooklyn.

emmaskarada dijo...

Amo los árboles. Siento no poder decir nada menos cursi, pero cuando miro a los árboles, altos, orgullosos, sombríos, me siento como esas madres que se derriten con un bebé de ojos azules y gordos muslos. Me conmueve su belleza más que la de las montañas.

Lansky dijo...

Hola, Emma. No me parece cursi (Al cursi lo define su actitud, no el objeto de esa actitud, así que se puede ser cursi sobre, yo que sé motos de gran cilindrada). Y yo también amo los árboles (recuerdo a mi amigo Fueyo, pintor y asturiano, fuerte y grande como un oso, abrazando un carvallo -roble-...); ya que ando aquí, te recomiendo 'A Tree Grows in Brooklyn' ('Un árbol crece en 'Brooklyn', está traducido) de Betty Smith, precioso y aunque la autora no lo sabe era un ailanto. A Brooklyn la llamaron The Tree City en su día.

Dante B. dijo...

Lansky: si pretendía que lo envidie lo ha conseguido. Amo lo que conozco de ese país, amo los árboles y amo viajar trabajando casi tanto como me aburre el turismo sin más.
Que lo pase usted bien (soy envidioso pero muy bien educado)