profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

07/07/2010

¿QUÉ NOS HACE HUMANOS? (uno)

Max Steiner - Música de la película King Kong (1933)



¿Qué nos hace humanos?

O bien: ¿qué nos hace singulares a los humanos?

Respuesta obvia: que nos hacemos esta pregunta entre otras, desde luego y los demás animales parece que no, aunque no tenemos medios para saberlo (no podemos penetrar en la mente de nuestros compañeros no humanos) ¿O ya sí los tenemos?

Humanos: mamíferos, primates, hominoideos, animales en suma; peculiares, eso sí, extraordinarios, singulares, excepcionales…Pero también los ornitorrincos, mamíferos monotremas que ponen huevos y tienen un espolón venenoso no son muy comunes que digamos, con cinco cromosomas sexuales en vez de dos como nosotros. Ah, bueno, pero el ornitorrinco, qué gracioso, sólo es estrambótico, nosotros, en cambio, somos extraordinarios, o ¿acaso no soy yo el que está tecleando en este ordenador que inventaron una cadena de excepcionales semejantes míos?

 Ahora sabemos que son muy pocos, sorprendentemente pocos, los genes o las bases de nucleótidos de nuestro ADN que nos diferencian de nuestros más próximos parientes vivos, los chimpancés y los bonobos (chimpancés gráciles, mal llamados enanos o chimpancés divertidos, no agresivos y folladores imaginativos). Lo malo es que tampoco nos distanciamos genéticamente demasiado –lo suficiente, digamos, para nuestra vanidad- del ratón de campo o del gusano de la harina. Todo lo cual quiere decir al menos que la diversidad de todos los seres vivos, producto de una evolución cada día más esclarecida en sus detalles, implica también su íntima unidad, su procedencia común. Y que nuestra intimidad biológica, genómica, no es lo que se esperaba: nada de otro mundo, más bien corriente y de este.

Así que es lícito preguntarse qué es lo que distingue la naturaleza humana, porque hasta ahora sólo encontramos diferencias de grado, tanto en las más aparentemente banales, como la marcha bípeda, como en las relacionadamente trascendentales, como la adquisición del lenguaje, el uso de tecnología (fuego, herramientas), la transmisión cultural y la autoconsciencia; el uso desmesurado de energías externas no metabólicas o el control y las drásticas transformaciones (para bien y para mal: es un proceso finalmente de suma cero) del territorio.

En nuestra tradición cultural la esencia íntima humana sería para los teólogos nuestra propensión al vicio; para Hobbes nuestra disposición a la guerra (en sus tiempos no se conocían las batallas entre hordas de chimpancés del Gombe); para muchos educadores de escuelas reputadas pero rígidas, las tendencias egoístas de los niños (los maestros con la vara de azotar no practicaban al parecer la introspección) y en general, para unos, que somos casi ángeles, para otros, demonios, y para los más lúcidos una mezcla de ambos; el problema es que probablemente no existan ni los ángeles ni los demonios, salvo como metáfora. Somos animales, aunque no meros animales, animales ciertamente peculiares; el ornitorrinco, también.

Todos tenemos respuestas, a menudo erradas, pero pocos tienen buenas preguntas, en general sólo los científicos y los filósofos, pero los científicos además tienen la mala/buena costumbre de responderlas poniéndolas a prueba, cosa que pocos humanos acodados en la barra de un bar o seguidores de Kant hacen. Si dejamos caer un objeto delante de un niño de dos años, y repetimos la prueba muchas veces, con distintos niños en distintas circunstancias (o sea, si experimentamos con método) lo más probable es que lo recoja, lo alce…y nos lo alcance. Un chimpancé, no, una cría de chimpancé, tampoco. Voy a contaros en sucesivas entregas por qué cooperamos según algunos de las más recientes investigaciones en Psicobiología, Antropología Evolutiva y ciencias cognitivas elaboradas por científicos que han comparado a nuestros niños con los grandes simios, nuestros más próximos parientes vivos

27 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Mira a ver con qué teólogos te ajuntas; esos según los cuales la esencia de lo humano es la propensión al vicio no me parecen nada aconsejables, ni como teólogos ni siquiera como parejas de mus.

La de que es la capacidad de cooperar lo que nos humaniza, que apuntas al final del post, me parece una respuesta bastante más alentadora.

Lansky dijo...

no me ajunto, ni les hablo

Vanbrugh dijo...

Mejor. Tú no hables con extraños y ve derecho a casa, por calles anchas y sin pararte en los escaparates.

Miroslav Panciutti dijo...

Demasiado ambiciosa la pregunta que te planteas y, quizá, como científico, habrías primero de acotarla y precisar sus términos. Parecieras señalar que los qué nos hace humanos sea una (o varias) características diferenciales de orden cualitativo (algo que tenemos los humanos y que NO tienen los no humanos. No valdrían las diferencias cuantitativas o, como bien dices, de grado (tener una o varias características por encima de ciertos niveles, que asumiríamos como los límites inferiores de la "humanidad"). Obviamente, desde nuestra vanidad (al fin y al cabo nos narramos a nosotros mismos) nos gustaría y casi lo asumimos como un apriori que, efectivamente, la esencia de lo humano fuera algo cualitativo, en esa lógica binaria aristotélica de se es o no se es (y no cabe término medio). Teológicamente, el problema está resuelto desde hace mucho: ese algo es el alma (aunque algunos hippies precursores tipo el de Asís también se la atribuían a los animales, jodiendo la definición esencialista). No sé, creo que merecería la pena alguna reflexión epistemológica previa.

En cuanto a encontrar en la capacidad cooperativa ese algo esencial distintivo, pues quedo a la espera del desarrollo posterior de la idea, pero desde ya me parece que tiene mucho menos "glamour" que el alma, dónde va a parar. Y, quizá, peca de optimista ...

Lansky dijo...

Las diferencias son de grado por definición, Miroslav, puesto que existe una continuidad biológica entre todos los seres vivos del planeta, pero la "emergencia" de una característica, nunca totalmente exclusiva, a partir de lo cuantitativo, un salto de grado es una manera de verlo.

En cuanto a una reflexión previa de tipo epistemológico...probablemente tienes razón, si estuviera escribiendo un ensayo o tratado, pero esto, lo habrás notado es algo bastante más modesto: una serie de posts.

Emma dijo...

Me quedo con lo más "metafísico" de nuestra naturaleza humana, es decir, con la conciencia de nuestra muerte, con la risa, con el amor y, cómo no, con el suicidio o decisión de disponer de nuestra vida antes de que nos llegue la avería final. No es fácil hablar de lo que nos hace humanos, más sencillo es fijarnos en lo que nos hace animales, los animales también cooperan y son egoístas, pero no rezan ni sueltan risitas cínicas.
Ahí es donde nos perdemos todos, me temo.

Vanbrugh dijo...

Mira que yo soy más bien partidario de la cosa del alma, Miroslav. Pero por eso mismo no me parece que sea la respuesta a la pregunta del post, sino más bien la propia pregunta, formulada de otro modo.

O sea, que estamos conformes en que hay algo que diferencia al hombre de los demás animales. A esa diferencia es a la que esos teólogos con los que Lansky hace bien en no ajuntarse han venido llamando "alma" desde hace ya algún tiempo. Como tenían bastante predicamento, y en tiempos no tan lejanos algo más, incluso, que mero predicamento -te quemaban si les llevabas la contraria, por ejemplo, cosa que suele influir beneficiosamente para que te hagan caso- su terminología cuajó, y así habeis acabado usando la palabra hasta paganos relapsos reconocidos como tú.

Pero evidentemente la palabra no explica nada, se limita a poner nombre a la diferencia y a adornar el paquete así envuelto con algunos floripondios; la inmortalidad, por ejemplo, que tampoco son especialmente iluminantes.

Los que creemos que existe el alma, pues, podemos formular la pregunta del post de esta otra forma: ¿qué es lo que hizo que un animal tuviera alma y comenzara por eso a ser lo que entendemos por hombre?

Pero conviene que sepamos que lo que así decimos sigue siendo una pregunta, no una respuesta.

leon no es feroz dijo...

Jo, vaya preguntita!!1 Ya desde pequeñitos somos conscientes de la muerte y pensamos.
Como decía Cesar Vallejo: " Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces,pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero,suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona..."


Hoy toca chapuzón!!

Lansky dijo...

Muy perspicaz, Vanbrugh

(Dbería haber titulado esta serie de posts de forma menos provocadora o más modesta: "Por qué cooperamos?" Pero no quise)

Ātman dijo...

Tengo una tesis bastante arraigada en mí sobre el particular que trataré de esbozar brevemente: Nos diferenciaría nuestro extravío y libre albedrío, es decir, que seríamos la única especie que no estaría tan condicionada por sus instintos, ese “tan”, nos habría dejado margen suficiente como para ser distintos de nosotros mismos, no ser nada. “No ser nada” nos habría causado una gran angustia, y una predisposición a imitar a nuestros hermanos los animales, buscando en ellos alguna guía, pero también la dominación, lo que a su vez nos habría posibilitado adquirir poderes mágicos y el sentimiento religioso. En definitiva: el Hombre es equívoco, los animales son unívocos. Apoyan esta tesis, el concepto mágico de las pinturas rupestres, el totemismo, y el mito de Adán y Eva. Habernos situado en el desequilibrio perpetuo, ha sido y sigue siendo el motor principal del “progreso” humano.

Grillo dijo...

Bien, bien, bien, ¡¡¡ BIEN !!!

Tu pregunta, Lansky, es tan interesante como HUMANA.

Ya ves en qué poco rato se han sucedido respuestas y comentarios de distinto calibre aunque tod@s muy parecidas , como no podía ser de otro modo.
Lo más dudoso sería , a mi ENTENDER, cualquier respuesta con tintes sobrenaturales, superticiosos, NO epistemológicos.

(Cualquier efecto sin causa parece una especie de broma de dudoso gusto - como los milagros - que no satisface nuestras ansias de 'conocimiento'. Y, por el contrario, a lo creyentes de fe que mueve montañas les debe parecer de mal gusto escudriñar en razones que no están a nuestro fácil alcance...)

Esperamos tus sucesivos posts sobre el asunto, porque aunque a primera vista parece que la respuesta es obvia y que todos sabemos qué nos distingue de los animales, no es menos cierto que en el fondo ignoramos A CIECIA CIERTA (yo al menos no lo tengo claro) por qué razón evolutiva hemos llegado a este punto o GRADO de consciencia y albedrío.

El 'botín' (¿?¿?) de tantos años de adquisiciones no puede, no debería ser INÚTIL. Desde un punto de vista 'intelectual' no me parecería ningún triunfo la disipación como rendimiento o desesperación.

Me alargo, coño. Me vuelvo a extender sin decir nada jugoso.

Lansky dijo...

Te entiendo Grillo, no te extiendes inútilmente. A mi me parece que el conocimiento, su acumulación, nunca es inútil. Otra cosa es que sea "rentable"

Grillo dijo...

¡¡¡¡ So cacho cínico !!!

Rentabilidad...

(¿Qué equipo ganará esta tarde?)

Zafferano dijo...

Yo añadiría la compasión, saliéndonos del significado corriente de "sentir pena". Compasión como emoción que nos permite ponernos en lugar del otro desde el cariño y la empatía y ayudarlo de forma desinteresada.
También se me ocurre que otra cosa que nos diferencia de los animales es lo mucho que nos cuesta perder. Es un comportamiento muy común en los niños, no saben gestionar una derrota. Y muchos adultos tampoco.

Un besote guapo!

Elephant dijo...

¿Qué jodido poder de atracción tiene este blog, que a pesar de que no tragho al autor ni a algunos de sus vasallos (especialmente al pelotas del Vanbrugh), yo sigo leyéndolo?

J. M. dijo...

hoy mismo me he encontrado por casualidad con un tipo que me ha obligado a hacerme la misma pregunta; uno de esos cuyo volumen muscular crece a medida que decrece su capacidad mental; he estado tentao de decirle que conozco hormigas con una capacidad intelectual mayor; pero me he reprimido, por miedo a la hostia que me iba a caer

Lansky dijo...

Elephant:

El problema es tuyo. Creo que hasta ahí te alcanza para entederlo. Tu consideración de Vanbrugh, al cual se la suda tu opinión y por eso te autorizo, es errada, tu te lo pierdes, pero si pasas al insulto, que has rozado, te ignoraré, aunque ya ves que te dedico un tiempo inmerecido

Elephant dijo...

Lo siento, no pretendía insultar. Lo que me jode es haber escrito "trago" con hache intercalada, sería la emoción.
JM, a juzgar por la foto, tu volumen muscular crece a medida que decrece tu cabellera.
Acabo de leer esto en otro blog y me hizo pensar en éste, y aquí me tienes entrando otra vez para poner la frase:
"Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca".

Lansky dijo...

La g esta al lado de la h en el teclado y tu puntería es mala o tu dedo gordo. Y sí que pretendías lo que pretendías. Estás a tiempo de enmendarte, como casi todos.

David dijo...

Una duda me acucia, aparte o en conjunto con lo cooperantes que pudieran haber sido entre sí nuestros antepasados ¿en qué medida la maldad y/o la crueldad hizo sobreponernos a las demás especies en el curso de la historia de los homínidos?, y de haber sido así ¿en qué medida conservamos como especie en lo más profundo del inconciente el gusto por la crueldad o por los hechos malos hacia otros seres vivos, aún los de nuestra misma especie?, porque de alguna manera está probado que algunos de nuestros antepasados fueron sumamente violentos y no necesariamente en orden a la lucha por la supervivencia, bueno, según Raymod Dart, el de la teoría del Mono asesino. Al momento presente, o desde que nos convertimos en homo sapiens, por naturaleza, ¿los humanos somos buenos o somos malos, o no somos ni una ni otra cosa? ¿vale o no vale la pena plantearse estas preguntas que suenan más a tópicos?.

Me abstengo de citar lugares comunes acerca de la maldad humana, sólo quiero referirme a la piedad, esa cosa en concepto y en los hechos tan evanescente, que casi siempre en la mayoría de los casos viene a convertirse en lo que apunto F. De Larrochefoucault: “hacer el bien públicamente para cometer el mal con mayor impunidad”, o la simple apatía o conformismo, por hablar de lo que no agrede, aunque al final viene a ser una forma de agresión sutil, velada, y eso y otras cosas malas ¿las justifica el instinto de conservación y la capacidad de adaptación a lo que nos rodea? ¿Entonces, por dónde está la bondad humana?.

Aparte: no sabía, y me apunto el dato, lo de las batallas de los chimpancés, pero sí sabía que como nosotros los humanos, son capaces de conspirar en pandilla contra algún congénere para, como degenerados bandidos, atacarlo y hacerlo víctima de su ferocidad, por mero placer (por cierto esta opinión me ha generado serios conflictos con compañeros de causa defensores de los animales aquí en México, que no quieren entender de matices).
(Disculpa si no me centro mucho en el tema de tu estudio, me ha ganado la inquietud de mis dudas).
Saludos.

David dijo...

Lansky, con tu permiso.
Emma, ya ví tu comentario, estoy muy conforme con el, me convence más que lo que yo comenté. Tiene mucha amabilidad y hasta ternura, te envidio, con envidia no mal intencionada, por tu forma de plantear así las cosas, creo que eso convence más que un discurso tan accidentado como el mío.
Saludos.

C.C. dijo...

Yo pienso en la venganza. Los animales no se vengan nunca. ¿ Verdad, Lansky ?

Lansky dijo...

David:

La teoría y el libro de Dart están hoy ampliamente superados, por no decir…desacreditados. El humano es ángel y demonio, bueno y malo, en la misma persona a menudo. Desde el punto de vista evolutivo –y ‘jugando’ con la Teoría de Juegos- es bastante probable que sea adaptativo que un número x de individuos fueran violentos, quizás defensores del grupo, y otra parte compasivos y altruistas en bien de ese mismo grupo, porque, aunque parezca una tautología, si no fuera así habría desaparecido bien un comportamiento (bondad), bien el otro, y ambos se mantienen. No me extiendo más porque no quiero anticiparme a las siguientes entregas

Emma:


CC:


Y sí a los demás: la conciencia de nuestra muerte o su planificación (suicidio), la compasión, la venganza…pero, como bien dice Vanbrugh, hay que tener cuidado porque todas esas “respuestas” son en realidad preguntas, como la sucesión que le hace un niño a un físico: por que el cielo es azul…etc

Mita dijo...

Estoy esperando el número 2, para saber por qué cooperamos.
De hecho, hay una satisfacción, complacencia ese acto.
No conozco bien a los animales como para hacer comparaciones :)
Hay gente en general que absorbe y otra que da. ¿Los animales dan sin más?
---
Griiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, estás superguapo en esa foto. No se te ocurra quitarla!!
(Advertencia: mi foto es de ahora,eh!)
Besos

Lansky dijo...

Mita: (te creía de vacaciones, incluso blogueras)

Insisto, cansinamente insisto: somos animales. Si no admitimos ese hecho incontrovertible no entenderemos nada de la continuidad evolutiva. Animales ciertamente peculiares, con diferencias siempre de grado, emergentes a lo cualitativo desde lo cuantitativo con nuestros más próximo parientes genéticos vivos, los monos antropoides; de hecho, es lo que somos: monos antropoides, con consciencia de nuestra muerte, manejo de energías exosomáticos (fuego), religiones, lo que quieras, pero monos antropoides.

Elephant dijo...

Insisto, cansinamente insisto: yo no pretendía lo que tú pretendías que pretendía.

Mita dijo...

Lans, tenemos exámenes, fiestas de fin de semestre, representación de un grupo de teatro que tenemos, es una obra de Alonso de Santos..etc..
Me voy el 19
Besotes