
"La mente es como un paracaidas; trabaja mejor cuando está abierta"
Thomas Dewar
Coro de monjes de la Abadía de Saint Pierre de Solesmes - Aleluya
Serían dos de los emblemas de lo que yo considero alta cultura europea junto a la música clásica y alguna otra cosa. Por supuesto que existen libros en cualquier sitio, pero Gutenberg era alemán. También hay un sátrapa africano, afortunadamente ya desaparecido, que importó a su país una réplica exacta pero más grande de la basílica vaticana, ¿y qué? Junto a los baobacs era como un Cristo con pistolas. En cambio en Ruanda, uno de los países más bellos no ya de África sino del mundo, he visto una ermita de madera similar a las que existen en las montañas también boscosas de los Cárpatos, empecinado empeño de un misionero oriundo de allá, pero…curiosamente, quedaba bien. En medio de la algarabía de loros y monos.
Pero a lo que me refiero uniendo ambos elementos emblemáticos es otra cosa. De alguna forma, el libro vino a sustituir a la catedral, o, si se prefiere, a la arquitectura. Y no hablo de esa forma de enseñanza audiovisual de la sucesión de imágenes labradas de los pórticos destinados a la educación religiosa de una sociedad ágrafa y analfabeta en la Alta Edad Media. Hablo de que ‘el estilo de los tiempos’ en Europa se detectaba hasta el siglo XVIII al menos de un vistazo por la apariencia de los edificios, por su estilo, sucesivamente distinto, cronológicamente detectable, pero a partir del fin de siglo por excelencia, esto es, del XIX, eso pasó a suceder con los libros de la alta cultura y de la popular también, en tanto que la arquitectura se volvió ecléctica neo-de todo, mezclada y confusa, moderna y hasta posmoderna. Soy consciente del cúmulo de excepciones que tiene este planteamiento, pero os pido que lo admitáis como grosera línea general dibujada a carboncillo y no con lápiz de punta fina.
La Alta cultura centroeuropea, para mí la europea paradigmática, la austriaca o austrohúngara en concreto, se apoyaba en los logros inmensos de la producción musical, la arquitectura y, al menos en la Viena del Ringstrasse, en la pintura decorativa. Sin embargo, a partir de 1850 la cultura austriaca se desplaza de la plástica al ámbito de las ideas, la literatura, la psiquiatría, la teoría del derecho, la social y la física moderna. Se rompe el dominio que desde el Barroco tenían los compositores y arquitectos, creo. Y surgen los Freud, los Wittgenstein, los Kafka, y los Hofmannsthal, los Zweig, Grillapzer y Musil.
Admito que todo esto está muy traído por los pelos, pero tengo la impresión de que usando las escalas distanciadas el mundo de la cultura va oscilando a lo largo de los siglos de lo audio (oral) visual a lo literal, de lo ágrafo a lo grafo y vuelta. Y el libro aparece y desparece (sin hacerlo totalmente nunca) con esas oleadas ¿Puedo legítimamente anteponer el Pórtico de la Gloria a las obras completas de Freud?
La futurología no es una profesión seria, pero por lo menos podía ser más imaginativa de lo que suele ser. Así uno de esos augures en el Foro de Davos, junto al barril de petróleo a 500 dólares pronosticó la desaparición del libro, cuando lo verdaderamente original hubiera sido imaginar que este formidable mundo de Internet desaparezca, ¿por qué no? Lo hicieron los dirigibles y lo ha hecho el Concorde.
Y no olvidemos otra cosa. La escritura es la prolongación de la mano, es casi biológica, y el hombre es mano y cerebro. Sumemos a eso que no hay nada más efímero que los nuevos soportes duraderos (CD, CD-ROM, DVD…)…En fin, lo mejor será que siga otro día contándoos a los que no lo sepáis que Buda fue impresor antes que Gutenberg. Me voy a leer un libro.
(Próximamente, Buda impresor)
Pero a lo que me refiero uniendo ambos elementos emblemáticos es otra cosa. De alguna forma, el libro vino a sustituir a la catedral, o, si se prefiere, a la arquitectura. Y no hablo de esa forma de enseñanza audiovisual de la sucesión de imágenes labradas de los pórticos destinados a la educación religiosa de una sociedad ágrafa y analfabeta en la Alta Edad Media. Hablo de que ‘el estilo de los tiempos’ en Europa se detectaba hasta el siglo XVIII al menos de un vistazo por la apariencia de los edificios, por su estilo, sucesivamente distinto, cronológicamente detectable, pero a partir del fin de siglo por excelencia, esto es, del XIX, eso pasó a suceder con los libros de la alta cultura y de la popular también, en tanto que la arquitectura se volvió ecléctica neo-de todo, mezclada y confusa, moderna y hasta posmoderna. Soy consciente del cúmulo de excepciones que tiene este planteamiento, pero os pido que lo admitáis como grosera línea general dibujada a carboncillo y no con lápiz de punta fina.
La Alta cultura centroeuropea, para mí la europea paradigmática, la austriaca o austrohúngara en concreto, se apoyaba en los logros inmensos de la producción musical, la arquitectura y, al menos en la Viena del Ringstrasse, en la pintura decorativa. Sin embargo, a partir de 1850 la cultura austriaca se desplaza de la plástica al ámbito de las ideas, la literatura, la psiquiatría, la teoría del derecho, la social y la física moderna. Se rompe el dominio que desde el Barroco tenían los compositores y arquitectos, creo. Y surgen los Freud, los Wittgenstein, los Kafka, y los Hofmannsthal, los Zweig, Grillapzer y Musil.
Admito que todo esto está muy traído por los pelos, pero tengo la impresión de que usando las escalas distanciadas el mundo de la cultura va oscilando a lo largo de los siglos de lo audio (oral) visual a lo literal, de lo ágrafo a lo grafo y vuelta. Y el libro aparece y desparece (sin hacerlo totalmente nunca) con esas oleadas ¿Puedo legítimamente anteponer el Pórtico de la Gloria a las obras completas de Freud?
La futurología no es una profesión seria, pero por lo menos podía ser más imaginativa de lo que suele ser. Así uno de esos augures en el Foro de Davos, junto al barril de petróleo a 500 dólares pronosticó la desaparición del libro, cuando lo verdaderamente original hubiera sido imaginar que este formidable mundo de Internet desaparezca, ¿por qué no? Lo hicieron los dirigibles y lo ha hecho el Concorde.
Y no olvidemos otra cosa. La escritura es la prolongación de la mano, es casi biológica, y el hombre es mano y cerebro. Sumemos a eso que no hay nada más efímero que los nuevos soportes duraderos (CD, CD-ROM, DVD…)…En fin, lo mejor será que siga otro día contándoos a los que no lo sepáis que Buda fue impresor antes que Gutenberg. Me voy a leer un libro.
(Próximamente, Buda impresor)
6 comentarios:
Pues hará falta la misma reeducación que ya sufrió una vez la humanidad y para la que no sé si ahora está preparada: de la imagen a la escritura, de nuevo. La dictadura de la imagen es demasiado potente. Totalizadora, y no ya como en la antigüedad, que se usaba como ilustración, iluminación o didáctica. El triunfo del mito manipulador de las mil palabras esas que supuestamente no valen lo que una imagen. Falsedad que demuestra sólo el verso de Emily Dickinson ese que acabo de leerte en otro lugar.
Sí, Harazem. Creo que nadie se ha fijado, pero el verso en cuestión lo he incorporado al párrafo del frontispicio de este blog
Me he pasado un buen rato viendo fotos de los baobabs, son preciosos.
Al fin y al cabo, quizá la gente acabe comprando más libros que antes gracias a la red. Y los grandes monopolios informativos, editoriales, etc, tendrán que plantearse aún más su concepto de "calidad".
Pero mientras que te he ido leyendo he tenido la impresión de que todo ha ido paulatinamente de lo permanente a lo cada vez más efímero.
Besotes
Y también gracias a este post he visitado esto:
http://www.solesmes.com/ES/entree.php?js=1
Bss
Mita:
Leyendo a Jim Harrison, un novelista usa poco connocido del registro de un cormac maccarthy:
"Estamos convencidos de que la vida es algo sólido, y nos asmobramos cada vez que el tiempo nos convence de que es algo líquido..."
Lansky
Publicar un comentario en la entrada