21/11/2009

Rock visual

Brooklyn Museum
200 Eastern Parkway
Brooklyn, N.Y.


Sostengo –y varios millones de años de evolución me avalan- que el ser humano es un animal fundamentalmente visual u óptico. Como los monos, que somos, como los loros, que a menudo parecemos, en nosotros es la vista el sentido primordial o dominante (y consecuentemente los ciegos son los minusválidos por antonomasia, aún más que los paralíticos totales). Con el oído no sólo oímos mucho menos que casi cualquier otro mamífero, aunque compongamos música, la más humanamente angelical y evanescente de las artes: no olvidemos que para eso no se necesita oír muy agudamente, sino un cerebro muy especial; el Beethoven sordo me avala igualmente. Del mismo modo que para apreciar la pintura, pongo por caso, no se necesita la vista de precisión de un águila planeadora, sino ciertas sofisticadas capacidades mentales que configuran entre otras, la estética. Del olfato y del gusto, o del bendito tacto, mejor ni hablamos: un solo pelo del bigote de un gato (vibrisa) tiene más terminaciones nerviosas que toda la palma de nuestras manos y todas las yemas de nuestros dedos, y eso que no olvido que nuestra piel es el órgano más extenso y más propiciador de placer de todo nuetro cuerpo.

En realidad, tampoco somos los mejores con la vista, pero sí los más completos: vemos en colores, a la inversa que la mayoría de los mamíferos, aunque no ‘vemos’ el ultravioleta, como las abejas, o el infrarrojo, como algunos reptiles. Vemos estereoscópicamente, es decir, en tres dimensiones, al tener desplazados frontalmente los ojos de forma que solapan las imágenes, aunque compartamos ese rasgo con el resto de primates y con búhos y lechuzas, y vemos igual de bien o de mal de lejos (los perros, por ejemplo, son miopes) que de cerca.

Pero sobre todo es que organizamos la percepción del mundo a través de la vista, nuestro universo es visual -hasta nuestros sueños lo son: películas orníricas que puede que sean a menudo mudas, pero no sin imágenes-, incluso para leer necesitamos la vista (que te lean es otra cosa, oír un libro es otro asunto). Por eso, entre otras cosas, yo opino, contra toda otra evidencia, que el e-book no desplazara al libro como objeto, porque un libro no es sólo sus páginas una tras otra, sino el objeto que vemos y abrimos, manipulamos, en conjunto.

Pero, ¿la música necesita de la vista? Yo creo que sí. De hecho, ejem, para mí al menos, algunas llamadas músicas creo que no precisan del oído, más bien al contrario. Algunos músicos eran o son ciegos, puede que eso les distraiga menos de su perspicaz oído interno y del agudísimo externo, pero, sin ir más lejos, la música por excelencia de nuestro tiempo, el rock y el pop, debe gran parte de su fama, de la configuración de su mito, de su…nunca mejor dicho, “imagen” no a los conciertos o a los discos, sino a las imágenes, fotográficas principalmente, que las reflejaban.

En el museo de Brooklyn en Nueva York se muestra estos días una exposición que se llama ¿Quién disparó al rock & roll? (Who shot rock & roll?). Allí se puede ver a un Elvis Presley jovencito y, por tanto, aún no deforme por las drogas, alcohol incluido, morreándose con una rubia con la que se había ido timando a lo largo del concierto. Una foto de 1957 de Alfred Weithemer que hoy le habría valido una demanda.


O ese Bob Dylan en el París de 1966 acosado ya por paparazzi y cazados, ambos, por uno que no lo era, el gran fotógrafo Barry Feinstein.

Sí, el rock también se pillaba por la vista. Por cierto, por aquí se oye mucho español, pero visualmente esto no es España.

4 comentarios:

José Montalvá dijo...

estoy muy de acuerdo; sin embargo, este discurso, como dices, sirve en general para cualquier aspecto de nuestra cultura; pues, veamos como veamos (ha sido muy instructivo que nos compares con los otros animales) hemos construido toda una cultura en torno a lo visual;
el invento de la foto, en cierta medida, es el culmen de este asunto, fraguado desde la perspectiva renacentista; es decir, somos "visuales", fundamentalmente, desde aproximadamente el siglo XV...
me atrevo a decir que ello ha modificao, incluso, nuestras estructuras mentales; de manera que, en cierta medida, nos entendemos a nosotros mismos como "imagen"; hasta el punto que algunos de nosotros deseamos, pretendemos, ser casi exclusivamente "imagen" (lo veo en muchos de mis alumnos); por ejemplo, las cientos de millones de chicas aspirantes a modelo publicitario, o los concursantes de Gran Hermano, gentes que pretenden "especializarse" en ser solamente imagen y no otra cosa, convertirse en apariencia... probablemente, muchos de los cantantes de rock sufrieron un proceso degenerativo parecido (vale, Dylan no; Dylan es un rockero "literario"; pero, Madona, las nuevas divas, los triunfitos, el mundo del rock ha crecido irremediablemente unido al mundo televisivo y de la publicidad)...

harazem dijo...

Mucho se ha escrito sobre la historia de la imagen impresa en una superficie más o menos plana y la relación/mediación entre ella (con la extensión de la fotografía) y los humanos, pero para mí una de las más esclarecedoras la encontré en El Antropólogo Inocente de Nigel Barley cuando cuenta que para tratar de sonsacar cierta información relacionada con el simbolismos del leopardo al brujo de los dowayos que viven en la Edad de Piedra le enseña una foto del felino moteado y éste mirándola de soslayo la aparta diciéndole: no conozco a ese señor, descubriendo de esta manera que los miembros de la tribu no poseían los códigos necesarios para interpretar una imagen plana y que su lectura no era "natural", sino que necesitaba una aprendizaje y que los "civilizados" recibimos desde la misma cuna. Investigando un poco descubrió también que la foto del carnet de identidad que el gobierno los obligaba a poseer pertenecía en todos ellos al mismo individuo y ninguno era capaz de reconocerlo.

Ozanu dijo...

No olvidéis el cómic, que también comparte su visualidad con el libro. De hecho, tu argumento acerca del libro tradicional y el electrónico es el mismo que algunos aficionados al cómic impreso dan frente al auge del webcómic.

Lansky dijo...

José: lo que no estoy seguro es de que esa digamos obsesión por la imagen sea exclusiva de nuestros tiempos (la capacidad de reproducirla más o menos fielmente de mil formas, sí, y eso hará que ahora sea más aguda la cuestión). No hay más que ver la galería de retratos de vanidosos petimetres de cualquier museo de pintura "antigua"

Harazem: ¡cómo disfruté con ese libro! (y los dos siguientes). Levi-Strauss decía lo mismo de los bororos o algunos así (cito de memoria, no tengo el libro a mano), pero eso no contradice lo de nuestra "visualidad" como especie, sino la capacidad o entrenamiento de ver algunas 'abstracciones' como las imágenes planas de objetos tridimensionales, que puede ser perfctamente aprendida. Los chimanes de la amazonia boliviana, con los que conviví brevemente, distinguían, por ejemplo, tonos de verde en las plantas de la selva que yo no de coña, y eso que tengo una agudeza en los test de daltonismo para los colores muy buena. Como la polémica genes/aprendizaje, todo son en realidad interrelaciones, retroalimentaciones y sistemas complejos.

Ozanu: por supuesto.

Estoy de regreso y 'espeso'