TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

***

2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


15/12/2009

Dios y yo (3): inciso festivo (navideño) antes del final severo


(No tengo amigos que crean en los super héroes, ni en el ratoncito Pérez, pero algunos increiblemente creen...en Dios. A todos ellos les dedico con humano afecto este post de Adviento)

Os adviento, digo os advierto, que estamos en Adviento y, pese a la dedicatoria supra, a los creyentes con propensión a sentirse ofendidos , que suelen ser casi todos, dejen desde ya de leer.


Odio la navidad.


Sé que es una declaración casi tan intrascendente como la de ‘me encanta la navidad’. Casi, porque la navidad te puede literalmente encantar si no eres adulto, si aún eres un niño. Sí no, puede que te gusten ciertas cosas asociadas a ella: el empalagoso turrón, el permiso para emborracharte a fecha fija, la disculpa para reunirte con la familia (no olvides, no obstante, que los cuñados no son familia: puedes putearlos), las hipnóticas nevadas silentes y aisladoras, los abetos horteramente profanados y decorados o los ‘clásicos’ belenes de mala imitación del estilo napolitano que aquí consideramos más españoles que Papá Noel, pero que sólo son más antiguos (aquí) y simplemente demuestran que la globalización ha existido siempre con diversos grados, desde que el hombre es hombre, esto es, nómada.

Odio la navidad, aunque los belenes napolitanos son bonitos

Es decir, desde que el hombre tiene pies y no raíces por mucho que se empeñen los xenófobos nacionalistas. Pero la navidad en su conjunto es vomitiva, por no decir asquerosa. Ya sé que no, pero la gente de pronto me parece que se vuelve idiota en masa y todo el tiempo, cuando antes sólo lo era de uno en uno y en ocasiones. Se vuelve compulsivamente obsequiosa, o lo peor, finge ser buena, y desde luego, se acentúa el consumismo. No me vale el que se me pretenda explicar que lo que me asquea es una degradación comercial de los grandes almacenes, porque la navidad tradicional (¿existe eso?), como buen ateo practicante, también me produce nauseas. No finjo ser malo. No lo imposto, no sobreactúo, de hecho, creo que, en mi caso al menos, esa animadversión evidencia que soy un buen tipo, sin que eso signifique que a lo que les gusta sean malos, ni tampoco idiotas; no siempre, en todo caso a ratos, un mes al año, pongamos por caso.


Porque no hay que confundir las cosas: uno mira a su alrededor y a la vista de tanta señal inconfundible de profunda estupidez piensa que el mundo se acaba. Lo mismo se creía en el año mil, y con más motivos. No, el mundo se calentará, o llegará por fin la glaciación que toca, se extinguirán las ballenas azules y terminarán de arder las últimas secuoyas que no lo han hecho todavía en California, la próxima gripe será una pandemia que convertirá el sida en un catarro, pero el mundo no se acaba. Todo eso no son más que evidencias de que la especie humana en su conjunto, salvo excepciones, esto es, estadísticamente poco significativas, de algunos escasos individuos excelsos, es gilipollas. Para ser gilipollas, aclaro, se precisa una alta especialización cerebral, tras un largo y complejo proceso evolutivo: los perros no son gilipollas, ninguno, ni siquiera aquellos neuróticos por el trato con sus amos, pero tampoco las limitadas y apacibles vacas, ningún rumiante "puede"ser gilipollas. Los humanos sí. La navidad lo demuestra.



Odio la navidad, aunque nos depare portadas como esta




Odio la navidad y en especial el llamado espíritu navideño. Ni una ramita de acebo salvo de mi repugnancia.

Odio la navidad, aunque los belenes napolitanos son bonitos (aquí tendría que venir una foto de otro belén napolitano, pero no he encontrado ninguna bonita. Por otra parte, en el vestíbulo de mi trabajo ya han puesto el belén con gran alborozo de los seguratas y otras almas de cántaro, pero, como siempre, un año más, no me han dejado colocar mi airganboi pirata favorito

Pero me gusta el solsticio de invierno, que no marca el comienzo de la estación en mis desarrolladas latitudes, como algunos ignorantes creen, sino su centro y el suave,alentador, aunque lento comienzo paulatino del alargamiento de los días.


Odio la navidad, aunque maltraten y ajusticien aPapa Noel (¿Lo es, no?), supongo que porque creen que así me dan gusto. Y no.

Odio la navidad, pero no los inviernos, ni los solsticios, ni el frío curajamones, ni los edredones, ni los gañidos de las gruñas, ni las neblinas, ni el mundo, ni siquiera a los hombres, aunque sean curas, aunque...bueno eso no, iba a decir..., obispos.


Que disfrutéis sin alienaciones excesivas

Cosas que quedaron en el tintero y que vuelco aquí

Uno. Ya sé que no todos los hinduistas son partidarios de quemar a las viudas en las piras de sus maridos ni todos los musulmanes de lapidar adúlteras ni todos los cristianos de regular la vida sexual de sus vecinos. Esa no es la cuestión, aunque no es tema menor, desde luego. Si fuera esa la cuestión, las religiones se irían volviendo más tolerables (no digo tolerantes) a lo largo de la Historia, y no es el caso, sino al contrario: ¡ya está bien de tonterías a estas alturas! (Y no me vengáis con la chorrada esa de que la física moderna confirma la teología, por favor)

Dos. Los paganismos, si están en absoluto desuso, como los de la Antigüedad clásica, me resultan gratos y hasta divertidos. Me parecen siempre menos severos, menos serios, menos -redundancia- exclusivistas (por definición) que los excluyentes monoteismos. Esos dioses, todos a la greña entre sí y con los humanos, son encantadoramente incorrectos, impresentables, prepotentes, arbitrarios y atrabiliarios, -humanísimos, ellos si que son a nuestra imagen y semejanza, a nuestra peor imagen-pero sobre todo, inocuos. No así los que siguen anacrónicamente existiendo, persistiendo y aún creciendo, como esas formas del llamado fervor católico del sur Ibérico, tipo Romerías del Rocío y Semanas Santas, obvios paganismos que me dan tanto miedo como los forofos de un equipo de fútbol saliendo de su estadio tras haber perdido (o ganado).

Tres. Creo que la creencia en Dios no sólo no es consubstancial al ser humano, sino que es propia de animales aún no humanizados del todo, incompletamente humanos, aunque ciertamente más 'superiores' que las babosas. Es el caso de mi perra Jara, que cree que yo soy Dios, un dios benevolente que le arrasca donde la gusta, capaz de prodigios increíbles y no el menor espantar a los mastines que nos salen al paso en el campo, pero podría haber tenido mala suerte y haberle tocado otro dios, tan personal como el del Antiguo Testamento con Israel, que la puteara y sojuzgara. Un amo cabrón, vaya. La catadura de los dioses tampoco es objeto de este post. Ni la de los curas, si a eso vamos.

http://lansky-peciossinprecionivalor.blogspot.com/

12 comentarios:

José Montalvá dijo...

este es el mejor post de los tres; feliz navidad; odiemos juntos: venga, comentaristas!!!

Vanbrugh dijo...

Cuento entre mis muchos defectos el de ser creyente.(Nunca supuse que fuera un defecto, aunque tampoco lo creyera una virtud; me parecía una cuestión personal mía, que no tenía por qué parecer a nadie ni mal ni bien. Pero está claro que debe de ser no sé ya si un defecto o directamente un crimen, en cualquier caso algo que necesita ser "tolerado". Amablemente, el autor de este blog recomienda, al menos, ser "tolerante" con los creyentes. Gracias.) Digo, pues, que el de ser creyente está entre mis defectos, pero el de ofenderme fácilmente -a pesar de que, al parecer, es endémico entre los creyentes- no. Gracias a Dios. Esa perfecta y amable impavidez que esperaba de los demás hacia mis creencias y opiniones, hasta que la dura realidad me convenció de que la esperaba en vano, es, sin embargo, la que siempre he observado y sigo tratando yo de observar hacia las opiniones y creencias de mi prójimo, (y perdonen ustedes que emplee esta palabra de tintes tan religiosos para referirme a "los demás". Es, ya saben, que soy creyente. Lleno, por tanto, de malas aunque "tolerables" costumbres, como la de considerar prójimos, próximos, a mis congéneres.)

Pues eso. Caso raro, al parecer, entre la feroz e intransigente fauna de los creyentes -conozco otros, bastantes, hasta muchos: pero debemos de ser, todos, casos raros- no solo no me ofendo porque los demás piensen y crean cosas distintas de las que yo creo y pienso, sino que ni siquiera llamo a eso tolerancia. Se tolera lo que uno no puede o no quiere evitar, aunque no le guste o le parezca mal. Y a mí nunca me ha parecido mal que cada cual piense y crea lo que le parezca oportuno y, de hecho, me gusta comprobar que las cabezas ajenas funcionan igual -o mejor- que la mía, pero por distintos caminos y con distintos resultados. Jamás me ha poseído ese extraño prurito de imponer mis opiniones que aqueja con igual abundancia a algunos ateos y a algunos creyentes, a algunos curas y a algunos funcionarios de correos. No necesito que nadie comparta mis ideas, y los puntos de vista distintos del mío me enriquecen, me ilustran y, seré frívolo, hasta me divierten. Si expongo los míos propios es porque, ingenuamente, tiendo a pensar que a los demás pueda pasarles con ellos lo que a mí me pasa con los suyos, es decir, que les ilustren, les enriquezcan y hasta les diviertan, y no porque pretenda convencer a nadie de nada. Puro altruismo, vaya.

Y, por cierto, a mi me gusta la Navidad. Mucho.

Así que me voy a poner el Belén, con su permiso.

¡Felices Pascuas!

Lansky dijo...

¡Por fin! ¡Te has picaooo, te has picaoooo! ¡Vanbrugh se ha picado! Creí que no lo conseguiría.

Nota bene: fue Mita (chivato que soy) la primera en emplear la dichosa palabreja -que detesto- de la 'tolerancia'. Yo con los creyentes soy eso que los curas tenían muy mal visto, según recuerdo: INDIFERENTE. Contigo no, contigo soy, o lo pretendo afectuoso. Perdona a tu prójimo que está (estoy) tan perdido en mis infantiles rencores y feliz navidad, mamonazo.

José: tu eres un caso perdido

Vanbrugh dijo...

¿Cómo que "creíste que no lo conseguirías"? Sabes que acabas consiguiéndolo siempre, eso que tu llamas "picarme" y que no es tal, sino darme ocasión para que pueda hacer, sin sentirme excesivamente pesado, lo que tanto me gusta: exponer mis opiniones y mis creencias al iluminador contraste que les ofrecen las opiniones y creencias ajenas, especialmente cuando estas son, como suelen ser las tuyas y las de tus comentaristas, inteligentes -aún difiriendo de las mías, pasa a veces. Rara vez, sed vez.-

Nada, pues, que perdonar. Tus rencores infantiles te los tendrás que perdonar tú solito, y no dudo de que acabarás por conseguirlo. Te veo bien encaminado. Por mi parte lo único que tengo que hacer es agradecerte este estupendo blog y, para que rabies un poco, felicitarte de nuevo la Navidad.

harazem dijo...

Pues yo, aunque no lo parezca, pretendo ser... cómo llamarlo sin usar satélites semánticos de la tolerancia o la toreancia. En fin, eso. Pretendo ser. De hecho ya he aprendido a desconectar en Navidad y mis únicas formas de venganza son la lectura ritual del precioso cuento de Heinrich Böll (un creyente, además): No sólo en Navidad y colocar en mi trabajo esta foto para que compita lealmente con la decoración hiperhortera, hiperempalagosa que mis compañeros me endiñan y sólo porque algunos se molestan.
http://photos1.blogger.com/blogger/1164/758/1600/papaporro.1.jpg
Pero lo de los villancicos, esa forma de la escatología musical me mata. Y viviendo en Andalucía el arma es doblemente mortal: villancicos flamencos, esa modalidad específica del flamenco en que a los cantaores y cantaoras parece que los persiguen los apaches para cortarles la cabellera. Dia y noche y por doquier. El mantra circular de los peces hidrófagos en la voz aguardentosa de los lolailos acabarán por convertirme en un piscópata antinavideño.

Chrysagon dijo...

No sé, yo no soy creyente, ni he leído nunca los textos sagrados, aunque los conozco indirectamente (e incompletamente) por mil y una referencias. Pero pienso que la obra artística más universal jamás escrita, pintada, esculpida o interpretada, no puede comparase con la excelencia de la mitología. Porque ésta es algo sacro. Y lo sagrado es motor principal, y por tanto es anterior al artista y su obra. Al igual que el amor puede inspirar un bellísimo poema, y el poeta y su obra pueden ser estupendos, pero lo que está primero es el amor.

Lansky dijo...

La verdad sea dicha, no puedo disentir más de ti, Chrysagon, porque yo creo, honestamente que sin los poetas no existiría el amor, existiría la cópula, el fornicio, hasta el afecto, pero el amor, tal como hoy se entiende es una creación literaria (lo que no quiere decir, ni mucho menos, que no lo sintamos los humanos: somos cultura tanto como biología)

Te comprendo Harazem

Vanbrugh, gracias por tu comprensión. Doy por buenos todos mis esfuerzos y desvelos si consigo convertir en ateo a uno solo de mis lectores creyentes; a uno solo, si eres tú…ni te cuento. Feliz navidad.

Hoy he propuesto a los sindicatos secuestrar del belén del vestíbulo al niño jesús; ni caso, no hay imaginación, están anquilosados. También he visto una pancarta en un balcón que decía: “Ya ha nacido Dios”; cuando he comentado en voz alta que este año ha sido prematuro, pobre, y que seguro que está en la incubadora, me ha mirado con odio una de esas señoras de misa diaria. Es todo tan raro, si se para uno a pensarlo) o quizás lo raro es pensar sin más.

harazem dijo...

No me digas que ya ha llegado a tu lugar la invasión de los ultracuerpos en dodotis. ¿La pancarta de la que hablas sólo ponía "Dios ha nacido" o además traía prueba gráfica? En Córdoba son miles. Unos amigos mucho más gamberros que yo hicieron una contracampaña el año pasado y casi los linchan.

http://www.flickr.com/photos/12121960@N00/3135648439/

El tradicional sentido del humor de los cristianos.

Lansky dijo...

Tus amigos que vean la 'Hipatia' de Amenabar y no se anden con bromas, nunca mejor dicho.

Trae imagen: un Niño Jesús sobre fondo granate.

Miguel dijo...

Desde que el gran Repronto me desveló el verdadero espíritu de la Navidad, la tolero mucho más:
http://minchinela.com/repronto/2008/12/01/especial-navidad-%C2%BFcual-es-el-espiritu-de-la-navidad/

david dijo...

Vanbrugh, por alusiones remotas, por mí no hay problema en que uses el verbo creer con mi persona, siempre que nos estemos refiriendo a la primera definición de la RAE, no, claro, a la segunda. Por ejemplo yo soy ateo porque creo que Dios no existe, de la misma forma en que no creo en el Ratoncito Pérez, pese a que no pueda demostrar que no exista, o creo que mañana iré a trabajar, pese a que no puedo predecir el futuro.

Otra cosa es que se diga creyentes y se asuma en qué creen, y se aferren a ello con uñas y dientes, pese a encontrar evidencias en contra de sus creencias, en cuyo caso, además, y ojo que no lo digo por ti, son fanáticos.

Y no puedo irme sin dedicarle un saludo a Chrysagon, amante de la esencia primera y, por tanto, del estiercol, en lugar de las flores.

Lansky dijo...

Miguel, ¡muy bueno mel enlace!

Y tú, descreido David, el ratoncito Pérez existe, sólo que ahora lo llaman Bosson de Higgs y en lugar de dientes se lleva la masa de los demás.

Hala (¿o Alá?) a leeros mi última entrega, que estoy hasta los cilindros de la norton de hablar de dios.