
(7) REPARTO DE COMIDA: (MÁS AÚN DE HAITÍ): Una de las cosas buenas de la cárcel es que te dan de comer; otra es que tienes mucho tiempo para leer, ¿recordáis el preso de confianza ese de las películas que va con el carrito de revistas y libros por las celdas? No debe haber mucho para elegir en esas bibliotecas (¿revistas porno y la autobiografía del director de la cárcel?, y la Biblia, claro).
Los cascos azules, en África, en América, en la antigua Yugoslavia, han probado de sobra su incompetencia. Si te ves en apuros –moraleja- ni te acerques a una sigla de la ONU porque los azules funcionan como los cimbeles para los cazadores de patos: atren a los depredadores tanto como a sus víctimas.
En cambio, los marines estadounidenses otra cosa no sabrán, pero invadir países se les da de maravilla. Organizan todo a su gusto, eliminan el desorden y pueden repartir comida tranquilamente. Eso sí, antes convierten todo el país en una cárcel.
Por cierto, además de comida, ¿les estamos mandando libros a los haitianos?, preferentemente en francés.
2 comentarios:
Un amigo mío afirma que pareciera que Dios se hubiera metido a promotor turístico con su proverbial Vista de Lince. Primero hace desforestar disimuladamente el territorio de Haití, formado por suaves colinas. Luego manda un canalla tras otro para que gobierne eliminando a los rebeldes e impedir un desarrollo sostenible. Luego manda un terremoto que mata al exceso de población. Después a los marines gringos para reagrupar y controlar a la peña superviviente. Lo único que le hace falta es repoblar las costas de palmeras y crear la mayor red de complejos vacacionales en campos de golf del mundo, servidos por mano de obra casi gratis. Justo lo que necesitará en un futuro la enorme clase jubilada ociosa del Imperio.
El problema es que no calculó bien la fuerza del temblor, que no resultó suficiente. Debe ser que ya está Viejo.
Sí, harazem, aunque yo creo que por el momento los estadounidenses están convirtiendo en una prisión la isla además de para repartir más eficazmente la ayuda que los incopetentes de la ONU, para evitar una migración masiva a sus costas donde ya viven unos cientos de miles de hatianos (en Miami por ejemplo)
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