
G. F. Haendel - Music for the Royal Fireworks: Ouberture (Le Concerte des Nations, Jordi Savall)
Revendería la invitación que me han dado para visitar Arco, porque la entrada vale una pasta y el arte que supuestamente contiene esta gran feria del arte contemporáneo no me interesa demasiado, pero no lo haré, porque, en cierta forma, si me interesa, me fascina, la fauna que asiste a esto, los galeristas, los artistas, es alucinante.
Por supuesto, a mi los tiburones embalsamados del hortera y hábil negociante Damien Hirst, que hasta tiene nombre de novela caducada de Hermann Hess, no me provocan lo más mínimo, pero la cifra del precio, que es de lo que se trata y no de su valor que es para mí cero, esa sí que me logra ‘epatar’ (quince millones de dólares). Por supuesto, el mercado del arte contemporáneo no tiene demasiado que ver con el arte, ni siquiera con el arte contemporáneo; entendido eso, todo lo demás se comprende también. Las extravagancias, los mal llamados despropósitos (tienen un propósito: ¡Venderse!), lo exorbitado no de las mal llamadas también ‘propuestas’ sino de los precios, el exhibicionismo de caca, culo y pis, esto es, infantil, el circo mediático, los canapés, las viejas galeristas patéticamente empeñadas en no envejecer, los jóvenes ayudantes mariposones. Mirad, para explicar lo que siento al ver esta feria de…las vanidades lo mejor es que vuelva a colgar este cuento mío, es decir, de Lansky
El arte por el arte (relato)
Había matado al jefe de una red de trata de blancas, a un concejal de seguridad ciudadana maltratador, hasta a un cocinero de renombre, pero nunca a una mujer y nunca, por ende, a la dueña de una galería de arte, establecimientos que él, casualmente o no tanto, frecuentaba, más como mirón que como cliente. Ya había estado en esa galería en algún escasamente memorable momento del pasado y recordaba perfectamente la colección de pequeñas esculturas, demasiado diminutas y pretenciosas, prácticamente “bibelots”, de bronce, como las horrendas porcelanas para turistas, pero con más ínfulas. También recordaba a la galerista, una mujer altiva y antipática, que simulaba ser la artista y no la intermediaria, con la clásica rigidez facial de los retoques quirúrgicos y el rictus histérico de las insatisfechas sexuales y que, obviamente, empleaba una parte generosa de su margen de beneficios en su ropero. Simular lo que no se es no parecía motivo suficiente para ser asesinada y además, si lo fuera, una gran parte de la humanidad sucumbiría. Disimular lo que se es: un asesino, era bastante menos gratuito.
“No hay tantos crímenes como dicen, aunque sobran razones para cometerlos”, explicaba al inicio de su libro “Crímenes ejemplares” el gran Max Aub, que también explicaba como mató a su hermana “porque no era mía, no porque fuera mía”. El tenía una primorosa primera edición mexicana de 1957 y no la pretenciosamente ilustrada y más reciente española, de la que lo mínimo que se podía decir es que las ilustraciones eran redundantes, mucho menos poderosas y expresivas que las propias imágenes literarias, inútiles de duplicar, del escritor español y ciudadano mexicano, como gustaba presentarse. Aub además reconocía como incomparable precedente a un pintor, que no escritor, el Goya grabador de los Desastres, y reclamaba para ambos el título de filántropos. Un filántropo, o por lo menos un amante del arte habría considerado la posibilidad de dar ejemplo cruento con la galerista de marras; vista la exposición de adefesios que había sustituido a los cachivaches de bronce anteriores. Si el Freholfer de Balzac, el de La obra maestra desconocida, la hubiera visto habría considerado esa misma posibilidad de dirigir su violencia en forma más adecuada, en lugar de suicidarse y destruir su propia obra frustrada. El propio Balzac, al comienzo de su carrera cuando aún no era rico, había decorado las paredes de su casa con letreros con los títulos de las obras que hubiera deseado poder colgar: “Rembrandt: Paisaje con árboles”, ponía en el salón; “Delacroix, La marcha triunfal del pueblo”, en el dormitorio, etcétera. Si hubiera visto como la gente ahora colgaba simplemente firmas de sus paredes y además pagaba sólo por ellas se hubiera sentido extrañamente profético.
Nunca había sabido porqué los bailarines clásicos, los encargados de las galerías de arte y los peluqueros de postín son homosexuales, como no fuera por la dudosa reputación de almas sensibles que alguna gente les concedían. El amanerado empleado que revoloteaba –para eso tenía tanta pluma- alrededor de él, entre vaharadas de “eau sauvage” de Dior, le estaba intentando convencer que el perfecto listo imbécil que había pintado, es un decir, esas inarmónicas manchitas tristes, como de grasa rancia, era una buena inversión que se iba a cotizar mucho en el futuro, pero usar el azul de genciana como hacía el interfecto sólo podía tener dos explicaciones: era daltónico y además no conocía el delicado “ocell blau” de Miró o, dos, era un agente infiltrado del único otro “arte” comparable al suyo, el de los cuados de escenas de cacerías de ciervos a la luz de la luna que se vendían en una de las más vergonzosas calles laterales del rastro madrileño. Encima, no se había privado de titular las obras, lo que aparentemente obligaba a ese patético ejercicio de mirar el folleto, mirar el cuadro, mirar el rótulo, en sucesivos y sobresaltados enfoques: “nocturno en azul” (“Ya lo sabía”), abstracción 33 (“¿Quemaste las 32 anteriores?, ¿Por qué no esta?”), “Introspección”, y bla, bla, bla.

Después de quitárselo de encima, de detrás (peligro), de alrededor (revoloteos incesantes), de delante y quizá de debajo, pudo proseguir con más sosiego el itinerario por el establecimiento, comprobando la existencia de: uno, salida de emergencia que daba al portal de inmueble de vecinos adjunto, dos, almacén de material al fondo, y tres, despachito coqueto con estanterías de catálogos, listas de precios, albaranes y el inevitable ordenador, un portátil a juego con la moqueta, de la jefa, a la que se adivinaba fumando con fastidio en una boquilla, como no, de ámbar. Pero cuando se asomó con el pretexto de consultar la lista de precios (el memo, encima, no era barato precisamente) descubrió con alarma la ingente mole oscura de un pitbull del tamaño de un ternero a los pies de su ama.
Al igual que no podía imaginarse cazando, no podía ni siquiera soñar en matar un perro, ni siquiera de esa raza de agresivos ejemplares que él sabía, lo tenía comprobado, que si se educaban al margen de las normas de los perros de presa, se volvían tan tratables como cualquier otra raza y bastante más, pongamos por caso, que algunos falderos de incorregible personalidad matona, como los cocker spaniels. “No hace nada”, le intentó tranquilizar la dueña dirigiéndole esa sonrisa de perdonavidas que era probablemente la única que le permitía esbozar el tirante apaño quirúrgico sobrevenido en su rostro. “Tú sí que no haces nada”, pensó él, mientras contemplaba al perro valorativamente: el único ser vivo e incluso objeto bonito que había en el local. “Rothko, es muy pacífico”, añadió innecesariamente (Tenía que haberle puesto el nombre del expresionista abstracto por excelencia, claro: “Rothko, bonito, Hagamos este trabajo juntos: cómete a tu dueña y a su empleado, cómete al artista, destroza los cuadros y cágate en ellos, demuestra que haces honor a tu nombre y tienes sensibilidad artística. A cambio te prometo una vida al aire libre, llamarte Sansón y liberarte de esta prisión minimalista”). Además Jara, su perra podenca bastarda, tenía debilidad por los tíos cachas.
Fingió consultar la lista que le tendía, donde varios círculos rojos indicaban que había gente para todo, capaz de matar un pitbull o de comprarse un cuadro de esos, o bien, era una artimaña de la propietaria; ya se sabe cuanto consuela a los idiotas no sentirse únicos. “La verdad es que se está vendiendo muy bien. Aún no es muy conocido, pero está empezando a correr el boca a boca. El mes que viene expondrá en Nueva York” (“Te creo, te creo, Nueva York ya no es la misma desde lo de las torres gemelas”). La vieja quería palique. Le incomodaba un poco que le hablara dirigiéndose a su paquete y era evidente que disfrutaba del suficiente poder como para tirarse de vez en cuando a algún pintorcillo en ciernes y que con un homosexual había suficiente en el negocio, aunque ella fuera aún más amanerada.
Entre sus inconfesados vicios se contaba el de almorzar en las cafeterías de los museos, inmaculadamente limpias y discretamente decoradas y dónde la comida a veces era aceptable, así como los precios. Comparó esos placeres propios con la taza de café manchada asquerosamente de carmín (“Cómo había tías que aún no sabían que eso daba asco”), el platillo repleto de colillas, estas no machadas merced a la boquilla, y el resto de un envoltorio industrial de sándwich de jamón y queso. Las malas galerías son a los buenos museos, sector de la restauración hotelera incluida, lo que las scooters a las verdaderas motos, los electrodomésticos a las máquinas que se respeten o las dueñas de galerías a las auténticas mujeres. Parodias.
-¿Esta interesado en alguna de las obras? ¿Puedo aconsejarle una adquisición interesante?
No pudo reprimir los deseos de ironizar ante la pregunta: -Voy a esperar que sequen, -contestó.
-¿Cómo dice? (Cuidado la bruja despertaba)
-Disculpe. Quiero decir que son tan “frescas”, tan espontáneas, que parecen acabadas de pintar.
El gesto de la bruja denotaba dos cosas: una, que no era tonta y las cazaba al vuelo, dos, que, por alguna razón, estaba dispuesta a ver hasta donde podían llegar sus ocurrencias sin sulfurarse.
Él ya pensaba ya que la galería no era una opción desde luego. Seguramente el afeminado era el encargado de cerrar. Y la presencia del perrazo tampoco era un aliciente. Improvisando sobre la marcha, la conversación con su madura interlocutora le sugirió un camino, ya que esta insistía en dirigirse a su pene, así que derivó insensiblemente hacia un ligero coqueteo que le confirmó la posibilidad esbozada. Un cuarto de hora después las risas de ambos habían hecho asomarse discretamente al encargado; la última, cuando de puntillas había enarcado las cejas a su jefa en un gesto de “¿Andas de caza?”. Salió de la galería con una cita para la tarde. Era de suponer que no se llevase al perro a sus salidas vespertinas por muy Rothko que se llamara.
El inevitable bar de diseño parecía una exposición moderna de saneamientos y cuartos de baño con tanto cromado y cristal esmerilado, pero sabían preparar un martini y los camareros, más ocupados en su prestancia que en las necesidades de los clientes, no prestaban la menor atención a los mismos. Lo que era muy conveniente.
La acogotó en el lavabo de señoras, que para compensar parecía una cafetería de diseño sólo que con retretes. Y salió al frescor ruidoso de la noche urbana, sin mayores problemas.
Un mes después volvió a pasar por la galería. Le inquietaba un asunto lo suficiente como para romper una de sus normas y regresar a uno de los lugares de los hechos. El local permanecía abierto; esta vez se exponía una colección de estampados sobre lienzos que no hubieran quedado mal como manteles de hule para cocina, pero eran demasiado caros. El encargado de los pies alados y el resto así mismo emplumado también estaba, pero ahora ocupaba el despacho de la jefa y un bello mozo, su anterior lugar. Y lo que importaba, el perrazo seguía en su sitio de costumbre, al parecer bien atendido y alimentado y ni siquiera parecía especialmente dolido por su pérdida familiar.
Cuando se iba oyó pasitos detrás y una voz meliflua que le dijo algo que le heló la sangre:
-Señor Jarrapellejos, ¿podemos servirle en algo?.- El perro estaba junto a el.
Se giró y le miró a los ojos:
-Perdón, ¿cómo me ha llamado?
-¡Ay! Disculpe, le he debido tomar por otro.
-A veces las confusiones, hasta las más inocentes tienen consecuencias. –Le contestó sin perderle los ojos.
-Bueno, entre cliente y profesional siempre hay que contar con la discreción más absoluta. Sobre todo por que interesa a las dos partes.
Y ante eso no tuvo réplica. Llevaba razón. Y si no, haría otro trabajito. Y esta vez gratis.
Fin
La distinción (mini ensayo)
En el Siglo de Oro español se distinguía entre el “discreto” y el “vulgo”; es decir, entre los letrados y lo popular. No es que a los letrados les guste la ópera y al populacho el fútbol, sino que el vulgo acude al fútbol –y en otros tiempos a la ópera- a desfogarse, mientras que el discreto lo entiende y lo disfruta por sí mismo y no como pretexto. Sin embargo, en el caso de eventos como Arco, lo anterior no funciona así: la gente se muestra, se deja ver, independientemente de su interés por el arte, como los burgueses abonados a los palcos del Liceo de Barcelona no necesariamente, más bien al contrario, están interesados por la música.

El arte por el arte (otro mini ensayo)
En la valoración de las obras de arte hace tiempo que se enfrentan dos escuelas de pensamiento. Por un lado y desde el célebre manual de Hauser (Historia social del arte), están los que propugnan que lo que concede méritos a estas obras son su función social, se entienda eso como educativo, cultural, patrimonial, etc. Del otro, están los que dice que sólo desde el propio arte y sus reglas y hallazgos es posible situar la importancia de una obra. Nada impide, sin embargo, considerar que ambas visiones en lugar de antagónicas puedan ser complementarias.
19 comentarios:
el Arte hace tiempo que ha perdido su funcionalidad social; si exceptuamos la funcionalidad de venderse como objeto "de lujo" a los burgueses adinerados que lo utilizan para ostentar, hartos ya de ostentar casas y coches y viajes... el Arte, en este caso, tiene la funcionalidad social de ser un indicativo de estatus social para aquellos que, teniendo mucho dinero, desean indicar que no solamente son adinerados sino cultos y sensibles... en ese sentido, el Arte es una mezquindad y ha muerto, pues desde hace siglos ha sido desvinculado de su funcionalidad social originaria, si es que la ha tenido alguna vez, es decir, el encuentro del Hombre con su Trascendencia (por este motivo el Arte tradicionalmente ha sido vinculado con las religiones, porque su funcionalidad social parte del mismo punto; cuando el Hombre se desvincula de las religiones el Arte sigue en solitario al encuentro con lo Trascendente)... el problema es que nuestra sociedad se "mercantiliza" a medida que se "destrascendentaliza"; por lo que el Arte necesita, como punto de anclaje en el entramado social (y su praxis) una de estas dos opciones: A. el mercado; o, B. las instituciones... no queda otra cosa, por eso se dice que el Arte ha muerto, porque en una sociedad fundamentalmente capitalista no tiene cabida sino como objeto "ostentatorio", ya sea para particulares o para instituciones, que en el fondo es lo mismo...
yo solamente he ido una vez a ARCO, cuando cursaba primero de Bellas Artes; desde entonces ODIO esa maldita feria y todo lo que significa
Sí, por supuesto que pueden ser complementarias ésas y alguna más interpretación sobre el arte y su valoración. A mí, Arco, la verdad, no me pone; ni siquiera como termómetro actualizado de la estupidez en versión snobista. Pero ve y cuéntalo, que aquí estaremos para leerlo.
El cuento me ha gustado. ¿Ya lo habías colgado? Porque no recuerdo haberlo leído y eso que creo haber buceado a fondo en tu blog.
GRACIAS por esta entrada.
Besos
Como creo haber dicho aquí mimso, hasta hace dos años tuve galería en Madrid con dos socios más en c/ Almirante. Cuando empezamos fue una 'gloria' y una gran satisfación en lo personal y en lo'cultural'.
Creo que a todos por aquí les interesa la cultura en sus diversas manifestaciones.
Pronto empezó a hartarme y abochornarme el trasiego bastante chocante, la crítica sospechosa, la cuestión dineraria tan descaradamente esnob, capitalista y en cierto modo aldeana aunque en todos los ARCO vinieran los más reputados galeristas del mundo entero. Nada: un mareo enorme, una mierda y COMERCIO.
Abandoné. Sigo recibiendo invitaciones para asistir a la pre inauguración con S,S,M.M., prensa, TV y demás panolis, pero me niego a ir. Este año he dado esas entradas a un sobrino que empieza y le gusta el mariconeo - fueraparte del evento.
Mas sigo mi colección de pintura (y fotografía) adquiriendo solamente obra de los pocos artistas que me han interesado a lo largo de la larga experiencia.
ES QUE ME SATISFACE ver un cuadro o una fotografía que me sugieren algo interesante colgados de las paredes de casa. Los voy cambiando según se me antoja. ¡Cojones ! que me gusta y procuro darme todos los gustos a mi alcance y a trevés de los 5 sentidos corporales.
Creo que vuestros comentarios son sesudos y razonables, muy razonados. Los leo con avidez. Pero lo que mi persona detesta o adora es puñeteramente subjetivo al margen de consideraciones intelectuales.
P.ej.De las mil tías que hay, de las cien que conozco y trato, son pocas por las que doy un paso al frente y elijo ('para mí') o las roneo hasta que se quedan gustosas en mi compañía y con mis amoríos - o con mi sincero amor, que dura poco.
El retrato que hace Lansky de ARCO está clavado. No irá mucho al la feria, pero ha calcado el ambiente como si la hubiera estudiado a fondo en repetidas ocasiones.
Y te pregunto ¿Aparte de las fotos estupendas que has disparado, no cuelgas nada en las paredes de esa luminosa y minimal casa con estufa que también nos muestras?
José:
Estoy, con matices, bastante de acuerdo contigo, lo que sucede es que creo que tu diagnóstico del arte, salvo cuando era explícitamente sacro (las pinturas rupestres del Paleolítico, que tanto me gustan, creo que también), es igual de válido ahora que antes, ¿o qué diferencia esencial ves tú entre el banco de Santander y los Medici?
Miroslav:
Sí, lo había colgado hace tres años, pero es que entonces no era mundialmente famoso como ahora
Mita:
Besos
Grillo:
Te borro una de las dos entradas idénticas, que has debido tener problemas o impaciencias para comentar. Y te contesto. Hace años tuve una novia pija, rubia, guapa, buenorra.con tienda en el barrio Salamanca de Madrid e importadora de muebles y objetos de Indonesia. Me venía a buscar a casa en un Mazda rojo descapotable, y como yo entonces vivía en un barrio de mala reputación que em encantaba y me encanta (Lavapiés) los chavales la silbaban y provocaban, o me venían a avisar como si fuera el capo de la Camorra napolitana: “oye macho, que ahí está la pedazo de rubia esa con su cochazo”. Ella me llevaba a inauguraciones y a Arco.
En casa pretendía tener obra sólo de amigos, y tengo, pero además cambio fotos mías por las de otra gente y…José lo sabe, además de una obra de él en un futuro próximo tengo un Tapies (obra gráfica) y ¡un Morandi!, el resto son póster enmarcados que me gustan más que obra original mala.
¿Cómo se llamaba tu galería?
la diferencia no se da tanto entre el banco de santader y los medici, sino entre miguel angel y barceló; digamos que los artistas que, anteriormente, estaban integrados dentro de rituales con sus funciones sociales, por decirlo de alguna manera, se engañaban a sí mismos pero también eran capaces de engañar a todos los demás, hasta llegar al punto de engañar a la Historia; los artistas que, ahora, tienen como única función social especular con los objetos que producen que son de dudoso valor, para lucrarse ellos y permitir que otros, inmensamente ricos, los ostenten como santo y seña de estatus social; estos artistas, como barceló, probablemente se engañan a sí mismos y se creen que están o han "investigado" el lenguaje plástico en algún sentido, sin embargo, ya no son capaces de engañar a casi nadie, tan sólo a los pobres estúpidos que compran sus cuadros inmensamente caros porque creen que al comprar algo inmensamente caro están comprando algo de valor
tengo la teoría de que el Arte empezó a morir cuando nació como Arte, es decir, en torno al siglo XV; pues, como dices, la ecuación artista-especulador nace allí y se va corrompiendo por los siglos de los siglos;
lo que tenemos ahora es el resultado de siglos de corrupción-especualción... la barbarie capitalista aplicada a la producción de objetos-acciones-performances, lo que sea, supuestamente artisticas
De acuerdo con tu matización, Barceló noes Velázquez.
Y lo de que "l Arte" muere cuando surge como denominación, puede. Por eso me gusta tanto la arte-sanía
Lansky,
Mi galería se llamaba y se sigue llamando Moriarty.
Te he mandado otro post largo y enrollao pero mi habilidad informática es paupérrima y véte a saber por dónde navega el mensaje...
(Igual etás en ARCO y aún no has revisado tu blog o como se llame.)
Saludos.
Me repito, Lanski.
¡ Qué bien que tengas un Morandi! Envidieja me da aunque compré en Italia un pequeño grabado suyo, 'bodegón con botellas', simple y no sencillo, magníficamente apretado en tórculo sobre papel verjurado.
De cuando Moriarty tengo obra simpática de TODOS los 'artistas' de la así llamada 'Movida Madrileña' (Sí, lo sé... Pero algunas piezas son muy curiosas y todas me traen recuerdos divertidísimos de crapuleo y nocturnidad con alevosía.)
Por fuera del circuito me he hecho con una pinacotequilla con trabajos ORIGINALES, tan poco homogénea como:
Manolo Valdés (anterior a E. Crónica), Millares, Martín Begué, Úrculo (no aerógrafos de culos), Osacar Grillo (feroz), Barjola (un trabajo a la clara de huevo muy irreverente), Mª Revenga (impecable florista), J.P.Jardiel, ( amigo cucurrón perdío), Chema Cobo, Miquel Peña, Arroyo, Sicilia (inquietante), Schnabel, Rosa Biadiú (amigota), Bellver (geniales aerógrafos), Ramón Bilbao (enorme tríptico de los 3 primeros Gabinetes de la Transición, en depósito en una Institución, muy grandes para mis paredes.), Guinovart, Saura y Gordillo (en una habitación para asustar a invitados no tan gratos), Alcorlo, un apunte del primer Barceló.
Omito otros.
Esto no es una declaración de patrimonio.
Reaslto una impecable sanguina de CLaudio Bravo, de cuando vivía en la c/ Pez, Madrid, y yo tonteaba con su hermana Ximena; fechada como siempre en números romanos - como los de mi DNI...
Saludos.
Impresionante patrimonio artístico, Grillo.
Naturalmente, conozco tu galería.
El arte nunca podrá morir porque es un producto indisociable de la actividad humana, y tiene su importancia histórica, porque su realización va asociada a las necesidades prácticas (los avances tecnológicos) y a la cosmovisión (la evolución del pensamiento) que el ser humano ha tenido en cada momento. El estado del arte actual refleja el momento histórico presente, que para mí se caracteriza por los grandes avances científicos, y un descrédito generalizado sobre el sentido de la vida.
Lo que el merchandising y la crítica piensen sobre el arte no tiene relevancia. Ellos son espectadores efímeros, el arte y los artistas son inmortales.
Bla, bla,bla...bla,
¡Vaya comentario más irrespetuoso y maleducado! Se me cae usted Sr. Lansky.
Lan novia pija de Lansky; Lavapiés; y el 'avatar' de José Montalvá.
El avatar de Don José Montalvá es casi un calco de una foto que tengo de A. García Alix - un 'pijo' que me hizo dos retratos magistrales con mi hijo.
Qué es o qué significa der PIJO? Algun@s creen que lo soy y no es así en absoluto. ¿Alguien me da una eplicación aproximada y convincente?
¿Era pija la novia de Lansky sólo por tener tienda en el barrio de Salamanca? ¿Por su Mazda rojo descapullable? ¿Por ser su novia? ¿Por su modo de hablar, de vestir o de follar?
Una de mis hrmanas también vive en Lavapiés, c/Cabeza, en un piso que se ha rehabilitado ella misma.
Creo que muy pronto aquél área va a perder su encanto multiétnico para convertirse en otro Greenwich Village poco o nada asequible para la escasa economía de artistas principiantes o extranjeros sin techo.
Se admiten opiniones y apuestas virtuales.
Uff, Usted también se me cae por su propio 'peso', Chrysagon, que es mucho, creame.
Grillo:
Pijo es alguien que hace ostentanción de una cierta estupidez que va de exquisita o elitista. Lo de Lavapies se viene diciendo y temiendo desde hace ya veinte años, y ahí está, resistiendo
Lansky:
Tu definición o explicación de PIJO me suena más a ESNOB, ir de exquisito o elitista, como bien señalas por un lado.
Pero señalas por otro la ostentación de estupidez, que ya me parece otra actitud, bastante sutil por cierto, o como de payasada consciente.
¿No son exquisitos y elitistas tus textos, tus fotografías y ese espacio que muestras de lo que creo que es una parte de tu casa?
¿Tienen algo de reprobable la exquisitez o el elitismo o tener una guapa novia pija - a pesar del coche rojo descapotable?
Publicar un comentario en la entrada