TABLÓN DE ANUNCIOS

TABLÓN DE ANUNCIOS

1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


31/10/2009

La decencia y la curiosidad

En mi muy privada y particular terminología, la decencia y la curiosidad son los dos elementos más dignos del ser humano, porque contribuyen a hacer el mundo más grato y habitable -y, por el contrario, la codicia y la ignorancia (me repito más que el ajo) la mezcla explosiva para demoler ese mundo o, al menos, para hacerlo más inhóspito-, y porque contienen el resto de lo que realmente importa, como la compasión, la justicia o la libertad, la sabiduría, la belleza o la bondad.

Miro la imagen que muestra una mujer muy joven y hermosa, pero ya prematuramente envejecida. Carga a la vez un bebé y una brazada de leña. Es una desplazada, eufemismo con el que se conoce a quien ha huido de su hogar para no morir y no tiene un sitio mejor a donde ir, tampoco puede elegir y aunque nació viendo muertes esta vez una bomba ha matado a cuatro vecinos en su casa y ha tenido que marcharse. La bomba puede ser un sofisticado proyectil de los muy democráticos ejércitos de las muy democráticas democracias occidentales –toda redundancia es poca- o un artefacto más o menos casero pero igualmente eficaz de los luchadores por la libertad, la opresión, la ocupación extranjera, etcétera de turno de los compatriotas suyos, tanto da. En ambos casos ese fin -la democracia, la independencia...- que no justifican sus brutales medios me aparta de cualquiera de esos bandos, no así de ella, víctima por partida doble, o triple, o múltiple. Siento curiosidad por esa mujer, por saber cómo ha llegado a esa situación, por conocer su historia, la microhistoria, pero también el contexto pomposo de la Historia, con mayúsculas, la "Situación" que la arrastra a la mera supervivencia, que literalmente la arroya hasta depositarla en una orilla como una de esas ramitas secas que transporta. Y siento respeto por ella, admiración por su profunda dignidad e indignación por la indecente organización del mundo que la condena.

El problema es que la curiosidad es fácil de evaluar y de definir, pero la decencia no.

Hay quien llama decencia a la hipocresía, al arte de guardar las formas, al práctico modo de mantener separados el apartamento de la amante con jacuzzi y el domicilio conyugal con las literas de los niños. La bifásica capacidad de enriquecerse con el carguete y de escandalizarse con el ladrón del supermercado. De no reconocer el aforismo brechtiano que dictamina que es mil veces peor fundar un banco que atracarlo. Y así no vamos a entendernos. Yo llamo decencia no sólo a no hacer jamás a nadie lo que no quieras que te hagan a ti, salvo que estés pensando en suicidarte; en ese caso es de aplicación no hacer a nadie lo que quieres hacerte a ti mismo, sino en no pretender saber de antemano lo que los demás desean.

Un poeta albanés, probablemente uno de los rapsodas herederos de Homero, hablando de la rivalidad de su pueblo y el serbio comienza su poema así: “Del rencor mutuo hemos nacido…” “Mënni”, rencor, cólera en albanés, como al comienzo de la Iliada. Soy consciente de que la cólera de Aquiles hace surgir hechos prodigiosos, incluso artísticos, toda la puñetera Épica, pero prefiero mil veces la modesta 'lírica' del artesano que labró su famoso escudo, o la estricta del poeta que les cantó a ambos y, sobre todo, prefiero la sagrada, ladina, siempre insatisfecha curiosidad de Ulises, el Ingenioso. Y aún más la decencia de los aqueos que no participaron en la Iliada por que se quedaron en casa cuidando de sus cabras, podando sus higueras, trillando sus mieses, en lugar de irse con Agamenón a invadir Troya. Prefiero a las mujeres que recogen leña, sacan agua, amamantan, cultivan sus huertos, sostienen sus precarios mundos: me parece mejor forma de defenderlos que con kalasnikoff o con bombas inteligentes y hasta con discursos en la ONU.

De la curiosidad y la decencia, en el sentido limpio –decente- y restringido que yo utilizo, ha nacido lo mejor del espíritu humano. Lo peor lo ha parido la indolencia, la cruel falta de curiosidad por lo que te rodea, por el otro y hasta por uno mismo. Y la indecencia del autoengaño: de mirar para otro lado, de no preocuparse por lo que uno “no puede solucionar”, de no querer llevar la parte del peso de injusticia del mundo que a cada cual nos corresponde.

La curiosidad es condición previa al amor al otro (si no es narcisismo), la decencia, garantía de que ese amor será adecuado y no posesivo.

Eso sí; sin curiosidad y sin decencia se puede ser…Bush, pongamos por mal caso, y dormir por las noches. Idiotas prodigiosos, necios triunfadores, berlusconis, tonisblaires y otros muñecos de ventrílocuo con el pelo pintado a la cabeza de madera. Sin curiosidad y sin decencia se puede ser edil de urbanismo y asfaltar un viejo camino de uña medieval, tal vez una vía pecuaria, una cañada real. Sin curiosidad y sin decencia puedes cementar y poner a la venta la parte del mundo que consigas sustraer al uso común, puedes transformar la belleza olvidada de algún sitio en cuentas corrientes numeradas a tu nombre pero, majete, con ellas no puedes comprar su disfrute que no tiene precio y que era gratis de antemano.


Vuelvo a contemplar la foto de la muchacha con su bebé y su brazado de leña. La imagen es inmóvil, pero mi imaginación no. La veo caminar con los hombros altos, el esbelto cuello erguido, mucho más airosa que los andares de grulla de las modelos de pasarela. Elegancia, distinción, belleza, dignidad, sabiduría. El bebé es probable que no llegue a cumplir el año; si es así, las estadísticas dicen que morirá de una disfunción nada mortal en Occidente, de diarrea. Por aquí hay crisis, la gente tiene dificultad para pagar sus hipotecas o cambiar de automóvil cuando convenga. También se puede vivir de alquiler y caminar, pero eso no está entre los sueños de este lado del mundo.

Decencia nunca como recato, sino como honestidad suprema, el valor que nos señala la importancia de vivir.


La foto es de un barranco en Cazorla

28/10/2009

Quiénes son los piratas (y Dos)



Así que no está tan claro quienes son los auténticos piratas, si los que reciben tan cariñoso apelativo en los medios o los que acuden a las costas de Somalia a esquilmar sus recursos o a contaminar sus aguas (ver mi post anterior: http://www.lansky-al-habla.com/2009/10/quienes-son-los-piratas.html)

Aquellos “Guardacostas Voluntarios de Somalia” que mencionaba reunieron dinero con el que pagaron a la empresa estadounidense Hard Security, especializada en entrenar, formar y proporcionar mercenarios, un negocio en alza al que ahora parece que van a acudir los armadores vascos. Esa empresa, con ramificaciones en Gran Bretaña, donde proporciona los temidos gurkas, guerreros nepalíes famosos entre otras cosas por masacrar a los pobres reclutas argentinos en la guerra anglo argentina de las Malvinas, perdón Falkland, esa empresa, digo, es la que, mira por donde, años más tarde, es decir, ahora, actúa como mediadora en el cobro de los rescates y, sí: lo habéis adivinado, se lleva la parte del león de dichas sumas de las que al parecer sólo una pequeña fracción de calderilla llega a los ‘piratas’ somalíes.

Inicialmente hubo intentos de negociación de esos autodenominados Guardacostas Voluntarios y extradenominados piratas con los buques de pesca extranjeros. Se propuso, incluso, una suerte de impuesto o permiso para faenar. Conocida la situación de desmoronamiento institucional de Somalia me imagino la displicencia con la que serían recibidas tales propuestas. Lo importante es que regresaron esos ‘guardacostas’, pero convenientemente armados. El desenlace es lo que por estos Lares conocemos como piratería somalí.

En Somalia falta comida, agua potable, esperanza de vida y seguridad para sus habitantes, pero sobran armas, que están en poder de las numerosas facciones y bandas rivales que ocupan el espacio vacío del inexistente Estado. No parece extraño el desenlace que está teniendo este proceso. Es como cuando un tifón asola las costas de algún paraíso de Extremo Oriente; puede que mueran cientos de miles de personas, pero los medios occidentales se ocupan de informar sobre todo de los escasos centenares de turistas que andaban de asueto por allá. Los piratas atacan a inocentes barcos europeos. Es indecente. Y yo sigo preguntándome quiénes son los auténticos piratas.

Ahora se propone que los atuneros españoles, sobre todo son vascos, lleven militares a bordo, de plantilla en el Estado, como los infantes de marina (‘marines’) o contratados, como los mentados mercenarios. Como medida de disuasión. En el Parlamento vasco, con los votos del PP y PNV ya se ha aprobado una moción en dicho sentido. El Congreso español, que lo había descartado meses antes, cuando envió nuestro famoso e inoperante buque de guerra, se debate entre admitir que la legislación española no lo permite y mirar para otro lado o incluso facilitar la ilegalidad. Los somalíes no votan, ni aquí ni allí. Otros países que no han olvidado tan rápidamente su pasado colonialista en aquellos pagos sí llevan militares a bordo desde hace tiempo. Como Francia Y ambos países y otros de la Unión Europea lograron que el pasado 10 de diciembre de 2008 se aprobara la llamada Operación Atalanta que daba luz verde al envío de varios buques de guerra para “garantizar la seguridad” en la zona marina del Golfo de Adén con el mandato igualmente de vigilar las costas somalíes incluyendo sus aguas territoriales.

Así estaban y están las cosas cuando un grupo escaso de somalíes armados abordó el ‘Alakrana’ de marras.

La búsqueda de nuevos caladeros es un eufemismo para seguir expoliando los recursos naturales ajenos cuando ya hemos esquilmado los propios.

Los bravos barcos españoles que faenan en los siete mares son una nueva/vieja forma de colonialismo que para nada ha muerto con la independencia nominal de tantos países del antes llamado Tercer Mundo. De hecho, este nuevo colonialismo cada vez adquiere nuevos brios, con los chinos comprando a precios de ganga las mejores tierras agrícolas del continente africano y los europeos pescando en sus costas protegidos por sus armadas o por mercenarios.

Esas flotas pesqueras occidentales altamente tecnificadas tiene capacidad para ir esquilmado y agotando caladero tras caladero en todos los océanos del mundo. Y es lo que están haciendo. Los países pobres que dependen de la pesca local y que no pueden pescar lejos de sus propias costas, pueden dejarse morir de inanición o coger las armas, también podrían, en un mundo ideal, alzar la voz en los organismos internacionales a los que nadie presta atención, como la mismísima ONU.

Los bravos ‘marines’ embarcados en nuestras bravas fragatas para proteger a nuestros bravos arránchales vascos o de Logroño, tanto da, están recuperando sus blasones imperiales, como recuerda Joaquín Sempere, sociólogo medioambiental de la Universidad de Barcelona. Nuestras tropas no van a estar allí en labores humanitarias, sino contribuyendo a empobrecer a uno de los países ya de por sí más pobres del planeta. Una injusticia, una canallada, una causa indefendible moralmente que propiciamos en un país desangrado por una cruenta y larga guerra civil que dura ya décadas.

Y en esta huida hacia delante cabe preguntarse qué pasará, qué harán nuestros bravos pescadores protegidos por nuestros bravos miliares o no tan bravos pero incluso más eficaces mercenarios cuando ya no haya caladeros por explotar en ningún remoto lugar del océano.

Pero no nos indignemos. Echemos cuentas, que eso se nos da mejor que la ética. ¿Cuánto nos cuesta mantener esos efectivos militares, tanto buque de guerra y sus dotaciones, esos 395 efectivos que andan destacados en la zona? ¿Los pagan los armadores y propietarios de los barcos de pesca o todos nosotros? Pues yo no quiero pagar eso con mis impuestos ni quiero que en mi nombre se dé un sólo tiro en aquellas aguas. No en mi nombre. Los gángsteres no somos tan cabrones, no robamos los bolsos a las viejecitas.

España, país ufanamente desarrollado y demócrata desde hace pocas décadas agotó sus propios recursos pesqueros. Ahora no puede expandirse, sí: como un pirata, por el resto del mundo haciendo lo propio en otras poblaciones más pobres y desafortunadas. Hay que volver aquí, con las tropas y con los barcos de pesca, y aprender a aprovechar nuestros propios recursos dañados o casi agotados de forma sostenible. Hay que ser consecuentes y no unos cabrones de los siete mares. Y vergüenza me dan la mayoría de los medios que supuestamente nos informan de estos sucesos. Yo a todo este tinglado repugnante lo llamo “neeoimperialismo ecológico militarizado”.

27/10/2009

Dos sucesos, dos diferencias








(Este blog no desdeña la actualidad (véase post anterior), pero desde luego no la persigue. Las noticias son lo contrario en cierto modo de los temas clásicos, o sea, lo que envejece casi a medida o conforme se van conociendo, pero hay dos hechos más o menos recientes que pueden estimular ciertas reflexiones que podríamos llamar “clásicas”, y además he dejado pasar varias semanas para que dejen de ser noticias. Es posible que ni os acordéis ya que caducan más rápido que los yogures)



Uno. La esposa monja y el terrorista emparedado y lo que nos debe diferenciar de ellos


Aparece una ‘monja’ de Moratalaz toda vestida de negro, sólo asoman los ojos temerosos tras unas gafas de culo de vaso y su aspecto no mejora cuando a petición del periodista (John Sistiaga, excelente periodista, pero también, sospecho, un ‘yonqui’ del peligro y por ende probable carne de cualquier cañón defensa de Occidente como no ande con cuidado) retira parcialmente su velo. Esta patética mujer, que se expresa con púdica corrección pero es seguramente una analfabeta funcional, no pertenece a ninguna orden monástica, sino que es la muy sorprendente esposa española de un dirigente terrorista, también español: por matrimonio, pues, recluido en alguna cárcel secreta de las desparramadas por el siniestro y complaciente submundo de la era Bush que aún persiste. Se le considera el teórico del terrorismo yihadista, próximo a Bin Laden y a otros ‘luchadores’ por, a, ante, bajo, cabe, pero no contra, y sí para el Islam, según, sobre y tras. Es probable que sea cierto y además muy plausible que tenga información relevante para evitar nuevos atentados sangrientos. Pero lo que pide su esposa vestida a la última moda de la más estricta Edad Media es algo muy sensato y justo. No pide que le perdonemos, ni siquiera que le comprendamos, tan sólo que le saquemos del infecto agujero donde le tienen recluido, le juzguemos y le demos la oportunidad de defenderse: justo lo que, muy probablemente, él no estaría dispuesto a hacer por nosotros. Y justo, por eso mismo, lo que nos diferenciaría de él.




Dos. La diferencia entre un piloto y un aviador


Hay una distinción esencial que me explica –y explica- un experimentado piloto contraincendios mientra analiza el accidente del vuelo de Air France 447
; la que existe entre “piloto” y “aviador”. Un piloto, como los de los aviones comerciales (“el comandante fulanito les da la bienvenida, etc.”) es alguien que conoce el manejo de un avión. Un aviador es alguien que además sabe volar, en cualquier trasto: una avioneta, un reactor, un avión comercial, un cachivache a pedales ideado por Leonardo o un bombardeo cuatrimotor de la Segunda Guerra Mundial.

En mi ignorancia por el antinatural –para el ser humano corriente- arte de volar imagino que la diferencia que establece mi informador es la misma que media entre un navegante a vela y un capitán de un barco motorizado y con GPS. Y ahora la explicación del accidente que no es exactamente un fallo humano, pero contiene la insalvable diferencia de pericia aludida. Sobre el océano, esa inmensa masa de agua de comportamiento calorífico tan diferente a la masa de aire de encima, se generan enormes e inimaginables intercambios de energía en ambos fluidos. Una masa de aire caliente, más leve y ligera, que no puede ascender porque está retenida por una masa de aire frío sobre ella, puede hacer perder sustentación a un gran avión, si pierde altura el piloto (aviador) debe iniciar una maniobra contra todo instinto dejándose caer en plano, con el morro sin inclinación alguna, para que la fricción genere un aumento de esa sustentación perdida, pero muchos aviones comerciales de última generación no permiten el paso a manual; en ese caso, el piloto automático incrementa la potencia de los motores para compensar la pérdida de velocidad hasta el punto de que puede alcanzar la del sonido, el famoso Mach Uno y desintegrarse.

Ilustraciones:

La foto no tiene nada que ver con los temas aquí tratados, pero es que no me apetece buscar ilustraciones en la Red, sino colgar fotos bonitas y mías. Esta es de Cazorla.

26/10/2009

¿Quiénes son los piratas?


¿Quiénes son los piratas de Somalia?

Exactamente esa es la pregunta, pero se puede interpretar de dos formas: una, ¿quiénes son esos a los que desde aquí se llama piratas? Y dos, ¿hay acaso otros que merecerían más ese peyorativo apelativo?

Supongo que os daréis cuenta de que algo huele mal en los atuneros españoles cuando tienen que ir a faenar bajo bandera de las Seychelles y con mercenarios armados para proteger capturas y pescadores.

Entendámonos, no me estoy refiriendo a los bravos arránchales (o ‘arrantxales’) secuestrados, que se tienen que buscar la vida, exactamente igual que los mercenarios que embarquen en el futuro para protegerles o que los soldaditos 'españoles' (¡Y viva Honduras! que diría Trillo) en Afganistán. Pero supongo que es lícito y hasta necesario preguntarse qué hacemos pescando atunes en el Indico con tales riesgos de la misma forma que lo es inquirir qué hacemos en esa guerra no reconocida en Asía Central.

Somalia es un paisito empotrado entre Etiopia, Yibuti, Kenia y el golfo de Aden y el Océano Indico. Británicos, franceses e italianos lo han considerado como propio hasta hace muy poco. La Somalia de los mapas actuales surgió en 1969 con la unión de los dos territorios descolonizados de británicos e italianos. Por esa época cayó en lo que entonces se denominaba la órbita de Moscú en ese mundo bipolar de la Guerra Fría, pero la rivalidad con la vecina Etiopía la hizo decantarse a Occidente. Etcétera. Desde 1991 no existe Estado ni gobierno ni en realidad país, sólo señores de la guerra y una de las poblaciones más bellas, desnutridas y maltratadas de la historia. Hablar de colapso político o de las instituciones es un eufemismo. Las gentes de Somalia no tienen ningún estado que les oprima, pero tampoco que les proteja. Así que barcos de Europa, especialmente españoles, más concretamente vascos, pero también de otros países de Europa, de Estados Unidos y hasta de China –cada día más introducida por las buenas o por las malas en África- se empezaron a pasear por sus aguas no sólo para pescar, sino inicialmente para verter residuos tóxicos y radioactivos en sus poco vigiladas aguas.

Hace tres años escasos se calculó que por allí pescaban unos 800 grandes buques factoría, conocidos como atuneros (nada que ver con la precaria y artesanal marrajera de palangre de la que una vez fui ruinoso “armador” yo mismo), muchos europeos, bastantes españoles, una porción apreciable, vascos, con unos ingresos estimados en unos 400 millones de euros que hicieron disminuir rápidamente las reservas pesqueras que eran el principal recurso de la pesca artesanal de uno de los países más pobres del mundo.

Al Yazira, la cadena de televisión árabe, reveló en un reportaje los intentos de grupos de somalíes de constituir un cuerpo autodenominado “Guardacostas voluntarios de Somalia”. Ese fue el núcleo original de los “desalmados” y “malvados” piratas somalíes actuales.

España ha agotado prácticamente todos sus recursos pesqueros en sus aguas territoriales propias. Ahora navega valientemente y en huida hacia delante y con bandera a menudo de conveniencia por los otros siete mares, sobre todo los menos vigilados. ¿No es legítimo preguntarse quienes son realmente los piratas?

Por cierto, el Alakrana actualmente retenido por esos somalíes, recibió la sexta ayuda en orden de importancia de los fondos europeos para estos menesteres, unos cinco millones de euros.

Mi solidaridad con los trabajadores embarcados y retenidos en el buque, como la tienen los soldaditos destacados en Afganistán que mueren reventados por minas, pero eso no implica que acepte la legitimidad de la guerra en que combaten. Por eso a los armadores…qué claman desde sus despachos que les den.

23/10/2009

LA LENGUA QUE ME HABITA

(A todos los que por aquí se pasan, a todos los que aquí comentan, a los que me rebaten, debaten o asienten)


¿Infiernillo es un infierno pequeño?

Este no va a ser un simple caso de un diminutivo con mucha personalidad, sino un asunto más vasto y general que me permite hablar del hablar (y escribir del escribir), de la lengua que habito, ya que ella es nuestro hábitat más auténtico, el ecosistema de todo ser humano, pero que también me habita. Así que somos como caracoles que llevamos la casa a cuestas. Y como esos moluscos, dejamos un rastro, los que la usan mal no sé si de babas, los que bien quizá luminoso, pero en ambos casos apropiadamente ‘rastreable’. A esa huella algunos le llaman idioma, otros, lengua, algunos obsesos, literatura.

Si todo lo que no es tradición es plagio (Eugenio D’Ors), no hay forma de habitar una lengua, ni voluntaria ni involuntariamente, ni ignorante ni conscientemente, ni honesta ni torticeramente en que se pueda evitar lo uno o lo otro. La voluntad expresa de originalidad es una de las más ingenuas presunciones que existen. Me resignaré a decir obviedades. Siempre es posible además un juego de espejos, de modo que lo contrario a lo que aquí se diga también sea verdadero en parte, como casi todas las verdades de este tipo, y casi en la misma medida. Relativista que me he levantado hoy. Pero no, en realidad me he levantado propenso a la mezcla, que no confuso. Decidido a ser preciso como una macedonia de frutas o como una ensalada mixta.

Habitamos una lengua que no posee totalmente a título individual ni el genio más insigne. Nos da permiso para instalarnos, pero en realidad nos posee –incluso en el sentido ranciamente machista y sexual- ella a nosotros. La podemos transitar, atravesar, vivir dentro refugiados y calentitos, pero paradójicamente siempre la llevamos a cuestas. La lengua nos acecha, nos envuelve, nos tiende emboscadas, nos rehuye, nos sumerge (sumergirse en un idioma ajeno: te ahogas o aprendes a nadar, digo a hablar), nos saca a flote y nos hunde, nos sostiene, nos sustenta y alimenta, pero sobre todo nos posee y la habitamos. Siguiendo con la metáfora, se trata de una casa encantada, asunto clásico de los argumentos de terror.


La lengua que se dice materna es también la aldea donde está esa casa, el valle donde está esa aldea, y adelante y etcétera con esta suerte del zoom: nuestra patria. La verdadera patria, creo yo, con la ventaja sobre cualquier terruño mínimo o cualquier vasto imperio de que es portátil: siempre la llevamos con nosotros, como el baúl de la Piquer, como la añoranza, la saudade, la morriña, como las manías. Y para cabreo de Academias fijadoras de tanto esplendor lacado y fundamentalista es un paisaje familiar, el más conocido de cualquier humano, pero a la vez continuamente cambiante, que se altera, muta y trasmuta, digiere, expulsa, vomita, metaboliza, da la vuelta (evagina), se deteriora o enriquece, nace y muere; te confunde, te advierte, te evita pensar, te incita a pensar. Es decir, no permanece quieto, porque dicho paisaje no es un telón de fondo, sino un universo en expansión que, también sujeto a la entropía, algún día se enfriará y morirá, como el latín y como las estrellas enanas marrones. Y es ambiguo, a menudo confuso, nunca unívoco como una ecuación. Babel es ahora y lo es entre hablantes del mismo idioma, mira tú. Somos islas separadas por un idioma ‘común’. ¿Común? Quizá compartido (en parte) pero el idioma no tiene nada de común, como ningún milagro. Los seres humanos que ‘comparten’ un mismo idioma pueden esforzarse por entender al otro y hacerse entender por el otro o lo contrario, depende de su (buena) voluntad de entendimiento y de ninguna otra cosa.

Hagamos una pinza, aprovechando el tan alabado pulgar oponible que -no es opinable- nos dio la evolución y no Dios (Dios nos concedió tal vez el otro, el de señalar), y opongámoslo al susodicho índice, que en este caso no es un listado alfabético, sino el mencionado dedo chivato y maleducado. Con esa inigualable pinza de precisión que en vano intentan remedar los ingenieros de la robótica, cojamos con delicadeza un diminutivo. Chiquitito, pequeño, que parece que no existe sino es en referencia a su hermano mediano, como el bobo grandullón ese de su hermano mayor, el aumentativo.



¿Ya lo habéis cogido? ; cuidado en América con ‘coger’, mejor ‘tomar’, aunque aquí, a nuestro lado del ‘charco’, no siempre la alternativa es lo más indicado. Lo veis: americanos, españoles, concursantes televisivos, comentaristas deportivos, académicos, ensayistas y poetas, todos estamos separados por el mismo idioma común. ¿Común? Bien. Cojamos o tomemos, pero con la misma atenta delicadeza que un Homo erectus especialmente listo prendió la primera termita antes de llevársela a la boca, el diminuto diminutivo. En Bolivia, tierra a la que por razones personales estoy muy ligado, y en general en gran parte de América, se habla con muchos diminutivos y por esa y otras razones el castellano de España les suena allí áspero, fiero y, más que macho, algo maleducado. No es este el momento de preguntarse, como hace Reyes Mate, si, dado que “la gramática siempre acompaña al Imperio” (Nebrija) se puede dar voz a los colonizados con la lengua de los colonizadores. Aunque, claro que se puede; las cosas no son tan simplonas ni siquiera en lo ideológico, es decir, en el simplista espacio en que las ideologías suplantan a las ideas. Se puede a condición de que estemos dispuestos a entendernos tanto como a confundirnos (macedonia y ensalada, ricos y variados platos). Al fin y al cabo hablamos una lengua común sin compartir las mismas experiencias a menudo. No es lo mismo recoger chatarra y revolver basura a los seis años en el altiplano andino que recibir lecciones de judo después de clase en un colegio de élite de la vieja Europa a la misma edad. Conviene insistir en las obviedades; la lengua lo permite y diversos motivos lo exigen.

Con el diminuto diminutivo precisamente prendido por la prodigiosa pinza que tan humanos como el mismísimo lenguaje nos permitió llegar a ser, mirémosle de cerca: un diminutivo no siempre es un sustantivo chiquito, como ‘sillita’, ‘mesita’, ‘armarito’ y ‘ventanita’, ‘florerito con florecillas’… ¿’sequitas’? Como un ‘yerbajo’ no es simplemente una hierba pequeña, ni un ‘cerrillo’ una montaña baja. Por el contrario, un diminutivo puede serlo por así decir por derecho propio, no por pequeño. Tomemos ‘infiernillo’: ¿es un infierno pequeño? No. Este diminutivo en origen adquirió, como tantas palabras que van a su bola, una maravillosa identidad propia seguramente desde sus mismos múltiples nacimientos. Una vez surgió –esta me la sabía yo- para designar con cierta gracia metafórica un artilugio hoy inexistente, un electrodoméstico precario, una simple resistencia despilfarradora de watios y enrojecida por el esfuerzo para calentar las comidas a escondidas en las habitaciones de las tristes pensiones sin derecho a cocina; un modesto calentador de guisos cutres y clandestinos hoy obsoleto, muy apropiado para artistas muertos de hambre del pasado siglo. Ese infiernillo hacia juego con el triste olor a coliflor rancia de la escalera de servicio de esa misma pensión.


No obstante, me entero por Manuel Rivas y lo compruebo luego yo, siempre desconfiado en asuntos del lenguaje, que ‘infiernillos’ eran antes de eso, antes de la electricidad vaya, los prostíbulos que surgían, adecuadamente a mi parecer, junto a las grandes catedrales. El pecado por antonomasia del catolicismo junto al mayor dispensario de remedios inmediatos. A un tiro de piedra. Como las páginas de contactos (prostitución) de los más prestigiosos diarios se codean (jamás se ‘rodillean’) con las de la economía (igualmente prostitución), en la típica confusión entre follar (fornicar) y joder (fastidiar).

Así que no seáis pardillos, que si bien son pájaros pequeños, no son cualquier pájaro pequeño, sino uno francamente ingenuo, Carduelis cannabina, emparentado con el jilguero. Del mismo modo que los chicazos no son chicas de gran tamaño, sino de aficiones masculinas desde su más tierna infancia.



Comeros la ensalada, o al menos pinchad una aceituna, aunque apartéis ese trocito de cebolla. Gracias.


21/10/2009

Insultos tres (alabanzas uno)

Hay otra posibilidad que no es la de la interpretación ‘buenista’ o políticamente correcta de que insultamos porque somos malos y elogiamos poco por lo mismo. Cambiemos de orden la frase: nos insultan porque lo merecemos, insultamos porque se lo merecen. Lo relevante no es si eso es o no cierto, o si lo es en todos los casos, sino que lo creemos así. El energúmeno que al volante de su automóvil va insultando a todo bicho viviente está convencido - cargado de razón- de su ‘derecho’ para hacerlo. Sin embargo, si practicamos el siempre difícil arte de la empatía, de la verdadera ‘com-pasión’ (padecer con el otro), si nos ponemos realmente en el lugar del otro, pocas veces tendremos la necesidad de insultar, o lo haremos de la misma ‘compasiva’ forma que nos insultamos a nosotros mismos cuando decimos, por ejemplo, ‘qué tonto soy’.

Elogiar es quizás aún más delicado que insultar. Maquiavelo sólo concebía el elogio falso, la adulación para ser más precisos, y como medio de obtener un fin: el halago calculador. La alabanza altruista, sin esperar ni recompensa ni reciprocidad, es muy rara. Se da espontáneamente cuando el interfecto no te puede ya oír, por ejemplo, yo ante el retrato de Inocencio X de Velázquez o de El perro enterrado de Goya cuando digo para mí: “¡qué cabrón: es maravilloso, un genio!” Una alabanza así, pregunto ¿se puede decir a la cara del interesado? ¿No es acaso eso casi más violento que insultarle? Creo que depende del sujeto de esos elogios. Ausente es más fácil, no lo impide el pudor ni hay sospecha de exigencias de retribución.

Existe, me parece sin embargo, el vanidoso superficial –caso de que eso no sea una redundancia- y el profundo, tal vez soberbio. Para este último, al igual que en la ofensa, no alaba quien quiere sino quien puede, y el juicio que más le importa es el suyo propio. Hablo de primera mano en dicho caso. En cambio, los primeros son sujetos fáciles, sorprendentemente ingenuos a la hora de recibir ‘jabón’. Puede que me equivoque, pero creo, sin incluirme, que mis segundos casos son los artistas, mientras que entre los primeros dominan las gentes de ese poder –“el poder”- que no exige talento sino mañas, como los políticos o los ricos. Los políticos que se dejan adular –y considero que son mayoría-, que crean en su torno una burbuja autista que solo franquea el paso a su circulo de íntimos aduladores, son simple presumidos, como el lechuguino endomingado que se mira en el espejo antes de salir hacia el baile. Los vanidosos profundos, en cambio, independientemente de su talento, hermanándose genios como Velázquez y Goya con gentes como yo, somos como Lucifer, nos sabemos (nos creemos) hijos predilectos de algún Dios menor: nosotros mismos.

Concluyo. Quizás insultamos con más facilidad que alabamos por pudor, porque es más fácil.

20/10/2009

Insultos dos ( alabanzas cero)
















Queridos morpiones (confiérase Samuel Beckett, Georges Brassens y Vanbrugh):

El ‘insulto’ tiene muchos sinónimos, por más que no exista el sinónimo estricto; como ‘agravio’, ‘injuria’, ‘ofensa’, ‘afrenta’, ‘baldón’, ‘denuesto’, ‘ultraje’, ‘dicterio’, ‘improperio’, ‘invectiva’, ‘vituperio’, ‘escarnio’, ‘mofa’ y ‘oprobio’, pero probad a buscarle antónimos. Os sugerirá el cenutrio del diccionario paridas tales como ‘alabanza’ y ‘elogio’. Y si disconformes seguís buscándole tres antónimos pies al sustantivo gato quizá os surjan ‘lisonja’, ‘flor’ (¿flor eh?, así que arrebatarle la ‘flor’ a una inmediatamente antes virginal muchacha no es…), ‘halago’, ‘requiebro’ y ‘galantería’.

Desde un punto de vista tosca y rectilíneamente semántico puede que halagar sea lo opuesto, sí, a insultar, igual que elogiar, encomiar o lisonjear. Vale, pero si no admito pulpo como animal de compañía (pese a ser el invertebrado con el encéfalo más desarrollado), tampoco trago con que ‘funcionalmente’ sean lo mismo en opuesto, lo simétrico, porque nadie va por ahí y a la menor provocación (en este caso grata) se dedica a alabar a gritos a perfectos desconocidos (los desconocidos pueden ser perfectos, los conocidos, precisamente por eso, porque los conocemos, lo tienen mucho más difícil). Ah. Entonces se trata del piropo, la galantería, el requiebro, ese sí es el perfecto antónimo de insulto. Pues no, porque en el piropo lo que se alaba es “sólo” el cuerpo deseado para realizar con él actos sexuales exagerados y sin cuento. Nadie piropea en la calle y a gritos diciendo “Señorita, tiene usted pinta de ser extremadamente inteligente a la par que comprensiva y bondadosa”

Lo anterior no tiene excepciones, pero sí matizaciones. Hace muchísimos años, a la salida del Bocaccio de Madrid mi amigo Ángel requebró a una moza de incitantes andares y la gritó: ¡Cuerpoooo! La muchacha se giró, identificó al bramador entusiasta y le dijo: ¡Cerebro! Ninguno de los tres interpretamos eso como un elogio ni mucho menos un piropo de vuelta, en todo caso era una réplica al piropo, un contrapiropo, no exactamente un insulto ¿O sí?

Si el ser humano no tiene en ningún idioma ni entre ninguna sociedad, ni siquiera entre los azande que son tela de raros y por eso los antropólogos se pirran por ellos, un solo caso de la simetría que reclamamos es, tal vez, porque va a ser verdad, aunque nos duela, que somos mucho más bordes y agresivos que amables y pacíficos. De lo cual no se si se deduce, pero yo deduzco que la buena educación, los modales correctos, lejos de ser una adorno de la hipocresía son algo muy valioso para hacernos la vida más fácil y placentera.

Aunque difícil de cultivar. De momento para ir practicando hoy le he dicho en el metro a una señora, ignorando la fea verruga pilosa de su labio superior, que tenía un rostro muy agradable. Me ha mirado furibunda, me ha llamado algo que no pienso reproducir aquí y puestos a llamar también al vigilante de seguridad que había en el andén, al que le he dicho que me encantaba ver que se encontraba en buena forma física, aunque esa tripita que rebosaba la camisa era un síntoma de no querer asustar en exceso, etcétera. En el ambulatorio donde me han atendido he llegado a la sorprendente conclusión de que el mundo, mis semejantes, no están aún preparados para mi amabilidad recién adquirida. Y el diccionario de sinónimos y antónimos sigue tan limitado y cerril como siempre.

De todas formas, luego he abierto a Freud por esa página que siempre sale al azar y he leído: “El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización.” La clave de bóveda que impide ese derrumbe civilizatorio–léase agresión individual o colectiva, como la guerra- es ese ‘en vez de’; sin embargo y muy a menudo ambas cosa son sucesivas.

16/10/2009

Insultos








“Los hombres se vengan de las heridas leves, pero no de las graves”
Maquiavelo



¿Os apetece que os insulte un poco, queridos asiduos de este blog? aunque sea en su acepción coleguil (“Serás hijo de puta...”, dependiendo del tono, puede ser admirativo y no denigratorio en Andalucía; en cambio en Bilbao…). No es una propuesta tan extraña e inconveniente como pueda apresuradamente parecer ya que os estoy ofreciendo algo verdaderamente insólito, raro, infrecuente, como el amor verdadero: insultar con gracia y estilo. Como otras habilidades lingüísticas, se está empobreciendo mucho el gran arte del insulto y la invectiva.

Un amigo colombiano me comentaba el enfado prontamente insultante del español medio, que enseguida te anda mentando a la madre por un quítame aquel semáforo, y reflexionaba que por tierra americanas son más corteses y mucho menos deslenguados, pero llegado el caso de usar ciertas palabras o mencionar sagradas alusiones salta la sangre mientras que aquí, por fortuna, suele quedar en nada. Mejor bocazas que homicidas, pero con algo más de imaginación a ser posible.

En España, en concreto, ando notando la memoria virtual del insulto en niveles muy bajos. Apenas se sale de los consabidos ‘gilipollas’ (una descripción abreviada en el mejor de los casos para muchos de mis compatriotas y en demasiadas ocasiones para el que esto escribe y subscribe), ‘hijo de puta’ (sin presunción de inocencia: los pecados, herencia católica, se transmiten de padres a hijos, supongo, por lo que el verdadero insulto debería ser: “hijo de putero”) y “cabrón” (sin comentarios). Faltas de imaginación, manidas alusiones al dudoso linaje del otro y a la honestidad de madres y esposas. Con un panorama tan desolador llamar simplemente ‘imbecil’ puede ser demoledor.

Por ejemplo, desde que me muevo por la Red, con o sin blog propio, el que más repetidamente me han dedicado es el apelativo cariñoso de ‘maricón’, que no me funciona como insulto, tampoco el de ‘chupapollas’. Si fuera homosexual supongo que tendría a gala y a mucha honra ostentar ese título por mucho que me lo concedieran los homófonos, y no siéndolo, no me afecta. Si a un tipo escuálido le llamas “gordo”, “fatty”, “ballena”, puede que se extrañe, pero no se cabrea. El más imaginativo hasta la fecha, y eso siendo muy generoso, ha sido el de “viejo desdentado”, que sólo acierta a medias: soy viejo para los patrones de mediados del siglo pasado y todas las épocas anteriores, menos las míticas matusalénicas de la Biblia, pero tengo los dientes casi al completo.

Tampoco conviene caer en pretendidas y relamidas perfecciones de prosista excelso, porque insultar, como bien saben los dibujantes de cómics e historietas, es soltar sapos y culebras. Así que no me vale el de niño gordo y redicho de colegio de pago de Churchill: “él tiene todas las virtudes que aborrezco y ninguno de los vicios que admiro”. Aunque me gusta la distante crueldad de Marc Twain: “No pude asistir a su funeral, pero le mandé una nota con mi aprobación”

Así que mi ejemplo más excelso de insultador es Samuel Beckett. Me encanta la sucesión de insultos de Esperando a Godot de la versión francesa, digna del Capitán Haddock de Tintín: “’Andouille’! ‘Tordu’! ‘Crétin’! ‘Curé’! ‘Dégueulasse’! ‘Micheton’! ‘Ordure’! y, -toma nota Miroslav-: ‘Archi…tecte’!” (Cernícalo, majadero, cretino, cura, asqueroso, putero, basura, arqui…tecto) Lo curioso, aunque habitual en él, es que cuando se traduce a sí mismo al inglés no utiliza las estrictas equivalencias sino otras que mantienen las connotaciones que busca en cada lengua: Moron! Vermin! Abortion! Morpion! Sewerrat! Curate! Cretin! Critic; y así, por ejemplo, Morpion es un tipo de pulga. Beckett no traduce ni se traduce: recrea y se recrea.

¡Qué bien insulta, el cabrón! Y qué mal y en vano lo hago yo.

Espero los vuestros

15/10/2009

Gallardón, el faraón hipogeo, no es una leyenda urbana


Insisto: Gallardón, el faraón hipogeo, no es una leyenda urbana.

Una leyenda urbana es una historia moderna que nunca ha sucedido, contada como si fuera cierta. Casi parece la definición del currículo de un político. En realidad es como regresar a Homero antes de Homero, es decir, antes del Homero que luego se escribió, pero sin su grandeza. La tradición oral de andar por casa, el chisme de escalera, el cotilleo de vecinas. Que luego, si cuaja, se escribe, se instala en esa cloaca de rumores que es Internet: la Red de Bulos. Nos vamos entendiendo, es decir: confundiendo, que vienen a ser casi lo mismo.

Porque lo que hoy un tanto tontamente llaman ‘leyendas urbanas’ son lo que siempre se han conocido como bulos o rumores. La red es muy propensa a ellas, de hecho Internet es el mejor mentidero posible que ágora (con permiso de Amenábar, Amenábar, moro de la cinematografía) alguna nunca soñó en poder emular. Algunos las llaman folclore contemporáneo, lo cual, presiento, es una contradicción en sus términos.

Lo que tienen en común con las leyendas de toda la vida es que apelan a la credulidad ya que relatan sucesos inverosímiles que se hacen pasar por ciertos, y lo que las separa de ellas es que suceden en tiempo real, por así decir, y no en míticas épocas. El inventor del dichoso término, como digo y a mi entender perfectamente gratuito, fue un etnógrafo o folclorista estadounidense, Richard Dorson, que en vez de irse a estudiar a los yanomamis de los trópicos americanos, que encima andan moviéndose contínuamente –nómadas les dicen- prefirió concentrarse en los vecinos que encontraba en el bar o en la cola del quiosco de prensa, que es bastante más cómodo.

Suelen tener moraleja (en eso se parecen más a una fábula clásica o incluso a una parábola). Para acentuar la verosimilitud, y al contrario que las leyendas que se pierden en la noche de los tiempos, estos bulos se personalizan en alguien que el narrador incluso conoce (“un amigo de mi cuñado”), así que perfectamente se las podría llamar “historias de un amigo de un amigo”.

Lo fundamental es que sean mentira, además de inverosímiles. Por ejemplo, que el juez Garzón está cada día más gordo o que el juez Bermúdez es calvo como una bola de billar no valen, pero que Garzón lleva el nombre de un rey mago, negro para más INRI, porque su madre anticipó el ascenso de Obama, sí.

No importa que sean de una falsedad inmediatamente comprobable. Véase: si giras el logo de Volkswagen aparece la esvástica nazi (Para que eso pase, sospecho, tienes que girar el logo con coche y todo)

Ahora me voy a curar en salud: lo verdaderamente divertido no es propalar bulos, que es cosa de porteras sin glamour y de ínternautas sin imaginación, sino inventarlos.

Aún así, de las inventadas por otros, mi favorita es la muy conocida de los cocodrilos albinos en las alcantarillas de Nueva York. Prosperas colonias de caimanes que fueron a parar allí desde los WC de los turistas de regreso de Florida con su correspondiente caimancito de recuerdo que fue creciendo hasta alcanzar proporciones alarmantes, momento en el que fue eliminado por el mismo método que tampoco se debe utilizar con los condones. Y alimentándose de la sabrosa y abundante inmundicia que nunca falta hasta alcanzar enormes tamaños, terminó atacando a las brigadas de obreros de las cloacas. ¡Sí! Y además no sólo son albinos (detalle falsa y aparentemente verosímil puesto que no les da el sol, como a los bichos de las cuevas), sino, más increíble todavía, resisten los inviernos neoyorquinos.
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Y ahora os cuento. Lo sé de muy buena tinta, me lo ha relatado un amigo que es primo de un exobiólogo que trabaja para la NASA. Así que esto NO es una leyenda urbana ni mucho menos un burdo bulo ni siquiera es…una mentira piadosa:

Alberto Ruiz Gallardón es un alienígena, la avanzadilla de una inminente invasión proveniente de un planeta donde la vida inteligente es hipogea; su misión: preparar el adecuado hábitat subterráneo para la llegada del resto de sus compañeros. Han escogido Madrid en lugar de París, Londres, Berlín o Barcelona, porque en ninguna otra ciudad del mundo, con la posible excepción de Sarajevo o Bagdad, le dejarían practicar todas esas brutales excavaciones. Algunos ingenuos, como el actor Danny de Vito, creen que anda buscando un tesoro, cuando su tesoro consiste en algo tan simple y a la par curioso como exprimir a los sufridos aunque masoquistas (le siguen votando) contribuyentes madrileños. Ahora ya lo sabéis.

Ejercicios:

1) Aprender a distinguir entre lo que es legal: reventar Madrid, y lo que es legítimo: idem

2) Lo mismo, entre verosímil y verdadero.

14/10/2009

Secuaces perpetran secuelas de vampiros





Están de moda los vampiros. Debe ser por influencia de la forma de actuar de los financieros nacionales y sobre todo internacionales. También está de moda escribir secuelas, da igual que sea la de ‘Lo que el viento se llevó’ o la de Pinocho. El “pequeño” problema de que Margareth Mitchell o Collodi haga tiempo que murieron se solventa encargando la artificiosa prolongación a escritores vivos, pero sobre todo “vivillos”, y si es posible emparentados con el autor original. Contra lo que podría parecer, más que para satisfacer el ‘mono’ de los aficionados a un autor o un personaje, a los que más bien les cabrea, estos tinglados se montan para satisfacer la avidez ignorante de lectores recién llegados y poco exigentes. Los mismos que, en unos casos, se compran la novela basada en la película, y en otros, no leen la novela original porque aguardan a que estrenen el film, tanto da. (Una vez leí en un blog que los que leemos lo hacemos porque somos pobres y no podemos ir al cine; no iba de coña el tío)

Las variaciones, si no son las Goldberg, las secuelas, si no son las de la gripe, las reinterpretaciones, las frecuentemente pedantes intertextualidades, las prolongaciones exhaustas y exhaustivas, los plagios no sólo tolerados sino hasta bien vistos, son las distintas formas que adopta el oportunismo editorial: la versión del ‘remake’ en el cine aplicado a los best sellers de todos los tiempos. Pero una cosa es escribir ‘La hija de Homero’ por el muy culto poeta y exquisito helenista anglo mallorquín Robert Graves, el de ‘Yo Claudio’, y otra mucho peor una continuación de las aventuras de Sherlock Holmes ochenta años después de muerto Conan Doyle, como hizo Nicholas Meyer, aunque sea sustituyendo no sin cierta gracia al Doctor Watson por el más inquietante Doctor Freud.

Ahora le toca al gran Conde: ‘Drácula, el no muerto’, de Dacre Stoker, -¿de verdad que te llamas Dacre?- que pone el apellido como sobrino bisnieto, supongo, y Ian Holt, especialista en mordeduras, que pondrá la fan-erudición y el curro, digo yo. Este desvergonzado descendiente del autor y su cómplice (me refiero a los secuaces, es decir, a los autores de esta secuela, o recuelo), estos dos secuaces han perpetrado esta prescindible secuela

Como casi todo el mundo conoce a Drácula de verlo en el cine y de segundas o terceras referencias y casi nadie por leer la epistolar novela, esto es, de primera mano, muchos ignoran que en el original el monstruo apenas aparece, aunque se le menciona constantemente. Bueno, pues veinticinco años después del final en los Cárpatos en la ficción y un siglo después en la realidad editorial se pone remedio a eso y no sólo aparece continuamente el ilustre vampiro sino que le agotan con peripecias gilipollas, recalientan la trama, la aceleran sin el talento de Tarantino, convierten en gymkhana la trama, le ponen a alternar al lado de personajes reales, como el propio Bram Stoker, como montador de una obra de teatro sobre su obra, John Barrymore, Charles Chaplin, etcétera, se usa y abusa del mito como un muñequito de plastilina: ahora le alargo la capa, ahora convierto sus colmillos en utensilios de cocina. Como el asunto no ofrece posibilidades sensatas de sorpresa se urde una sorpresa tipo tía buena en bikini saliendo de la tarta en la convención de viajantes de comercio, que no contaré, pero que es absolutamente imbécil. Fresán lo explica muy bien: “es equivalente a que la pastoral vida Heidi se continuara con la niña asesinando a Pedro y al abuelito para enseguida ponerse al servicio de Hitler como asesina en serie de noche y actriz favorita de Leni Riefenstahl de día.”

Claro, el equívoco es que los verdaderos monstruos de esta novelucha son los autores, sedientos de la sangre del afamado bisabuelo, o de la criatura creada por su bisabuelo, que confiesan que al inmortal transilvano le resucitaron “por sentido del deber y responsabilidad familiar”, es decir, para reclamar los derechos legales del vampiro, algo así como un millón de libras hasta el momento, peli a la vista sin contabilizar. Puro altruismo. Descendientes de García Lorca o de Drácula, la cosa es pensar en los demás (como fuente de ingresos)

En realidad la novela buena sería que un Robertson Davies o un Saul Bellow, o un Javier Marías o el propio Fresán, afirmo yo, contara la vida de estos dos pícaros autores.

Pobre Drácula ni con su estaca en el corazón le dejan descansar en paz.

09/10/2009

El antropólogo que vino de las estrellas...







..y, por tanto, del frío y del calor.
Para mi amigo Antonio Pérez con permiso de Kurt Vonnegut.
(He sido abducido, pero he conseguido esconder entre los pliegues de mi cuerpo una grabadora)


El antropólogo que vino de las estrellas, más en concreto de Matadero Cinco, pretendía saberlo todo de nosotros, y como buen ídem consideraba que los terrícolas, meros objetos de su displicente estudio, eramos como niños en la infancia de la civilización…

“El defecto de las historias de Cristo, -‘pontificaba’ el visitante del espacio-, reside en que es en realidad el Hijo del Ser más Poderoso del Universo, aunque parezca un Don Nadie. Llegado el momento 'crucial' –nunca mejor dicho- de la crucifixión, el lector del Nuevo Testamento inevitablemente pensará:

‘Ahora sí que han metido la pata por escoger a este tío para lincharle’

Este pensamiento conduce a este otro: Hay que saber escoger a las personas a las que se puede linchar (impunemente). ¿Qué personas? Las personas que no están bien relacionadas. " (Fin de la cita)

Y se quedaba tan pancho. El extraterrestre becado para estudiar el Cristianismo creía comprender por qué los cristianos encontraban tan natural y fácil la crueldad. Por ese, ejem, desliz del Nuevo Testamento, porque aunque la intención del Evangelio, casi con total seguridad, era enseñar a la gente, y en especial a los más malvados y ruines, a ser compasiva, lo que en realidad mostraba, o lo que deducía la gente, que viene a ser lo mismo, era:

‘Antes de matar a alguien, asegúrese de que no esté bien relacionado’ “


Y no hubo manera de convencerle al tío. Como exoantropólogo y etnólogo venido de las estrellas para estudiar nuestros mitos creía saber más que nosotros, los nativos, que lo hemos mamado desde niños en la catequesis. Y luego dicen que la distancia proporciona objetividad.

(No quieran saber lo que opinaba este puñetero homúnculo verde de la historia de la acusación de violación de una niña de trece años por el director de cine conocido como Polanski).

08/10/2009

tijeretazos a la ciencia




Los buenos científicos nunca son caros; los políticos mediocres, desinformados, ignorantes y/o oportunistas, siempre.
Algunos de los más ilustres antiguos solían afirmar que nuestro destino estaba en las estrellas. James Watson, el codescubridor del ADN, afirmó que, en gran medida, ese destino, está en nuestros genes. ¿Será posible que nuestro destino -de nación de segunda fila, enladrillada e ignorante, de camarareros salerosos y tradiciones sangrientas- esté en la torpeza de nuestros gestores?

07/10/2009

¡Gobierno, escucha!

Mensaje al “gobierno” que, como todo marinero secuestrado sabe, es como se denomina a la docilidad de la nave al timón.

Escuche: ponga un agujero negro en su vida, porque cualquier tiempo dormido fue mejor. No es que quiera siempre decir lo que me salga de los weblogs, pero este comunicado de Píxel y Dixel, los simpáticos ratoncitos, como decíamos ayer son sólo unas sílabas perdidas. Con su tecnología obsoleta la verdad es que no tienen ni media hostia, qué pocos cerebros no lavados y qué ciencia tan kanija, realmente ciencia de bolsillo, no debería estar permitido ni un tonto más y además no es bueno ser sincero, que inventen ellos, joder, cada día un cantar distinto, pensando en colores la gen-ética es indudablemente un espacio sináptico en estas vísperas de nada, mirando musarañas junto al bacilo sutil, que a mí me dan miedo las nubes en el hipotálamo y el que avisa es avisador. No olvidemos que vivimos en demagogia en el mundo desencajado, sin futuro y sin un duro, acaso un grito bajo el agua, un lugar para conspirar, un testamento vital, unos versos enmarcados, un limbo digital, un color merdellón, y aunque yo no sea el chofer de Einstein, desde la atalaya del necio no me llegan los ecos de la economía, para eso he levantado el muro de Plank al margen de Fermat y de los mensajes de mi botella sentado frente al mundo, acaso precarios punto org…del mito al ‘blogos’, fabulopia en este supuesto planeta sapiens donde la realidad estupefaciente me permite estas reflexiones desde la higuera, un simple trastero informático, exprimiendo bits, levantando el vuelo del Fénix, simples enredos de un ovillo, este tahúr manco, estas ideas zurdas, estas reflexiones de un hombre sin sueño, esta mi vida insustancial, gota a gota, mente abierta, soy un mendrugo, pero se lo imploro: ponga un mostrenco en su vida, reitero, se lo imploro, al fin y al cabo los matemáticos no son gente seria y yo también quiero perder el tiempo y la cama sin hacer, extrañas coincidencias, me lo dijo el ornitorrinco enmascarado amenazándome con su navaja de Ockham, con su veneno para ardillas, igual que la rata gris y la noche oscura del alma y sin que sirva de precedente, opositando al pensamiento y con la suela en los talones, completamente ‘yeno’ de blogs el rincón del mandril.


Y si le quedan dudas, recuerde lo que decía hace muy poco Enric González: "¿Para qué intentar entender el mundo si el mundo, como nosotros, se hace más tonto cada día?"

Firmado: Lansky y más de 700 kopógrafos

http://aldea-irreductible.blogspot.com/2008/06/la-iniciativa-la-ciencia-en-espana-no.html

06/10/2009

La ciencia española al garete (y dos)


O del garete al hundimiento.


Conocéis supongo el viejo chiste del alcalde inevitablemente de Lepe que tras una visita apresurada a Londres vuelve entusiasmado y decidido a aplicar medidas inspiradas en la metrópoli inglesa en su pueblo. Y anuncia: “desde mañana los autobuses y camiones circularán por la izquierda; y si la cosa sale bien, el mes que vienen lo harán los autos y las motos.”. La política científica de las distintas administraciones desde hace décadas y con honrosas excepciones, se parece mucho a la gestión municipal de ese hipotético alcalde: esfuerzos puntuales, a menudo contradictorios, jamás sostenidos en el tiempo e interrumpidos igual de bruscamente.

El problema de los anunciados recortes en un campo como el científico, que requiere esfuerzos continuados en el tiempo, es que trabajamos para el extranjero, como los espías infiltrados soviéticos de las novelas de la Guerra Fría. Se invierte en el largo proceso de formar profesionales de tan evanescentes y difíciles campos como los de la investigación para que luego sean rentabilizados por otros países que los reciben mejor, esto es, con inversiones adecuadas que permitan la realización de su trabajo. En esto tan simple consiste la famosa “fuga de cerebros”, aunque los cerebros verdaderamente fugados, de neuronas caídas, en huelga, sean los de nuestros gobernantes.

El presidente del Gobierno anuncia que va a cambiar el anterior modelo productivo, aprovechando la crisis y haciendo de la necesidad virtud, basado en el ladrillo, la especulación inmobiliaria y el destrozo de nuestro territorio, por un modelo nuevo “sostenible”. Y casi lo primero que hace es recortar fondos, ya de por sí precarios, en la investigación. Mi conclusión no puede ser otra de que este Gobierno y su Presidente o bien manejan un idioma que no entienden cabalmente, es decir, son tontos, o bien, mantienen una retórica progresista que se compadece muy mal con sus verdaderas acciones que la contradicen; esto es, son hipócritas. O quizás no sea ni una ni otra, sino tal vez mera esquizofrenia. En cualquier caso, la retórica –en su primera acepción, como arte de bien decir- se sostiene con hechos; es decir, en los presupuestos.

05/10/2009

La ciencia española al garete


La ciencia al garete[1]


He comentado muchas veces en este blog que la mezcla de codicia e ignorancia es más explosiva a medio y largo plazo que las bombas atómicas. Este país, España, ha basado el despegue económico desde el fin de la dictadura hasta ahora mismo en un conjunto de ignorancias y de codicias y ahora estamos pagando las consecuencias.

Ignorancias salpicadas de codicia:

1) Que la democracia es una meta y por supuesto ya hemos llegado, llegamos en la famosa y milagrosa Transición exportable al resto del mundo menos afortunado.

Pero si la democracia es una meta, lo es como una asíntota, como un propósito al que siempre hay que tender y siempre perfeccionable o definitivamente inalcanzable como absoluto.

2) Que el pasado inmediato debe ser olvidado en aras de la convivencia.

Pero el pasado siempre hay que tenerlo presente para no repetirlo (en forma de tragedia o de sainete burlesco, es lo de menos)

3) Que al integrarse en un marco político, Europa, al que nos igualaron fondos sistemáticos, ese impulso duraría siempre

4) Que el territorio puede venderse, malversarse, cementarse, asfaltarse y enladrillarse eternamente y sin mayores consecuencias

5) Que España, y en especial sus costas puede especializarse sin mayores “hipotecas” en ser un geriátrico para el resto de Europa y proveedor de servicios de bajo precio y pareja calidad en periodos vacacionales.


Bajo los anteriores supuestos España no tiene por que contar con una ciencia propia, “que inventen ellos” sigue vigente, lástima que Unamuno no completara la frase: “que inventen ellos que nosotros les venderemos el país por parcelas y conservaremos nuestras ancestrales tradiciones para seguir siendo un destino pintoresco, un Sur que también existe, un 'Oriente' asequible, un bebedero de alcohol barato, una extensa playa plagada de chiringuitos”. Un país sin futuro

Este post es un mero pretexto apresurado para colgar este enlace

http://aldea-irreductible.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html#comment-form


[1] Garete: Término marinero. Se dice de una embarcación sin gobierno; ser llevada por el viento o la corriente. Ir a la deriva, sin dirección o propósito fijo.

02/10/2009

Pasquín


¡SOCORRO!

MI CIUDAD, TAL VEZ EL PAÍS ENTERO, SE ENCUENTRA CONTROLADO POR UN EJÉRCITO QUE SE HA APODERADO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
.

La operación está organizada con esplendida planificación. Por un lado se incita a los aulladores monos borrachos armados con navajas que transitan por las zonas de ocio los días festivos bajo la sacrosanta denominación de ocio juvenil, por el otro se mantiene a los adultos en casa prendidos de la tele.

Más insidiosa y complementaria, en cambio, es la sistemática labor de esos ‘mass media’ lavando cerebros, secuestrando voluntades y expandiendo consignas a cual más demencial.

La más genéricamente reiterada es:

“No pasa nada”, (aunque pasa de todo, no me creeríais si os contara)


Y las más recientes:

“¡Olimpiadas para Madrid!”

“¡Indultos para violadores con talento artístico!”


Se prometen represalias aún peores, tales como estas:

¡Volveremos a ser un emporio del ladrillo y un geriátrico asequible para países nórdicos!
¡Expulsaremos a nuestros científicos y embruteceremos aún más a nuestros niños!
¡Seguiremos endeudando a nuestros jóvenes y saqueando a nuestros pobres y ancianos!
¡Acabaremos con la poca educación que quedaba sustituida por la deformación profesional y el adoctrinamiento!

Y la peor:

¡El futuro es ahora! (Temblad)

Cuando escuchéis este mensaje puede que nos hayan condenado a otros siete años de enloquecido despilfarro y sistemáticas obras de demolición.: “¡Olimpiadas para Madrid!” (¿Y Ciudad Olímpica en Seseña, la ciudad fantasma de Paco el Pocero?),

En esta ciudad vejada, acusada de pecados que se cometen precisa y principalmente contra ella, en esta ciudad mártir, hermanada en lo más íntimo con las bombardeadas Dresde, Hiroshima y Nagasaky, con Gernika y con Rótterdam y Hamburgo, os lo advierto: ¡no encendáis la tele, no leáis la prensa ni escuchéis la radio y, sobre todo, no salgáis a la calle!...
.... Porque debajo de los adoquines ya no hay playas sino proyectos del señor alcalde.


(Cuando leáis esto puede que ya sea tarde…)


Un madrileño oculto o “gato”