Newton debería ser nuestro Santo Patrón.
Este blog tiene a bien no seguir la actualidad en el entendimiento que tal cosa es aquello que inmediatamente se queda anticuado. Tampoco la política, porque parece degradada al oportunista oficio de los mediocres para crear titulares innecesarios. Son como esos niños acusicas que están todo el santo día a gritos acusando a Pepito (o PPito) de haber roto una ventana. Pero en realidad como vivo en este mundo y en tiempo presente sí que me interesa la actualidad política. Me suele interesar para cabrearme, especialmente la de mi propio país, que yo mucho alardear de que mi patria son mis zapatos (lema maravilloso tomado de una canción de El Último de
Además cuando la actualidad se reitera una y otra vez pasa a ser una tradición arraigada y el análisis de la política entra en el interesante campo de la antropología cultural, sólo que nuestros yamomanis y bororos visten siempre traje con corbata. Así que calaros el salacot, coger el repelente de mosquitos y acompañadme libreta de notas y magnetofón en mano.
¿Recordáis la foto de las Azores? Aquel presidente bajito y con bigote que teníamos se curó los complejos de su lamentable adolescencia de una vez por todas apuntándonos a una guerra ilegal e ilegítima bajo pretextos falsos. A cambio de una palmadita en la espalda, una sonrisa y el tácito permiso para poner los pies en la mesa. Al chavalín se le veía contento, feliz, curado de los espantos que iba a provocar. Eso es todo y ahí es nada. Y no creo que mi resumen sea especialmente más tendencioso que otros mucho más pormenorizados que he leído. Pero a consecuencia en parte de aquello, hubo unos atentados, porque ese presidente consiguió lo que se propuso: volver a poner a España en el mapa del mundo, concretamente en el del terrorismo islamista y demás descerebrados sin fronteras (nosotros ya teníamos los nuestros, ETA, pero, por definición, estos son “descerebrados con fronteras”, con obsesión por ellas) y consecuentemente (por consecuencia y sin acritud que diría el presidente antecesor con su GAL-limatias habitual) perdió las elecciones por goleada. Y en esto llegó el talante. No es un bolero ni un chachachá.
En España, Machado lo dejó dicho, nueve de cada diez usan la cabeza para embestir. El exiguo uno que resta no podemos, sin embargo, confiar en que la use para pensar, pero si no embiste eso ya es mucho. Eso es el talante, una suerte de optimismo tan pertinaz como la sequía, que algo alivia, por qué negarlo, la crispación de tanta arremetida. Pero eso no es ser de izquierdas. Ser de izquierdas consiste en no conformarse con la realidad, detectar su insatisfactoria eficacia para premiar sólo a los poderosos y pretender cambiarla; si te limitas a administrar esa realidad procurando no molestar a esos poderosos, sean los financieros internacionales o las grandes fortunas propias, si te aplauden banqueros y
Os juro que me duele escribir esto, porque a los anteriores los detestaba y los detesto profundamente desde el fondo de mi alma; tampoco es que tuviera demasiadas ilusiones, he vivido demasiado para eso, pero, no sé, esperaba algo más que talante. No me basta con que el hijo puta del vecino del quinto me ceda el paso en el ascensor si luego me consta que intenta envenenar a mi perro.
Esa sumisión al poderoso siempre va acompañada de desdén al débil, es su balance, lo que dicta la teoría gravitatoria político social: dar patadas hacia abajo y lamer culos hacia arriba. Porque no puede ser casual lo de este gobierno tan de talante, feminista y con siglas históricamente de izquierdas. Un comentarista lo llama “Diplomacia de hierro” no sé si en recuerdo de Bismark, el canciller de ídem. Yo no.
Hablemos de las patadas hacia abajo, porque de lamer culos hacia arriba el talante sabe largo. La última coz se la ha llevado una activista saharaui de renombre. Digamos de paso que lo que desde la desmedidamente alabada Transición lo que este país ha hecho con ese pueblo de habla español tiene nombre, se llama canallada y simétrica bajada de pantalones, ante un dictador alauita o monarca con fez.
Siguiente patada hacia abajo, el representante del Dalai Lama. El Tíbet es un caniche y China un dóberman. Al igual que el Sahara Occidental es un piojo tuerto (dicho boliviano muy de mi agrado) aunque Marruecos sea un gato sarnoso. Las patadas, repito, siempre hacia abajo. No os canso. Patadas: a la oposición democrática en Cuba (no hablo de la gusanera de Miami), al gobierno de Kosovo, al de Taiwán, a la oposición de la sangrienta dictadura guineana. Las simétricas lamidas de culo, lógicamente, reuniéndose con los poderosos del otro lado. Sin problemas, con talante.
La política exterior española tiene la misma personalidad que esos chuchos sumisos en exceso que te mueven culo y rabo según te ven de lejos, pero algo pasa cuando se practica el puto talante y el dialogo incondicional con todo tipo de regímenes y gobiernos por tremebundas y hasta vesánicas que sean sus credenciales de derechos humanos o simplemente democráticas, pero se niega sistemáticamente a considerar siquiera las demandas de los opositores a esos regímenes.
¿Cómo se justifica esta inevitabilidad gravitacional en un país como el nuestro, que se ha librado hace escasos lustros de una sangrienta y duradera dictadura? ¿Cómo se entiende este sistemático desprecio a los activistas y luchadores demócratas y por los derechos humanos de tantos países?
Será –ya les oigo- que nuestro talante nos demanda no ser injerentes en asuntos que no nos competen, pero esa doctrina no injerencista choca no sólo con nuestra historia (La de los países aliados vencedores de
Nuestra diplomacia se supone comprometida con los valores de las democracias y el respeto de los derechos humanos, que deben ser, y yo no me he enterado, los del todopoderoso monarca marroquí, los de Raúl Castro, los de Wen Jiabao, Teodoro Obiang y Hugo Chávez.
Disculpad. Prometo no volver a leer el periódico antes de desayunar.
7 comentarios:
Ese señor bajito y con bigote (el que citas, no el anterior) me repugnaba (y me repugna) también desde el fondo de mi alma (o quizá sea más correcto decir que desde el fondo de mi sensibilidad). Luego vino el talante, como bien dices. Y a mí me sentó muy mal que, desde la rabia de la derrota, a ZP se le denigrara desde el inicio, sin siquiera darle la oportunidad de ver qué hacía. Pero a estas alturas, desde hace ya tiempo, he tenido que rendirme ante la desvergonzada mediocridad de estos gobernantes. Patadas hacia abajo y lameculos hacia arriba, sí, es una certera imagen. Y también coincido contigo en lo deprimente que es leer el periódico.
PS: ¿Le has pedido permiso a Forges? Cacho genio el tío.
mira, yo hace dos semanas, cuando apreció Moratinos en rueda de prnesa para hablar sobre cómo liberar al alakrana, apareció el tipo con una sonrisa bobalicona y me puso del hígado. En un momentyo tan dleicado este tipo iba todo tranquilo, feliz... me recordó al recluta patoso de la chaqueta metálica, cuando el sargento le dice "borra esa sonrisa de tu cara!" y el otro responde "señor ya lo intento señor, pero no puedo".
Luego resultó que el recluta patosos era una máquina, pero todos se quedaban con esa meido sonrisa y le t6ildaban de idiota.
Pues al final Moratinos igual: será efectivo, pero su pose de borderline lo echa todo por la borda.
Miroslav:
Ya que lo mencionas, yo también te confieso que fui de los que 'defendí' a ZP bajo el argumento de que le dejaran probarse. Lamentablemente el tiempo no me ha dado la razón.
Tengo el honor de comunicarte que Forges y yo nos carteamos o nos emileamos o nos e-maileamos a tenor de un asunto que no contaré porque me dejaría en demasiado buen lugar. De todas formas, me consta que no le molesta que se usen sus viñetas y siempre da permiso. Es asquerosamente buena persona, me parece.
Señá Puri:
Bienvenida (y resucitando mi olvidado "otro blog" en el que también te contesto). Lo de la sonrisa boba está muy bien traído, con ejemplo cinéfilo incluido; no obstante, no le daría yo a Moratinos (y me parece que tú tampoco) el título de más bobo del Consejo de Ministros/as, aunque sea muy pertinente su candidatura en este post ya que hablo de política exterior. Creo que yo se lo daría directamente al puto BOss en persona.
Es mejor que no vuelvas a leer el periodico Lansky, tó son desmanes.
Yo también, a pesar de que mi idea de la desgracia socialista ya estaba formada, concedí credibilidad a Zapatero. Pero el hecho de que pusiera en Exteriores a Moratinos, me desmoralizó. Lo llevo siguiendo desde sus tiempos de Oriente Medio cuando reñía paternalmente a los palestinos mientras inclinaba la cabeza ante Israel o trataba el problema como si de una lucha entre perfectamente iguales se tratase.
Pero con el caso de Haidar ha colmado todas los límites. Sugiriéndole a la activista que quebrante la ley solicitando un pasaporte marroquí nuevo, cuando ya tiene uno (confiscado) perfectamente vigente, o sobornándola con la golosina envenenada del pasaporte español o la concesión del estatuto de refugiada.O insultándola sugiriendo que está siendo manipulada. En tipo como él no puede entender que alguien exija sólo una cosa tan sencilla como que se cumpla la ley. La que dice defender el tipo de la boca floja y la sonrisa cosida, O sí.
Vivimos en democracia y mandan los más votados. La mayoría de entre nosotros opina (opinión pública) y decide (parlamento de representantes). Y mientras la suma de los individuos que conforman nuestra sociedad no tenga mejores aptitudes, eso es lo que hay. Los inconformistas pateamos y abucheamos, los pragmáticos votan al menos malo, y los creyentes a sus respectivas iglesias. Y de la misma manera que abunda la telebasura, abunda la política de la mediocridad. Si no cambia la sociedad, dará igual quien gobierne, y si la sociedad cambia, seguro que las instituciones obrarán en consecuencia. Y si así no lo hicieren, siempre podríamos resucitar la guillotina.
Yo fui uno de los pragmáticos que votaron al "menos malo". Pienso que esas alianzas reflejan en gran medida la propia política nacional: defender a los tuyos* hasta la muerte. Nada de ser crítico con tu candidato porque es humano y puede errar. Una pena.
* Término perturbador como pocos.
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