La transformación más celérica y radical que ha sufrido este país, su modernización, ha consistido en vaciar demográficamente los territorios rurales, agrarios, ganaderos y silvícolas, generar una emigración masiva a una serie de ciudades y sobre todo al litoral y, haciendo de la necesidad supuesta virtud, pretender aprovechar ese atolón poblacional, esa desertización humana más que climática, para crear espacios naturales en los territorios vacantes que son decorados taxidérmicos, belleza disecada donde ya no existen sus mantenedores, los campesinos. Los guardeses oficiales, la guardería y los técnicos han procurado contener esa avalancha de visitantes que la expectativa de “naturaleza” sustituyendo a los menos prestigiosos antiguos campos ha creado, pero en vano. Porque, en cierto modo, tan irreductiblemente arrogante es la invasión brutal del cemento como la más cándida del “amante de la naturaleza”. En ambos casos, la dimensión del ultraje la da la vastedad de lo que se ignora. Sólo nos queda intentar resucitar al moribundo, volviendo a incorporar al sistema al elemento esencial ausente: si quieren contemplar rapaces mire a su alrededor a ver si también hay rebaños.
[1] Esto es especialmente acusado en el caso de los llamados problemas ambientales o “ecológicos” ya que no suelen admitir soluciones de corte tecnocrático. Estas “soluciones” parecen corroborar la moraleja del relato de Tucídides de la Peste de Atenas. Cuando en tiempos de Sócrates (circa 400 a. C.) se desató una terrible epidemia en Atenas, los oráculos consultados recomendaron duplicar el altar de Apolo. Ahora bien, este era un cubo y con las premuras en lugar de duplicarse se multiplicó por ocho. Apolo enfurecido incrementó los daños. En realidad, la duplicación de un cubo no tiene una solución geométrica, como no lo tiene la cuadratura del círculo, no puede ser resuelto con regla y compás (Cf.- J.J. Rodríguez Fraile, El oráculo ilustrado, inédito, citado por J.L. Pardo). Igualmente, los problemas ambientales no tienen soluciones “ambientales” satisfactorias, sino que estas deben ser políticas y económicas; esa es la ilusión (de iluso) del tecnócrata. Un colofón del holismo es que ante todo problema complejo existe una solución simple…que siempre es falsa. Esto no contradice el conocido método de “la navaja de Occam” conforme al cual entre varias explicaciones posibles de un fenómeno, la más sencilla suele ser la cierta; primero, por que sencillo no es lo mismo que simple, y segundo, por que de hecho, pensado en términos de la exitosa ciencia reduccionista, la afirmación sólo alude a lo complejo y, por tanto, la completa.
6 comentarios:
Buena síntesis del problema, la del ciudadano sustituido por el consumidor. El ciudadano asume como propios los problemas "públicos", acepta su parte de responsabilidad, participa lo más activamente que puede en el proceso de gestión y solución. El consumidor se desentiende de cualquier proceso intermedio, exige su "derecho" a que le den resueltos sus problemas, no quiere saber ni elegir ni pensar, solo le importa el resultado final, y solo en la medida en que a él le afecte. Compra "políticas" con los mismos criterios -es decir, falta de ellos- que compra detergentes, hamburguesas o coches.
En otro orden de cosas: ¿es reversible el proceso que describes? ¿Hay alguna forma de que vuelva a haber rebaños y campesinos? ¿Tiene posible vuelta atrás la desertización del campo?
Pues no lo sé, Vanbrugh. Ni siquiera sé si me gustaría tener esa respuesta que me pides y ver desesperado cómo la ignoran. De todas formas, más que reversibles, como dices, los procesos pueden ser reconducidos, porque precisamente el “error” de las políticas de conservación de la naturaleza suelen residir en intentar mantener las cosas, los objetos naturales, los espacios, sin mantener los procesos que los crearon, su fisiología por así decir. En Europa, donde hay excedentes enormes de producción agraria, sería cuestión d en invertir los términos: una agricultura y ganadería que hace y mantienen los paisajes o territorios y secundariamente produce alimentos, de calidad. Lo que es absurdo, repito, en Europa, es desecar una laguna para cultivar patatas.
Hace unos días encontré una cita de Félix Bayón acerca de que los rebaños de cabras que se comían los rastrojos del monte eran la mejor prevención para los incendios forestales y que cada verano a los ministros se les llenaba la boca de buenas intenciones preventivas. Pero que nunca había visto a un ministro inaugurando un rebaño de cabras. Y yo añado que no sólo eso, sino que deberían inaugurarlos para fomentar el turismo pastoril, ya que han convertido el campo en parques temáticos, que lo hagan con conocimiento y aprovechamiento. Podrían regalar un pack de zurrón, caramillo y un ejemplar rústico de la ëglogas de Garcilaso.
El ministro recién nombrado quiere conocer el territorio y sale a la carretera secundaria en su coche oficial. Al final de un cambio de rasante ve un rebaño de ovejas en la distancia. Le ordena al chófer que pare, toma los prismáticos y las observa, vuelve a mandar arrancar y para junto al pastor, al que le dice:
-"buen hombre, ¿si adivino cuantas ovejas tiene me regala una?".
-"Sí señor"- le contesta el pastor.
-"321", dice el ministro,
-"Exacto" contesta el rústico, escoja una. Cuando el otro lo hace le dice:
- "Usted es el ministro de agricultura y medio ambiente, ¿verdad"
-"¿Cómo lo ha sabido, si estoy recién nombrado?"
-"Porque ha escogido al perro"
Tu idea es original, pero estoy en contra del maltrato de animales; además culauiera puede servir para ministro, pero ser pastor requiere más esfuerzo.
no tenemos solución, entonces?
si imagináramos la posibilidad del pastor ecológico como currante a sueldo?
no lo haría ningún español, supongo, pero algún neo-hippy con fantasías bucólicas?
de cualquier manera, los residuos tóxicos cubrirán todo el paisaje.
perdón, he perdido toda ilusión al respecto.
Dante, amigo:
Quiero pensar que sí, que hay soluciones, pero primero de todo es diagnosticar bien al enfermo ¿No? y fíjate, con el tema del cambio climático unánime e invasor el resto de problemas ambientales se están olvidando, empezando por el más obvio: el destrozo del territorio. Curioso, ¿no? que algo intangible casi usurpe a algo tan patente.
Publicar un comentario en la entrada