TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


08/01/2010

¿Nos estamos cargando el planeta? (tres...): taxidermia o conservación


En muchas de nuestras ciudades más hermosas, desde Venecia a Santillana del Mar o el casco antiguo de Cáceres, personas sensibles han pretendido su protección, y en la mayoría de los casos lo único que han conseguido es crear parques temáticos (cuyo “tema” es Venecia, Santillana del Mar, etc.) transitados por miríadas de turistas y desprovistos de su anterior vida. Esto es taxidermia, no conservación. Lo cascos históricos se preservan protegiendo y fomentando las actividades urbanas que les dieron origen. De igual forma el campo, mal llamado naturaleza, se conserva no disecándolo e incluso persiguiendo a sus forjadores, sino manteniendo su funcionamiento. La mera conservación es insatisfactoria (taxidermia) porque trata de conservar o reconstruir el paisaje de ayer apreciado en el momento de hoy sin poner en cuestión esas condiciones de hoy ni restablecer las de ese ayer.

No debemos olvidar que el territorio se protege “para” los hombres, pero fundamentalmente se protege “de” los hombres, su principal amenaza en forma de avalanchas de visitantes o de cambios drásticos de usos del suelo. La clave está en determinar qué o cuántos hombres, o mejor qué actividades promover. Precisamente la generación de afluencias masivas de visitantes inexpertos que se concentran en determinadas épocas del año y la simétrica expulsión de sus guardianes permanentes los campesinos (o los habitantes tradicionales de los barrios urbanos) no es la mejor forma, sino la más segura para iniciar su inexorable declive. Convertir el Serenguetti en un safari park o Daimiel en un estanque de patos no es precisamente un éxito. Para mí, el error de estas concepciones lo simbolizan esas horrendas construcciones –falso rústico, versión “Far West”- de los acondicionamientos socio recreativos de las zonas de acogida de esas áreas nominalmente naturales: cabañitas, puentecillos rústicos de troncos sin desbastar, peligrosas barbacoas. Son tan anacrónicas, tan disonantes… como la pintura rupestre de un aeroplano.

Un último inconveniente ha venido a sumarse a las formas taxidermistas de protección por medio de la declaración de Espacios Naturales Protegidos. El cambio climático, entre otros efectos, está modificando las pautas de migración de muchas aves, incluso sedentarizándose, lo que a su vez implica modificaciones en la dispersión de semillas y microorganismos por los pájaros, nuevas competencias que antes no se daban por estar segregados en el tiempo, y todo ello hace afirmar a muchos biólogos de la conservación que “hay que pasar de las áreas espaciales (sic) estáticas, como los parques naturales actuales, a un concepto que proteja los movimientos de las especies”.[2]


[1] Roma es la antitesis de esas ciudades monocultivos turísticos o “parques temáticos”. Valga esta larga cita para evidenciarlo: “Roma es una ciudad donde los vestigios del pasado son omnipresentes. Toda ella conforma un palimpsesto viviente en donde los múltiples estratos de sus dos mil setecientos años de historia coexisten uno junto a otro en extraña yuxtaposición. En medio del estruendo de los coches que pasan zumbando por delante de los antiguos templos republicanos y del teatro art déco en el Largo Argentina, espero el autobús cerca del lugar donde fue asesinado Julio César (`…)., y en la suave curvatura de un centro comercial del siglo XX se adivina el trazado semicircular del antiguo anfiteatro sobre cuyos fundamentos se erige. La planta baja de una moderna pizzería alberga un enorme reloj de sol que marcaba ya el paso de las horas en los tiempos del emperador Augusto (…) La ciudad ha sido devastada y reconstruida numerosas veces, pero ha sobrevivido con algo de su vieja alma intacta ( …)Y mientras uno se deja arrastrar por la alegre y ruidosa confusión del presente, el gran templo pagano y la iglesia sede de la cristiandad nos recuerdan que las cosas importantes de la vida son pocas (…)El pasado coexiste cómodamente con el presente y se adapta a sus necesidades. En el ambiente no hay nada artificioso ni museístico”. (Alexander Stille: El futuro del pasado; Península, Barcelona, 2005. El subrayado es mío).

[2] Declaraciones al diario El País, el 10 de abril de 2007, de Miguel Ferrer, ex director de la Estación Biológica de Doñana.

9 comentarios:

el_clavadista_solitario dijo...

Hola!

Ni siquiera el progreso es enteramente bueno. Todo, absolutamente todo el proceso de deterioro acelerado del medioambiente que hoy sufrimos es consecuencia del mismo. La clase ilustrada junto con la pequeña burguesia occidental se han vuelto (los pobres son más brutos) más exigentes que nunca respecto de su bienestar y mientras que miran para otro lado ante las matanzas de seres humanos que se producen cotidianamente en el tercer mundo, parece indignarles (y acojonarles) que los materiales nocivos de la munición con la que se les manda al otro barrio a los negritos (ellos van a decir "subsaharianos", eso sí)o los residuos tóxicos que conlleva la fabricación del armamento con la que se dispara aquella, puedan, a través de la lluvia, llegar a contaminar el agua de la piscina de su urbanización.

Pero es lo que hay.

Pero hay que decirlo.

Afectuosamente, Julian Bluff

Lansky dijo...

La palabra 'progreso', así usada indiscriminadamente, está desprestigiada desde hace muchas décadas. Por eso se sustituyó por la de 'desarrollo', así mismo desprestigiada y tomada prestada por los economistas de la biología.

Se puede hablar de progreso tecnológico, sanitario, científico, no mucho del ético o moral, por ejemplo. Y siempre teniendo en cuenta de que ese progreso es un juego de suma cero, como dicen los matemáticos, y lo que ganas por un lado lo pierdes o lo pagas por otro. Desde luego la idea metafórica de una escalera de peldaños siempre ascendentes es ciertamente ingenua y proviene de la Ilustración, así que tienen ya varios siglos para ser matizada.

rocio prima dijo...

Es que la conservación, tanto de ciudades como campos, no se hace para conservar las cosas, sino para promocionar el turismo. Esto crea situaciones surrealistas, como que cuando se crea un parque natural se organice su uso publico (es decir, infraestructuras para el turismo), a la vez aue se ponen toda serie de trabas para usarlo. En las ciudades pasa lo mismo. Se peatonalizan los centros para los visitantes, lo que hunde el comercio local, y los habitantes del centro se hacen muy dependientes de los coches para poder abastecerse en los hipermercados de la periferia, a la vez que se les impide usar el coche. Como digo, todo muy surrealista.

Lansky dijo...

Hola, Rocío, echaba de menos tus dosis de sabiduría. Sí, en efecto, es como dices, aunque yo prefiero hablar del nudo contradictorio de la Conservación entre Proteger "de" (la gente) y Proteger "para", y da la impresión de que ese "para" (la gente) sólo se solventa con promociones turísticas: El problema es que un museo y hasta las ciudades hasta con sus incomodidades soportan mejor las visitas masivas que según que sitios "rústicos" de esos que llaman algunos "Naturaleza"

Anónimo dijo...

me gustó lo de "Lansky puto hetero de Vanbrugh" (sin ánimo de ofender)

Anónimo dijo...

me gustó lo de "Lansky puto hetero de Vanbrugh" (sin ánimo de ofender)

Lansky dijo...

Supongo que sabes, irónimo anónimo, que hetero...sexual y heteró...nimo no son lo mismo aunque compartan prefijo

rocio prima dijo...

Hombre, las ciudades resisten mejor las visitas masivas porque la ciudad en esencia es un mercado cuya razón de ser son precisamente los visitantes. Pero el convertir en museos la parte habitable de las ciudades es un fenomeno nuevo que jode a los habitantes de estos centros museados, como jode el uso publico a los habitantes del campo. Antiguamente la parte museada que atraía a visitantes no estaba habitada, como la acropolis de atenas, la de pergamo, efeso....

Lansky dijo...

Sí, Rocío, y sé por cual herida respiras, pero lo único que tenéis que hacer es exigir a vuestro ayuntamiento que os pase una mensualidad en calidad de extras y por salir en las fotos de los japos. ¿A quien no le gusta vivir en el decorado de un escenario? (A mí,pero esa es otra cuestión)