TABLÓN DE ANUNCIOS

TABLÓN DE ANUNCIOS

1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

***

2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

***

3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


22/12/2009

Volaaado (no) voy, volaaando (no) vengo, por el camino yo me entretengooo...

Cementerio de aviones en Tennesee donde Díaz Ferrán compra sus aparatos (preguntad por Bob, El Chatarrero)


La ola de frío ha atascado el centro, la derecha y a la izquierda de España, aunque hay quien dice que el frío no tiene nada que ver.

También ha bloqueado Barajas y, colaborando, Díaz Ferrán, presidente de los empresarios basura y de la línea aérea basura Air Comet, ha bloqueado por su cuenta a otros miles de pasajeros.

Al empresario español le gusta demostrar su recio patriotismo poniéndole nombres ingleses horteras a sus empresas, como hacía otro gran patriota y saqueador, Francisco Correa con sus Orange Market (caso Gürtel). Probablemente la fiesta de los toros está en situación precaria por no ponerles nombres chulos a los animales torturados, digo, a las reses lidiadas, tales como ‘Zaino Warrior’ o así.

Pero no seamos pesimistas, el futuro de Air Comet, no está precisamente en el aire, como ninguno de sus clientes, por otra parte. El empresario español, modelo para tantos (por desgracia), vuelve a innovar en su concepto de cómo hacer pasar las navidades haciendo deporte de riesgo en los aeropuertos, acampando en los vestíbulos, intentando dormir al niño en sillas de plástico rígido, afeitándose en los baños y mangando galletas para comer en los duty free.

Total que no voy a poder asistir al entierro del gran ayatolá Hosein Ali Montazeri, en lo suyo más ‘progre’ que aquí nuestro montuno Rouco Varela, salvo que emprenda el itinerario por tierra, pero la meseta del Pamir está imposible en estas fechas y mi camello no está para esos trotes, nunca mejor dicho.



18/12/2009

un blog de fotos de despedida y cierre anual

No creo que cuelgue/publique más post este año 2009, aunque conmigo nunca se sabe. Los que me seguís desde antiguo, que ya son ganas, sabéis de mi “refugio” campestre, allí tengo parte de mi corazón, es decir, de mi biblioteca. Aquí van unas fotos de este mes y el anterior de noviembre. Feliz entrada de año. Odio la navidad, pero me encantan estos días camino al solsticio.



Otoño te hace currar: a recoger las hojas de las parras del patio


Pero ha nevado poco, a ver si lo arregla el invierno


Jara y yo somos muy de madrugar, así, ya en camino


Pedruscos mágicos al borde del camino, cercas de mampostería en seco (sin mortero) maravillosas

Y estas, no creáis que son las pelotas, los cojones del bosque; son más trivialmente unas agallas producidas por un ichneumónido (una pequeña avispa) en ese roble modesto que se conoce como quejigo (Quercus faginea). A mí me emocionan lo mismo (en realidad, más) que si fueran atributos masculinos.
Amanece, que no es poco, y se ilumina el escenario de prados y sotos de álamos



Pero las ovejas aún están algo ateridas en los prados de la caida de la ermita, podía haber suprimido la malla de alambre, pero me gusta ver las 'borras' como las llaman por aquí, como si estuvieran en un crucigrama

Pega ya el sol en la cañada real de merinas (aquí la rebajan de categoría y la llaman 'El Cordel'), en los troncos de los alcornoques, en los lomos de Jara y yo

En los prados que caen hacia las dehesas de encinas

En la cornicabra (Pistacia terebintus) que las bordea
En los chopos lombardos (Populus alba var. piramidis/boleana) tan resultones
En Jara (esta foto, obviamente movida, me encanta, porque es también espíritu del bosque)
Mi colega y el suyo (yo no estoy)

Y sí: ¡por fin estamos arreglando el pajar!Fijaos que viga de pino


Sí, el pajar va a quedar cojonudo, pero P. no quiere que cuelgue su linda cara (a Jara le da igual)

17/12/2009

El duomo en la cara del muñeco

Vamos a pensar que la cara no es el espejo del alma ni sus ojos las ventanas, pero...

...Tiene todo el aspecto de un muñeco de ventrílocuo, y no hablo metafóricamente: pelo teñido, pero que parece pintado sobre esa desasosegante cabeza similar a las de madera, hierática la inquietante sonrisa, fijados los párpados por las operaciones y retoques botulímicos, pechera así mismo de pino... Pero lo malo no es su aspecto, sino sus acciones.

Italia no está en manos de la derecha, sino de “una asociación para delinquir que se ha hecho dueña de la mayoría parlamentaria y se ocupa de resolver los problemas personales de primer ministro, buscando a cualquier precio su impunidad” (Marco Travaglio, periodista)

Uno. Bajo cierto punto de vista, los seres humanos se dividen entre los que creen que ciertos fines justifican emplear cualquier medio y los que no. Yo pertenezco irreductiblemente a la segunda categoría. O sea, que nunca aprobaré la agresión contra Berlusconi de ese pobre desquiciado. Diré más: la violencia como forma de acción política me parece más repulsiva que otras formas de violencia sin esas motivaciones. Matar por conseguir la independencia (¿Independencia? Ilusos) de la Brokorvina del Sur me parece infinitamente peor que por un arranque de incontrolada mala leche en un accidente de autos con golpe de chapa, aunque este último caso parece más banal. El uso de ciertos medios deslegitima unos fines que podrían en principio no serlo. Por eso, entre otras cosas, me repugnan prácticamente todos los nacionalismos, centrífugos o centrípetos, pequeñitos o imperiales.

Dos. El horizonte de todo político, por definición sin que haga falta leer a Maquiavelo, es el poder, no la verdad, pero eso no hace a todos los políticos iguales, no es lo mismo Obama que Bush, ni Prodi que Berlusconi. Los políticos, de izquierda o derecha, populistas o circunspectos, se pueden igualmente dividir entre los que solucionan problemas, que cada vez son menos, y los que los crean (para su propio interés). Berlusconi pertenece a esta lamentablemente más nutrida última categoría. También se dividen entre los que crean necesidades ficticias y los que no. Nuevamente Berlusconi pertenece a la más nutrida categoría, en este caso la primera.

Tres. La ironía. En su sentido más restringido es dar a entender lo contrario de lo que se dice. Ejemplo: “este tío es un genio”, alzando las cejas y queriendo decir que es tonto. Es decir, irónico debía ser Berlusconi cuando el pasado abril en Los Abruzzos, tras el tremendo terremoto y a la vista de las familias precariamente desalojadas las comparó con un día de ‘camping’. Irónico soy yo, cuando digo que esos dientes rotos por el lanzamiento de la reproducción en alabastro del duomo de Milán (hortera souvenir, muy adecuado para su hortera rostro) es una endodoncia. Tan gratuita como la acampada de los afectados de abril.

Cuatro. Hubiera podido ser peor. Si llega a estar en Barcelona y le lanzan la Sagrada Familia que parece una agrupación de toberas de lanzamiento de misiles, con permiso de Gaudí y los japoneses. Y no digo nada si le llegan a tirar un buda de bronce…

Cinco. (Ya, ya: por el culo te la…). En mi infinita comprensión entiendo que le voten y elijan los italianos. De hecho, no me parece un fenómeno italiano –más quisiéramos-: miren algunos de los tipos y tipas que pululan por los telediarios de aquí. Lo que no entiendo es que a un tipo así, que, como diría malherido, mira a las mujeres como si llevaran el precio colgado de una etiqueta y que convierte la mafia de toda la vida casi en una ONG de ayuda en acción, le llamen ‘Il Cavaliere’.

Seis. Pero también disiento de su esposa camino de ex esposa, que le acusa de “frecuentar menores de edad”. Menores de edad tan creciditas que da gloria verlas, francamente, a ver si dejamos de ser unos hipocritones, pero sobre todo, porque me parece infinitamente peor, señora mía, ‘frecuentar’ tipos como su futuro ex marido.

Siete. Se debe tratar de una pedrada (o una duomodada, una souvenirada, una catedralada, una…) mágica, porque convierte repentinamente a un verdugo de las libertades en una víctima de la democracia (véase punto cinco). Un payaso democráticamente elegido no puedo revocarse lapidándolo. Convienen recordar no sólo el respeto a las reglas del juego, sino el lema del Mayo del 68 francés: “cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: ¡come mierda!” Hay que respetar a las moscas. No por ser moscas, sino porque son muchas, aunque voten a Berlusconi. Esto es lo que hay.

Ocho. La acción de un desequilibrado (con buen gusto para su odio, todo hay que decirlo) es justo lo opuesto de una acción organizada, pero la organización que rodea a Berlusconi tratará de que parezca exactamente eso: hay que sacar tajada hasta de los dientes rotos del jefe. Ya tienen disculpa para más represión a la prensa independiente y a la libertad de opinión. Y aunque no venga a cuento, aprovechando que el Tíber pasa por Roma, más disculpas para dar de palos a los inmigrantes pobres.

Nueve. No, ya veis, de la violencia nunca sale nada bueno. Y perdón por los chistes. No he podido evitarlo. Y además soy políticamente muy incorrecto (Endodoncia…)

16/12/2009

Dios y yo (y 4): final apresurado y severo (de momento)




Esta breve serie de post los titulé impropiamente como Dios y yo para evidenciar que se trata, aunque no debería hacer falta pero estamos tratando con material sensible por no decir explosivo, de opiniones personales, muy mías, aunque puedan ser compartidas (espero convertir al ateismo a algún creyente dubitativo). Pero en realidad Dios o dios no aparece casi aquí, dios o Dios es un asunto muy personal, o debería serlo en mi opinión; de otro modo, hablar de dios, inefable por definición es imposible. En realidad quería hablar de religión, de mi necesariamente deformada mirada sobre la (-s) religión (-es).

Durante gran parte de mi vida, que incluye toda mi infancia y parte de la primera juventud, viví la religión como una imposición y consideré mi deber, aunque no lo formulara explícitamente, rebelarme contra ella por lo que para mí suponía: una afrenta (entre otras cosas, con el poco formado descaro juvenil, una afrenta a mi inteligencia) Lógico, nací en un país obligatorio, una dictadura, católica entre otras cosas, con un régimen que se definió como nacional catolicismo. Dos palabras, nacional y catolicismo, que independientemente de sus orígenes léxicos me son muy antipáticas.

Pero pasado el tiempo dominó en mi otra visión de la religión más relajada y creo que menos superficial, pero, insisto, igual de deformada. No pretendo ser pretencioso, pero esa visión es, digamos, más erudita y también más biológica. Me voy a explicar.

La religión (o las religiones, tanto da, pero no quiero perderme en particularismos) puede ser vista como una tradición (o un conjunto más o menos variopinto de tradiciones) de comunicación seria entre los humanos y ciertos poderes invisibles. En ese sentido el espiritismo, que tanto proliferó en Europa de finales del siglo XIX y principios del XX, también lo sería. Yo creo que existen patrones biológicos, como no podía ser menos, para los fanáticos religiosos no, pero para los demás las evidencias nos señalan con exactitud irrevocable que somos organismos biológicos, por muy peculiares que nos queramos ver. Darwin abrió de par en par una puerta siempre entreabierta desde el Paleolítico que expresaba la firme convicción de una continuidad entre nosotros y el resto del mundo orgánico que desde entonces no ha dejado de ser confirmada por todos los medios. Aún veo la cara de pasmo de algunos, biólogos incluidos, cuando se comprobaron los poquísimos nucleótidos que distingue nuestro ADN del de un ratón o incluso una mosca del vinagre.

La religión ofrece soluciones para varias situaciones críticas (e insoslayables) en cualquier vida individual. Estrechamente relacionada con el lenguaje, la religión es también un producto de la vida, sigue las huellas de la biología, pero dentro de un mundo mental compartido. Frente al éxito de los “genes egoístas” y su éxito en la procreación de los que habla un tanto simplistamente Dawkins, es la coherencia, la estabilidad, el control de este (y no el de más allá) mundo lo que importa. Lo que el individuo busca, y por eso acepta la existencia de seres, entidades y fenómenos y hasta principios increíbles e invisibles, es esto. Le permite esa credulidad colocar en su lugar detalles desconcertantes de la experiencia: le dan sentido. (logon échein según los griegos clásicos).

El lenguaje, gracias a nuestro cerebro y demás, trajo un progreso decisivo a nuestra especie, este animal tan peculiar, que nos permitió compartir, almacenar y procesar información. El lenguaje fue la primera e infinitamente más importante Internet. Siguiente paso, la escritura, que ya hizo en parte innecesaria la memoria y la transmisión oral. De eso sólo hace cinco mil años en una especie que tiene ya casi dos millones de antigüedad.; o sea, con el 99’9999% de su tiempo sumergida en la tradición y el mito orales. La escritura trajo una nueva forma de objetividad más allá de la palabra hablada (En el principio fue el verbo). Por decirlo con un ejemplo que es metáfora: los juramentos fueron reemplazados por los contratos escritos.

Y la escritura permitió el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Las escrituras sagradas, de una vez por todas, amigos ‘letraheridos’, permitieron fijar de una vez por todas las palabras de Dios comunicadas a sus profetas y enviados. La escritura ya permitió dejar de interpretar signos .Vísceras de los sacrificios o el humo de la incineraciones, los augurios diversos, tampoco hubo necesidad ya de recurrir a experiencias paranormales, a éxtasis y otros misticismos, aunque siguieran marginalmente perdurando (y son siempre manifestaciones tan intensas como interesantes: los sufies, Santa Teresa y San Juan de la Cruz), pero dio origen a los interpretadores de las Escrituras, los lectores de Dios entre líneas, los exegetas, la heurística.

Y ahora, la última fase, Internet. El individuo en su soledad absoluta, pero conectado a millones iguales y distintos a él. La pérdida del sujeto, los programas compartidos, los nudos en la Red, en Individuo en la soledad de la arbitrariedad. No sé si se me entiende. Habría, quizá, que escribir un tratado, pero prefiero aguardar a que lo escriba alguien más pertinaz y buscar para leerlo. Y siempre el eterno asunto de la admisión y la exclusión, los accesos y los códigos, las claves, las validaciones.

La religión esta atrapada entre la vieja magia de la naturaleza y la nueva de la red y quizá por eso ha dejado de funcionar como forma al menos de comunicación, las basadas en los viejos sentidos de la vida, y ya sin rituales colectivos. Y siempre están presentes los peligros de una regresión, de los fundamentalismos, de los primitivismos, de los irracionalismos, porque los contenidos reales de la religión siempre serán fascinantes, incluso en un mundo dominado por las nuevas tecnologías y los mundos virtuales, porque construir nuevos sentidos es muy difícil. Sobre todo la construcción de sentidos hacia lo invisible y sin pasar por la mecánica cuántica y la física avanzada, sin dejar de oír las irregularidades, singularidades del primer Big Bang, y porque siempre habrá gentes que no vean la hermosura de que somos polvo de estrellas y que polvo somos y en polvo nos convertiremos.


P.D.- Salvo el intermedio festivo del post nº 3, he ilustrado con viñetas del excelente Génesis del inclasificable dibujante underground Robert Crumb toda esta serie. Crumb no hace mofa del libro bíblico se limita a ilustrarlo desde la versión hebrea del Pentateuco. Es suficiente, creedme (¡Qué cantidad de incestos, asesinatos y genocidios, santo...dios!)

15/12/2009

Dios y yo (3): inciso festivo (navideño) antes del final severo


(No tengo amigos que crean en los super héroes, ni en el ratoncito Pérez, pero algunos increiblemente creen...en Dios. A todos ellos les dedico con humano afecto este post de Adviento)

Os adviento, digo os advierto, que estamos en Adviento y, pese a la dedicatoria supra, a los creyentes con propensión a sentirse ofendidos , que suelen ser casi todos, dejen desde ya de leer.


Odio la navidad.


Sé que es una declaración casi tan intrascendente como la de ‘me encanta la navidad’. Casi, porque la navidad te puede literalmente encantar si no eres adulto, si aún eres un niño. Sí no, puede que te gusten ciertas cosas asociadas a ella: el empalagoso turrón, el permiso para emborracharte a fecha fija, la disculpa para reunirte con la familia (no olvides, no obstante, que los cuñados no son familia: puedes putearlos), las hipnóticas nevadas silentes y aisladoras, los abetos horteramente profanados y decorados o los ‘clásicos’ belenes de mala imitación del estilo napolitano que aquí consideramos más españoles que Papá Noel, pero que sólo son más antiguos (aquí) y simplemente demuestran que la globalización ha existido siempre con diversos grados, desde que el hombre es hombre, esto es, nómada.

Odio la navidad, aunque los belenes napolitanos son bonitos

Es decir, desde que el hombre tiene pies y no raíces por mucho que se empeñen los xenófobos nacionalistas. Pero la navidad en su conjunto es vomitiva, por no decir asquerosa. Ya sé que no, pero la gente de pronto me parece que se vuelve idiota en masa y todo el tiempo, cuando antes sólo lo era de uno en uno y en ocasiones. Se vuelve compulsivamente obsequiosa, o lo peor, finge ser buena, y desde luego, se acentúa el consumismo. No me vale el que se me pretenda explicar que lo que me asquea es una degradación comercial de los grandes almacenes, porque la navidad tradicional (¿existe eso?), como buen ateo practicante, también me produce nauseas. No finjo ser malo. No lo imposto, no sobreactúo, de hecho, creo que, en mi caso al menos, esa animadversión evidencia que soy un buen tipo, sin que eso signifique que a lo que les gusta sean malos, ni tampoco idiotas; no siempre, en todo caso a ratos, un mes al año, pongamos por caso.


Porque no hay que confundir las cosas: uno mira a su alrededor y a la vista de tanta señal inconfundible de profunda estupidez piensa que el mundo se acaba. Lo mismo se creía en el año mil, y con más motivos. No, el mundo se calentará, o llegará por fin la glaciación que toca, se extinguirán las ballenas azules y terminarán de arder las últimas secuoyas que no lo han hecho todavía en California, la próxima gripe será una pandemia que convertirá el sida en un catarro, pero el mundo no se acaba. Todo eso no son más que evidencias de que la especie humana en su conjunto, salvo excepciones, esto es, estadísticamente poco significativas, de algunos escasos individuos excelsos, es gilipollas. Para ser gilipollas, aclaro, se precisa una alta especialización cerebral, tras un largo y complejo proceso evolutivo: los perros no son gilipollas, ninguno, ni siquiera aquellos neuróticos por el trato con sus amos, pero tampoco las limitadas y apacibles vacas, ningún rumiante "puede"ser gilipollas. Los humanos sí. La navidad lo demuestra.



Odio la navidad, aunque nos depare portadas como esta




Odio la navidad y en especial el llamado espíritu navideño. Ni una ramita de acebo salvo de mi repugnancia.

Odio la navidad, aunque los belenes napolitanos son bonitos (aquí tendría que venir una foto de otro belén napolitano, pero no he encontrado ninguna bonita. Por otra parte, en el vestíbulo de mi trabajo ya han puesto el belén con gran alborozo de los seguratas y otras almas de cántaro, pero, como siempre, un año más, no me han dejado colocar mi airganboi pirata favorito

Pero me gusta el solsticio de invierno, que no marca el comienzo de la estación en mis desarrolladas latitudes, como algunos ignorantes creen, sino su centro y el suave,alentador, aunque lento comienzo paulatino del alargamiento de los días.


Odio la navidad, aunque maltraten y ajusticien aPapa Noel (¿Lo es, no?), supongo que porque creen que así me dan gusto. Y no.

Odio la navidad, pero no los inviernos, ni los solsticios, ni el frío curajamones, ni los edredones, ni los gañidos de las gruñas, ni las neblinas, ni el mundo, ni siquiera a los hombres, aunque sean curas, aunque...bueno eso no, iba a decir..., obispos.


Que disfrutéis sin alienaciones excesivas

Cosas que quedaron en el tintero y que vuelco aquí

Uno. Ya sé que no todos los hinduistas son partidarios de quemar a las viudas en las piras de sus maridos ni todos los musulmanes de lapidar adúlteras ni todos los cristianos de regular la vida sexual de sus vecinos. Esa no es la cuestión, aunque no es tema menor, desde luego. Si fuera esa la cuestión, las religiones se irían volviendo más tolerables (no digo tolerantes) a lo largo de la Historia, y no es el caso, sino al contrario: ¡ya está bien de tonterías a estas alturas! (Y no me vengáis con la chorrada esa de que la física moderna confirma la teología, por favor)

Dos. Los paganismos, si están en absoluto desuso, como los de la Antigüedad clásica, me resultan gratos y hasta divertidos. Me parecen siempre menos severos, menos serios, menos -redundancia- exclusivistas (por definición) que los excluyentes monoteismos. Esos dioses, todos a la greña entre sí y con los humanos, son encantadoramente incorrectos, impresentables, prepotentes, arbitrarios y atrabiliarios, -humanísimos, ellos si que son a nuestra imagen y semejanza, a nuestra peor imagen-pero sobre todo, inocuos. No así los que siguen anacrónicamente existiendo, persistiendo y aún creciendo, como esas formas del llamado fervor católico del sur Ibérico, tipo Romerías del Rocío y Semanas Santas, obvios paganismos que me dan tanto miedo como los forofos de un equipo de fútbol saliendo de su estadio tras haber perdido (o ganado).

Tres. Creo que la creencia en Dios no sólo no es consubstancial al ser humano, sino que es propia de animales aún no humanizados del todo, incompletamente humanos, aunque ciertamente más 'superiores' que las babosas. Es el caso de mi perra Jara, que cree que yo soy Dios, un dios benevolente que le arrasca donde la gusta, capaz de prodigios increíbles y no el menor espantar a los mastines que nos salen al paso en el campo, pero podría haber tenido mala suerte y haberle tocado otro dios, tan personal como el del Antiguo Testamento con Israel, que la puteara y sojuzgara. Un amo cabrón, vaya. La catadura de los dioses tampoco es objeto de este post. Ni la de los curas, si a eso vamos.

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14/12/2009

Dios y yo (2)


Esas increíbles –aunque etimológicamente no lo sean, sino muy ‘creíbles’ por millones de seres humanos pretendidamente racionales- creencias se venden gracias a una sola certidumbre terrible: que todos vamos a morir. Está escrito, no hay duda. El pobre Epicuro, tan denostado por esos platónicos degradados que fueron los cristianos (he dicho ‘fueron’, hoy ni eso), intentó razonar en voz limpia y alta, pero sólo consiguió que le caricaturizaran, le persiguieran y destruyeran con inusitada saña sus escritos. Como se malinterpreta a Spinoza. Como se exalta esa parte mezquina, la de las apuestas, -“teo ludópata”-, de ese, por otro lado genio, que fue Pascal. Ellos no lo dijeron, fueron más sutiles en argumentar lo lógico y a la vez lo inútil del miedo a la muerte; yo sí lo digo: puesto que no hay duda de que vamos a morir que muera uno bien harto de gozosas embestidas; metáfora esta que no quiero restringir sólo al follar; pero folla que tu (El) mundo se acaba (-ra), folla puesto que "ellos" lo prohíben, lo ocultan, lo avergüenzan, lo condenan, folla con la única y distante limitación de tu libertad, que es la de no vulnerar jamás la de los demás.

En el principio…fue la secta y no al revés, porque las religiones, no lo olvidemos, con los años, como las putas viejas, como los edificios feos, se vuelven respetables, pero fueron todas inicialmente escandalosas e impresentables disensiones de algo aceptado y anterior (la religión previa) antes de alcanzar (la respetabilidad) no sólo por la permanenencia sino también por la ley de los grandes números de practicantes ("cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: ¡come mierda!").

Cualquier creencia es buena, no obstante, pues sirve para que sus sacerdotes puedan vivir del cuento; consolando o aterrorizando o ambas cosas simultánea o alternativamente, eso va en estilos, dominicos o franciscanos tanto da, sunitas, chiitas y mahabitas. Pero el que duda, el que no duda, el que detesta, esto es, el agnóstico, el ateo y el anticlerical, esos somos y sobre todo fuimos, pero aún somos todos no piezas de caza -sólo cazan indefensos corderos-, sino alimañas para la jerarquía religiosa, peligrosos precedentes, intolerables referentes para cualquier jerarquía de cualquier religión, ya que todas las religiones son fundamentalistas en ese último sentido, su sentido, su pacata trascendencia, con lo espléndido que es desaparecer sin más, y a ser posible sin molestar; véase su hostilidad al laicismo que no es otra cosa que solicitar tolerancia para todos. Decía Voltaire (otro al que se ha odiado mucho, casi tanto o más que a Epicuro y a Spinoza) que una religión (o la obligatoria no religión) es fanatismo despótico; dos son guerra y muchas es libertad. No otra cosa es el laicismo. La única forma de desactivar las irrealidades religiosas no es perseguirlas (torpe Stalin), sino permitirlas todas. Es decir, auténtica libertad religiosa. Una meta de mínimos.

De todos los timos, el del Más Allá es el peor, el más cruel y el más oportunista porque no hay posible hoja de reclamaciones (estás muerto). En qué consista ese "Allá" da igual, los detalles no son relevantes. Contemplar la faz del dios o paraíso lleno de huríes. La piedra filosofal a su lado, o la fuente de la eterna juventud son mentiras piadosas.

Un ateo consecuente y practicante como yo debe ser también anticlerical. Y ello a pesar de o incluso a causa de haber conocido excepcionales ejemplos de curas altruistas, buenos en el buen sentido de la palabra, esto es, en el de Machado. Ser ‘comecuras’ es algo tan loable al menos como ser republicano y antimonárquico. De igual forma que no se trata de que tal o cual Borbón o Habsburgo o Hanover o Windsor te caiga mejor o peor, sino de que la institución, hereditaria y parasita en esencia te resulte repelentemente absurda. Pues eso. Sugiero ser tolerante, pese a lo que pueda parecer, con los practicantes de religión, siempre que no molesten, no impongan, no secuestren las ciudades, como los hooligan o hinchas del equipo de futbol local, con sus celebraciones, que es lo que hacen año tras año con sus semanas santas y sus puñeteras romerías, so pretexto de esa otra capa de burricie que son las tradiciones o peor, la Tradición. Y si no que se pasen a la emocionante y muy discreta clandestinidad. Las catacumbas, eso sí que tenía que molar. En cuanto a los mártires, lo siento, siempre me pondré de parte de los leones, me parecen menos chantajistas y manipuladores.

11/12/2009

Dios y yo (1)


Dios y yo

Tal y como yo lo veo –mirada que no pretendo imponer a nadie, así que pospondré eternamente la posibilidad de fundar con ella una religión-, si Dios existiese tendría que darme muchas explicaciones. Mejor nos ahorramos los dos el trago. Los gnósticos, que eran un tíos listos aunque pirados, como todos los obsesionados con la religión, opinaban que sí, existió y quizás aún existe un Dios, creador del Universo y de nosotros, pero que luego, tal vez aburrido de su Creación, se desentendió de ella, y de nosotros. Inútil llamar a ese demiurgo con nuestras plegarias o con sacrificios: comunica. O no lo coge, no se pone, está reunido. Mejor apañarse sin él, concluían; es un buen consejo.

Nací en un país muy religioso en el que el catolicismo no sólo era la religión oficial sino la obligatoria y única permitida. Por tanto, me bautizaron sin tener uso de razón y naturalmente sin consultarme, a pesar de que esa religión rechazase a mi madre y obligase a huir a mi padre biológico. Tuve tratos con sus sacerdotes, los curas, desde mi infancia. Me causaron una impresión ambigua. En general me parecieron estrambóticos (sólo mucho más tarde comprendí las ventajas de vestir faldas o trajes talares, sobre todo en verano), apartados del conjunto de la sociedad y a la vez entrometidos, desaseados, aunque no todos (uno de los tipos más atildados que he conocido nunca era un padre claretiano, su sotana brillaba como si fuera de alabastro, y no era por el roce). Los conocí amables y antipáticos o francamente amenazantes, bondadosos y malvados, sabios (otro cura me encaminó, hay que joderse, hacia el estudio de los que entonces se llamaban las Ciencias Naturales y hoy la Biología) o ignorantes. Luego he conocido chamanes amazónicos y brujos africanos, monjas austríacas refugiadas en la sabana de la Chiquitanía boliviana y misioneros protestantes en un archipiélago del Brasil que es lo más parecido al paraíso terrenal que se me ha dado conocer en la Tierra. Todos tenían una clientela asegurada, pero a mí ninguno consiguió, a ninguna edad, interesarme en su dios o dioses. Debo ser refractario a Él. Sin embargo, como me ha hecho notar en ocasiones uno de los más perspicaces y asiduos comentaristas de este blog (sí, tú) me interesa mucho Dios, como idea, como contexto, como ilusión, como fracaso, como alienación.

Ahora yo (de Dios habrá tiempo en sucesivas entregas). La finura (‘finezza’) intelectual en el código que no se suele explicitar de lo políticamente correcto de los políticamente incorrectos (¿se me entiende?) dicta que es más aceptable ser agnóstico que ateo, y ser ateo antes que anticlerical, pero yo soy, primero, anticlerical, luego ateo y sólo finalmente y cuando no me queda ‘silogísticamente’ otra, agnóstico. Es decir, primero, detesto a los oficiantes y sacerdotes de la religión, de cualquier religión (aunque no necesariamente a algunos de los individuos concretos que la representan); luego, a la misma idea de dios, y sólo finalmente admito tener dudas sobre, digamos, el sentido de la existencia y esas cosas, pero no me parece adecuada la respuesta a esas lógicas incertidumbres que dan (todas) las religiones.

Por supuesto, el dios es lo de menos. Jesucristo, Buda, Anubis. Contra lo que se suele creer, lo que menos se vende es el dios, ni siquiera un rito, aunque a veces eso es lo único bonito (junto al majestuoso arte obnubilado generado por ese conjunto de supersticiones). Es una fe. Qué tipo de fe también es lo de menos. Fe en curarse las verrugas o las llagas, fe en la eterna juventud, fe en otra vida menos dura y cutre que la única que hay, también menos emocionante siempre. Y siempre una creencia tan absurda como poco original, irracional a sabiendas, por así decir, teniéndolo a gala. Vender fe a los desdichados, y todos lo somos de un modo u otro, es el peor de los engaños, aunque se haga con coartadas como el consuelo, la esperanza o se incluya en el lote la humanísima caridad. Es el timo más nefasto porque no admite ni reclamaciones ni reparaciones. El peor comercio, el basado en la credulidad y el miedo a lo inevitable. Pero como firme creyente en que el fin no justifica los medios, nunca le tocaría un pelo a ningún obispo, y mira que me dan asco algunos, simplemente me sentaré a esperar que se reúna en su tumba con sus añorados dientes.



(Continuará)


Visitad mi nuevo blog!!!:

http://lansky-peciossinprecionivalor.blogspot.com/
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09/12/2009

¡Viva la piratería en Internet!


Yo, soooy pirata porque el mundo me hizo asíiiii...

La polémica ley que pretende cerrar las webs y páginas de descarga –principalmente musicales, pero no solo- en la Red no debe ser finalmente un enfrentamiento entre los partidarios (llamémosles piratas, pero entonces quitémosles el título a los expeditivos guardacostas espontáneos y secuestradores de Somalia y a la fraternal hermandad del Caribe del XVII) del todo gratis y los malvados represores de la libertad. En la metáfora que proponían los comentaristas del post de Miroslav, (ver enlace 'Conciertos y desconciertos', aquí, a mi derecha), principalmente Chrysagon y Vanbrugh, de los tomates, nadie niega el derecho de los hortelanos a cobrar por su producto, incluso a cobrar más que esos exiguos céntimos que se convierten en varios euros para el consumidor final, como todos desean que un novelista medio cobre más allá de ese miserable 5% del precio de solapa que le suele conceder su contrato habitual de edición. Incluso muchos pensamos que el frutero o verdulero que pone en la tienda de la esquina el producto a las puertas de nuestra casa o el transportista que se lo coloca al frutero también tienen que obtener ganancias por su trabajo. Simplemente hay unos intermediarios que se forran tanto de los dolores de espalda de la azada del hortelano como de los del escritor o músico y son los responsables tanto del prohibitivo precio de los tomates como de los bienes (discos, libros) culturales, así que si esos últimos están a libre disposición del personal es lógico que los tomen (bajen, descuelguen, usen, lean y escuchen). Hay quien, optimista irredento, dice que "no se le pueden poner puertas al campo", pero, lo malo, es que sí que se puede; de hecho, el campo está lleno de puertas, vallas, muros y cancelas. salid a mirarlo.

No obstante, asisto preocupado y por enésima ocasión a la formación de dos bandos agresivos que se enfrentan entre sí: libertarios/piratas contra censores/ controladores. Y cuando dos bandos agresivos (véase los bestiales y toscos debates entre partidos políticos mayoritarios) se enfrentan entre sí, sucumbe toda delicada sensatez, todo matiz, y toda duda inteligente que pueda quedar entre ellos. Quizás es que nos molesta perturbar con contradicciones nuestras firmes convicciones (estas son las mías, si no te gustan tengo otras, decía el genial Groucho). Por otra parte, algunos ven en Internet (por ejemplo, eso se deduce de los comentarios del excelente novelista y mediocre columnista Javier Marías) un inmenso y peligroso libelo y ¿quién puede discutir con un libelo? El sol de la razón se oscurece antes o después ante tanta insidia incontrolada ¿O no?

La ministra Sinde (¿para cuando bromas con ese jugoso apellido?) no es tonta, aunque en este caso lo parezca. Lo sé, primero, porque no es muy lógico que lo sea, dada su trayectoria como directora, y después y más anecdóticamente, porque la conocí en persona a través de mi amiga la novelista Belen Gopegui , con motivo de una supuesta o surrealista asesoría por mi parte a un guión suyo basado en una novela de la otra, y me pareció antipática, algo maleducada, de esas que no ven necesario dar nunca las gracias, pero no tonta. Y mi juicio debo ser bastante ecuánime porque, como se notará, no me cayó muy bien que se diga.

Volvamos a la piratería y los piratas de Internet, que a mí, dicho sea de paso, que me tilden de eso no sólo no me ofende sino que me halaga, tengo yo muy mitificados a la Hermandad de los Hermanos de la Costa, pero no nos lo merecemos. Internet es un sistema de almacenamiento y distribución, no de tomates, sino de información, falsa o verídica, tanto da. De las dos. Este tipo de piratería no existía antes –y hubiera sido más divertida en sus métodos-, no asaltábamos las tiendas de discos, las librerías o las secciones respectivas de los grandes almacenes para proveernos de los carísimos y ansiados productos culturales (aunque algunos los robaban discretamente en sus varias acepciones de discreto: poco y con disimulo).Antes no existía esta piratería de ahora porque no existían las maquinas, aparatos o como queramos llamar a los ordenadores Y entonces, ¿Por qué no prohibir Internet directamente? ¿Por qué no prohibir los PC, los ordenadores personales como prohibimos las armas de fuego o la cocaína?, ¿por qué no volver al CD o mejor, a los incopiables LP, los vinilos? ¿Por qué no arrasar las editoriales, o ya puestos, las mismísimas imprentas? (ese Gutenberg anduvo en su día muy libremente), ¿por qué no convertir el libro en un objeto único hecho a mano, como los retratos al óleo?; prohibamos también la fotografía, por cierto, tanto la digital como la de carretes de negativos y copias de papel. ¡Volvamos a la artesanía más amanuense! En realidad, como señala el crítico cultural Andrés Ibáñez, igual que prohíben hacer fotos en algunos museos, deberían quitarnos los ojos, que tienen la capacidad de copiar lo que ven y guardarlo en nuestras memorias; prohibirnos que hablemos unos con otros, que nos contemos las películas y espectáculos que vemos, para no vulnerar los derechos de autor: no puedo contarte de qué va esa peli, si quieres saberlo paga por verla.

Vamos a tener pronto un mártir si esta estupidez sigue adelante, un primer caso, una primera sentencia, una foto en portada del primer y peligroso pirata condenado, desterrado del paraíso anarquista de Internet. Jaime Encinón, de Olmeda de las Fuentes ha sido proscrito, se ha vedado su acceso a Internet por realizar descargas ilegales. Y por mirar las piernas de la señora ministra por debajo de la mesa so pretexto de recoger un lápiz que se le había caído. Acabemos con ese gigantesco libelo, esa bacanal libertaria que es Internet.

Los bienes de Internet son de libre acceso, porque además es muy difícil que no lo sean, gracias a dios. Cuando entro en una página, copio un texto, cuelgo otro, tomo una foto o un dibujo, guardo todo eso en mi disco duro, ¿se me pone cara de somalí malvado? ¿Me aparece un parche en el ojo, una pata de palo, (quítate loro de mi hombro o te atizo con el gancho que tengo por mano)?

Lo cierto, repito, insisto, es que la íntima esencia de Internet, su razón de ser y estar, su metafísica por así decir es copiar, guardar, ceder información y distribuirla, eso es Internet. Es una red que comunica los ordenadores entre sí, transmitiendo libremente la información. Los llamados piratas lo único que hacen es utilizar esas máquinas que se venden libremente en las tiendas (no así los rifles de asalto o la cocaína). Esas máquinas hacen estas cosas tan útiles y buenas en general: proporcionar enormes cantidades de información, a veces falsa, cierto es, pero sorprendentemente a menudo real y buena, cierta, eliminan barreras, ponen el conocimiento del mundo en nuestras manos ¿Quines quieren impedir esto?

Y sí. Vivimos en una sociedad de ladrones. No hay más que mirar a los políticos, a los ayuntamientos, al urbanismo, al precio de los libros y discos y conciertos. Por eso no conviene perder la perspectiva y recordar lo que decía Bertolt Brecht: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?” O sea, ¿qué es una descarga ilegal de una canción comparado con lo que hace tanto intermediario legal?


P.D.-

Por cierto, la Sinde es muy mona (creo que estaba un poco embarazada cuando la conocí), a pesar de o gracias a ese escote lleno de pecas y de ese aspecto de colegiala perversa. En la mano sostiene un tarjetón declarándome su arrebatada y lujuriosa pasión por mí

(Este último comentario sería un libelo y la foto que me he bajado una descarga ilegal)


07/12/2009

El enano saltarín


(Mis disculpas a Emma, mi primera comentarista, y Vanbrugh, por lo que ellos saben, es decir: porque saben)







“…que de mano en mano vaaaa, cooomo la falsa monea…” El lugar hacía juego con la música. Conocía aquel club de alterne de sus malos y lejanos tiempos de nomadeo noctámbulo. Nunca le habían gustado esos locales, pero en una ocasión había salido brevemente con una chica que trabajaba allí, aunque la especialidad de entonces eran los travestidos. Ahora era lo único que había cambiado y, “Carpe Diem”, anunciaban espectáculos de “boys” para despedidas de solteras. Sala de fiestas lo llamaban, aunque a nadie se le ocurriría celebrar un bautizo allí. Como las pirámides, el tugurio era fiel a si mismo, aunque el paso del tiempo lo había tratado peor que a aquellas. La moqueta y el linóleo, las tapicerías de las diminutas butacas y los veladores inestables, el mostrador en herradura eran, como suele decirse, de “época” y necesitaban una renovación urgente. Los “boys”, carnaza de gimnasio, estaban todos los jueves, el día de las parejas eran los viernes y, sorprendentemente, no había señalado ningún espacio semanal fijo para el día del jubilado rijoso o el prostático alegre.

El enano forzudo estaba, como parte del “atrezzo” también en el mismo lugar de siempre, en una esquina de la barra. Con algo de barriga ahora, con su blazer azul marino que le asemejaba a un estrambótico celebrante de primera comunión. En realidad no era un enano, no era cabezón ni tenía las piernas combadas ni el andar bamboleante de ese eterno y, por ende, viejísimo presidente gallego. Era diminuto por que no sobrepasaba el metro y medio de altura, pero los bíceps traspasaban la tela de las mangas de la chaqueta cruzada y el poderoso cuello se escapaba por el del suéter blanco y ajustado que destacaba sus pectorales bajo la prenda desabotonada. (Esas lamentables prendas, si se dejan, abiertas, quedan siempre fatal, como desmayadas al modo de alitas de pingüino). Su tamaño podía llevar a engaño, pero el pequeño y duro cuerpo imponía respeto, como la mirada aún más dura y vaga pese a todo, itinerante, y la dignidad casi fatua de sus movimientos de hombre pequeño y zancadas grandes. Y sería un error tomarlo a broma. En sus buenos tiempos ese pequeño turco era capaz de levantar más de tres veces su peso en arrancada; exactamente ciento sesenta kilos, pero había cambiado la halterofilia y los títulos mundiales por el güisqui aguado. También se decía que era un diablo con las mujeres y su “aguijón”, se decía igualmente, era más que suficiente tanto en el amor como en la guerra. El caso es que podía arrancarte un brazo de un tirón, aunque su “especialidad” eran los cabezazos fulminantes, de abajo a arriba, naturalmente.

En esos sitios lo mejor para la salud es pedir cerveza y es lo que hizo, renunciando al vaso dudosamente limpio. El enano ya estaba a su lado, seguramente había llegado patinando por el linóleo desconchado, y le dirigía la palabra:

-Hacía mucho que no se te veía por aquí. Te echábamos de menos.

-Hola Bassin, te veo igual que siempre. ¿Aún te entrenas?

-Si ahora cogiera unas halteras me tendrían que llevar a urgencias, pero practico con los capullos que se meten con las chicas. ¿Qué vienes a hacer por aquí?- Volvió a preguntar sin inmutarse.

-He quedado con un amigo. Es una especie de antropólogo, le interesan los restos de las culturas extinguidas.

-Muy gracioso. ¿A qué te dedicas ahora, aparte de guía turístico?

-A lo mismo de antes.

-Nunca supe qué hacías antes. Al principio de conocerte pensé que eras policía. Das el tipo, sin ánimo de ofender. Luego pensé que estabas en el bando contrario, pero nadie del ambiente sabía qué hacías. Eres discreto.

-Soy rentista; coloco mis ahorros, soy previsor, gasto poco, guardo para la vejez.

El pequeño, sin consultarle, había hecho un gesto a la camarera, que había servido dos güisquis de una botella que sacó de debajo del mostrador. Un Lavauglin, malta single de 12 años que sirvió sin hielo, naturalmente, en amplias copas balón. Ventajas de ser un viejo conocido

-Una vez oí decir que hacías ciertos trabajitos finos y discretos. –Insistió el forzudo.

-¿A quien se lo oíste?

-No recuerdo. Por ahí. –Dijo, haciendo un gesto vago con la manita, dura y pequeña como un tas (martillo de platero, según los crucigramas).

Pensó que estaban conversando en un ascensor. Dos personas que se esfuerzan por llenar el silencio, pero sin contar nada. Sólo que aquí no había apuro por parte de los dos relajados individuos ni ninguno pensaba sacar el tema del tiempo lluvioso. Jardiel Poncela, escritor hoy olvidado por las modas, tenía un libro que se llamaba “Historias para leer en el ascensor”. Esto de ahora podía llamarse “Conversación encima de dos taburetes”. La presencia del enano había tenido dos ventajas, una era la calidad del licor, la otra, que ninguna chica se había visto obligada a acercarse al cliente.

En ese momento entró en el club un sujeto redondeado, esa es la mejor descripción. Gordito, de redonda cabeza pequeña, redonda calvicie, cara redonda y gafitas redondas. Lo único anguloso era el maletín de ejecutivo que llevaba en la mano derecha. Miró hacia la barra con una sonrisa expectante y afable y se dirigió hacia los dos únicos ocupantes. Una chica que inicialmente se había levantado a su encuentro, volvió a sentarse al advertir la dirección que tomaba. La música había dado un salto en el tiempo y ahora se oía un pop hindú que estaba haciendo furor en un anuncio de refrescos en la tele. El enano se levantó antes de que hubiera lugar a presentaciones y su taburete lo ocupó, con un suspiro de satisfacción, el recién llegado.

-Tomaré lo mismo que el señor. –Dijo señalando la copa semivacía. La camarera se giró hacia el enano, que había recuperado su lugar de vigía en el extremo de la barra, y recibió el gesto afirmativo de aquel.

-Tratamiento especial, ¿Eh?. –Dijo observando la extracción interior de la preciada botella.

-Soy viejo cliente.

-Bueno. Al grano. He formalizado la compra de la finca que me indicó a nombre de su señora y he vendido los bonos. Ha sobrado bastante. Aquí tiene la escritura; las formalidades del registro tardarán un poquito. ¿Me permite que le sugiera unas opciones de futuro de gran interés en todos los sentidos?

-Soy ventana, no espejo.

-¿Cómo dice? –El gordito apartó los labios de la copa y le miró sorprendido.

-Los hombres son de dos tipos: los que reflejan el mundo, como espejos, más o menos deformantes, y los que lo miran como es, por su propia ventana, grande o pequeña. Yo además, no espejeo ni especulo. Me gustan los presentes, no los “futuros”. Las casas de buena piedra. Las fincas con árboles viejos. Los barcos que navegan, no regatean. Las mujeres de verdad, no las muñecas. Los perros que son perros, no mascotas. No quiero invertir. No le dije que quisiera invertir, sólo gastar.

-Discúlpeme. –Quedó callado un instante, dudando. –…Hay otro asunto, me gustaría contárselo.

-Adelante.

-Es un asunto personal, un problema que tengo. Se me ha ocurrido que usted podría ayudarme. Como se suele decir, no sé bien por donde empezar…

-Por el principio, diría un chistoso (Pero en su cara no había sonrisa).

-Claro, claro. Verá, mi mujer…Estoy casado con una mujer bastante más joven y atractiva. Últimamente nos hemos distanciado, yo estoy loco por ella, pero ella está saliendo con otro.

-Divorciése. Ahora se puede hacer en dos meses, de mutuo acuerdo

-No es tan sencillo. Yo la quiero.

-Nada lo es; sencillo, digo, sobre todo con sentimientos por medio. Pero es un buen consejo. Solucionaría su problema y pondría a salvo su dignidad de paso, si ella sale con otro.

-Ella no puede ir en serio con el otro, no me ha pedido el divorcio. Lo que quisiera es que alguien, usted –Añadió dudando-, usted o alguien que usted conozca hable con el individuo que ronda a mi mujer, que le haga desistir, como si dijéramos, que le haga perder interés, le asuste o lo que sea.

-¿Le he dado algún motivo para que me tome por un matón? ¿Qué se figura que puedo hacer yo?

El gordito sudaba y miraba anhelante. El enano en la esquina observaba divertido, sin disimular su interés.

-Perdóneme si es que le he ofendido. No se ya lo que digo. Estoy desesperado. Y usted, bueno, no me ha dado motivos para pensar nada malo, de hecho, no sé casi nada de usted, salvo que escribe relatos policíacos con seudónimo, que debe vender bien, -dijo tocando los documentos extendidos en la barra-. Quizá fuera eso, confundí sus ficciones con la realidad, pensé que quizá usted se…documentaba, que conocería alguien en ciertos ambientes. Estoy dispuesto a pagar, sería algo muy discreto.

-Mire, le he dado un buen consejo gratis, pero si quiere buscarse problemas este es el mejor modo: conecte con alguien del hampa que le haga el trabajito, seguramente le hará después chantaje, o pasará a asustarle a usted. Hay cosas que o hace uno mismo o es mejor no hacerlas.

El otro bajo la cabeza abrumado a la vez que hacía un gesto de borrarlo todo. La camarera había vuelto a rellenar las copas de los tres únicos ocupantes de la barra. Varias parejas, sentadas en los veladores hablaban a gritos sobre la música. Él le dijo:

-Le voy a ayudar. A mi modo. Luego no quiero reproches, y sobre todo, no quiero que me vuelva a pedir jamás una cosa así.

-Sí, sí, gracias. –Dijo aliviado el gordito. –Ya me dirá usted. ¿Puedo invitarle?

-Ya estamos invitados. Este güisqui no está a la venta. Y yo le voy a “invitar” al trabajito que me pide. Una vez, no más.

**** ****


La rubia falsa bajó del mini y se encontró con él al girarse.

-Comisario Paniagua. –Quiero hablar con usted.

-¿Un policía? ¿De qué se trata?

-Un asunto grave: su marido ha contratado a un peligroso sujeto para que dé una paliza a su novio…

-¿Mi novio? ¿Qué novio? Yo…

-Escuche, señora. Soy de homicidios, no de la brigada de buenas costumbres, no nos interesa su vida personal. Le repito que su marido ha contratado a un sujeto peligroso al que venimos vigilando. Es un enano que está perfectamente capacitado para mandarle al hospital a su, insisto, novio Pero tal vez no se contente con eso. Queremos evitar que la cosa pase a mayores. A estas horas ese matón ya le está siguiendo, puede que haya ido al gimnasio que usted frecuenta y él regenta. Queremos sugerirle una cosa.

-Usted dirá.

-Lo suyo con el dueño del gimnasio, ¿va en serio o es una aventura? Es importante para el caso, no nos interesa meternos en su vida privada.

-Queremos casarnos.

-Usted ya está casada.

-Voy a divorciarme.

-¿Y por qué no parece saberlo su marido?

-Aún no se lo he dicho, pero lo voy a hacer. Mi novio también es casado. No es tan fácil.

-Bien. Le diré lo que debería hacer, es una sugerencia, pero haría bien en escucharme. Dígale hoy mismo a su marido que quiere el divorcio y que no hay vuelta atrás. Déjeselo muy claro, sin tapujos. Dígale que quiere a otro, que se ve con él, que se casará con él. Su actual marido es financiero, deje bien claro cuales son sus pretensiones económicas, si las tiene, búsquese un abogado, márchese inmediatamente de casa y niéguese, después de esa conversación a volver a hablar con él si no es a través de ese mismo abogado. ¿Me ha entendido?

-Clarísimo. No sabía que la policía se anticipara tanto a los posibles delitos, pero en líneas generales lo que usted me…sugiere es lo que ya tenía pensado hacer algo más adelante. Seré una chica buena y le complaceré inmediatamente.

Él ignoró el pequeño coqueteo que iniciaba la rubia. Desde luego era un putón que no se merecía la devoción desmesurada del gordito. En el club de alterne de la noche anterior había chicas mucho mejores personas y mucho más guapas, pero ya lo dice el refrán, “Más tira un pelo de ciertas partes pudendas que maroma de barco”.

Se giró para irse, mientras la rubia hacía sonar las llaves del auto y le hablaba a su espalda, como deplorando el final de la entrevista:

-Hablaré con mi novio, como usted dice, se alegrará de que las cosas se aceleren.

-Si es así, vaya a verle al Hospital de la Princesa. Está ingresado con múltiples fracturas, alguien le atizó con unas pesas de su propio gimnasio. No siempre la policía podemos anticiparnos, como usted dice, a los delitos. Buenos días señora.

03/12/2009

Presuntos trámites





¡Cómo se reiría Goebbels si aún viviera! ¿A qué se dedican hoy por hoy básicamente los políticos? ¿A forrarse? ¿A vivir como pachás? ¿A ostentar privilegios? Sí, también, claro, pero en el día a día lo que hacen es dedicarse a 'La búsqueda', no, a la misma redacción 'del Titular' al que va a dar lugar su última parida. Viven 'para' salir en los medios, como viven 'de' salir en los medios. Por eso, presumo, algunos políticos ‘buenistas’ que practican un peligroso optimismo permanente y una sonrisa más pertinaz que la consabida sequía, lo único que hacen casi es legislar buenas intenciones, supongo que para anunciar que lo hacen -la política diaria hace tiempo que sólo es propaganda- y después no pasa nada, ni nada cambia. No se trata de que ‘el que hace la ley hace la trampa’, que también, sino de la maña que muchos se dan desde los mismos inicios para convertir lo que podía y debía ser importante en mero tramite, papel mojado, letra muerta, póliza que se adjunta al impreso correspondiente.

Pasó con las evaluaciones de impacto ambiental que pretendían introducir las lógicas cautelas medioambientales en los nuevos proyectos de urbanismo, obras públicas y demás y acabaron trucadas y convertidas en eso, un trámite.

Y ha pasado, está pasando con algo tan importante como la presunción de inocencia, que ha quedado reducida a que los periodistas, y para que no los demanden, coloquen el dichoso “presunto” delante del que ya tratan como culpable y sin metáforas que valgan colocan en la picota (rollo de tortura que aún existe en muchas poblaciones).

Lo ha sufrido hace poco ese pobre muchacho en Canarias acusado de violar y matar a su hijita (sí, ya sé: hijastrita), ver el post de Mirosrlav:

http://desconciertos3.blogspot.com/2009/11/la-muerte-de-aitana.html

Será para compensar, pero en cambio, convertimos en acontecimientos lo que sólo deberían ser meros tramites, como el rollo este de las bodas todo lo alto que se puedan celebrar si la economía lo permite. Cuando lo único relevante es que dos (o más, no hay que ponerse puertas en la mente) decidan vivir juntos. Y se me ocurren millones de ejemplos más, en uno u otro sentido. Convertimos en tramites lo importante y en importante los meros tramites.

La ilustración es el cartel de la película de Hitchcock con Henry Fonda que se llamó en España 'Falso culpable’ (con más recochineo, una de Alan J. Pakula con Harrison Ford se llamó luego 'Presunto inocente' basada en una novela, no mala, de Scott Turrow; la peli sí era mala) ; unas buenas o no tanto, pero espeluznantes películas de perfecta y desgraciada actualidad años después.



02/12/2009

Un lugar y dos poemas







(Para mi sabio amigo y guía en Cazorla y en los bosques de pinos Carlos M. Herrera)

Un cañón. Lo forjó algo tan blando e inmisericorde, persistente, tenaz, como el agua lévemente ácida sobre algo tan aparentemente duro, pero disgregable, como la roca caliza (y dolomías, para ser preciso). Y tiempo por delante. La exigua cantidad de agua que ahora pasa por el cauce, sus breves testimonios de charcas umbrías la mayor parte del año, no explican esas hondas quebradas, porque como todos, como los vivos que ahora paseamos por allí, este lugar es fruto de su pasado.

“Mi único tema es lo que ya no está

Y mi obsesión se llama lo perdido

Mi punzante estribillo es nunca más

Y sin embargo amo este cambio perpetuo

Este variar segundo tras segundo

Porque sin él lo que llamamos vida

Sería de piedra”

Las fotos son mías, el poema, Contraelegía del recién galardonado con el premio Cervantes, el poeta mexicano José Emilio Pacheco; el lugar, el corazón de piedra viva de Cazorla

Este otro poema, también de Pacheco, Alta traición, lo conocen todos los escolares y muchísimos adultos mexicanos no por obligación, sino por devoción. Eso explica que México, como pueblo, mariachis al margen, tenga a mi parecer tan buen oído para el idioma. Suscribo ambos.

"Alta traición
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos."

En cambio, otros "aman" tanto su patria que la venden por parcelas para que la cuiden sus nuevos y privados propietarios. Cuando las montañas y muros de ladrillos y cemento cubren todo resquicio del territorio, cuando el asfalto impermeabiliza el agua que antes afloraba en los cañones es cuando, según algunos, se crea riqueza. Riqueza donde yo, alto traidor, sólo veo expolio.

01/12/2009

La gravitatoria diplomacia española

viñeta reproducida con permiso de su genial autor

Newton debería ser nuestro Santo Patrón.

Este blog tiene a bien no seguir la actualidad en el entendimiento que tal cosa es aquello que inmediatamente se queda anticuado. Tampoco la política, porque parece degradada al oportunista oficio de los mediocres para crear titulares innecesarios. Son como esos niños acusicas que están todo el santo día a gritos acusando a Pepito (o PPito) de haber roto una ventana. Pero en realidad como vivo en este mundo y en tiempo presente sí que me interesa la actualidad política. Me suele interesar para cabrearme, especialmente la de mi propio país, que yo mucho alardear de que mi patria son mis zapatos (lema maravilloso tomado de una canción de El Último de la Fila), pero me delata que mi pasaporte sea una de mis posesiones más preciadas desde que en mi lejana juventud y en este bendito país el lema del Metro de Madrid, “Antes de entrar dejen salir” se convirtió en divisa genérica de muchos claustrofóbicos en esa España en la que el color llegó casi antes a la televisión que a las calles y para eso, vergüenza nos debería dar, tuvo que morirse, en blanco y negro, el Dictador en la cama del hospital, con varios partes médicos de su equipo habitual y bajo técnicas de reanimación y suspensión vital de su vesánico yerno. Toda una truculenta novela que nuestros ilustres narradores no parecen querer o saber explotar.

Además cuando la actualidad se reitera una y otra vez pasa a ser una tradición arraigada y el análisis de la política entra en el interesante campo de la antropología cultural, sólo que nuestros yamomanis y bororos visten siempre traje con corbata. Así que calaros el salacot, coger el repelente de mosquitos y acompañadme libreta de notas y magnetofón en mano.

¿Recordáis la foto de las Azores? Aquel presidente bajito y con bigote que teníamos se curó los complejos de su lamentable adolescencia de una vez por todas apuntándonos a una guerra ilegal e ilegítima bajo pretextos falsos. A cambio de una palmadita en la espalda, una sonrisa y el tácito permiso para poner los pies en la mesa. Al chavalín se le veía contento, feliz, curado de los espantos que iba a provocar. Eso es todo y ahí es nada. Y no creo que mi resumen sea especialmente más tendencioso que otros mucho más pormenorizados que he leído. Pero a consecuencia en parte de aquello, hubo unos atentados, porque ese presidente consiguió lo que se propuso: volver a poner a España en el mapa del mundo, concretamente en el del terrorismo islamista y demás descerebrados sin fronteras (nosotros ya teníamos los nuestros, ETA, pero, por definición, estos son “descerebrados con fronteras”, con obsesión por ellas) y consecuentemente (por consecuencia y sin acritud que diría el presidente antecesor con su GAL-limatias habitual) perdió las elecciones por goleada. Y en esto llegó el talante. No es un bolero ni un chachachá.

En España, Machado lo dejó dicho, nueve de cada diez usan la cabeza para embestir. El exiguo uno que resta no podemos, sin embargo, confiar en que la use para pensar, pero si no embiste eso ya es mucho. Eso es el talante, una suerte de optimismo tan pertinaz como la sequía, que algo alivia, por qué negarlo, la crispación de tanta arremetida. Pero eso no es ser de izquierdas. Ser de izquierdas consiste en no conformarse con la realidad, detectar su insatisfactoria eficacia para premiar sólo a los poderosos y pretender cambiarla; si te limitas a administrar esa realidad procurando no molestar a esos poderosos, sean los financieros internacionales o las grandes fortunas propias, si te aplauden banqueros y la Duquesa de Alba NO eres de izquierdas, aunque no embistas, aunque tengas talante, aunque pongas más ministras que ministros, aunque sonrías continuamente con un chiste privado que no cuentas a nadie más.

Os juro que me duele escribir esto, porque a los anteriores los detestaba y los detesto profundamente desde el fondo de mi alma; tampoco es que tuviera demasiadas ilusiones, he vivido demasiado para eso, pero, no sé, esperaba algo más que talante. No me basta con que el hijo puta del vecino del quinto me ceda el paso en el ascensor si luego me consta que intenta envenenar a mi perro.

Esa sumisión al poderoso siempre va acompañada de desdén al débil, es su balance, lo que dicta la teoría gravitatoria político social: dar patadas hacia abajo y lamer culos hacia arriba. Porque no puede ser casual lo de este gobierno tan de talante, feminista y con siglas históricamente de izquierdas. Un comentarista lo llama “Diplomacia de hierro” no sé si en recuerdo de Bismark, el canciller de ídem. Yo no.

Hablemos de las patadas hacia abajo, porque de lamer culos hacia arriba el talante sabe largo. La última coz se la ha llevado una activista saharaui de renombre. Digamos de paso que lo que desde la desmedidamente alabada Transición lo que este país ha hecho con ese pueblo de habla español tiene nombre, se llama canallada y simétrica bajada de pantalones, ante un dictador alauita o monarca con fez.

Siguiente patada hacia abajo, el representante del Dalai Lama. El Tíbet es un caniche y China un dóberman. Al igual que el Sahara Occidental es un piojo tuerto (dicho boliviano muy de mi agrado) aunque Marruecos sea un gato sarnoso. Las patadas, repito, siempre hacia abajo. No os canso. Patadas: a la oposición democrática en Cuba (no hablo de la gusanera de Miami), al gobierno de Kosovo, al de Taiwán, a la oposición de la sangrienta dictadura guineana. Las simétricas lamidas de culo, lógicamente, reuniéndose con los poderosos del otro lado. Sin problemas, con talante.

La política exterior española tiene la misma personalidad que esos chuchos sumisos en exceso que te mueven culo y rabo según te ven de lejos, pero algo pasa cuando se practica el puto talante y el dialogo incondicional con todo tipo de regímenes y gobiernos por tremebundas y hasta vesánicas que sean sus credenciales de derechos humanos o simplemente democráticas, pero se niega sistemáticamente a considerar siquiera las demandas de los opositores a esos regímenes.

¿Cómo se justifica esta inevitabilidad gravitacional en un país como el nuestro, que se ha librado hace escasos lustros de una sangrienta y duradera dictadura? ¿Cómo se entiende este sistemático desprecio a los activistas y luchadores demócratas y por los derechos humanos de tantos países?

Será –ya les oigo- que nuestro talante nos demanda no ser injerentes en asuntos que no nos competen, pero esa doctrina no injerencista choca no sólo con nuestra historia (La de los países aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que se olvidaron de nosotros y nos dejaron décadas en manos de nuestro particular Hitler-Mussolincito de voz atiplada; la de un presidente de USA, Eisenhower, dándose abrazos con el susodicho, o la de signo afortunadamente contrario de los socialdemócratas alemanes apoyando con dinero y no sólo a los socialdemócratas andaluces, perdón, españoles, al final de nuestra dictadura.)

Nuestra diplomacia se supone comprometida con los valores de las democracias y el respeto de los derechos humanos, que deben ser, y yo no me he enterado, los del todopoderoso monarca marroquí, los de Raúl Castro, los de Wen Jiabao, Teodoro Obiang y Hugo Chávez.

Disculpad. Prometo no volver a leer el periódico antes de desayunar.