profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

19/07/2010

¿QUÉ NOS HACE HUMANOS? (tres): el experimento

Ser altruista como parte de la esencia de lo humano. Estupendo y alentador, pero no es lo mismo serlo con los tres principales tipos de ‘mercancías’, digamos: bienes, servicios e información. Es decir, no es lo mismo compartir comida (ser generoso), que acercarle un objeto inalcanzable a alguien: prestarle un servicio (ser servicial), o finalmente, brindar información. Si importa distinguir entre estos tres tipos de altruismo no es por afán clasificador, sino porque los costos y beneficios son distintos, pero también porque parece ser que tienen historias evolutivas diferentes.

Experimento (Warneken, F. y M. Tomasello, “Altruism helping in human infants and young chimpanzees”, Science 311, 2006):

Un grupo de 24 niños entre 14 y 18 meses frente a un adulto que no es familiar suyo y al que acaban de conocer. El adulto tiene un problema trivial (acercarle objetos aparentemente fuera de su alcance, señalarle donde está un objeto: gafas- que olvidó en la anterior visita), los niños le ayudan a resolverlo, espontáneamente, sin recompensa por hacerlo. De esos veinticuatro, veintidós le ofrecieron ayuda por lo menos una vez y de manera inmediata. Para cada situación experimental planteada se estableció una condición de control; por ejemplo, en lugar de que el objeto se le caiga al adulto por accidente, lo lanza al suelo a propósito. Y los niños en este caso no hacen nada, es decir, que se puede excluir que le alcancen cosas porque les guste levantarlas del suelo. Etcétera.

Los niños brindan ayuda de muy diversas maneras; en el estudio mencionado ayudan al adulto a resolver cuatro tipos de problemas: le acercaron objetos que estaban fuera de su alcance, apartaron obstáculos, corrigieron un error que había cometido y le eligieron el mejor modo para llevar a cabo una tarea. Todas las simulaciones o escenarios eran nuevos para los niños, al menos en sus detalles. Los niños percibían las metas de otros (el adulto en apuros) y además tenían la motivación altruista para ayudarlo.

Los investigadores dan cinco razones que explicarían que ayudar a otros en la resolución de este tipo de problemas físicos simples es un comportamiento que surge naturalmente en los humanos:

1º)  Que este comportamiento aparece muy tempranamente, entre los 14 y los 18 meses, mucho antes de que los progenitores tengan expectativas de que sus hijos se comporten con sentido social o de que hayan podido inculcarles ese tipo de conducta. Aún así, el asunto es debatible, porque en el primer año de vida los niños habrían visto a los adultos ayudarse entre sí, con lo cual el comportamiento pudiera ser imitativo.

2º)  Que no parecen influir premios ni elogios. Los investigadores, trabajando con niños de un año de edad, les dieron un premio cada vez que ayudaban y en el siguiente ensayo el adulto tenía en las manos un premio bien visible y en ninguno de los casos esos incentivos parecieron modificar la conducta. En otro estudio la madre estaba presente y les alentaba a ayudar o estaba ausente, las palabras alentadoras de la madre, lo siento, no modificaron en nada la conducta de los niños, sino que en ambos casos se mostraron igualmente dispuestos a ayudar (o no).

3º) Que los chimpancés muestran el mismo comportamiento, aún siendo los investigadores perfectamente conscientes de que pueden existir muchas razones para que los chimpancés criados por humanos los ayuden. Así que también se utilizaron chimpancés criados por sus madres que tenían la oportunidad de ayudarse entre sí. Sin indicio alguno de que esperasen recompensa ni que quieran complacer a sus padres biológicos o tutores humanos.

4º) Que los niños de culturas más tradicionales, que se crían sin intervención paternal o es mucho menor, siguen brindando su ayuda igual.

Y 5º) Que se ha comprobado recientemente que la actitud de ayuda de los niños esta mediada por el interés empático. Un adulto se apropiaba de un dibujo realizado por otro adulto y lo rompía intencionadamente sin expresar ninguno de los dos ninguna emoción. Los niños que observaban a la víctima (impasible, insisto) la miraban con una expresión de indudable preocupación (situación de control con el ‘agresor’ rompiendo un papel en blanco en la que no mostraban tal preocupación).

Cinco razones: manifestación temprana, indiferencia al estímulo de premio o aprobación, raíces evolutivas manifestadas por la similitud con grandes simios, uniformidad entre las diversas culturas y reacción de simpatía. Todo parece indicar que el impulso de ayudar es natural y no fruto de la cultura o el aprendizaje.

(Va a continuar, si queréis, si quiero) 

14 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Se me ha escapado algún paso en el razonamiento: si, como dices en la 3ª de las cinco razones que dan los investigadores, los chimpancés muestran el mismo comportamiento ¿por qué entonces hablar del altruismo como rasgo específicamente humano? Si "niños" chimpancés y niños humanos presentan ambos un mismo rasgo, habrá que descartar ese rasgo como diferencial que ha favorecido la meyor evolución de los humanos, ¿no?

Lansky dijo...

No, al que se le ha escapado en mi afán de resumir, es a mí. Lo cuantitativo como emergente de la cualitativo. Los chimps muestran en ese comportamiento, pero no mayoritariamente como en los niños (un 12% frente a un 98%)

Vanbrugh dijo...

Compris.

Lansky dijo...

Pero ese pequeño –según se mire- porcentaje prueba, creo yo, que el comportamiento altruista de los seres humanos no es producto del ambiente cultural que nos caracteriza, sino fruto, como el andar erguido siempre y no ocasionalmente ni apoyado en los nudillos (chimpancés) de la evolución biológica: ya estaba ‘antes’, pero en menor grado

zwingenstein dijo...

En este enlace se trata el tema de la cooperación, con conferencias de Tpmasello al que citas
http://www.katzeditores.com/images/fragmentos/Tomasello.pdf

Ātman dijo...

La segunda posibilidad que señalas sobre el primer punto: que el comportamiento en cuestión pudiera ser imitativo, es una valoración que me parece muy relevante y no excluyente de la primera. Creo que nada más nacer, el bebé, ya se está relacionando con el mundo que le rodea y lo que más le importa, es hacerse un sitio entre sus progenitores y allegados. ¡Y claro que actuaría por estímulo del premio! (y aquí, la palabra “actuar”, se podría utilizar en el sentido de imitación e interpretación, como los actores de teatro), ya que cuando empatiza con el congénere, no haría otra cosa que buscar su aprobación y cariño. Es evidente que todo lo torpes que somos físicamente al nacer, lo suplimos con una ¿inesperada? habilidad en nuestras relaciones sociales.

Emma dijo...

Qué interesante. Eso explicaría por qué en la "Máquina del tiempo" de Wells los "Eloi" que eran los seres humanos evolucionados en contraposición a los "Morlocks" (los primitivos) habían perdido por completo el sentido del altruismo y la solidaridad (precisamente por estar demasiado lejos de los primates) No sé si H.G Wells conocía estas teorias sobre el altruismo humano cuando escribió su libro, probablemente no fuera así ya que parecen muy recientes, en todo caso su intuición literaria dio en el clavo.

David dijo...

Así entonces, el impulso de ayudar algunas personas a otras especies ¿es natural o fruto de la cultura y el aprendizaje?. Si no te parece inadecuada esta pregunta, de antemano te agradezco la respuesta.
También, por favor, si fueras tan gentil, continúa con el tema.
Saludos.

Miroslav Panciutti dijo...

Sin tener a mano los experimentos en esa línea, sí que recuerdo haber leído algún magnífico libro de divulgación sobre estos asuntos. Me quedé con la impresión de que, como contestas a Vanbrugh, la mayor disposición empática o colaboradora de los humanos, desde cachorros, está más o menos inscrita en los genes y, si la admitimos como rasgo diferencial denuestra especie (o uno de ellos), éste sería cuantitativo o, como bien dices, cuantitativo que pasa a ser cualitativo. Por cierto, hace tiempo que piensa que esa diferencia entre lo cuantitativo y lo cualitativo es más una convención de nuestros esquemas mentales aristotélicos que algo basado en la realidad.

Interesante tu descripción del experimento; espero y deseo que continues.

El Comandante dijo...

Todo esto me recuerda a una novela que lei hace años: "El señor de las moscas" de William Golding. Aunque realmente, no sé si guarda alguna relación.

Lansky dijo...

Comandante:
El Señor de las moscas, estremecedora novela, partía de la tésis contraria, hobbesiana, digamos, o antiroussoniana: los niños dejados a su aire se volvían unos bestias.

Miroslav:
El enlace que recomienda zwigenstein está muy bien. Y de acuuerdo con lo obsoleto de ciertas distinciones cuantitaivo/cualitativo, lo que creo que existe son "niveles" o saltos de órdenes de magnitud

Emma:
Wells era un socialista utópico, según la manía clasificatoria de sus contemporáneos que continua hoy, y como tal 'creía' en la bondad innata del ser humano

David:
creo que son cosas algo diferentes, Wilson llama Biofilia a la capacidad de empatía con otros seres vivos, como la que tú y yo indudablemente tenemos. Lamentablemente, no creo que esté completamente extendida en nuestros congéneres, aunque exista por fortuna.

Atman:
Nada excluye nada, en efecto, pero el matiz, o los matices son lo importante

Grillo dijo...

Lansky,
Se me ocurre una pregunta que tal vez no tenga mucho que ver con tu exposición:

Lanzas una pelota o un palito a tu perro y te la devuelve.
SUPONGO que eso debe ser un 'aprendizaje', le hemos enseñado a hacerlo asi... y le premiamos con una caricia o 'chuchería' por obedecer.

O, por el contrario ¿lo hace por AYUDAR, por JUEGO, por algún instinto GENÉTICO, innato? ¿Por la misma repetición - ahora inversa - con la que los niños vuelven a tirar el objeto que les devuelves del suelo cuando se les cayó?

Lo haya entendido mejor o peor, tu post es muy interesante. Gracias

Lansky dijo...

Grillo, yo creo que la pregunta que haces es muy pertinente. En el caso de la pelota o el palito y el perro parece seguro que es aprendizaje, reforzado por premios, aprobación, palmaditas, pero...como todo aprendizaje tiene una base innata (no podemos enseñar al perro a volar), en este caso la de perseguir cualquier cosa que se mueva, como una pelota rodando, que te la traiga ya es cosa de que "aprenda" que sólo así se la vuelves a tirar. El caso de los niños no.

Lansky dijo...

en el caso del niño que vuelve a tirar al suelo el objeto que le acabas de alcazar es justo a la inversa: él te está "enseñando" a tí, el adulto, a coger las cosas.