Jara (*)
No puedo vivir sin escritores porque no quiero vivir sin leer –igual ni puedo-, pero tampoco quiero que me salten desde las páginas de los periódicos que uso para informarme ¿Quién los nombra reporteros, profetas, locos, predicadores, árbitros de la elegancia y jueces? Se autodesignan ellos, eso lo tengo claro, portavoces amañados, por tanto. Pues yo fío más en la opinión política de un carpintero en concreto, amigo mío y muy lúcido, que en la del premio nacional de narrativa del año equis.
Por otra parte, si las obras maestras sólo las hace el Tiempo, como decía Anatole France (o las sanciona, en realidad), la gran literatura, esa que algunos de nosotros buscamos en vano en el mostrador de novedades (porque la novedad es como esa chica no muy guapa, pero que viste muy provocativa; en tanto que la obra maestra puede que sea tan bella como recatada), esa Literatura con mayúsculas, digo, sería un experimento de prueba y error que efectúa el tiempo, ese gran empírico.
Yo creo que vamos llegando a algo: leer a Borges es más seguro que leer a ese nuevo premio chileno que parece tan prometedor. Pero el tiempo tiene menos prisa que la mayoría de nosotros, y mientras uno puede perderse unos polvos, digo, unas lecturas maravillosas por no explorar en lo nuevo. Por otra parte, lee a Borges si quieres, pero no prestes ninguna atención a sus opiniones políticas o sobre la pesca de altura, tanto da. Y al nuevo chileno menos aún.
Y mientras las masas perdiendo el tiempo leyendo tonterías. Porque leer a voleo, a salto de mata, osea, según te salte a los ojos un libro o, peor aún, según te recomiende el suplemento cultural de turno (varias obras maestras a la semana) es como navegar a lo loco por Internet, sin vistas prefijadas por el gusto y la afición; es decir, es la misma diferencia que hay entre entrar en un todo a cien a rebuscar chucherías o acudir a una inmensa librería y escoger “ese” libro que te estaba esperando desde hace tanto tiempo.
Como decía Groucho, esta es mi opinión, pero si no os gusta, tengo otras.
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(*) Jara común o pringosa, Cistus ladanifer, el matorral más extendido en sustitución de los bosques mediterráneos degradados y un elemento muy típico de esos ecosistemas sobre suelos ácidos y pobres en materia orgánica. Sólo las cabras y el grupo de las currucas (Silvidae) le sacan verdadero partido, pero retiene suelos en laderas que de otra forma se erosionarían brutalmente; es un pirófito activo pletórico de esencias que arden con facilidad con las altas temperaturas; tras un incendio en el que se inmola vuelve a retoñar con más fuerza aún, pero habiendo eliminado a sus competidoras. Jara en árabe es ‘mierda, pero no en el sentido de excremento, sino de cosa de escaso valor, y es el nombre que le pusimos a mi perra Jara en vista de su lamentable estado y apariencia cuando la rescatamos
Jara
14 comentarios:
Me quedo con el consejo de leer a Borges sin prestar atención a sus opiniones politicas, que me parece extensible a prácticamente cualquier otro autor. Nadie, efectivamente, les ha nombrado opinadores -o, para ser exactos, lo ha hecho el director del periódico desde cuyas páginas te asaltan, que, verdaderamente, no es nadie- pero lo cierto es que, con nombramiento o sin él, no podemos impedir que cada cual opine lo que le dé la gana desde donde le dejen. En cambio, sí podemos ignorarle. Disfrutemos, pues, con "Tu rostro mañana", pero pasemos de las malhumoradas pontificaciones semanales de D. Javier Marías. Salvo, claro está, que dé la rara casualidad de que esté de acuerdo en algo con nostros, que a veces ocurre.
(Mi nueva imagen es gentileza de Grillo. Se le admite cualquier clase de interpretación, incluidas las abiertamente insultantes.)
Me parece que eso es lo que digo, leer a Borges y no sus opiniones y lo mismo con el resto de escritores.
Me gusta tu nueva imagen en sustitución del niño cegador con el dichoso palito. Me recuerdas a un Robinsón desastroso, como todo náufrago que se precie, pero con empaque imperial y trono
Tampoco rechacemos las elecciones a voleo que, siempre que no sea éste el único método de selección de lecturas, puede depararnos de vez en cuando sorpresas fantásticas. Fisgonear en una librería (bien o incluso mal surtida) y comprar un libro del cual no tenías ninguna referencia porque algo en él te llama la atención siempre aporta un cosquilleo de intriga al empezar la lectura. Luego, muchas veces, maldices el haber gastado algunos eurillos, pero a veces ...
Tienes razón, Miros, una cosa no quita la otra.
me quedo con Jara y la flor de papel, vida y belleza, y eso que Borges me gusta muchísimo
un saludo
Solo un gracias y un beso . Solo eso.
Me he quedado un poco fuera de juego, no soy nada experto en literatura, pero se da el caso que en estos momentos estoy leyendo a Roberto Bolaño "Los detectives salvajes" ¿Te refieres a él?
Por otra parte, es cierto que magnificamos lo que dicen los escritores, aunque se trate de lo más dispar y nada relacionado con su profesión.
Por cierto, con esta, ya son dos tipos de jara las que conozco... De eso se trata, de aprender.
Me gusta la pegajosa jara, ahí donde la véis. También tu perrita: tiene cara de auténtico agradecimiento y de felicidad viviente.
Cuando salgo al campo con mi bici Scott Tetton regreso a casa todo peguntoso, eso sí.
Creo con Miroslav que todos tenemos 'libros parásito' que alguna vez compramos al tuntún, por cosquilleo y luego nos defraudan.
Ah, Borges es imprescindible, pero me empalaga. Mejor decir que es un imperdible: tiene su utilidad pero molesta si te llegas a pinchar colocándotelo mal por cualquier necesidad.
Como con cualquier otra actividad, si es una ocupación lúdica, que cada cual lea lo que le dé la real gana. Personalmente, me afectan mucho el contenido ideológico y el cariño o desprecio que emane del autor, lo que muchas veces me impide disfrutar de supuestas obras maestras.
Una vez me metí en un bosquecillo de jaras (porque no son árboles, pero sí enormes plantas) y me parece muy acertada esa etimología árabe, de lejos son muy bonitas, pero caminar entre sus tallos y hojas pringosas es otro cantar.
Cierto que son pringosas, sin valor, todo lo mierderas que querais vosotros y su etimología árabe; pero para mi las jaras en flor son el mejor momento del año, ese final de invierno que promete inevitable e inminente la primavera y hace disfrutar más aún de los últimos fríos, ya en retirada.
(Me gustan las vísperas, los precursores, el príncipe de incógnito que aún no ha anunciado su presencia. Me gustan las esperas.)
Mira Jara qué guapa, semiescondida entre la hierba.
La sombrilla de Van es genial.
¿Te gustan las esperas?
¿Y a quién no? Los preliminares son siempre lo mejor: el aperitivo, la primera página, la primera caricia… Me sumo a las bondades del esperar, pero eso sí, cuando el principio no promete, mejor desecharlo, porque lo habitual es que se confirmen nuestros temores y termine siendo un aburrimiento. A los libros les doy diez páginas, a las películas diez minutos y en el amor no me hace falta porque lo sé desde el primer instante.
el Kilo de ládano se está pagando a 8 euros y la humilde jara pringosa esta ayudando (una vez más) a economias precarias
León:
Un beso y fuerza para los dos.
Comandante:
No explícitamente (pensaba más bien en ese minero chileno último premio Alfaguara, qué pinta bien, por cierto)
Grillo:
Las bicis sin marca, que no admitimos publicidad en este blog
Vanbrugh:
puedes esperar sentado a que te conteste. Para mí es un placer.
Mita:
Jara es una gran presumida, y sabe posar en las fotos
Atman:
De acuerdo
Zwing:
Y no te olvides de los hornos de panadero en Madrid, que se alimentaban con leña de jara de los alrededores. Pero...¿cuantas hectáreas de jaral se necesitan para recoger un kilo de esencia?
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