NI COPY NI RIGHT

NI COPY NI RIGHT: Las fotos de este blog son del autor, salvo que se indique expresamente lo contrario. Piratearlas si queréis, no disfrutaréis tanto como yo haciéndolas (abajo del todo, más fotos)

22/12/2010

Una anécdota para CC


John Coltrane - Don't blame me

Como todos los intrínsecamente tímidos, cuando superé esa limitación me pase de frenada y me convertí en un simple descarado. Hasta que –nunca mejor dicho- me volví a ‘centrar’ y aunque seguramente nunca recuperé ese encanto un tanto ingenuo o naif, como dicen ahora, si que debí dejar de ser un agobio andante, aunque acosar, lo que se dice acosar, jamás.

Precisamente debía estar saliendo de esa etapa de descaro-timidez anómala y había adoptado mi máscara de tío duro, aunque una vez en un conflicto verbal un tipo pequeño y peligroso me desenmascaró fácilmente diciéndome: “si quieres ser tan duro como quieres también aparentar no anuncies lo siguiente que vas a hacer, tontaina” (yo le había declarado mi deseo de partirle la cara). Lecciones así, gratuitas porque son impagables.

El caso es que en esa impostada fase ‘clineastwodiana’ me encontraba en esa cueva musical que se llamaba –fijaros si doy datos- ‘Al Ob’ (y si uno se fija mejor veía que se completaba el rótulo con letras más pequeñas para decir sencillamente: “Al Observatorio”. Lo había fundado un matemático con ínfulas de roquero maldito y ahí abajo, bajo las bóvedas de cañón de ladrillo viejo que en ciertas edificios lo suficientemente antiguos de Madrid sustituyen a los cimientos, se podían oír las mejores sesiones de ‘jam sessions’, esto es de música improvisada por músicos que se juntaban de madrugada provenientes de varios locales distintos donde habían estado actuando antes por dinero y luego, allí,  por el puro placer de oírse.

Yo por aquel entonces insistía en llevar mi saxo tenor a cuestas por si se me aparecía el fantasma de Bird y me abducía o algo así; mientras tanto cuando me dejaban tocar sonaba como la cabra del gitano que toca el saxo, insisto, como la cabra, no como el gitano. Pero mi profe de saxo, un negro de Baltimore, me introducía en todos los círculos gariteros de aquel Madrid. Tengo que decirlo, de todos los artistas, no sé por qué, los músicos son los más majos, los más generosos, altruistas, cachondos, locos y nada envidiosos, frente a los literatos, tan rácanos, tan mal follados o los pintores, tan superegos torturados/torturantes.

La vi en la pequeña pista bailando sola. Menos lavarse la cara con ácido, había hecho todos los esfuerzos humanamente posibles para no parecer lo que inevitablemente era: una chica absolutamente preciosa, y para ello la estética punk de entonces, con el elegante negro tachueleado, los morados oscuros y los ‘piercing’ le venía al pelo. Y le vi a él, sin respetar el círculo de espacio propio de ella, incordiándola, basto y ansioso y totalmente fuera de lugar, largándola una obscenidad tras otra al oído mientras ella le ignoraba y hasta le pisaba sin más en sus imprevisibles giros. 

Le dije a Tom que me sostuviera el saxo y me acerque a ellos. “¡Imbécil! (Se giró alarmado) “Veo que conoces tu nombre. ¡Esfúmate, capullo!” Y entonces, algo después, con dos gin tonic en la manos, es cuando me dijo aquello de que yo parecía una buena polla y yo la replique (deseoso de demostrarla cuanto antes que acertaba) que eso no podía ella saberlo ‘todavía’, y ella me salió con lo de que sólo era una metáfora y que yo era suave por fuera (simplemente hablaba bajo esa noche, al tontaina también le hable bajo de modo que tuvo que aguzar el oído por la música para escuchar cómo le insultaba) y duro por dentro: como una polla en orden. Por supuesto, aquella chica se equivocaba (y se llamaba Paloma, se equivocaba) y CC tiene razón, soy duro de cáscara nada más, por fuera, por dentro soy como un bombón relleno y blandito, como una almeja pero, superada la timidez adolescente, una almeja (*) que se relaciona y recuerda.
____________
 (*) Concretamente un Nassarius, el género de caracolillos marinos con los que los neandertales fabricaron los primeros collares, adornos seguramente para la vanidad masculina (esta nota es para Vanbrugh, él sabe por qué)


14 comentarios:

  1. Bonita historia, aunque veo que has evitado dar pormenores del desenlace, sin duda para evitar epílogos borrascosos más actuales. Y gracias por la nota erudita que, efectivamente, redimensiona muy a mi gusto toda la anécdota.

    Los animalitos ornamentales de la foto ¿son bígaros, esos simpáticos caracolillos que se casan dos veces?

    ResponderEliminar
  2. Ni el horno está para bollos ni la historia gana nada prolongándola en lo...previsible sí.

    Son Nasssarius, como digo, los Tiffany del musteriense, y los gasterópodos no se casan dos veces, sino que hacen algo mucho más interesante: actuan sucesiva y alternativamente como macho y como hembra

    ResponderEliminar
  3. no olvides que a ella le gustaste por tu parecido (evidente) (lo cual te envidio) con clint eastwood

    ResponderEliminar
  4. Esta Paloma es la misma que la del post anterior? ¿Ocurrió, en ese caso, a principios de los noventa? Sigo pensando que, por motivos de coqueteo u otros, te permites licencias cronológicas. Como bien te comentan en el anterior post el mobiliario que describes, por estética y economía, corresponed más a los setenta. Además, en los noventa eras todavía un proyecto de hombre?

    Pero dan igual las precisiones, que esto no es crónica histórica. Por cierto, ¿y ese avatar de Corto Maltés? Te veo muy "comiquero" últimamente (de dibujantes de altísima calidad, sin duda).

    ResponderEliminar
  5. No. La del post anterior era austriaca y se llamba Ilona, (¿Por dónde andas, prenda? Oí que en Japón absorbiendo a Hokusay)

    Corto Maltés es mi ídolo desde que le conocí, yo también soy hijo de una gitana de Gibraltar y uno que huyó por barco, marino de Cornualles o druso salmantino.

    Miroslav:

    Las historias son de comienzos de los 90, -tú y tu bendito afán de precisión-, justo primer Bush, Primera Guerra del Golfo y Expo y Ave de sevilla, y yo, talludito, divorciado y proyecto de hombre. Pero tienes razón, mezclo elementos de varias cronologías; en esta última entrada sobre todo. Digamos que puede ser poco verosimil, pero soy esencialmente veraz.

    ResponderEliminar
  6. Qué intimista, bien, bien. Y, ¿qué tiene qué ver la silla con el nombre de mi país grabada en el hielo, se puede saber?

    ResponderEliminar
  7. nieve, no hielo. Nevada en madrid y en un banco de la calle algún inmigrante compatriota tuyo con morriña, saudade de su tierra...

    ResponderEliminar
  8. Admito el yerro, no puede ser hielo, sino nieve, por pura cultura se debería tener presente, aún sin haber casi convivido con ese fenómeno. Morriña, saudade, cuánta agradable eufonía. Aquí en México se dice solamente, nostalgia, que también suena amable.

    ResponderEliminar
  9. Jaaaaa, Lansky.
    Merci beaucoup. Considero este post como regalo de Navidad, if you don't mind .
    Respecto a los músicos (conocí a muchos en mis tiempos madrileños), aciertas del todo.

    ResponderEliminar
  10. Cierto. No era necesario prolongar la historia. Está ajustada y medida.

    ResponderEliminar
  11. La timidez está muy mal vista, parece que al tímido se le considerara mermado, muchas veces se desconfía de él o se le desprecia.
    La frase del tío pequeño y peligroso es tan práctica como aquello de que quien pega primero, pega dos veces.

    ResponderEliminar
  12. CC: de nada, prenda, felices y laicas fiestas

    Raul: estamos de acuerdo, pues y te deseo lo mismo cuentista.

    Antonio: ¿Tú crees? Yo creo que a veces está sobrevalorada; felices fiestas para tí también

    ResponderEliminar

Comenta, por favor y gracias, disiente, complétame, ilústrame, pero no ofendas ni insultes: es una gratificación pedestre