profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

12/04/2010

Buda impresor (brevería homenaje al libro, tres)

"A mí los posts me crecen como los forúnculos, poco a poco y en lo oculto"

(Vanbrugh: Comunicación personal)




Ryuichi Sakamoto - Tamago 2004


Lo ofrecen en un catálogo de subastas, y lo cuenta Jean-Claude Carrière, el guionista de Buñuel, la huella de un pie de Buda (más fino que la falange distal de cualquier santo cristiano putrefacto). Pero no es una silueta de un ‘pinrel’ sudado, no: Buda camina, avanza por la India y la leyenda. En la planta de los pies, y esto distingue a Sidarta Gautama del resto de los mortales, tiene unas inscripciones. Unas inscripciones que no pueden ser banales, del tipo de "recien pisado”, no. Cuando camina, por tanto, va imprimiendo esa escritura esencial en el polvo del suelo de la India; mucho más que esas huellas de pies de Hollywood Boulevard por mucho que se empeñe el semiólogo Eco, don Umberto.

Me fascina que Buda enseñe caminando, y que para aprender no baste caminar detrás de él, sino saber leer. Me fascina claro, que Buda imprima libros por los polvorientos caminos muchos siglos antes que Gutenberg, aunque este lo pueda hacer sentado y con tipos móviles ¿Las inscripciones de las plantas de los pies de Buda van cambiando conforme avanza, conforme escribe, caminos escritos? Todo esto se puede aprender de un catálogo de subastas a las que nunca asistiré. Los demás, para aprender nos basta con leer sus huellas, como tramperos, como indios rastreadores, por aquí pasó un oso, y por aquí Buda: “mira lo que dice”.

Más claro. Esa huella compendia los 108 preceptos que resumen toda la doctrina del budismo. Todos los ‘stuppa', los templos serigrafiados del Tibet, los molinos de oraciones y sus largos rollos escritos, y los árboles, el agua, la luz, los ‘nagas’, todo eso contenido en la sola huella de la planta del pie de Buda. Una imprenta antes de la imprenta, una imprenta sagrada y semoviente.

No menos misteriosas son las sagradas escrituras en nuestra tradición. Tomemos el Nuevo Testamento que supuestamente recoge la vida y mensaje de Jesús. ¿Por qué cuatro evangelios cuando, efectivamente, sabemos que había muchos más? ¿Por qué la alta jerarquía cristiana decide en un concilio que son esos cuatro y nada más? En pleno siglo XX aún se descubre el Evangelio de Tomás, tampoco contemporáneo con Cristo, pero bastante más antiguo que los de Marcos, Lucas, Mateo y Juan; el de Tomás no relata por un narrador como los otros más famosos, sólo contiene palabras de Jesús, supuestamente, presuntamente. Y los biblistas hablan del Evangelio Q –el evangelio fuente, aquel del que surgen los otros y que pretenden reconstruir pues, Mateos, Marcos, Juan y Lucas hacen referencia a una misma fuente, eso está claro. Más que un puzzle, se trata de reconstruir un libro, un texto que ha desaparecido por completo. Ahí es nada, y puede que lo logren.

Buda y Cristo, y Sócrates que era contemporáneo del primero, eran ágrafos, analfabetos, así que nunca escribieron nada, pero a diferencia de Jesús, que sólo lo hizo dos o tres años, Buda habló por espacio de treinta y cinco años. Sólo el sermón de Benarés, que contiene las cuatro famosas verdades, transcrito por su discípulo Ananda sirvió de base a miles y miles de páginas escritas; sin embargo, el sermón no duró lo que los discursos de Fidel Castro, horas y horas, sino sólo el breve tránsito del atardecer, unos minutos. Una hojita transcribe el sermón; bibliotecas enteras todas las glosas y comentarios que ha provocado ¿No es fascinante? Para mí es una metáfora de toda la cultura: un rosario de textos, unos conduciendo a otros, como guindas de un cesto o sartas de perlas de un collar. Un tesoro hilado.

Dos conclusiones muy propias:

Una, tener el hábito de la lectura conduce a una experiencia tan rica y amplia que los que no la tienen no es que no sean cultos, sino que no son del todo y cabalmente personas.

Dos, ser ratón de biblioteca, tener un buen sillón de lectura, pero, por dios, complementado con caminar, lejos, ver gentes, aprender en los caminos. Yo las digestiones de todo lo que leo las hago caminando; pero además, las mentiras encantadoras o mordaces que me cuentan los libros las desmiento viendo mundo.

11 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Muy honrado de que mi metáfora encabece este post. Es de dudoso gusto, perto quizás no encaje mal con esos libros de los que hablas, que se escribieron viviendo y cuya lectura cabal exige también ser vivida. A mi lo que me fascina de estas huellas de Buda, como de los evangelios, es que, permíteme parafrasearte dándote la vuelta, para aprender no baste saber leer, sino que haya que caminar detrás de él.

Lansky dijo...

Como digo en mi último párrafo, no, no basta con leer, ahora que sin leer...

Vanbrugh dijo...

Que haya que leer para aprender, pasa con todos los libros. Que haya que hacer además otras cosas -andar, vivir- solo con algunos, estos que citas, por ejemplo.

Grillo dijo...

Buen día, y otra vez un post excelente y merecedor de las más variadas opiniones.

Buda, el cristo, homenaje al libro impreso, la necesidad de la lectura y las simpre interesantes apostillas de Vanbroug, (lo del forúnculo da un poco de asquito.)

Lo de las didtintas Biblias es algo fascinante si se tiene en cuenta que los cristianos anduvieron siglos escondidos por las catacumbas, eran ágrafos y la continuidad oral de los hechos llegó bien distorsionada hasta que Constantino levantó la veda en Nicea y ahí se folló el formón...

La instigadora del cambio de pensamiento del emperador fue su madre. Tuvo una visión antes del ataque a Constantinopla...

Y con respecto al ebook anoche contó Juan Cruz en Canal Sur que tenía uno de esos en el cajón de su despacho en El País; que lo tenía ahí en stand by hasta que se demostrase su utilidad aún por venir frente al bello libro de papel impreso que ya ha demostrado su prevalecencia y así seguiremos.
Dijo, como anécdota, que su padre llevaba la dentadura postiza en el bolsillo; su mujer le preguntó cómo era eso... y el dijo 'No te preocupes, le he puesto una miga de pan para que entrene...'

¿Qué tal será su último 'Egos revueltos?

J. M. dijo...

bello post

leonnoseferoz dijo...

¿ me suena que eran los peripáteticos,los filosófos que aprendían mientras su maestro caminaba?
No conozco el sermón de Benarés, yo más bien el de la montaña. Interesante sería caminar por los lugares sagrados que citas, para impregnarnos de la sabiduría de estos sabios in situ. Tengo poca fe, pero me tira más la figura de Jesucristo y su palabra.
Saludos

leonnoesferoz dijo...

Ah! Ayer estuve leyendo la crítica de Boyero en Babelia sobre el libro de Umberto Eco y Carriére. Muy buena. Habrá que leerlo.Tus post nos ponen al día de libros interesantes. Qué bien.

Lansky dijo...

Vanbrugh:
No se trata de que algunos ibros necesiten la apostilla de la vida, sino que la vida es contrapeso necesario para toda cultura libresca, aunque sea un manual de física cuántica.

J.M.:
¿Qué tal va el chaval?

León:
Suelo coincidir con Boyero en sus gustos, sobre todo de cine y de novela negra, pero, curiosamente, no me gusta su estilo chulesco

Vanbrugh dijo...

Yo creo que se trata de ambas cosas. Es decir, que son dos cosas distintas e independientes. La primera, que cualquier conocimiento adquirido en los libros necesita de un proceso de digestión, y de un contrapeso, que solo proporciona la vida. Esto es verdad para todos los libros. Y la segunda que, además, hay algunos libros, no todos, cuyas enseñanzas solo tienen sentido y solo se adquieren plenamente en el proceso de convertirlas en vida. De estos últimos las huellas impresas de Buda, que hay que seguir para poder leer, son una hermosa metáfora.

Lansky dijo...

Entendido.

Y hermosa distinción.

micromios dijo...

Con permiso.
Que se venda la huella del pie de Buda (según el inicio del post) me parece que le quita parte del mérito a la mística del dueño incluso si se queda como anécdota o imagen. Qué significa, ¿que incluso Buda se presta al mercadeo ebayiano? Si dejó la huella impresa lo mejor es dejarla ahí para que otros la sigan o la admiren o la ignoren.
En cuanto a los libros, en mi modesta opinión de lectora son un soporte. Por supuesto que uno puede andar pero si te apoyas en algo las subidas son más llevaderas.
Salut y espero volver