
Miles Davis - Sketches of Spain
(8) ESPAÑA: Como todo, desde la mecánica cuántica hasta la estética de Tiziano, España no es interesante, salvo si el que la contempla es alguien inteligente.
Para que un país resulte interesante hay que huir de los tópicos tanto (es lo mismo) como de la propaganda, buena o mala. Y también de los patrioterismos, y los nacionalismos, salvo que uno sea historiador, sociólogo o experto en psicologías de masas, porque la patria, además del último refugio de los canallas (Samuel Johnson, y lo repite Ambrose Bierce), no suele ser ciudadanía compartida ni patria e inteligencia suelen ir juntas, sino que tiene un grave fondo irracional que ya denunció Orwell, que amaba España y Cataluña, cuando escribió que todo nacionalista“está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado”. La mecánica cuántica sostiene que el presente y el futuro se modifican por la mera observación del fenómeno, pero el pasado…, lo ya sucedido, no.
25 comentarios:
Efectivamente, cualquier cosa puede ser interesante, o ser una gilipollez, según quién, cómo y por qué nos la cuente. No hay "vistas" interesantes, hay visiones interesantes. Como la belleza, el interés está en los ojos -la inteligencia- del espectador.
Yo he trasladado mi inquina desde la "Patria", que era quien me la concitaba hasta hace poco, directamente hasta la "Nación". He adelantado el frente, vaya, y creo haberme acercado a la raiz del problema. Porque el de Nación es un concepto pretendidamente más objetivo y neutro que el de Patria, pero eso no lo hace más inofensivo, como tendemos a imaginar, sino, muy al contrario, bastante más peligroso. La Patria no oculta su componente irracional, subjetivo y emocional, no engaña a nadie; la Nación sí. La Nación se pretende pacífica y neutral, simple dato objetivo o cosa inocuamente existente, pero no lo es. Datos son los territorios, las personas, los idiomas, las culturas, hasta los estados. La engañosa y ambigua amalgama de todas estas cosas que se nos presenta bajo el hipócritamente inocente nombre de "nación", en cambio, no es un dato: es una costrucción mental interesada e ideológicamente cargada, que contiene ya, aviesamente disfrazados de inane folclore, todos los elementos irracionales, excluyentes y agresivos que creíamos que solo con la Patria empezaban a asomar la oreja.
Es para mí, además, simple cuestión de coherencia lingüística: no puedo condenar el nacionalismo y absolver a las naciones. A la mierda con el étimo íntegro, sin distingos.
Gora españa y olé.
Yo estudié que España era un país mediterráneo, atlántico y continental, también romano, fenicio, cartaginés, islámico y cristiano, celta, vasco y catalán. Con brazos hacia América, Europa, África y Oriente Próximo. Vivo aquí desde hace mucho tiempo, y la conozco bastante bien. Me gusta en sus generalidades, pero muchísimo más en sus particularidades. Me apena la globalización por la pérdida de identidades que conlleva. Yo conocí la España del chato de vino y el pincho de tortilla. ¡De tortilla española!
no debemos penar por la globalización, aunque desde ella se hace más difícil la ilusión por lo ajeno.
Viajaba a la agotada Andorra para comprar moutarde de Dijon y alguna otra cosa igual de intrascendente; ahora las venden en el hiper de la esquina y ya nunca más querré volver a ese obispado.
Para mí España es el Prado, Bilbao y la Granja de Segovia, las rías gallegas, el Escorial y las avenidas imperiales de Madrid, Dalt Vila y Es Vedrá en Ibiza, Valle Inclán, Velázquez, Goya, Dalí, Picasso, Juan Gris y Fortuny, tal vez Gaudí...sigo?
Pero unos pijoteros que prefieren restar a sumar, me dicen que parte de todo esto es despreciable, quieren obligarme a elegir troceando. Dudo que lo haga. Siempre preferí el todo a las partes.
vanbrugh:
Estoy de acuerdo contigo pero, la patria son las bufandas, los cánticos, los insultos...en el fútbol; las naciones son lo substancial, lo equipos ¿Puedehaber fútbol sin equipos? No. Puede haber fútbol sin agresión al otro equipo, sí. ¿Puede haber mundo sin naciones? Sí (de hecho, lo hubo) ¿Puede haberlo ahora? no parece.
Anónimo:
Buen y fácil sincretismo
Chrysagon:
De aquellas unanimidades obligadas a estas separaciones también casi obligadas
Dante:
Siento exactamente lo mismo que tú.
¿Puede haber un mundo sin naciones? Desde luego que sí, no son en absoluto necesarias. Tal y como ahora mismo funciona pueden ser necesarios los estados, lo son, de hecho, en tanto no inventemos algo mejor. Organizaciones artificiales y regladas de la convivencia, en cualquier caso. Pero las naciones, esas instancias ambiguas, pringosas y tirando a tribales, basadas en lazos más tiránicos cuanto más imprecisos, no solo NO son necesarias, sino que constituyen, claramente, un estorbo, una molestia y, a mi juicio, un peligro.
De hecho tu ejemplo futbolístico me viene al pelo. La de momento universal manía de identificar estado con nación y de establecer entre ambos conceptos una relación lo más biunívoca posible es equivalente a la obviamente imbécil manía de algún equipo trasnochado que solo alinea jugadores de su pueblo o de su región. En fútbol a casi todo el mundo le parece una gilipollez, pero en política internacional pasa por un ideal razonable y legítimo.
Al contrario que a Chrysagon -lo siento, amigo mío, pero no hay manera de que estemos de acuerdo- a mí no me importan más identidades que las individuales. Las colectivas, cuanto más se diluyan y antes se pierdan, mejor. En mi modesta opinión.
Vanbrugh, que se trata más de matices de grado en cuanto a la intensidad emocional-semántica; o sea, que nación, siendo más o menos lo mismo, resulta hoy un término más neutro o más políticamente correcto. Otra cosa, claro está, son los estados.
En todo caso, me parece que la nación es una especie de petición de principios esencialista necesaria (históricamente, que no objetivamente) para justificar la existencia del estado y todo lo que éste conlleva. Nos han educado en la creencia de la existencia real de ese ente llamado nación y, consiguientemente, nos vemos como parte de él y, sobre todo, ajenos (y muchas veces contrarios) a los otros entes nacionales paralelos.
¿Podría haber un mundo sin naciones? Supongo (y deseo) que sí. Aunque parece difícil de momento y los antecedentes "pre-nacionales" no son demasiado idílicos. Hay que ver que, por más que los nacionalismos (voluntad de primar y esforzarse en construir la identidad nacional sobre las demás) siguen vivos y rezogantes, también es verdad que cada vez las identidades individuales son más "cruzadas", heterogéneas. El sentimiento nacional pareciera que se está quedando reducido a lo deportivo (y, por supuesto, a lo "anti").
Se me cortó el principio del comentario anterior. Decía que no estoy muy seguro de la diferencia entre patria y nación y que cada vez más creo, como Vanbrugh, que se trata más ...
No es tanto, creo yo, una cuestión de grado o intensidad emocional como de punto de vista. "Patria" es la nación de cada uno con respecto a ese uno. Por eso me resulta más tolerable: si hablo de "patria", asumo explícitamente que para mí está cargada de un contenido afectivo e irracional que ni oculto ni niego. Nadie espera objetividad, ni la finge, cuando se habla de patrias. Si hablo de "nación", en cambio, el contenido sigue estando ahí, pero ya no es abierto ni explícito. La objetividad sigue siendo imposible, pero ya es posible fingirla y creerla, "hacer como si" habláramos en términos racionales.
Prefiero el cuchillo desenvainado y desafiantemente visible en la mano, la patria, que el mismo cuchillo oculto bajo la ropa y tras la sonrisita conciliadora, la nación. No sé si me explico...
Y también es interesante la España de Machado, Unamuno o Josep Pla. Decía Sábato que la patria de uno es la infancia. Saludos.
Vanbrugh, no puedo creer que desees la uniformidad de los pueblos: hamburguesa y Coca Cola para todos. Perdón quise decir: burger and coke for everyone.
Bueno, estoy consiguiendo uno de mis objetivos con estas breverías: que comentéis y que esos comentarios sean más largos incluso que mis brevas, o sea, que sean incitadoras. Depende del tema, claro.
Y mi buen y generoso Vanbrugh es un gran animador del cotarro. Claro que te explicas. Veamos Estado→Nación→Patria
Según V. de menor a mayor carga emocional, le gusta ‘patria’ porque es la más explícitamente emotiva. A mí, no, por la misma razón. En cuanto a los otros términos tampoco me gusta,: ni la asepsia administrativa de ‘Estado’ ( que luego no lo es nunca tanto; véase ‘razón de estado’ esto es, ‘sinrazón de los poderes ocultos) ni ‘Nación’ finalmente siempre vinculada a la existencia de Estado: estado-nación, y si no casi peor, porque sin estado propio se suelen volver aún más nacionalistas. Si algo le tengo que agradecer a la dictadura de Franco es que me curara de nacionalismos y patrias (y a los curas de tentativas religiosas institucionalizadas). Creo que Miroslav, alias el ponderado, está bastante en lo cierto cuando afirma lo de los grados
Y en realidad me da igual Vallecas (sin ‘k’) que Burkina-Faso, lo que me joden son las fronteras. Fundemos la ONG que más falta hace: ASF: Aduaneros sin Fronteras.
Leona mansa: No estoy seguro que me guste la afirmación de Sábato, aunque está, obviamente, cargada de razón, la infancia…por ahí se empieza, claro, la emotividad irracional, por la infancia. Prefiero la que adopté y he repetido hasta la sociedad yo: ‘mi patria son mis zapatos’, allí, donde me lleven, donde esté y donde me sienta bien.
¡Qué bonitas son las erratas, y qué creativas! "He repetido hasta la sociedad", a que es más chula que 'hasta la saciedad'. 'Lapsus calami' que diría Strika, 'lapsus clave' (escribo con teclado) que diría Vanbrugh.
Miros, ¿tienes problemas para comentar, le tengo que aplicar un correctivo a mi sistema de comentarios?
Chryasagon: primera regla para debatir: 'no rebatas lo que dices que otros han afirmado y no han hecho tal' O dicho de otra forma: no es eso lo que dice Vanbrugh (ni yo)
Me alegro y me disculpo si he errado en mi apreciación.
Haces bien en no creer que deseo la uniformidad, Chrysagon. Como bien te dice Lansky, no es eso lo que digo. Ni de lejos. Paso a explicarme mejor:
Tanto detesto la uniformidad que no deseo ni la de los “pueblos” ni la de las personas dentro de cada “pueblo” –concepto este, por cierto, que uso entre comillas a modo de guantes, para no mancharme con él, porque lo considero un poco, pero solo un poco menos pringoso, falaz y peligroso que el de “nación”-. Quiero que mi gusto por el chato y el pincho de tortilla pueda coexistir en pie de igualdad, en mí y en todos, con el del chacolí y la chistorra, el chianti y la bistecca, la sidra y el cabrales, el beaujolais y el roquefort, el pisco y la enchilada y también, naturalmente, para el que le gusten, el burguer y la cocacola. Que ninguna comida, creencia, jodienda, superstición, costumbre, música, idioma o rasgo “identitario” cualquiera que podamos imaginar me sea ni del todo propia ni del todo ajena, que ninguno sea bandera ni patrimonio ni coto ni bestia negra de nadie y que todos sean gozosa y libre posibilidad de todos. Por molestarme las “identidades”, me molestan hasta las individuales cuando se convierten en etiqueta, en tarjeta de presentación, en rutina y en destino: conque imagínate lo que pienso de las colectivas, las que nos pretenden dar determinadas y preseleccionadas –no te digo ya si lo que intentan es imponérnoslas- por motivos de nacimiento o vecindad. Sí, detesto las “identidades” nacionales, regionales y locales, pero no porque desee la uniformidad, sino porque deseo el libre albedrío y la personalidad individual, que cada uno elija en cada momento el aperitivo que le pida el cuerpo, y no el que le “toque”; y el mestizaje, la mezcla, la impureza y la confusión que difunden y enriquecen. Todo lo contrario, pues, de la uniformidad. Todo eso me gusta, y no deja de gustarme por que pueda también llamársele globalización. Porque tampoco aguanto que me digan qué palabras tengo que considerar “malas”. También me jode la identidad “antiglobalización”.
Gracias, Lansky, por llamar generosidad a mi graforrea incontenible. Pero a pesar de ella no me debo de explicar muy bien, porque no, no me gusta “patria”. Ni un poco más que a ti. Solo que “nación” me gusta menos aún. Simplemente, me parece que “patria” embiste más por derecho, pero ambas embisten, y ninguna me gusta. Ni siquiera el Estado me entusiasma, pero es una herramienta útil. (Su asepsia administrativa, muy propia de su carácter de herramienta, es, precisamente, el principal motivo de que lo vea con mucho mejores ojos que a la nación y a la patria. Basta echar un vistazo al mundo para comprender que no es de asepsia, precisamente, de lo que anda sobrado.) Como toda herramienta es peligrosa si cae en malas manos, y suele ser el caso. Pero de todas las manos malas en que puede caer, ninguna me parece peor que las de un nacionalista, cualquier nacionalista. De cualquier nación. Recíprocamente, la enfermiza pasión que las naciones tiene por tener un estado, cada una el suyo, es una de las mejores ocasiones de que ambas cosas, nación y estado, demuestren lo peor de lo que son capaces.
Tu patria ,dónde te lleven los zapatos...Me recuerda un refrán vasco: " Txapela buruan eta ibili munduak" o sea, Con la Txapela a la cabeza y a andar por el mundo.
Leon no es feroz:
Precioso lema, más que refrán: lo adopto también: boina arriba, zapatos (cómodos) abajo
Vanbrugh:
'Pueblo' tampoco me gusta, demasiadas burradas se han cometido en su nombre. En realidad no me gusta ningún genérico para los humanos: ni 'Humanidad' que me parece pomposo (salvo en paleoantropología), ni gente, que me parece indiscriminado. Me gustan, en cambio, los nombres concretos, como Pasadena o Peralejo de Truchas, el Tío Benito y Domingo Ortega.
Y también me gusta WATASHI (Yo en japonés)
Vanbrugh, dices en tu comentario anterior: “Sí, detesto las “identidades” nacionales, regionales y locales, pero no porque desee la uniformidad, sino porque deseo el libre albedrío y la personalidad individual, que cada uno elija en cada momento el aperitivo que le pida el cuerpo…”
Imaginemos que tu deseo se hace realidad y en el mundo por fin se han diluido las identidades colectivas: ya no hay nación, ni patria, ni estado, sino una amalgama de individuos. Como se tendrán que comunicar de alguna forma, cabe que elijan a la carta el idioma que más gracia les haga, pero eso sería imposible, una nueva torre de babel, así que deberán elegir un idioma universal, seguramente el inglés, ya que el esperanto parece ser que no triunfó… Lo siento, pero llego otra vez al: hamburguesas para todos.
Te confieso que tu modo de razonar me despista un poco, Chrysagon. Casi tanto como me preocupa lo que parece ser mi incapacidad de hacerme entender. Que de mis diatribas contra las identidades nacionales puedas tú sacar la peregrina consecuencia de que quiero que la gente renuncie a su idioma para cambiarlo por el inglés o el esperanto indica, desde luego, que hay entre nosostros un serio problema de comunicación, que muy probablemente será culpa mía, vaya por delante.
Solo una pregunta, por ver si me reoriento: el nexo lógico entre que dejemos de dar importancia a nuestra pertenencia a una u otra nación, por un lado: y que debamos renunciar a nuestro idioma, por otro, ¿lo ves tú dónde, exactamente?
Lo veo en que “identidades colectivas” significa “patrimonio cultural” (entre ellos el lingüístico).
Chrysagon:
Lo siento, me pasa contigo a menudo exactamente lo mismo que a Vanbrugh: no te sigo (en tus razonamientos), por lo que si fuera más cheli y egocéntrico diría que “te columpias”
Quizás es que no te ha quedado claro (pero no vamos a ser siempre los demás los que no nos explicamos, coño)que las 'identidades nacionales' se afirman siempre en contra de alguien; es lo que yo llamo el síndrome del bárbaro (todos somos bárbaros de otros)
Bien. Detectado por fin el punto exacto de fricción.
Porque, claro está, no estoy en absoluto de acuerdo. Yo puedo perfectamente no asumir la "identidad colectiva" que como español me corresponde (y de hecho no la asumo; ser español es para mí una circunstancia administrativa, que me confiere una serie de derechos y deberes, nada más. También soy funcionario, y casado, y semicalvo, sin que ninguna de estas circunstancias me adscriba a ninguna identidad colectiva de los calvos, los casados y los funcionarios. Soy, pues, español como soy cualquiera de estas otras cosas), puedo, digo, no asumir la identidad colectiva que mi nacimiento y mi vecindad me asignarían si me dejara, y no por ello renuncio a mi patrimonio cultural. No podría, aunque quisiera. Mi cultura, emepezando por el idioma y siguiendo por todo lo demás, no es algo de lo que pueda desprenderme como de una ropa superpuesta, sino algo que forma parte indisoluble de mi identidad. De la personal e individual, claro, la única que tengo y que quiero tener.
La cuestión es exactamente esa, sí. Que no solo no acepto que el disfrute de un patrimonio cultural esté sujeto y condicionado a la adscripción a una identidad nacional, de tal manera que renunciar a esta implique renunciar también a aquel; sino que la extendida pretensión que sea así es, exactamente, una de las principales razones de que el concepto de "nación" me parezca peligroso y el nacionalismo, directamente, una actividad paradelictiva.
SIN HABER LEÍDO NADA DEL TEXTO SALVO...
"esto es España también" y ver tu perro de espaldas a nosotros y de cara a la niebla te digo...
¡qué bonito perro o perra tienes! Hasta otra: PAQUITA
Sí, Paquita/Caminante: es Jara, mi podenca bastarda, mi colega del alma. Y conoce los caminos del sur de Gredos y San Vicente, de Los Oscos, del Occidente asturiano, de La Demanda y Cameros, de Cazorla y Sierra Morena tan bien como yo.
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