
Estaba muy harto de tener que doblar tanto la cabeza hacia arriba para mirar a los ojos a los adultos. A los tres años, un niño como yo – ¿un niño como todos?- era alguien que sabía silbar, pero no sabía atarse los cordones de los zapatos. A los tres años, que es hasta donde puedo remontarme en mis recuerdos y extender el recuerdo del recuerdo.
Desde entonces siempre ha sido así; seguí sabiendo silbar (con dos dedos, bien fuerte) y aprendí a anudarme los cordones de los zapatos (hoy esta sociedad que reniega del esfuerzo fabrica zapatos infantiles sin cordones), pero como si los llevara desatados aún, seguí cojeando. Así aprendí a leer, pero no a escribir, aprendí a montar en bici, pero no a zurcir; aprendí a nadar, pero seguía entrándome agua en las narices…siempre cojo.
Cojear es la única bamboleante forma de avanzar por la vida que conozco. Los seres más tristes son aquellos que aprenden a atarse los cordones de los zapatos, dejan de cojear, se quedan parados y se dicen: "ya sé todo lo que necesito" (¿sobre tus pies?). Dan ganas de decirles: "sólo te has parado, no has llegado".
La vida es una sucesión de experimentos de los que obtienes a menudo dolor y a veces recompensas en forma de aprendizajes y otros modestos triunfos. Pero en los caminos y hasta en las carreteras siempre me han gustado mucho más las curvas que las rectas: tener que doblar el ángulo oculto para sorprenderme con lo que me aguardaba al otro lado, haciendo camino al andar como decía el poeta.
El niño, con los cordones desatados, es hijo del camino, por eso crece.
El niño, con los cordones desatados, es hijo del camino, por eso crece.
17 comentarios:
Buenos días Lansky!! Cojeamos y tropezamos continuamente,a veces con los cordones de los zapatos...Y qué bonito poder decir como GOya, en uno de sus últimos cuadros: " Aún aprendo".
Las tristes experiencias de estos días me han hecho ver que tenemos que aprender continuamente, aprender a morir, aprender a llorar..
Un beso
Carmen:
Igual cuando llegue el momento me tengo que comer mis palabras, pero siempre he pensado (con Epicuro) que aprender a morir es mucho más simple que aprender a vivir, y tú ahora tienes que volver a aprender a vivir sin Fer. Lo vas a conseguir, preciosa.
Un abrazo fuerte y una palmada al chucho.
Me voy con mi chucho,al monte a una cabaña. Voy a buscar ahora mismo mi navaja y la bota de vino.A empaparme de naturaleza,de paz..y de momento no quiero aprender a vivir sin FEr, él va conmigo ,cada segundo, en mi corazón, en mi pensamiento..
Otra palmada a Jara!
Vale, Carmen (mira mi columna de la derecha: espero que no te importe)
Comentarios privados me hacen llegar la fundada opinión de que en la foto de presentación la sombra alargada de la derecha -la izquierda es Jara- parece un cipote gigante, con su glande o capullo y todo. Sólo puedo decir que, en efecto, "c'est moi"
Lansky, un efecto imprevisto y muy beneficioso de caminar cojeando y sin cerrar los ojos consiste en que, durante el bamboleo, obtienes dos puntos de vista sobre el paisaje, frente a la perspectiva plana del inmóvil o de quien camina con la cabeza en perfecto -aparente- equilibrio.
La imperfección puede ser, a veces, una forma básica de objetividad.
Saludos cordiales.
Hola Isaak
Ya van cundiendo las metáforas
(enalgunos entremanientos de artes marciales se coloca un guijarro en uno de los zapatos. ¿Para qué? Para cojear, oscilar, estar incómodo)
Me avergüenzo de mi pusilánime ecuanimidad, pero creo que un razonable equilibrio entre seguir andando, sí, pero hacerlo con los zapatos bien atados y cojeando lo menos posible es lo que personalmente más me conviene. Aunque no seré yo quien reproche a nadie ninguna cojera, deliberada o no.
(Meterse chinas en los propios zapatos quizás sea un buen ejercicio, aunque algo masoca para mi gusto. Lo malo es cuando se lleva el método más allá de sus límites naturales y se empieza a sembrar de chinas los zapatos del prójimo.)
Me ha gustado el rediseño del blog. Y esto dicho por mí, a quien de entrada perturba e irrita cualquier cambio, incluso a mejor, es mucho decir.
Eso sí, límate un poco el cipote, o ponle una contera, o algo. Vas a acabar haciendo daño a alguien...
la foto de este post, en el ordenata del instituto en el que estoy ahora metido, se monta encima del culo de la izquierda; pasa en algunos blogs, no sé si por culpa de la plantilla... antes, en el tuyo, no sucedía... por lo demás, me parece bien, yo soy un artista muy poco artista, muy poco amigo de los adornos y las florituras; cuanto más sencillo, mejor... (bien por el azul celeste.)
Vanbrugh:
Ya decía Borges que era muy cansado tener que reincidir en lo obvio. No se trata d euna vulgar polla para hacer el amor, para eso vale cualquiera si hay apetito y con quien, sino de un supercipote de combate.
JM
Se monta encima del culo...por qué no me extraña
Qué precioso Lansky! Te estás convirtiendo en un un niño a pasos agigantados.
Emma, me alegro que te guste mi casita de chocolate, ya veremos como aguanta el calor (hablo del nuevo diseño del blog y tu, supongo, hablas del contenido del post; en cualquier caso estás en tu casa, como sabes)
"Una piedra en el camino me enseño que mi destino era rodar y rodar,rodar y rodar, rodar y rodar; despues me dijo un arriero que no hay que llegar primero pero hay que saber llegar." Canturrean los REYES.
Lansky, no creo que seas tú el nene del chiste - ¿Papá, por qué al andar doy vueltas? - Calla, niño, o te clavo el otro pie.
Y yo sin saber chiflar tras haberlo intentado duarnte más de medio siglo.
La segunda foto tiene un encuadre y una composición demasiado pensada, y equilibrada, para andar cojeando.
Yo, a menudo, tengo la sensación de que cuanto más aprendo menos sé. Es como si al mismo tiempo fuera descubriendo todo lo que me queda por saber.
En cuanto a la foto de cabecera, lo del cipote es cierto, y yo añadiría que la sombra de jara pasa por la de un pastor alemán; incluso se le ven las dos orejas empiná.
Saludos.
Es hermoso el texto, hasta parece una rabieta de no poder atarse los cordones.
Cojear tiene un puntillo, te lo digo por experiencia, aunque sea a temporadas.
saludos
aunque no entiendo su andar encabritado y beligerante, me alegro que siga haciéndolo con ilusión y energía.
Un saludo a Jara, su compañera fiel.
Yo tampoco entiendo su alusión a mi supuesto encabritamiento, Dante
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