TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


13/05/2010

De palomos fracasados y libros baratos

“Me sentaba en mi cuarto y me ponía histérico pensando en la salvaje e increíble historia que estaba escribiendo. Pero pensaba que era sólo para los franceses y que ellos se creerían cualquier cosa de los americanos, blancos o negros, si era lo bastante perversa. Además, creía que lo que estaba escribiendo era realismo. Nunca se me ocurrió pensar que estaba escribiendo absurdo. El realismo y el absurdo son tan parecidos en la vida de los negros americanos, que no se puede decir donde está la diferencia.”

Chester Himes



Chet Baker - Let's Get Lost

La imagen tópica del editor como un señor, o señora, bien trajeado, culto, buen lector y él mismo un poco escritor se rompe si pensamos en esos desastrados empresarios de medio pelo que fueron los productores de lo que en Estados Unidos y el mundo anglosajón se llaman ‘paperback’, literalmente ‘tapas blandas o de papel’, aludiendo a su escueta encuadernación y que aquí llamamos ediciones en rústica, aunque no es exactamente equivalente. Y no lo es, porque aunque eso empieza a cambiar, en los países anglosajones las primeras ediciones de un libro siempre son en tapa dura: encuadernados y con sobrecubierta, y sólo después aparecen las ediciones baratas o de bolsillo. Sin embargo, en ese mismo ecosistema editorial surgen los Paperback, las ediciones mierdecillas de novelas populares que ni siquiera llegan a las librerías, sino que se despachan en quioscos de prensa o de estación y se abandonan después de leídos y maltratados en papeleras, bancos o asientos del transporte público.

“Los paperbacks fueron huérfanos, mestizos, animales de corral a los que se dejó caer desde el aire sobre expositores de fauna exótica, pavos que habían aprendido a nadar o peces que casi volaban.” Quien así habla es James Salter, escritor negro de novela negra en su estupendo ensayo sobre el género, ‘Difficult Lives’. Los editores de esos extraños ejemplares híbridos eran a su vez gentes muy extrañas: libreros en quiebra (tal vez su estado natural), o empresarios de medio pelo y de otros ‘ramos’, como el de la alimentación. Sospecho que muchos de ellos fueron modelos para los brutales policías adversarios despiadados de los antihéroes protagonistas, a su vez 'alter egos' de los machacados y explotados autores. La reunión de esos empresarios sin piedad, nada glamourosos, y de intelectuales renegados en busca de algo de dinero dio como resultado esas colecciones populares y ‘pulp’ (de pulpa, la mala pasta de papel con la que estaban fabricados esos paperbacks) . Negocios improvisados realizados en condiciones bastante anárquicas que siempre me ha llamado la atención no hayan sido tema a su vez de alguna novela social, aunque puede que exista y yo no la conozca, porque es lógico que a alguno de los sufrientes escritores que nutrían esa industria se le ocurriera el retrato, digo yo.

Ese mismo ‘anarquismo’, con permiso de Bakunin es el que permitió grandes libertades en los temas y tratamientos, es decir, el caldo de cultivo para la innovación y la genialidad, lo que produjo algunas de las obras más originales e intensas de la literatura americana. Esos es cierto desde los tiempos de Jim Thompson, Dashiel Hammet y Chandler y lo es ahora con los Dennis Lehane, Richard Price, James Ellroy, Don Wislow y demás. A nadie que me frecuente se le oculta que adoro el género y a toda esa panda de talentos irreverentes. Una melancólica y extraña colección de individuos que parecen perpetuarse en el tiempo: insatisfechos, criticones, políticamente incorrectos, irreverentes, golfos, borrachos, drogotas, aficionados al boxeo y las rubias descaradas, pero sobre todo, adoradores de lo que en América es la gran pesadilla nacional: el Fracaso. De hecho, el antihéroe que inventan es el ‘loser’, el fracasado. A todos ellos les gustaría un poema de W.S. Merwin titulado “El vuelo” en el que se describen las tentativas de enseñar a volar a un palomo viejo y gordo, además de crédulo. Lo lanza al aire una y otra vez, pidiéndole que vuele, que se esfuerce. Hasta que un día aparece tendido y muerto en el suelo de la jaula.

Todos estamos dentro de esa jaula. Otra cosa es que queramos o no que nos hablen de ella. Los que mejor lo hacen, en mi opinión, son esos hoy más dignificados escritores del género negro, negrísimo donde yo he leído mejores cosas a menudo que entre los grandes ‘popes’ de la literatura “seria”.



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18 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Es una lástima que la edición de las traducciones españolas no conserve el formato cutre y barato. Comprarte una de ellas viene a salirte en euros por la misma cantidad que el original en centavos.

Lansky dijo...

Ya, Vanbrugh. Bien traído, pero...

Por fortuna los autores de estas maravillas no malviven como los de "pulps" de entonces. Aunque, claro, el precio del libro no es sólo porque les paguen mejor a los escritores...

Lansky dijo...

Por otra parte (ver título del post), estos libros ya no son baratos, pero nosotros seguimos siendo palomos fracasados. Algo es algo.

Vanbrugh dijo...

Los libros ya no son ediciones en mal papel, mal impreso, que cuestan treinta y cinco centavos. Son elegantes volúmenes de tapa dura por los que nos soplan treinta euros mínimo. Los editores ya no son industriales de fortuna que improvisan la fabricación precaria de cualquier cosa que crean poder vender. Se parecen bastante más al tópico señor bien trajeado, buen lector y algo escritor, de que nos hablas al principio del post. Y los lectores tampoco somos ya los ávidamente crédulos aceptadores de cualquier cosa, que devoran aventuras en el Metro, camino de su curro alienante: sino exigentes degustadores de exquisiteces, que saborean la cutrez desorbitada de la novela negra como el colmo de la elaboración literaria y miran en cambio por encima del hombro a los infelices lectores de milenios y crepúsculos (que son los verdaderos herederos de los lectores originales del género negro).

Así que lo de seguir considerándonos palomos fracasados, aunque no te digo yo que no sea cierto, a fin de cuentas, no es más que otro rasgo de sentimentalismo narcisista por nuestra parte...

Vanbrugh dijo...

Acabo de leer tu aviso de posible cierre por falta de visitas y comentarios. De llegar a realizarse, exigiré una indemnización, que lo sepas. No creo que haya tribunal en España que me la negara.

Lansky dijo...

Y si no cierro, por lo menos le rebajo a todo el 5%

Vanbrugh dijo...

Hombre, me has dado una idea. Como cierres el chiringuito, hago una huelga. General.

Lansky dijo...

Si intentas "tomar" la calle te mando a mi antidisturbios, que es Alce y te tiene ganas...

Vanbrugh dijo...

¡Tomar yo la calle! ¡Menuda ordinariez! Ahora que los has dicho tendré que hacerlo, llegado el caso, no se vaya a pensar el indio ese esquizofrénico que le tengo miedo. Pero vamos, a mí no se me habría ocurrido nunca una cosa tan tosca.

¿Sentarse en una terraza con un martini puede considerarse tomar la calle? ¿O hay que pasear gritando cosas? Porque entonces, la verdad...

Lansky dijo...

Lo peor no es gritar, sino lo que tienes que gritar: pareados absurdos y, sobre todo: "Libertad, Amnistia (a los del Gurtel, entre otros) y -¡Ay!- estatuto de Autonomía" ia, ia, ia.

Vanbrugh dijo...

No, haré una huelga a la japonesa. Te llenaré todos los posts de comentario larguísimos e ininteligibles.

Que no vas a notar la diferencia, vaya.

Lansky dijo...

Vale, gracias. Te voy reservando el derecho de admisión

(Yo pensaba que las huelgas a la japonesa eran quemarse a lo bonzo o hacerse el harakiri)

Grillo dijo...

¡ Ni hablar, Lansky ! No se te ocurra cerrar esto. Somos muchos los que te seguimos a diario y lo seguiremos haciendo cada día aunque lo reduzcas.

Tu blog es muy entretenido. Aquí se aprende siempre. Hoy mismo me entero que lo que yo tenía por Frente de Verdun (o Verdún) resulta que es Verdum.

Y ya que hablas de pasatiempos, yo te encuentro tan avispado que seguramente en ese de 'hallar las 7 diferencias' tú debes encontrar al menos 10 o 12.
Esto es tan sólo un 'zum Beispiel'.

Por esto me criticarás a tu aire, claro. Merecidamente. Al que zurra le dan también. Ya ves que poquitos o nulos palos le dan a los vanbrouces, miroslaves, o a las discretas frecuentadores de tu sin par blog.

Ya ves que el mío va tirando a trancas y barrancas. Agradezco tu visita, la de Vanbrough, C.C. y otr@s ajenos a blogs.

Honestamente: yo sí que temo tener que cerrar ese quiosko (si no me lo recorta antes Rodriguez Manostijeras.)

Rafael dijo...

Que pesao con la serie esa. Te pagan o que. Verborraico.

Anónimo dijo...

Rafael,

Verborraico me gusta.
Más que verborréico o verborrágico.

Sin embargo, para tí me parecería mejor Raphael.

Grillo dijo...

Tanto has contado de los indios ojibwas esos que he acabo comprándome unas excelentes botas Shippewa, modernas.

Van por encima del tobillo; son de color zorullo con el cordonaje sorullo.
Estupendas para mis caminatas por la campiña - así que entren les beau temps, après la pluie.

Anónimo dijo...

Y para tí Ano-nimoooh.

Anónimo dijo...

grillo, ponte la de travestida, creo que es la mejor de la serie

rafael, vete a tomar por culo a donde malherido


a-2