"¿Por qué deben los hombres razonables afanarse por maximizar la renta cuando el precio que se paga por ello son tantas horas oscuras y melancólicas de trabajo?
J.K. Galbraith
(Hoy la música la tenéis que tararear vosotros, lectores. Hete aquí la letra: "tírame una lima, tírame un limón. tírame las llaves de tu corazón". Procurad cantarla con la gracia de la Negra Graciana (El pájaro cu'))La etimología de ‘trabajo’ viene de ‘tripalium’ un instrumento de tortura en forma de silla (o yugo) de tres ('tri') patas (o palos: ‘palium’) de los romanos en el cual amarraban a los esclavos para azotarlos (y que propongo como emblema de los oficinistas). Cualquier intento de vender o dignificar el trabajo falla por ese innoble origen. Si haces algo a gusto o si no lo haces por dinero o por mantenerte, entonces, por duro y exigente que sea no es trabajo. Por definición. Lo dice un mambo cubano: “Porque el trabajo se lo dejo todo al buey, porque le trabajo lo hizo Dios como castigo…”
Pero de tener que ser algo, me hubiera gustado ser artista (y además sus casas suelen ser más bonitas que las de los escritores, hablo de los 'plásticos'). Sin embargo, el arte es un trabajo sucio; comprendo que alguien tiene que hacerlo, pero no veo porque tengo que ser yo. De hecho, no me tienta el trabajo. Yo tengo la suerte, compréndanme, de quererme mucho. Eso reduce mi avidez y mis exigencias respecto al mundo. Así que decidí mantenerme por otros medios y no trabajar en nada, ni siquiera como artista, que después de todo tiene un pase. Tengo además la suerte de haber nacido en un país europeo relativamente acomodado. Quién sabe qué me hubiera sucedido de haber nacido en el Tercer Mundo y haber tenido que pensar cómo comer y dónde dormir cada día.
Por su parte, Lenin y Stalin eran representantes típicos de la mente asiática, es decir, que iban en contra del individuo, es decir, de mí, el mayor logro europeo (me refiero al individuo, y naturalmente yo). Desde joven y desde el primer día detecté que sus cantos de sirena social eran llamadas a la servidumbre más extensa y uniforme. En un país que intentaba reclutarme para formar parte de un pasado trasplantado desde la España Imperial de Felipe II, sus llamadas al futuro de hormigas tampoco me sedujeron jamás; preferí mantenerme en un incómodo presente, algunos lo malinterpretaron como rebeldía: era vaguería.
Así que he nacido en un buen sitio y no formo parte de ese 16 por ciento de la población adulta mundial, unos 700 millones de individuos, que desean emigrar desde donde nacieron protagonizando el mayor fenómeno de masas de la humanidad desde que existe como tal.
En ‘Su Majestad de los Mares del Sur’ un ufano Burt Lancaster llega a una paradisíaca isla del Pacífico dispuesto a enriquecerse, es decir, no tanto a trabajar como a hacer trabajar a los demás. El típico empresario, versión viajera. En la isla todos viven en un avanzado y perfecto equilibrio ocioso, de forma que cuando tienen hambre cogen un coco o pescan un pez y de paso, chapoteando en la laguna del atolón, quedan con alguna chavala para la noche. Nunca he deseado tanto que le pegaran un lanzazo al protagonista.


Me he pasado la vida evitando tener que trabajar, así que cuando tengo alguna tarea pendiente procuro acabarla cuando antes para volver a mi ociosidad vocacional. Algunos confunden esa defensiva prontitud con amor al trabajo. Qué poco me conocen. Soy como esos niños que corren a todo tren... para sentarse los primeros.
Sólo conozco un caso mejor que el mío: el de Secretario General de la SGAE, que vive no sólo del trabajo y del talento de los demás, sino también de su ocio.
25 comentarios:
"Yo tengo la suerte, compréndanme, de quererme mucho. Eso reduce mi avidez y mis exigencias respecto al mundo." Qué sabias palabras. Efectivamente, la enorme suerte de los que nos queremos mucho es que ya tenemos, en nuestras amables personas, la mayor parte de lo que nos hace falta para estar a gusto. Se suele pensar que son los egoistas los que se aman a sí mismos en primer lugar, y no es cierto. Quererte a ti mismo te permite ser más generoso. Son los que no se aguantan los que necesitan apaciguar esa desazón fundamental con todo lo demás.
Me siento muy reconfortado al leerte. Cuando digo -lo digo poco, solo en confianza- que el trabajo es para mí una maldición bíblica y que mis ambiciones profesionales se cifran, fundamentalmente, en no tener necesidad de ninguna profesión, la gente suele pensar que hablo en broma. Me tienen por un funcionario concienzudo y competente para quien su trabajo es lo primero de todo. No saben que, como bien dices, lo pongo lo primero de todo para acabarlo antes y poder olvidarlo más deprisa; y que si procuro hacerlo bien no es tanto por tener la sensación de que me gano el sueldo como por cierto prurito deportivo -el mismo, por ejemplo, por el que quiero que me salga el sudoku- y, sobre todo, para evitar que colee y moleste más de lo imprescindible.
(Me parecen admirables esas personas para quienes su trabajo es importante, le dedican la mayor parte de sus energías y parecen disfrutar haciéndolo. Pero no los envidio ni un poquito, y estoy enormemente agradecido de que no me pase nada parecido.)
Estamos absolutamente de acuerdo, pues, sino fuera porque en el último párrafo la cagas: "esas personas que parecen disfrutar, bla, bla, bla", porque si aceptas mi definición, dichas personas tan amablemente atareadas NO están trabajando ¿No ves que disfrutan?
Ya, pero yo no me refiero a un artista, por ejemplo, que evidentemente disfruta su "trabajo", porque es algo objetivamente disfrutable. Como bien dices, eso no es trabajo en el sentido de "tripalium" del que hablamos aquí, aunque sea remunerado y modus vivendi. Ahí te doy la razón -pero, lamentablemente, tampoco los envidio: debe de ser cansadísimo y, por momentos, demasiado obsesivo y exigente.-
Yo hablo de esos empresarios, o asalariados, como yo, que se tiran currando hasta las tantas y hablan con estusiasmo de sus ventas, de sus clientes, de sus proyectos. Esos que han conseguido reducir sus vidas al tamaño de sus empleos, y parecen satisfechísimos con el resultado. Esos que dicen, en serio, que "temen" la jubilación, porque les da miedo la inactividad y la sensación de no ser necesarios. Son fenómenos para mí incomprensibles que miro con una mezcla de fascinación, repulsa y compasión. Pero no se lo digas a nadie.
¡Pobres diablos!
Desde luego, una de las peores y más frecuentes maldiciones es tener que trabajar para vivir (o sobrevivir), entendiendo por trabajo esa serie de tareas que no nos gustan nada pero que nos vemos obligados a realizar cotidianamente. En tal sentido, tengo la suerte de no necesitar trabajar porque me divierten mucho las actividades a las que me dedico y de las cuales, además, obtengo dinero. No obstante, reconozco que, incluso así, cuando su intensidad y presión es excesiva (como me ocurre en los últimos tiempos), empiezan a parecerse también al tripalium.
SI, horrible los que están hablando todo el día de sus éxitos profesionales. Yo, ni me arrimo.
Otra cosa es cuando te cuentan alguna anécdota divertida de su trabajo. Los ochenta y los Mario Conde de turno hicieron mucho daño a este pais.
Hoy tu tono narrativo, delata confesión, expiación de algún pecado. No querer asumir la maldición bíblica.Rebelarte y revelarte.
Revelo que soy yo.
¡Ja, ja, ja! En este si que has estado genial, te doy la razón de arriba a abajo. Yo también me siento reconfortada al leerte.
Fundamental la distinción que hace V. entre los egoístas, que no quieren a nadie, y los que estamos tan contentos de nuestro amor autocorrespondido.
Pero a diferencia de ti y de V. yo voy dejando las cosas hasta que, o bien ya no es necesario hacerlas, o bien son tan perentorias que se resuelven en cinco minutillos.
Esos que adoran su trabajo y todas esas zarandajas son luego los que no se aguantan a si mismos cuando se ven jubilados ¡qué desperdicio!
Si esto sigue así podemos fundar un club de alérgicos al trabajo o alo así. Además, como dice, león, los que alardean de sus logros laborales son unos ordinarios, como los que hablan de dinero o de enfermedades...Parece que vuelve a llover, pondré lentejas
pensaba que eras un trabajador incansable, y ya veo que eres todo un vago, como yo
No sé de dónde había sacado esa mala impresión de mí. Siempre he reclamado ser un vago, otra cosa es que me dejen.
Cigarra, si vas camino de Damasco, como me ha parecido entender, ten cuidado con no apearte en marcha del caballo.
Otra vez muy interesante tu discurso sobre el azote del trabajo (tripalium) y las explicaciones que ofreces sobre tus propias ocupaciones, tus obras; la sabia y conocida alabanza de la ociosidad; la menesterosa necesidad de ganarse el sustento y la pena que te dan ciertos oficinistas o personas sujetas a una rutina incómoda, a una ocupación remunerada que acaso no les place: ni la ocupación en sí ni el dinero que perciben a cambio.
También quienes presumen de éxitos dinerarios te resultan gente un poco detestable o mal educada. Etc.
Vanbrouh, Miroslav y Cigarra están de acuerdo con tu opinión. Yo también, suscribo lo que dices CASI de pe a pa.
Sin embargo he tenido dudas desde bastante pronto en mi vida ya laboral a pesar de que CASI todos mi/s trabajo/s me han gustado, los he realizado bien y me han proporcionado la cuantía económica suficiente como para vivir hoy con holgura.
Tú dices que te has pasado la vida evitando tener que trabajar ¿También de niño o de estudiante?
Proclamas tu vaguería – hoy vas a cocinar lentejas porque tienes que comer... - y añades que “NO ME TIENTA EL TRABAJO”
Pues a mí sí , y sospecho que a los demás también aunque suscriban cuanto has dicho.
Más que TENTAR nos atrae y nos subyuga , no de estas unidos al yugo, sino de embelesamiento.
Porque PENSAR ya es (o me parece) un trabajo en sí mismo: discurres, examinas, imaginas y acabas produciendo una OBRA como resultado – remunerada o gratis.
Señor Lansky,
¿Es verdad que le han expulsado de Malherido?
Atentamente,
Genaro.
Lannsky el día está tristón, como para poner lentejas. Yo he ido a la pescadería del barrio, a comprar bocartes( anchoas) las primeras desde hace cinco años. Exquisitas.
Eso y el café con una amiga que no veía hace tiempo me ha alegrado bastante el día. Y todavía queda tarde.¿ No está el placer en las pequeñas cosas?
¿ Quién dijo trabajar?
me gusta Burt, lo siento, aún haciendo de negrero.
Buen ojo para las casas: las de los plásticos suelen ser muy acogedoras y fantasiosas...y sin plásticos al uso.
Lansky: trabajar es una mierda y el que diga lo contrario miente.
Aunque el ocio per se, sin labor creativa alguna, es casi peor.
"lenin y stalin, tradición asiática y anti-individualista.."
escribe "el lumbreras" de Patones alias Lasquenete menor o tambien lansquy.
¿Podría leer algo, un poco, nada un mínimo, antes de opinr sandeces, repetir tópicos e ideologia del "reader´s digest" homúnculo anticomunista de calibre Stéphane Courtois!
Si no sabes cuando nace ese "cosntructo" ideológico de "individuo" y cúales son los textos( 3, sobre todo) que lo sustenta, haga el favor de no decir más estolideces.
Lasky, déjate de bobadas y escribe sobre Jordi Carrión.
¡Les he pillado en falta, nihilistas!
Tanto Lansky como Vanbrugh se confiesan perfeccionistas, rápidos y eficaces en el trabajo, pese a que afirman despreciarlo enormemente. Se están posicionando en contra de lo que defienden: No soportan a los incompetentes, ni a los que real y visceralmente les asquea el trabajo. Pero como la conciencia de estos bloggeros a los que me he enganchado está dotada de una retórica
aristotélica, le han dado la vuelta a sus argumentos como un calcetín. Falacias. Duermen pensando que son los reyes de un reino que dicen despreciar.
Hay mucha mala fe en el reino de los trabajadores...
Grillo:
NO. No has entendido el post. Si te gusta no es trabajo, por mucha actividad que requiera.
Anónimo Genaro:
No, me he ido yo
Leon:
Los bocarte, anchoas (o antxoas), boquerones, etc, es decir, Engraulus gracilis son práctivamente igual en Cantabria o en Marruecos,pese al mito, lo único que les diferencia a favor del cántabro es que está recien cogido en la Costera. Que te aprovechen, eso sí. (un día te cuento una de mis recetas para ellos)
Dante:
Como siempre, completamente de acuerdo con vos, en lo de Lancaster también, aunque a mí me gusta más maduro, el de Novecento o Atlantic City para entendernos
Anonimo dos (el que me llama ignorante):
Lleva usted razón, ahorrese las vistas, no pierda el tiempo aquí
Anónimo tres (el de la publicidad):
Ni pagando hablo de ese.
Anonimo cuatro:
Vaya al médico.
Señor Lansky,
Me alegro de que sea así. No entiendo cómo podía ser tan sutil aquí y exponerse a las tonterías de allí.
Genaro
Genaro:
Gracias. Me gustaba jugar con niños golfos, ir con malas compañías, mancharme con barro, romperme la ropa, decir tacos, blasfemar, pero todo cansa.
Ya lo dice... ¡no sé quien!
Si el trabajo fuera bueno se lo quedarían los ricos.
Me temo que algunos no llegaremos a la magnificiencia a través del trabajo... ya lo creo que no.
Que disfrutes... ¡ni falta que te lo diga! PAQUITA
Esos que han conseguido reducir sus vidas al tamaño de sus empleos
¡Anda!
Gracias por tus comentarios, caminante/Paquita, y un abrazo (muy cierto lo de los culos, aunque sin una buena genética...)
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