Odio el fútbol, me encanta el fútbol. Ambas cosas son ciertas.
Odio el fútbol como pretexto y como contexto, de las patrias, de los refugios de la horda canalla, del dinero prepotente.
Me encanta el fútbol cuando se queda en lo que es: un juego y un prodigioso espectáculo, cuando la trayectoria del balón a los pies y a los huecos de los jugadores parece el imprevisible garabato de un niño.
Odio las vuvuzelas, los rugidos, las hordas linchadoras, las banderas excluyentes, el patriotismo enervado.
Odio el tácito derecho de los que sitian una ciudad, la toman.
Crear y destruir, el bien y el mal, la metáfora máxima de la vida. Hay gente, la mayoría me temo, que querría ganar, aunque fuera mal (como Holanda en la final con España); unos pocos, ganar, pero ganar bien, y aún menos los que prefieren si no queda otro remedio, perder bien. A España le pudo pasar ayer.
La solidaridad, la cooperación colectiva frente al matonismo individual
Versatilidad, talento, lo inesperado frente a oficio rutinario, al mero aprendizaje.
Lo importante no es regatear (gambetear, encantador italianismo argentino/sudaca), ni cabecear, ni dar pases al hueco, ni saber coger la posición, ni tomar las espalda de los centrales, ni cortar los pases interiores; lo más importante en el fútbol es el cerebro que manda, pero el cerebro colectivo. El colectivo frente al pistolero solitario, el mercenario, el ‘outlaw’.
Me gusta el fútbol de equipo, como España, como Alemania, frente al de estrellas, el fútbol de jugadores que comparten vestuario, no el de los que exigen camerinos.
Me gusta el fútbol que sólo da patadas al balón.
Estoy harto de fútbol, respiro aliviado de que haya acabado el mundial, pero me encantaron este grupo de futbolistas, dirigidos por ese hombre bueno en el buen sentido de la palabra. Esta vez (D-)el Bosque y los 'árboles', una cosecha irrepetible, me temo, de futbolistas, no entraban en conflicto, Oe, oe, oe. Uff.

14 comentarios:
Si, estoy contigo. A veces me aburre el fútbol, pero ayer disfruté muchísimo, lo ví con mis sobrinos y amigos, gritamos, compartimos, disfrutamos...le grité a Iker: " cásate conmigo", y " te quiero Iker", pero ni me escuchó...está Sara...
Topdavía de resaca, con dos niñas acostadas, Santi y la casa llena de goteras, Qué fuerte...lo flipo y lo floto...
Yo me he pasado la vida odiando todo lo que explicas que odias del fútbol. Como no me interesaba nada, ni sabía nada, de la otra parte, la que amas, identificaba con el fútbol el objeto de mi odio y odiaba, en la escasa medida en que no lo ignoraba radicalmente, todo el fútbol, a secas y sin matices.
Me cayó al lado hace ya unos años la aficionada al fútbol más inteligente que conozco -mejorando lo presente- y poco a poco, sin imponer nada, explicándome lo que yo manifestaba algún interés en comprender, -y, sobre todo, haciéndome disfrutar indirectamente de su disfrute- fue abriendo algunas pequeñas brechas en mi odio granítico e incondicional. Por las que recientemente se ha colado un jugadorcillo entusiasta, forofo más entusiasta aún y doctorado en fútbol desde la cuna que ha completado la obra. Por primera vez en mi vida he visto dos partidos, la semifinal con Alemania y la final con Holanda, íntegros, enterándome de casi todo y pasándolo tan bien/mal como si fuera un aficionado de verdad. Me he creído por fin lo que siempre le había oído decir a mi mujer y últimament también a ti: que el fútbol es un deporte inteligente que solo juegan bien y aprecian bien los inteligentes, y del que entienden de verdad muy pocos, aunque opine todo el mundo. Ya no lo odio.
Pero sigo detestando profundamente casi todo lo que le rodea, y que tan exactamente enumeras en el post: el dinero en cantidades indecentemente desmesuradas, desde luego. Y, sobre todo, los entusiasmos irracionales, colectivos y gritones, las banderas, los coros, las rimas ramplonas, la épica de bolsillo, la lírica de usar y tirar, el patriotismo chillón y agresivo.
Y la falta absoluta de objetividad por la que son penaltis hasta las miradas fijas del equipo contrario, y jugadas legales y buenísimas las peores entradas del propio. La estupidez que impide enterarse de lo que de verdad se ha visto y lo disfraza inmediatamente de lo que se querría haber visto.
Por eso hay una cosa, sobre todas las demás, que me parece no solo detestable, sino peligrosa: oyendo los comentarios de Tele Cinco ayer me di cuenta de que el día que los tipejos que se pasaron dos horas y pico atizando el odio contra el equipo holandés y contra el árbitro, entre comentario necio y observación estúpida, decidan que el objeto de su campaña sean los judíos, los fachas, los rojos o los tailandeses, habrá media España convencida de que los tailandeses, los rojos, los fachas o los judíos son un enemigo rastrero y peligroso al que convendría eliminar y al que, desde luego, es recomendable y virtuoso insultar a coro y con cualquier pretexto.
Debería de haber algún sistema legal para evitar que individuos así puedan seguir usando un micrófono.
Suscribo, de pe a pa, todo este post. Ganaron los buenos, por más que la dicotomía, como todas, sea demasiado exagerada y esté además ya muy manida. España lo mereció y Holanda se traicionó a sí misma. Seguro que Cruyff y sus compañeros del 74, en el fondo, se sintieron reivindicados. Oee, Oe, Oe, Oe ...
Yo sufro la (probablemente) desgracia de haber carecido desde niño de sensibilidad para apreciar ningún deporte. Ninguno. Eso no quiere decir que no haya jugado entonces, y lo hice mucho, al fútbol. Pero más cómo medio de desfogar la tremenda e instintiva fuerza cachorril que nos fuerza al movimiento. Pasada la necesidad de desfogue me desinteresé absolutamente. Y he pasado por diferentes etapas, la del panem et circenses (curiosamente cada vez los emperadores proporcionan más de los últimos y menos del primero), el opio del pueblo y otras añejas (pero aún válidas) justificaciones. Otras veces he leído mucho a mis escritores e intelectuales favoritos que aman el fútbol a ver si lograra entender en qué radica su fascinación. Nada. Fue Oscar Tutsquets, en un ensayito incluido no sé si en Dios lo ve o en Todo es comparable el que me dio la explicación más clarificadora. En un mundo en que el nacimiento, el enchufismo, muchos factores ajenos al mérito de la personas son las que llevan a triunfos o éxitos desorbitados, el deporte es la manifestación del mérito más puro: sólo se cuenta con una dosis razonable de azar y sobre todas las cosas con las fuerzas propias. Un salto de pértiga de 10 metros no se falsifica, ni una carrera, ni la habilidad con el balón. Sería el último reducto del valor de un humano infalsificable.
De todas formas a mí no me afecta. Pero lo que sí me siento es absolutamente agredido por el espíritu de horda que despierta. Y por la desmesurada importancia que los medios y los gobernantes les dan. En detrimento de otras cosas, claro. Un amigo dice que cada vez hay menos panem y más circenses porque con el estómago vacío el grito de goooool suena mucho mejor. Pero yo creo que exagera.
Un saludo después de un tiempo desaparecido.
harazem:
Bienvenido de nuevo. Debido a las cagarrutas de los trolls he tenido que instalar la lejía de la moderación de comentarios y como soy poco propenso a estar permanentemente conectado puede tardar algo, quizás por eso has dejado cuatro comentarios iguales. Te dejo uno y borro tres. ¿Vale?
Perdona, Lansky, mi aparente compulsión publicadora No fue por mono ni por desconocimiento de la moderación que has puesto. En el explorer cada vez que daba a PUBLICAR desaparecía la página. El último lo hice en el Mozilla y ya me salió que estaba pendiente de moderación. Pasan cosas muy raras últimamente. ¿Señales tal vez?
ME HA VUELTO A PASAR. Así que si repito, borra.
Carajo!
Entre el propio post y los varios comentarios habéis dicho exactamente TODO lo que piensa uno del fútbol, de los jugadores, árbitros, comentaristas, Tele5, espectadores en el campo, hordas en la calle; de estos mundiales y del partido de ayer.
Así es, que sólo puedo añadir AMÉN.
a mí me gusta Sara Carbonero; y, bueno, también me gusta Larissa Riquelme;
felicidades a todos, al fin somos campeones del mundo
JM
Puede que las dos que mencionas estén muy buenas, pero una se hace propaganda y famosea a base del mundial y la otra intenta hacer su trabajo a pesar de que la hayan hecho famosa. La una se despelota en cuanto se lo pide el Marca (¿o es el As?), a la otra le hacen la vida imposble pidiéndola que se desnude. A mí me pone Sara, a Casillas creo que también.
A mi me pasa un poco lo que a Vanbrugh: me crié en un ambiente en el que el futbol simplemente no existía, y luego me emparejé con un aficionado tranquilo y ponderado, al que le gusta ver jugar sean quienes sean los que juegan, siempre que lo hagan bien, un hombre apacible que, cuando estoy en la cocina y meten un gol, dice él, bajito, desde su sofá: "gol" y yo me pongo negra, le riño "Pero hombre,¿no puedes poner un poco más de pasión, de fuego, para que yo me entere desde la cocina de que han metido un gol?¿quieres hacer el favor de gritar ¡Gooool! que me he enterado por el vecino del 4º?" Y asi, ha conseguido que me aficione, y hasta que casi entienda que el "fuera de juego" lo marca el balón ¡ahí es na!.
Así que ¡Enhorabuena, campeones! (Y no es subjetividad exacerbada, ese árbitro era un mamonazo y tenía que haber sacado muchas más tarjetas de las que sacó ¿que no?)
A mi también me pone Sara.
Ya he pedido cita en una óptica para que me hagan unas lentillas con el color de sus ojos; no te digo más...
Jajaja, Lansky. Ese "Uff" creo que lo dijimos todos.
Un besote!
Muy bueno, Lansky.
Esta mañana, busqué en vano en el periódico una respuesta a la pregunta : ¿ Los catalanes celebraron también la victoria española ?
Qué maravilla el fútbol así, todos pensando en lo mismo y con los ombligos bien tapados.
Debería durar este sentido colectivo del esfuerzo por alcanzar algo.
Saludos.
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