profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

16/07/2010

¿QUÉ NOS HACE HUMANOS? (dos)


Desde Santurce a Bilbao Blues Band - Danza de los orangutanes

"Decíamos ayer"…(bueno, hace una semana) que si dejamos caer un objeto delante de un niño de dos años lo más probable es que lo alce y nos lo alcance, y nuestros más próximos parientes, los monos antropoides (‘singe’, no ‘monkey’) no, o no con la misma frecuencia. Bueno, mi perra también lo hace, pero sólo si el experimento es con su pelota, y al niño del experimento, en cambio, nadie le ha entrenado previamente tirándole cosas delante de sus naricillas.

Los biólogos ya utilizan la palabra 'Cultura' -no hace tanto orgullosamente reservada a nuestra especie como opuesta drásticamente a ‘Naturaleza’- sin demasiado temor para otros animales cuando se producen distintas versiones de comportamientos por aprendizaje social que desarrollan poblaciones de una misma especie, haciendo las mismas cosas pero de manera diferente. Esto se ha visto no sólo en chimpancés, como en el famoso caso de los que usan palitos para extraer termitas, por ejemplo, o en otros primates, sino en mamíferos marinos (cetáceos, como los delfines) y hasta en aves.

Pero los humanos somos el paradigma de especie cultural por el vastísimo conjunto de las distintas y numerosas culturas humanas extendidas por todo el planeta, incomparable cuantitativa y cualitativamente como la de ningún otro primate, que nos han diferenciado por doquier: construyendo iglús y cazando ballenas o focas con arpón desde kayaks;  levantando chozas de materiales vegetales y cazando animales terrestres con arcos y flechas o cerbatanas, o... destruyendo el litoral con bloques de hormigón y cementando el suelo fértil, etc., etc. Y estos no son detalles diferenciales pintorescos, sino técnicas para sobrevivir ( o hasta para poner en precario esa supervivencia a medio plazo) en entornos tan distintos como la tundra ártica, las pluvisilvas tropicales, o la ostentosa costa mediterránea europea. El numero de cosas distintas que los seres humanos deben aprender, que no saben hacer por instinto, esto es, por el dictado de sus genes, empezando por el propio lenguaje, es impresionante; deberemos reconocer, sin vanidad que valga, que la cultura de nuestra especie es “cuantitativamente única” con la de otros animales próximos o distantes. Única.

Pero hay dos características fácilmente observables de esta cultura o culturas humanas que indican que también es única cualitativamente. O al menos eso opinan muchos científicos de ciertas corrientes modernas de las ciencias cognitivas. La primera, la evolución cultural acumulativa. La segunda, las instituciones sociales.

Los artefactos, los ‘inventos’, las prácticas de conducta adquieren mayor complejidad con el paso del tiempo, tienen historia y una evolución tecnológica o cultural. Alguien, un solo individuo inventa algo y los demás del grupo lo aprenden pronto. Pero alguien lo mejora y todos, niños incluidos, aprenden la nueva versión perfeccionada, y así sucesivamente hasta que alguien, nuevamente, encuentra algo más novedosamente útil que se instala como nueva versión en el repertorio del grupo. No sólo tenemos una herencia genética y una evolución biológica aupada sobre los cambios de esta, sino una cultural, que es más veloz (ahora, no así en el inicio de la hominización, que era a la inversa, pero esa es otra historia) que la primera en sus cambios. Tomasello, Kruger y Ratner lo llaman Trinquete Cultural. No se sabe de ninguna otra especie que acumule modificaciones comportamentales y garantice esta evolución rápida.

La segunda característica, la creación de instituciones culturales, es un conjunto de prácticas guiadas por normas y reglas que los individuos aceptan y reconocen mutualmente, por ejemplo, las reglas que regulan la forma de aparearse, buscar y obtener pareja, casarse, etc. Si se transgreden esas reglas, el individuo es sancionado, y en el curso de este proceso los humanos crean entidades concretas definidas culturalmente: maridos, esposas, suegros, que tienen derechos y deberes también exclusivamente definidos por la cultura. El dinero, atribuir un valor a un objeto, sea este papel, un trozo de metal o una concha de molusco, es otro ejemplo.

No quiero extenderme más porque eso me apartaría en exceso de mi propósito. El dibujo de detalle, con lápiz de punta fina, de la antropología vamos, es fascinante, pero yo voy en otra dirección que sólo precisa de un rotulador de trazo grueso. Hay todo un conjunto de habilidades cooperativas y estímulos o motivaciones para colaborar que 'parecen' exclusivas de nuestra especie. La imitación, o el aprendizaje imitativo, que compartimos con los monos superiores o antropoides, más que cooperativa es una tendencia de aprovechamiento, pero además de la imitación hay otros dos procesos que producen ese efecto de “trinquete cultural”: uno, los humanos se enseñan mutuamente y no reservan sus enseñanzas para los parientes (no como en el altruismo biológico, como el de las hormigas o las guerreras de los insectos sociales que se sacrifican por su reina reproductora porque comparten sus genes y es la forma más eficaz de transmitirlos: morir por la defensa de la ‘única’ reproductora). Y dos, a los humanos les gusta imitar a otros para no desentonar, para parecerse a ellos (¿en aras de una identidad grupal, del conformismo?)

Las otras culturas animales se basan en la imitación y tienden a “aprovechar”; en cambio, las culturas humanas no sólo aprovechan, sino que entrañan cooperación en un grado desconocido al  resto de especies. Cuenten lo que cuenten algunos relatos sobre la historia del progreso humano, lo cierto es que no es suficiente explicación la aportación de algunos individuos geniales, siempre escasos en el conjunto de cada generación, sino que hay que recurrir a la interacción de individuos que no actuaban solos, da lo mismo que hablemos de matemáticas o de técnicas agrícolas o de habilidades lingüísticas. Esa adaptación cultural es la que no hace tan eficaces para adaptarnos a cualquier ambiente y para manejarnos con supremacía competitiva frente a cualquier otro animal más fuerte, más rápido, más discreto o más eficiente metabolicamente. Nos hace no tener rivales,  ser los depredadores o los parásitos supremos de la biosfera del planeta.

Soy conciente de la tosquedad avasalladora de mi enfoque, pero no puedo parar mientes si quiero llegar a donde voy: a relatar las investigaciones empíricas, los experimentos acerca de la cooperación en niños y en chimpancés. Se centran en dos fenómenos:

  1. el altruismo: un individuo se sacrifica por otro u otros, y
  2. la colaboración: varios individuos trabajan juntos para obtener un resultado beneficioso mutuo.

El altruismo en los niños, esos perversos polimorfos según Freud, es fascinante, pero también lo es la ayuda espontánea entre chimpancés que podría sugerir su fundamento evolutivo. Maquiavelo escribió que El Príncipe debe aprender a no ser bueno. El Príncipe (los gobernantes, vamos) puede, pero eso no es extensible por fortuna al resto de los humanos. Veremos.

Para saber más: Tomasello,M.,A. Kruger y R. Ratner, "Cultural learning", Behavioral and Brain Sciences  16 (3): 495-511, 1993

(Continuará, si me apetece y os apetece) 

15 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Realmente sugestiva la idea de que mientras la cooperación y el altruismo (la "bonda", vaya) son dos de los rasgos que intervienen decisivamente en el proceso de humanización, el Príncipe debe aprender a no ser bueno. Es decir, evolutivamente hablando avanzar hacia el poder es dar un paso atrás en el proceso de humanizarse. Cuanto más príncipe, menos humano. La capacidad de mando es un rasgo regresivo, como un asomo de apéndice caudal. Siempre lo había sospechado...

Lansky dijo...

Amigo Vanbrugh, como bien sabes no es conveniente confundir la realidad (o lo que sabemos de ella) con nuestros deseos, aunque sería muy bonita tu interpretación. Lo más probable, sin embargo, no es tan alentador, Aplicando la Teoría de Juegos (p.ej.- halcones, palomas, o sea, altruistas/egoístas, agresivos/mansos, etc.), parece ser que lo “ideal” evolutivamente es que coexistan (aunque en distintas proporciones) ambos tipos de conductas e individuos. Imagino que un exceso de halcones es malo para el grupo (evolución ‘intra’), pero su ausencia también es mala (evolución ‘inter’). En fin, no sé si me exxplico

Vanbrugh dijo...

Cierto, no es conveniente confundir nuestros deseos con la realidad. Pero reconocerás que, inconveniente y todo, pocos sitios mejores para hacerlo sin mucho riesgo que estos blogs nuestros...

Cigarra dijo...

Nos apetece, nos apetece. Siga usted ilustrándonos.
Tengo una reflexión ínfima en comparación con lo que nos acabas de exponer, pero se me ha venido a la cabeza algo en lo que yo meditaba ayer, y que me parece que tiene cierta relación con el tema de este post: ¿por qué nos sentimos (algunos) impelidos a ayudar al guiri que mira un plano en la calle con cara de perplejidad? ¿Por qué nos quedamos tan agusto cuando podemos dar indicaciones precisas a alquien que nos pregunta por una dirección? ¿es la satisfacción de ayudar al prójimo? ¿es el gusto de pensar "qué listo soy, yo se más que este"? ¿Es altruismo, soberbia, espíritu de cooperación, gusto en enseñar el entorno propio?

Lansky dijo...

Cigarra, te adelantas a la siguiente entrega. Pero te anticipo que hay tres tipos de altruismo: compartir un bien (comida, p.ej.), prestar un servicio y brindar información (el caso del guiri perdido que mencionas). Los costes/beneficios de cada uno de estos tipos de comprtamiento son distintos. Creo que hay una satisfacción 'innata' en ayudar.

Emma dijo...

A mi todo esto que cuentas me fascina, precisamente porque cada día encuentro más raros a los seres humanos. Sinceramente, creo que los prejuicios son una buena manera de ahorrarse el pensar en los otros, una herramienta facilona para olvidarse de que, en realidad, todos somos iguales y que hay muchas cosas que nos unen, que no hay tan abismales diferencias entre razas y culturas. El dolor es el dolor, y el miedo, y el amor y el odio. Y nos gusta que nos sonrian, que nos acaricien, no sentirnos abandonados, y todos queremos tener una familia, y morir suavemente y en paz, y cocinamos para nuestros niños y bailamos y cantamos cuando estamos contentos. No entiendo por qué no se enseña antropología en las escuelas,por qué no se les explica a los niños de donde venimos y qué es lo que pueden hacer con el monito que llevan dentro.

Lansky dijo...

Emma:

Tu pregunta es clave y aunque se pueden matizar las respuestas, todo induce a pensar que los prejuicios son útiles para manejar y controlar a las personas. Creo que para el poder no hay nada más indócil que un individuo informado y acostumbrado a pensar sin dirigismos.

Mita dijo...

Oye, Lans, tu nick no se llama Cielos de mermelada?

Lansky dijo...

durante un breve tiempo, mita, ya no.

harazem dijo...

Pues yo junto a la pulsión de compartir conocimientos del ser humano detecto una más acusada aún de nivelación de los mismos, de manera que la tendencia en todo momento histórico ha sido la de anular y frecuentemente eliminar físicamente a los más inteligentes, a los que plantean dudas, dudas que posibilitan el progreso, a los que buscan los caminos menos trillados del pensamiento. Inmoralidad, blasfemia, corrupción de los semejantes, son algunas de las acusaciones que han servido para eliminar a los más agudos elementos de cada generación. Desde la muerte de Sócrates hasta el genocidio franquista, pasando por la Inquisición, la quema de brujas y las expulsiones (y gaseamiento) de judíos. Es como si la humanidad se esforzara continuamente para no pasarse de lista.

Lansky dijo...

Harazem:

Muy interesante tu reflexión, y hasta parece…inapelable, pero entonces. ¿Seguimos con las peleas a muerte en el circo, la esclavitud como norma, etcétera? ¿Seguimos adorando los fenómenos naturales como dioses inescrutables, practicando la crueldad como norma de honor? ¿Seguimos curando las enfermedades infecciosas con sangrías, dedicando sacrificios para propiciar cualquier cosa? ¿Seguimos en el año 1, o en el 1300? ¿Por qué no nos hemos extinguido ya?

harazem dijo...

Digo para no pasarse de lista, no para no serlo lo suficiente como para “avanzar”. Se trataría de una especie de dispositivo de seguridad, una espita que evitaría desbordamientos de excesos de la herramienta de adaptación de que la naturaleza nos dotó. El problema es que nunca se dio el caso de desbordamiento y nunca se comprobó las consecuencias de semejante “catástrofe”. Todo lo contrario, la espita ha funcionado tan perfectamente que pareciera que la herramienta ha trabajado siempre aunque bajo los mínimos exigibles.

Hoy en día no se eliminan físicamente a los más listos, sino que se les ignora, se les mantiene hablando con la voz desactivada por el ruido mediático. Pero el resultado es el mismo.

Lansky dijo...

¿Cuál es el resultado, harazem? ¿De verás es tan sencillo o sólo es cuestión del viejo esquema mental del vaso medio lleno o medio vacío?

harazem dijo...

Yo no digo que sea sencillo y lo del vaso no lo entiendo, sólo trataba de aportar una pequeña nota al margen en uno de los temas que tocas, ya que hablas, sobre todo en la siguiente entrega, de comportamientos humanos inscritos en los genes.

Pero evidentemente me he ido demasiado al margen.

Lansky dijo...

hararazem:

El pensamiento dominante (PD) siempre ha existido, aunque el contenido del mismo haya cambiado con el lugar y el momento, eso es lo que yo interpreto que quieres decir, Ese PD arrasa con los de los individuos que sacan los pies del tiesto y que cambian los paradigmas y hacen avanzar el pensamiento, pero finalmente es también por consenso aunque sea difícil de adquirir como se ‘progresa’ (Galileo, Darwin…). Yo no hablaba de ese abuso hegemónico del PD, que es fascinante, desde luego, sino del avance cooperativo.