Mostrando las últimas 16 entradas de un total de 17 de 01_10 Mostrar las entradas más antiguas
Mostrando las últimas 16 entradas de un total de 17 de 01_10 Mostrar las entradas más antiguas

29/01/2010

¡PERDIDOS!


Sting - Now Winter comes slowly










(Para Paqquita, La loc@, Caminante, que alaba a mi perra y le gusta triscar por sitios así)

Como siempre nos levantamos temprano, cogí unas mandarinas, un plátano, un poco de chocolate y unas nueces; el bastón, las botas de montaña, la chaqueta y el chubasquero, los prismáticos y la cámara de fotos en la pequeña mochila. Queríamos subir hasta la nieve, así que abandonamos el coche al final de una pista forestal y empezamos a ascender por una de las abruptas gargantas de la vertiente sur de Gredos, nos cayó la niebla de golpe y nos perdimos. Bueno, para ser justos yo me perdí, y Jara, haciendo honor a la legendaria lealtad canina permaneció a mi lado, aunque tampoco me supo llevar adonde habíamos dejado el coche. Y para ser precisos además de justos, tampoco me perdí exactamente –en todo momento el ‘gepeese’ que llevo incorporado de fábrica o al menos desde chaval me indicaba la dirección correcta-, pero me salí del camino y las pasé moradas. Al final aparecimos a 500 metros escasos del sitio donde habíamos dejado el coche, un fondo de saco de una olvidada pista forestal, pero esos 500 metros estaban por encima y hubo que bajar entre gleras y matorrales densos. Llegamos empapados a casa, con varias horas de retraso y con P esperándonos preocupada. Pero hice estas fotos tan mágicas.

No me hacía falta la agotadora lección; desde hace muchos años sé que al mar y a la montaña nunca hay que perderles el respeto. Las pasé putas, pero una cosa es lo que la vida te hace y otra algo distinta lo que tu haces con lo que la vida te hace. Yo...hice fotos

(Y por cierto, ya sé que esto es nadar contracorriente, pero no sé quién me parece más gilipollas entre los protagonistas de esa serie de tanto éxito. Quizá el premio se lo dé directamente a esos guionistas que tan mal asimilan las lecturas juveniles de ciencia ficción, I supose…)

Como siempre, si 'cliqueáis' encima de las fotos las podréis ver en todos sus hermosos detalles que permite mi Leica, el Ferrari de las cámaras de fotos.

28/01/2010

Breverías (...)








(Para el colérico e insultantemente joven Matzerath, con afecto y sin paternalismos, porque me recuerda a alguien y porque cuando se vuelva más 'iró-nico' que 'ira-cundo' va a ser la hostia)

Charlie Haden
(Contrabajo), Denny Zeitlin (Piano) - Satellite / How high the Moon

(9) FÍSICA Y FILOSOFÍA: No digo que no se haya llegado a una ‘entente’, a un reparto de tareas (que, por cierto, yo lo veo así: las preguntas sin respuesta, para la filosofía, las simplemente difíciles, para la ciencia, que es más el arte de plantearse las preguntas pertinentes que la mera técnica de responderlas).

Esas dos culturas de las que hablara C.P. Snow –que no es el inventor del snowboard, sino precisamente de esa expresión de divorcio: "las dos culturas" entre, digamos, 'ciencia dura' y 'humanidades'– cuando afirmaba que para ser cabalmente culto hay que conocer tanto las tragedias de Shakespeare como el segundo principio de la termodinámica.

Pero hay una fecha, como en toda batalla, que marca la derrota de la filosofía frente a la física, al menos en cierto tipo de pretensiones explicativas. Sucedió en París, en enero de 1922. Los generales fueron el adorado y popularísimo por entonces filósofo francés Henri Bergson y el físico alemán Albert Einstein, todavía no tan universalmente famoso. La disputa: el tiempo. El resultado: Einstein literalmente machacó al filósofo (de hecho, lo siento, los físicos modernos son los verdaderos filósofos actuales, en tanto que la mayoría de los filósofos contemporáneos son unos muy interesantes e inteligentes comentaristas culturales de la actualidad), pero este dijo la última palabra: "se hace tarde, deberíamos concluir el debate"

NOTA BENE: Si esto son breverías, su conjunto ¿sería un breviario?, como los de misa, o ¿un breveriario? Alguien me dice, y no es mi soso corrector del ordenador, que no retuerza tanto las palabras. Las pobres palabras... me gusta mirarlas, esto es, verlas escritas: la tipografía, la caligrafía…que no considero artes menores y subsidiarias, meramente aplicadas, sino que aprecio mucho; y me gusta su sonido, su fonética, y también sus sentidos, su poética, porque, aunque suene a condena y en cierto modo lo sea –a mi no me importa: soy como esas monjas de clausura convencidas de las ventajas espirituales o materiales de su reclusión– soy lo que el turco Enis Bastun llama “un lector a perpetuidad”.

Si miráis el contador veréis que estoy a punto (¿o ya habré llegado?) de cumplir las cien mil visitas, cuando ese momento llegue, si no se colapsa Internet con los mensajes de felicitación desde China, si no se para el mundo y se atrasa el meridiano de Greenwich, si no pasa nada, haré mermelada con estas brevas.

26/01/2010

Breverías (...)



Miles Davis - Sketches of Spain

(8) ESPAÑA: Como todo, desde la mecánica cuántica hasta la estética de Tiziano, España no es interesante, salvo si el que la contempla es alguien inteligente. La España de Jaime Gil de Biedma es interesante, como la de Marsé, la del anónimo autor de Lazarillo, la de Gerald Brenan o la de Blanco White, pero no lo es la de Prosper Merimée ni la de los turistas, en realidad, la de la propaganda de las administraciones turísticas. Esto último es de hecho redundante, porque los ministerios, por ejemplo, el Ministerio de Medio Ambiente es en realidad el Ministerio de Propaganda del Medio Ambiente, y lo mismo todos los demás; por tanto, la España de los Ministerios, o si se quiere, la España Oficial no es interesante. La que buscan y por supuesto encuentran los turistas, tampoco.

Para que un país resulte interesante hay que huir de los tópicos tanto (es lo mismo) como de la propaganda, buena o mala. Y también de los patrioterismos, y los nacionalismos, salvo que uno sea historiador, sociólogo o experto en psicologías de masas, porque la patria, además del último refugio de los canallas (Samuel Johnson, y lo repite Ambrose Bierce), no suele ser ciudadanía compartida ni patria e inteligencia suelen ir juntas, sino que tiene un grave fondo irracional que ya denunció Orwell, que amaba España y Cataluña, cuando escribió que todo nacionalista“está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado”. La mecánica cuántica sostiene que el presente y el futuro se modifican por la mera observación del fenómeno, pero el pasado…, lo ya sucedido, no.

Esto es España, también.

25/01/2010

¿Nos estamos cargando el planeta (seis...)

Dos quejigos (Quercus faginea), robles de hoja caduca, pero no lobulada, lo que les hace ser una suerte de intermedios entre los robles 'verdaderos' y las encinas y alcornoques de hoja perenne con los que contrastan en esta foto.
Créanme, es más fácil dictaminar cómo consumir territorio (turismo o urbanización) que cómo mantenerlo, no digamos crearlo. Las administraciones actuales sólo saben hacer lo primero más o menos bien. A este hecho contribuye la progresiva y lamentable desaparición del ciudadano sustituido por el consumidor, y como en tantos otros casos, en el del paisaje también lo que se consume desaparece. Por su parte, el reduccionismo científico, que tantos éxitos (casi todos) ha proporcionado en tecnología y otros campos, poco puede asesorar en estos complejos intrínsecamente holísticos en el que el todo es bastante más que la mera suma de partes (suponiendo que hayamos detectado todas) y más relevante aún es la misma relación entre esas partes. Tienen entonces esos expertos –que, por definición, tienen también el vicio de traer pensadas las cosas complejas de antemano, por eso son “expertos”– la manía de confundir sus precarios modelos, necesariamente simples o más bien simplificados, con la realidad, esto es, tienden a confundir el mapa (“su” mapa) con el territorio y también la actitud de intimidar a los profanos, justo un poquito antes de que aparezcan puntuales los imprevistos. En ese sentido son como todos los sectarios: no tienen juicio porque abordan los problemas con prejuicios, manteniendo el relato preestablecido. El experto, que va de eso, expulsa el Principio de Realidad con el Principio de Autoridad. La vieja barbarie del especialista.[1] La tan en boga noción de medio ambiente, una inútil redundancia de dos términos sinónimos, es, para el desarrollo, pareja a la de la naturaleza con el territorio rural: convirtiendo lo “medioambiental” en un sector más, se le desactiva, como un adorno, una guinda de la masa del pastel, en lugar de mantenerlo como una cualidad transversal integrada, al igual que la económica, de cualquier proyecto. La superchería de la mayoría de las llamadas “medidas correctoras” contribuye a convertir asuntos tan sustanciales en meros trámites.

La transformación más celérica y radical que ha sufrido este país, su modernización, ha consistido en vaciar demográficamente los territorios rurales, agrarios, ganaderos y silvícolas, generar una emigración masiva a una serie de ciudades y sobre todo al litoral y, haciendo de la necesidad supuesta virtud, pretender aprovechar ese atolón poblacional, esa desertización humana más que climática, para crear espacios naturales en los territorios vacantes que son decorados taxidérmicos, belleza disecada donde ya no existen sus mantenedores, los campesinos. Los guardeses oficiales, la guardería y los técnicos han procurado contener esa avalancha de visitantes que la expectativa de “naturaleza” sustituyendo a los menos prestigiosos antiguos campos ha creado, pero en vano. Porque, en cierto modo, tan irreductiblemente arrogante es la invasión brutal del cemento como la más cándida del “amante de la naturaleza”. En ambos casos, la dimensión del ultraje la da la vastedad de lo que se ignora. Sólo nos queda intentar resucitar al moribundo, volviendo a incorporar al sistema al elemento esencial ausente: si quieren contemplar rapaces mire a su alrededor a ver si también hay rebaños.




[1] Esto es especialmente acusado en el caso de los llamados problemas ambientales o “ecológicos” ya que no suelen admitir soluciones de corte tecnocrático. Estas “soluciones” parecen corroborar la moraleja del relato de Tucídides de la Peste de Atenas. Cuando en tiempos de Sócrates (circa 400 a. C.) se desató una terrible epidemia en Atenas, los oráculos consultados recomendaron duplicar el altar de Apolo. Ahora bien, este era un cubo y con las premuras en lugar de duplicarse se multiplicó por ocho. Apolo enfurecido incrementó los daños. En realidad, la duplicación de un cubo no tiene una solución geométrica, como no lo tiene la cuadratura del círculo, no puede ser resuelto con regla y compás (Cf.- J.J. Rodríguez Fraile, El oráculo ilustrado, inédito, citado por J.L. Pardo). Igualmente, los problemas ambientales no tienen soluciones “ambientales” satisfactorias, sino que estas deben ser políticas y económicas; esa es la ilusión (de iluso) del tecnócrata. Un colofón del holismo es que ante todo problema complejo existe una solución simple…que siempre es falsa. Esto no contradice el conocido método de “la navaja de Occam” conforme al cual entre varias explicaciones posibles de un fenómeno, la más sencilla suele ser la cierta; primero, por que sencillo no es lo mismo que simple, y segundo, por que de hecho, pensado en términos de la exitosa ciencia reduccionista, la afirmación sólo alude a lo complejo y, por tanto, la completa.

24/01/2010

Breverías (5)

(7) REPARTO DE COMIDA: (MÁS AÚN DE HAITÍ): Una de las cosas buenas de la cárcel es que te dan de comer; otra es que tienes mucho tiempo para leer, ¿recordáis el preso de confianza ese de las películas que va con el carrito de revistas y libros por las celdas? No debe haber mucho para elegir en esas bibliotecas (¿revistas porno y la autobiografía del director de la cárcel?, y la Biblia, claro).

Los cascos azules, en África, en América, en la antigua Yugoslavia, han probado de sobra su incompetencia. Si te ves en apuros –moraleja- ni te acerques a una sigla de la ONU porque los azules funcionan como los cimbeles para los cazadores de patos: atren a los depredadores tanto como a sus víctimas.

En cambio, los marines estadounidenses otra cosa no sabrán, pero invadir países se les da de maravilla. Organizan todo a su gusto, eliminan el desorden y pueden repartir comida tranquilamente. Eso sí, antes convierten todo el país en una cárcel.

Por cierto, además de comida, ¿les estamos mandando libros a los haitianos?, preferentemente en francés.

22/01/2010

Breverías (4)


(6) XENOFOBIAS MUNICIPALES: Vic, Torrejón y otras xenofobias. Es fácil predicar el ‘buenismo’ y afirmar que negar derechos básicos como la educación y la sanidad es canallesco. Y es cierto, lo es, pero es que además negar esos derechos es estúpido: ‘la banalidad del mal’ que decía Hannah Arendt, porque a riesgo de parecer naif o ingenuo tengo que decir que lo que mejor define a los ediles de esos sitios es que son malvados. Y necios, insisto.

La inscripción en el padrón es una información básica no sólo para que los inmigrantes puedan recibir esos servicios, sino para saber a qué atenernos el resto de la población “legal”; hay que estar informados de lo que ocurre en tu casa, en tu ciudad y en tu país y, desde un punto de vista estrictamente egoísta, no veo en qué nos pueda beneficiar ignorar los peligros del descontrol sanitario de los inmigrantes.

Es decir, yo soy bueno (en el buen sentido de la palabra, el de Machado) y ellos malos, pero además ellos, los malvados, son imbéciles. Y una de sus tonterías es la de afirmar que “ya somos demasiados”. Tienen razón, en parte, pero no lo saben, porque lo verdaderamente significativo, en el planeta y en Vic, no es cuántos somos, sino cuanto consumimos y cuantos desechos producimos, esto es, el consumo de recursos ‘per cápita’ y la presión sobre un entorno con recursos limitados. Y en ese sentido es mejor controlar la demografía de los ricos que de los pobres. Son “ellos”, los opulentos instalados los que son demasiados, ocupan demasiado espacio, chillan en exceso y produce demasiada basura, sobre todo cuaando hablan.

Uno de los tópicos más falsos es que la bondad es gratuita y la maldad puede ser útil. Es justo al revés.



breverías (3)





Atahualpa Yupanqui -
Milonga del solitario

(5) SOLIDARIDAD (MÁS HAITÍ):
La solidaridad es maravillosa, nos reconcilia -me reconcilia- con mi propia especie, pero la exhibición de la solidaridad, su publicidad abrumante que termina usurpando en las noticias la imagen de los salvados, sustituida por los salvadores…tiene algo (o mucho) de indecente, ¿no creéis? Como esas señoronas ricas que al salir de misa y antes de marchar al aperitivo del bracete del marido notario sacaban el monedero y con gesto ostentoso, la manita en pinza, depositaban una moneda –una sola: “no se lo gaste en vino, buen hombre”- en la mano del mendigo blindado de humillaciones.

Comprendo que las ONG tienen que hacerse visibles para ser viables, pero ¿no se termina confundiendo los fines y los medios? Perdón por la comparación, pero igual que las organizaciones terroristas, al usar ciertos medios terribles terminan no sólo justificándolos sino convirtiéndolos en fines, ¿esas visibilidades caritativas tan ostentosas, ¿no se terminan convirtiendo en fines en sí mismos?

De todas formas, preciosos los uniformes, cascos y logotipos de los equipos de bomberos del mundo. Mucho más imaginativos que los de las policías y los ejércitos, lo enfermeros y los médicos. Supongo que dada la tenacidad superviviente de la infancia, los niños haitianos seguirán jugando entre los escombros y las ruinas: a policías y ladrones, como aquí, pero allí con los modelos en las esquinas. Y a bomberos.

20/01/2010

Breverías (2)


(Hoy no os pongo música: tararear algo vosotros. que la sgae sigue mis pasos)

(4) PARADOJA DEL PENDOLISTA: Ahora que tanto apocalíptico piensa que los libros morirán de la mano del é-book viene a cuento hablar de la imprenta y los pendolistas. Una paradójica metáfora preciosa. Y una palabra chula y equívoca, pendolista, suena a una mezcla de navajero pedigüeño (sablista) y de vida alegre (pendón), pero no, un pendolista es un calígrafo, un escribano (inútil que lo busquéis en la Wiky, más os vale acudir a la exposición madrileña “Fuentes de la tipografía madrileña" en la Calcografía nacional, y luego os tomáis un caldito y un jerez en Llardy que va siendo hora que os tornéis un poco más finos.

Pues bien, la caligrafía, AUNQUE PUEDA PARECER PARADÓJICO, SE DESARROLLA CON EL NACIMIENTO DE LA IMPRENTA EN Españaaa (Perdón, no sé por qué me he puesto a gritar; a veces se me va la pinza) mucho, pero que mucho. Y la noble profesión de pendolista o escribano adquiere rango de arte, abolengo de cosa chula y fina cuando la difusión de sus métodos, técnicas y muestras se generaliza gracias a…'ta-chán': ¡la imprenta!, su supuesta enemiga, por los libros impresos, los manuales de caligrafía. Eso convierte al pendolista en autor/artista y a su escritura en modelo propuesto para otros plumillas.

Llamo paradoja del pendolista (escucha SGAE: ni se te ocurra utilizar la expresión sin mi permiso, gusanos recaudadores de peluquerías de barrio) a la situación en que una nueva técnica, aparato o uso pasa de superficialmente amenazar a otro a propiciarlo aún más; como Internet y los libros, como –estoy convencido- los e-book y la lectura, como las imprentas y los escribanos. El futuro, lo dijo Walter Benjamin, es un ángel con las alas abiertas, arrastrado por el vendaval de la Historia…de espaldas, mirando al pasado. Así que...despacito y buena letra, que vamos hacia el futuro, eso sí, de culo.

19/01/2010

Breverías




Eric Satie - Gymnopédie nº 1 (Roland Pöntinen, piano)

(1) MENTIRAS: Entre el “miente que algo queda” de Goebbels y “la mentira nunca vive para hacerse vieja” de Sófocles no sé a qué carta quedarme.

Bueno, lamentablemente sí lo sé: con las dos. La mentira permanece, como señalaba el nazi, el tiempo suficiente para hacer daño, luego, como señalaba el griego, desaparece, pero ya hizo su tarea.

(2) JUVENTUD Y GENIO: Me parece que esta generación que emerge con las ganas habituales de la juventud es, en determinados ámbitos (el diseño, la literatura, el arte), una generación convencida de que para ser un genio no se necesita más que un ego en buena forma y cierta incapacidad para mantener la boca cerrada. Es decir, envanecimiento ególatra y falta de discreción: ausencia de discernimiento. ( A tí te digo, listillo: no eres un genio, sólo joven e ignorante).

(3) HAITÍ: si 2010 es el año más nefasto para Haití, compitiendo con el de 1915 en el que Estados Unidos lo invadió para cobrarse una deuda del City Bank, también será el año que más dinero llegará al país. Una prueba más de que el dinero no hace la felicidad. El terremoto ha borrado casi la ciudad de Puerto Príncipe, pero ha vuelto, paradójicamente, a poner a Haití en los mapas, y eso que David Brooks, del New York Times, nos informa de que antes de la devastación Haití ya era el país del mundo con más ONG ‘per cápita’ del mundo. Si no un negocio, sí una gran empresa es esto de la caridad mundial. Por cierto, hablando de yanquis, he tenido que soportar a una reportera española en una televisión repitiendo de forma insistente “jaití” para referirse a Haití; de momento conserva su empleo y se empecina en su error.

(3 bis) HAITI: La brutal fuerza telúrica del seísmo horroriza, pero mucho más la salvaje –precisamente por discriminada- actitud...¿ inhumana?, no: muy humana (s.s.) de los grupos de saqueadores, violadores, linchadores, bandoleros, tumultos, saqueos, ‘ajusticiados’, bandas y demás que han aparecido inmediatamente después. (También hay abnegación, solidaridad, desprendimiento y otras actitudes tan humanas, es decir, tan propias de nuestra especie, como las anteriores).

(3 ¿tris?) HAITI: La vicepresidenta española se desplazó a Haití con gran y loable celeridad, pero hubiera podido hacer mucho más por ese país. Simplemente, quedándose en casa, sin recurrir a aviones, protección de escoltas, etcétera y destinado todos esos recursos a la gente que ya está allí.



NOTA BENE: lo de “breverías” de esta subsección del blog que hoy inauguro podría, no digo que no, venir del juego de palabras entre ‘breve’ y la ‘greguería’ de Gómez de la Serna, aunque con menor voluntad aforística. Pero os aseguro que no: vienen de ‘breva’. La breva es el segundo fruto de la higuera, el primero cronológicamente de cada año (“de higos a brevas", esto es, de año en año) porque se producen a partir de los frutos embrionarios, higuitos diminutos, que quedaron sin desarrollar de la fructificación de la temporada anterior. Este blog, igual que las higueras, árbol mediterráneo donde los haya, da dos tipos de frutos también: los higos, esto es, los post más largos, y estas brevas breves; o sea, estas breverías.

15/01/2010

¿Nos estamos cargando el planeta? (cinco...): Oriente enfrentado a Occidente

(Para José Montalvá, que me ha enseñado recientemente la belleza que encierra el olor del cloro)


No me pises que llevo chanclas - Japón

Bosque de 'hinoky' en Japón


El enfrentamiento entre las concepciones Occidentales y Orientales sobre la conservación del patrimonio –normalmente el edificado, pero es extensible al territorio- es muy ilustrativo. En Occidente tenemos, a juicio de los conservadores chinos y japoneses, una obsesión excesiva por la obra original o auténtica y un desdén de nuevos ricos por la copia. De hecho, el idioma chino tiene dos términos distintos para designar las copias. Fang zhipin sería lo que nosotros llamamos reproducción, como las que se compran en las tiendas de recuerdos; Fu zhipin es, en cambio, la copia de gran calidad, digna de exponerse como el propio original. Por ejemplo, las de los guerreros de Xi´an, que son esmeradísimas reproducciones hechas a partir de moldes obtenidos de las estatuas originales, con sus pequeñas imperfecciones, como recién desenterradas y que han viajado en las exposiciones europeas junto a los modelos y para gran disgusto de los expositores europeos.

Los chinos no entienden ese supuesto purismo porque su arte se basa en materiales perecederos, como la arquitectura en madera o la pintura en papel, que si no hubieran sido copiados una y otra vez se habrían perdido. En cambio, en Occidente se aspira –desde Egipto que fue quien más lejos llevó ese afán- a lo imperecedero, a la piedra en arquitectura, al óleo y al fresco en pintura. Ambos son extremos de dos planteamientos temporales antagónicos. El tiempo lineal, lleno de rupturas históricas en las que unas civilizaciones sustituyen y hasta olvidan a las precedentes, frente al tiempo cíclico, renovado siempre, de culturas, como la China, inmutables en su variación.

Santuario de Ise

Un ejemplo que evidencia el absurdo en que incurre a menudo esta miopía occidental es el caso del santuario de Ise; un templo sintoísta del siglo VII después de Cristo que fue catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Esta suerte de enfoque zen orientado a la conservación tiene en Ise su máxima expresión; construido totalmente en madera[1], cada veinte años es sometido a un ritual deconstructivo y reconstructivo, exigible por el uso de materiales perecederos que al irse deteriorando son reemplazados a discreción por otros nuevos similares. En el fondo se trata de una estrategia de conservación dinámica esencialmente superior a la occidental pues conserva junto al objeto reconstruido las técnicas originales que lo forjaron (Los restauradores occidentales han tenido que aprenderlas en sus propios monumentos, no sin antes cometer muchas restauraciones brutales e inconexas temporalmente). Es un caso similar a la renovación de las células de nuestro organismo, raras veces mayores de diez años, como las del esqueleto, y a veces con periodos mucho más breves, como los 120 días de los glóbulos rojos o los 300 días del hígado, y no por eso el individuo pierde su identidad esencial. Para los japoneses el santuario de Ise tiene mil trescientos años de antigüedad a pesar de que ninguno de sus constantemente renovados componentes tenga más de veinte años.

El colofón chusco antes aludido es que, enterados los expertos de la UNESCO de dicho proceso cuasi vivo, decidieron, tras enconados debates, borrar el maravilloso santuario de su lista de bienes culturales adscrito al epígrafe “Patrimonio de la Humanidad”. No es sólo una mera analogía ni una metáfora pensar que este hecho tiene indudables semejanzas con las obsesivas medidas de conservación “taxidérmica” en nuestros Espacios Naturales Protegidos, suprimiendo de ellos no sólo las actividades que podrían modificarlos drásticamente, sino también las que los forjaron y los mantenían. Reacuérdese los ejemplos mencionados en Luneburger Heyde y que podríamos ampliar a muchos otros casos y en especial al debate en torno al Parque Nacional de Los Picos de Europa, un espacio donde aún se mantienen muchas de las actividades ganaderas que lo forjaron y que, en aparente paradoja, su actual figura protectora amenaza con erradicar.



Madera de hinokyHinoky, ciprés de hinoky o falso ciprés japonés (Chamaecyparis obstusa)


Desde Santurce a Bilbao Blues Band - Indefensos vampiros

1]Pero, qué madera. Se trata de la del Ciprés de Hinoki (Chamaecyparis obtusa). Símbolo de la pureza y la incorruptibilidad –como todas las cupresáceas, es prácticamente imputrescible-, de hinoki es la madera con la que se enciende, frotando dos de sus palos, el fuego sagrado del Shinto, y con la que se construyen sus santuarios. Sus bosques pertenecían a la Casa Imperial y posteriormente al gobierno nacional. Se utilizan a partir de los 250 a 300 años de edad del árbol. Su madera es probablemente, por encima del ébano y las caobas, la más cara del Mercado. En España se pueden ver ejemplares miniaturizados, en forma de bonsáis o formando grupos de coníferas enanas en algunos ajardinamientos.

14/01/2010

¡HAITÍ!


Haití, el país más pobre América, y eso es ser muy pobre; es un lugar olvidado (¿Un no lugar?), el tercio occidental más negro y criollo de Santo Domingo. La pobreza no atrae este tipo de desastres (sí otros), pero multiplica sus efectos; un terremoto de esta misma escala y localización (superficial y a sólo quince kilómetros de la hacinada capital) hubiera provocado una fracción infinitesimal de mortandad en Japón.

El desastre lo inició el contacto de dos placas tectónicas en una zona muy propensa del planeta, pero las gentes eran tan vulnerables a esa telúrica cólera porque habían tenido que abandonar sus campos (‘dumping’ lo llaman técnicamente los economistas) de arroz y emigrar forzadamente a la capital. Los servicios sanitarios que no cubren necesidades mucho más elementales que las de una emergencia, la insoportable inflación en un país donde los precios de los alimentos básicos hacen que sean artículos de lujo, la presencia de un Estado que expolia e intimida, pero no protege a sus súbditos antes que ciudadanos.

Reina el caos, pero no sólo en Puerto Príncipe, un no lugar en el que nunca estuve, sino en las encallecidas mentes y corazones de los que tienen capacidad de decisión. Ahora se harán la foto ayudando, mandando dólares, alimentos o equipos con el dinero que primero robaron con el Intercambio Desigual, porque la pobreza no es un resultado inesperado e indeseado sino parte del Sistema, que quede claro.

No tengo palabras, sólo blasfemias, así que os dejo con Auden, uno de mis poetas favoritos.


Embajada (W.H. Auden)

Se disipó, al caer la tarde, la opresión del día;
Las altas cumbres pudieron divisarse; había llovido
A través de amplios prados y flores refinadas
Fluía el diálogo de los diplomáticos.
Dos jardineros les miraron los zapatos caros
y el chofer esperaba, leyendo algo apoyado sobre el manubrio,
hasta que ellos terminaran su intercambio de enfoques.
Parecía una escena perteneciente a la esfera privada.
Lejos de ahí, sin importar sus buenas intenciones,
las fuerzas armadas esperaban un error verbal
con toda la parafernalia dispuesta para dañar:
Y del encanto de ellos dependía
una tierra devastada, con sus jóvenes masacrados,
sus mujeres llorando y el pueblo bajo el terror.

(Versión de Germán Carrasco)


13/01/2010

Mis fotos invernales

(A petición de Cigarra y Dante B)

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.

Un soneto le mandó hacer Violante a Lope (¿A cambio de qué, Eh?, cabronazo) y a base de irse como negando o aceptando en plan renuente le montó la petición y hala, soneto al canto. A mí los asiduos me piden fotos invernales de los aledaños, alrededores y entorno de mi refugio y, salvando las distancias –varios siglos y tres mil kilopondios de talento, en cambio, la tecnología está de mi parte, voy a imitar a don Lope y sin dejarme perilla ni usar florete para pinchar facinerosos, sin parar mientes y demás voy a imitarle; o sea, voy a colgar fotos invernales y…sin nieve, que en fotografía en color suele ser un asquito plano.

(Me voy a Petrarca y compruebo que sí, que son catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos: chupado).




Vivaldi - Invierno, 1 Mov, Allegro non molto - The Royal Vivaldi Symphony

Uno. Comenzamos. Allí arriba es donde voy. Confieso que al ser el primero de enero aún no habían caído las nevadas tremendas. Además mi intención no era buscar el blanco invernal, tan 'plano' en la foto en color, sino...¡el rojo!, en contraste con el verde...




Dos. Llegamos al pie del bosque montano de uno de los empinados valles transversales tributarios del Tietar, en la vertiente Sur de Gredos, que aquí se conocen como gargantas. Fundamentalmente el roble rebollo o melojo (Quercus pyrenaica) que no pierde las hojas en otoño e invierno a pesar de que se tornan marrones rojizas, pero permanecen, 'marcescentes', en el árbol, al menos hasta los primeros vendavales. Un suave pañal de musgo, tan viejo como el propio árbol, refresca su corteza.


Jara está dispuesta. Una cruz marca el inicio del camino.


El bosque, el melojar, la niebla, y los gnomos y los corzos -estos últimos ladrando- se ocultan de nosotros...


No nos podemos quejar de la alfombra del camino, ahorrativamente son hojas de roble; muy cómodas y susurrantes...


Tres.Ascendemos, y lo haremos más que la niebla si se tercia. Prados de siega y a diente rodeados de lo que los asturianos llaman 'seves', los franceses 'bocage' y aquí, aquí setos.


Cuatro. Y subimos. Ya os digo que se trata tanto de dejar la niebla abajo como de buscar el...¡rojo! Ahí está, los helechos machos (Pteridium aquilinum) verdes este verano, ahora contrastan con los musgos del granito de Gredos (adamelitas de grano fino, tan buscadas por los canteros, pero también las más toscas granodioritas)


Cinco. El camino se allana temporalmente, dos rebollos hacen de hitos, la alfombra es de helechos



Rojo intenso, ¿lo veis?:





Y subimos, aunque la niebla nos sigue


Seis. La ladera de enfrente descuelga un torrente subsidiario a la garganta principal que seguimos

Y subimos. Y sigue el rojo. Me gusta el contraste con la lechosa niebla. A las nieves esta vez no llegaremos, empieza a llover.




Si cliqueáis sobre las fotos, como yo no ahorro en pixeles, las veréis con más detalle y ampliadas.

Abajo, al pie de las laderas, siguen las encinas verdes, siempre verdes, como los pinos, pero los sauces y mimbreras, los ojaranzos (almeces: Celtis) y los robles se tornan amarillos, o marrones, o rojizos, ocres sienas...La clorofila verde muere y aparecen otros pigmentos, sobre todo los rojos de las antocianinas. No las confundáis, os lo pido, con las ficoeritrinas de las algas rojas, que son pigmentos conjugados con una cromoproteina que pueden hacer fotosíntesis, como y junto a la verde clorofila. Queda claro ¿no?

Otro día, la dichosa y más prosaica nieve. Lo prometo

12/01/2010

Interludio frívolo

Iris y Peter Robinson( Ella le regaló la corbata que lleva él; el, el crucifijo que lleva ella; las sonrisitas, en cambio, son de cada cual)


Simon & Garfunkel - Mrs. Robinson

No lo entiendo, ¿Cómo podían Simon y Garfunkel cantar a la señora Robinson varios siglos antes, digo décadas, del suceso en Irlanda con el muchachito? (“Póngalo en su despensa con sus pastelitos”)

Los hipócritas ultrarreligiosos, en el caso de que la expresión anterior no sea redundante, ¿tienen entonces un infierno en esta tierra que ya anunciaba el pop de los sesenta y pelis como El Graduado?

O sea: ¿La naturaleza imita al arte? ¿Va a ser verdad eso? ¿Hay justicia poética y de la otra, después de todo?

Lástima que la señora unionista, aunque de buen y pecaminoso ver en su estilo marcescente y caduco, no sea Anne Bancroft; le sobra hipocresía y la falta cinismo y estilo; en cambio, el chavalito no desmerece de aquel Dustin Hoffman sesentero.


Los obispos tienen el don de la haptonomía. No lo busquéis en Googgle: es la técnica para conseguir la comunicación afectiva con el feto; algo así como el espiritismo con los que "ya" no viven, pero con los que "aún" no viven. Hay cursillos para embarazadas y no sé si para prelados.

La haptonomía (me encanta aprender palabras nuevas) no es nada comparada con la posibilidad real de viajar hacia atrás en el tiempo de algunos políticos irlandeses, esos mismos -la vida no reparte con justicia sus dones- que eran haptonómicos habituales.

11/01/2010

¿Nos estamos cargando el planeta? (cuatro...): taxidermia frente a renovación



“Investigar sin recorrer las dificultades es como caminar sin saber adónde se va, exponiéndose incluso a no poder reconocer si en un momento dado se ha encontrado o no lo que se buscaba.”[1]

S

e me podrá argüir la sagrada economía, la inviabilidad de los procesos productivos antiguos frente a la rentabilidad de la explotación turística y/o urbanística, pero es fácil desmontar esos argumentos que siempre invocan la inmediatez. Se trata, en primer lugar, de no confundir lo “imposible” con los meramente “difícil”. La clave está, precisamente, en la cuarta dimensión, el tiempo, “t” ignorado o convenientemente minimizado por los modelos económicos al uso. Si lo tenemos en cuenta, en cambio, conciliando Lógos y Cronos, vemos que la perdurabilidad de la explotación del sistema pasa por su gestión sostenida, por su mantenimiento, y eso sólo es posible preservando su función original aunque se le añadan nuevas. Como las inevitables y controvertidas visitas. Y todo ello sin olvidar que entre los economistas (al uso) y el mundo real se levanta como un muro su billetera (incurriendo en la vieja confusión entre valor y precio) que a veces ocupa además el lugar del cerebro, por lo que es preciso dar algún rodeo para llegar a lo esencial. Por otro lado, los economistas son en esto como el resto de los expertos, siempre tratando de extraer rayos solares de los pepinos para encerrarlos en botellas, como refería el sarcástico Swiff por intermedio de Gulliver de los voluntaristas lapitanos.

Nuestros campos inundados de espacios naturales protegidos, de “Naturaleza” y huérfanos de sus verdaderos guardianes, el campesinado, pero transitados por desinformadas e inexpertas miríadas de visitantes urbanos, genera desequilibrios y problemas sin cuento. Ya lo sé: la cultura campesina está en trance de desaparición, lo cuentan desde Miguel Delibes a John Berger, por citar sólo novelistas[2]. Pero la sustitución de esos gestores espontáneos, bien armados de tradiciones de explotación, por gestores administrativos, huérfanos de directrices bien englobadas en un todo, crea un vacío que nadie hasta ahora ha sabido llenar. Si desaparecen los buitres de un macizo montañoso, que me disculpen los zoólogos, pero no hay que reclamarles auxilio a ellos, sino a los pastores que con sus ganados formaban un inextricable modelo armonioso de funcionamiento global. Poniendo a la Naturaleza en el altar neopagano de la Conservación se la coloca al margen de donde debe estar: en el centro que sustenta nuestras sociedades y vidas.[3] En la Italia del XIX se pintaba en las paredes “Viva Verdi”, con ello se rendía tributo al compositor que mejor recogía los anhelos populares, pero también se disfrazaba un acróstico reivindicativo: V.E.R.D.I. era “Viva Vittorio Enmanuele Rey de Italia”. Igualmente, “salvemos la naturaleza” no es un sensato “salvémonos nosotros”, la especie de más precario porvenir en sus usos de consumo de recursos y transformación del entorno actuales, sino un viva a esa Naturaleza “aparte”, concebida como Parque Temático, destino vacacional o un superfluo lujo similar. Para mi, quien mejor ha sabido expresar resumidamente todo esto es el ecólogo de nuestros sistemas pastoriles del Norte peninsular, Pedro Montserrat: “(…), pero ahora nos conviene destacar la dificultad gestora en esos ambientes marginales ocupados por hombres envejecidos y que no admite la gestión a distancia por técnicos foráneos, unos urbanitas desarraigados”[4].

A pesar de su grandiosidad, ante muchos espacios naturales protegidos inmersos en un mundo cada vez más transformado, uno recuerda un proverbio chino: “Dios hizo al gato para que el hombre pudiera acariciar a un tigre”. Y esa fue la lúcida motivación que a finales del siglo XIX llevó a algunos pioneros a promulgar los primeros Parques Nacionales, en Estados Unidos, como testimonio de todo un continente otrora virgen: un “tigre” inmaculado, ahora convertido en gatitos desperdigados (Yelowstone, El Gran Cañón, etc.) por su territorio.


[1] Aristóteles: Metafísica.

[2] La literatura, cuando lo es de verdad, también es una forma de conocimiento, a menudo más certera que otros modos más académicos. La trilogía de La Tierra de John Berger, la novela Gente independiente del hoy olvidado Nobel islandés Haldor Laxness o las novelas castellanas de Delibes, como Las Ratas, son, además de obras de arte, auténticos manuales de ecología rural, que narran la desaparición de toda una cultura, la campesina europea.

[3] En cambio, los verdaderos paganos y los antiguos filósofos griegos, opuestos a los sofistas, consideraban que sobre esa “naturaleza en bruto”, a la que se enfrentaban los poetas y los productores, no se podía decir nada; para ella los viejos griegos tenían una palabra misteriosa, como misterioso era el ápeiron, el ilimitado e indefinido bosque primigenio donde se agazapan los animales para evitar ser cazados, confundiéndose con la maleza. Ser un “mirón” en esos bosques tenía sus peligros, como el del mito del cazador Acteón, devorado por sus propios perros por maldición de la diosa Artemisa, una forma de morir del propio éxito similar a la de muchas de las tecnologías modernas, aunque el paradigma de ese éxito-fracaso sea Prometeo. Un moderno ecólogo forestal utiliza otra mitología, la céltica, más de moda, para explicar qué es un bosque clímax (no alterado en absoluto), contesta que es “aquel que tiene gnomos” (No confundir con enanos de jardín), que es como decir que es aquel que no tiene “producción” sino misterio.

Los mitos griegos reelaboran, a mi juicio, muchos tránsitos de la historia ecológica de ese pueblo. Por ejemplo, el Apolo Lycos, la “advocación” del dios adivino que se aparece a Casandra para concederle dicha capacidad, lo hace en forma de lobo rodeado de ratones; y esos son los dos enemigos tradicionales que pueden cambiar el futuro inmediato de una economía campesina mediterránea: el lobo, de los rebaños; los ratones, de las cosechas. O bien, en la pugna entre Apolo y Atenea por el patronazgo de la ciudad de Atenas, el primero les ofrece a los atenienses el caballo y la segunda el olivo, que es el que aceptan; pero dicha elección es todo menos evidente; ambos regalos son muy valiosos. A mi juicio (Insisto, ya que las interpretaciones de “cosecha propia” de un profano como yo pueden resultar arriesgadas), esa elección simboliza el tránsito de un pueblo desde el nomadismo, donde el caballo era esencial, al sedentarismo urbano y agrícola, donde ya es más importante el olivo. En cualquier caso “si non e vero, é ben trovatto”. Y no olvidemos que estamos hablando de la civilización fundacional por antonomasia de Occidente y del Mediterráneo, la que más nos concierne.

Por otra parte, se plantea aquí una curiosa cuestión etimológica, “paisaje” deriva del galicismo “país” que a su vez vino a sustituir al viejo término “pago” con idéntico significado, del que deriva “pagano” y paganismo. En efecto, la denominación de pagano para los que se aferraban a las antiguas religiones que fueron desbancadas por el cristianismo tiene sentido por que este último se extendió muy rápidamente en las ciudades, en tanto que los campesinos, “paganos”, fueron mucho más reticentes a adoptar esta, como cualquier otra innovación.

[4] P. Montserrat Recoder: “Importancia gestora y social del pastoralismo”; Arch. Zootec. 50: 491-499. 2001. p. 495. Las cursivas son del profesor Montserrat. Cualquiera de los trabajos de este venerable investigador, con su característica prosa lacónica, de hombre de campo de pocas palabras, es una mina de información de la que se puede extraer, “casi en superficie”, desde trucos ganaderos hasta conclusiones de validez teórica en ecología, pasando por sutilezas para mejorar la gestión natural. El lujo de este país es tener sabios (pocos) como él y el despilfarro es no prestarles atención.

08/01/2010

¿Nos estamos cargando el planeta? (tres...): taxidermia o conservación


En muchas de nuestras ciudades más hermosas, desde Venecia a Santillana del Mar o el casco antiguo de Cáceres, personas sensibles han pretendido su protección, y en la mayoría de los casos lo único que han conseguido es crear parques temáticos (cuyo “tema” es Venecia, Santillana del Mar, etc.) transitados por miríadas de turistas y desprovistos de su anterior vida. Esto es taxidermia, no conservación. Lo cascos históricos se preservan protegiendo y fomentando las actividades urbanas que les dieron origen. De igual forma el campo, mal llamado naturaleza, se conserva no disecándolo e incluso persiguiendo a sus forjadores, sino manteniendo su funcionamiento. La mera conservación es insatisfactoria (taxidermia) porque trata de conservar o reconstruir el paisaje de ayer apreciado en el momento de hoy sin poner en cuestión esas condiciones de hoy ni restablecer las de ese ayer.

No debemos olvidar que el territorio se protege “para” los hombres, pero fundamentalmente se protege “de” los hombres, su principal amenaza en forma de avalanchas de visitantes o de cambios drásticos de usos del suelo. La clave está en determinar qué o cuántos hombres, o mejor qué actividades promover. Precisamente la generación de afluencias masivas de visitantes inexpertos que se concentran en determinadas épocas del año y la simétrica expulsión de sus guardianes permanentes los campesinos (o los habitantes tradicionales de los barrios urbanos) no es la mejor forma, sino la más segura para iniciar su inexorable declive. Convertir el Serenguetti en un safari park o Daimiel en un estanque de patos no es precisamente un éxito. Para mí, el error de estas concepciones lo simbolizan esas horrendas construcciones –falso rústico, versión “Far West”- de los acondicionamientos socio recreativos de las zonas de acogida de esas áreas nominalmente naturales: cabañitas, puentecillos rústicos de troncos sin desbastar, peligrosas barbacoas. Son tan anacrónicas, tan disonantes… como la pintura rupestre de un aeroplano.

Un último inconveniente ha venido a sumarse a las formas taxidermistas de protección por medio de la declaración de Espacios Naturales Protegidos. El cambio climático, entre otros efectos, está modificando las pautas de migración de muchas aves, incluso sedentarizándose, lo que a su vez implica modificaciones en la dispersión de semillas y microorganismos por los pájaros, nuevas competencias que antes no se daban por estar segregados en el tiempo, y todo ello hace afirmar a muchos biólogos de la conservación que “hay que pasar de las áreas espaciales (sic) estáticas, como los parques naturales actuales, a un concepto que proteja los movimientos de las especies”.[2]


[1] Roma es la antitesis de esas ciudades monocultivos turísticos o “parques temáticos”. Valga esta larga cita para evidenciarlo: “Roma es una ciudad donde los vestigios del pasado son omnipresentes. Toda ella conforma un palimpsesto viviente en donde los múltiples estratos de sus dos mil setecientos años de historia coexisten uno junto a otro en extraña yuxtaposición. En medio del estruendo de los coches que pasan zumbando por delante de los antiguos templos republicanos y del teatro art déco en el Largo Argentina, espero el autobús cerca del lugar donde fue asesinado Julio César (`…)., y en la suave curvatura de un centro comercial del siglo XX se adivina el trazado semicircular del antiguo anfiteatro sobre cuyos fundamentos se erige. La planta baja de una moderna pizzería alberga un enorme reloj de sol que marcaba ya el paso de las horas en los tiempos del emperador Augusto (…) La ciudad ha sido devastada y reconstruida numerosas veces, pero ha sobrevivido con algo de su vieja alma intacta ( …)Y mientras uno se deja arrastrar por la alegre y ruidosa confusión del presente, el gran templo pagano y la iglesia sede de la cristiandad nos recuerdan que las cosas importantes de la vida son pocas (…)El pasado coexiste cómodamente con el presente y se adapta a sus necesidades. En el ambiente no hay nada artificioso ni museístico”. (Alexander Stille: El futuro del pasado; Península, Barcelona, 2005. El subrayado es mío).

[2] Declaraciones al diario El País, el 10 de abril de 2007, de Miguel Ferrer, ex director de la Estación Biológica de Doñana.

07/01/2010

¿Nos estamos cargando El Planeta ?(dos...): El Paisaje


Miremos lo que nos rodea al salir del coche en una carretera de montaña, pongamos por caso. ¿Naturaleza? Bueno, en todo caso, paisaje. En esto del paisaje las formas son una cuestión de fondo. El paisaje es un fenosistema, es decir, una morfología que muestra sólo en parte un sistema oculto, un criptosistema –llámenlo ecosistema si gustan- de relaciones subyacentes, “fisiológicas”, que explican esa apariencia conspicua, paisajística. En esas relaciones que ligan materia, energía e información, los elementos más fundamentales son, ya digo, las bacterias, que podrían bastarse a sí mismas, puesto que las hay que ingresan la energía del espacio exterior, las fotosintéticas, y las que cierran el ciclo de materiales tornando al pool del reservorio inorgánico los materiales empleados en ese ciclo de materia que, como una rueda de molino mueve la “corriente” energética. El otro elemento más relevante, aunque todos lo sean, es la actividad humana, con su inmensa capacidad de organizar el espacio –el territorio- y de modificar los flujos de materia y energía a través del control del canal de la información.

Uno de los paradigmas de esa interacción son los paisajes de montaña europeos, que constituyen el 70% en superficie de sus espacios naturales protegidos; esos paisajes que protegemos o pretendemos proteger son resultado de determinadas condiciones litológicas, climáticas, edafológicas, biogeográficas, pero sobre todo y finalmente de la secular interacción del hombre con sus ganados. Digámoslo una vez más: los paisajes “naturales” de montaña, incluidos los de la alta montaña, son una resultante pastoril. La conclusión primera es obvia: si pretendemos mantener esos paisajes justo como los encontramos y por lo que los apreciamos, debemos preservar igualmente sus condiciones de mantenimiento, su fisiología y no sólo su anatomía, esto es, los usos ganaderos tradicionales; en caso contrario esos ámbitos evolucionaran en sentidos insospechados, pero siempre distintos de los actuales. Pondré un ejemplo de la historia europea reciente.

En la Alemania de comienzos del siglo pasado se intentó proteger el paisaje de sus poetas románticos, los coloristas brezales que cantó Goethe[1], así que se tomaron las medidas oportunas de declaración y se proscribió la extracción de turba que practicaban desde antaño los lugareños para proveerse de combustible y material de construcción. Al poco tiempo el brezal, sin la presión explotadora sobre la ácida turba, fue evolucionando hacia un abedular y bosquetes de madera blanda que tanto abundan en el resto del país donde no existen…extractores de turba. Con el tiempo hubo de corregirse el error y funcionarios aplicados sustituyeron a los antiguos campesinos expulsados. Siempre excluir al hombre del sistema natural, oponiéndolo a él, es condenarse a no entenderlo, sea en las sabanas del Serenguetti y sus fuegos controlados o en la antropología total de la foca y la ballena en los territorios árticos. En este sentido, han sido mucho más listos los gestores de los terrenos destinados a grandes cotos de caza que los de los espacios naturales protegidos, ya que, en numerosos casos, los antiguos cazadores furtivos eran promovidos a guardas.[2] No debemos olvidar que nuestro espacio natural más prestigioso, verdadero “escaparate ecológico” español, Doñana, era un antiguo cazadero: el Coto de Doñana.

Hay un relato del austriaco Hugo von Hofmannsthal titulado “Jardines”[3] en que al hacer el elogio de esas manchas verdes pero civilizadas de las ciudades, “el resultado global es un inmenso jardín, compuesto de millares de jardines pequeños y de colinas silvestres, pero ajardinadas”; esto no es sólo una aceptación reflexiva, tardo romántica de la naturaleza domesticada, sino una perspicaz visión de un agudo observador ante cualquier región rural armónica, sea esta la Toscana o Somiedo.

La obsesión por excluir al hombre en la comprensión de los paisajes naturales puede llevar a paradojas. Como sabe cualquier sedentario televidente hay dos modelos antagónicos de la naturaleza salvaje: la región del Amazonas y las sabanas orientales africanas. La Amazonía es el paradigma de la exuberancia vegetal, refractaria a los humanos salvo como laxas bandas dispersas, tal como un mamífero más del ecosistema, pero son las sabanas tropicales del Oriente africano el paradigma de una zoología pletórica inmersa en una vegetación subsidiaria. Irónicamente, la prolongada presencia humana en esta región –verdadera cuna de la humanidad- es probablemente, como señala Jared Diamond, la razón de que hoy sobrevivan allí numerosos grandes animales. La fauna africana coevolucionó con los humanos durante millones de años, a medida que la capacidad predatoria/cinegética del hombre progresaba gradualmente a partir de la rudimentaria habilidad, probablemente meramente necrófaga, de nuestros primeros ancestros. Tal situación dio tiempo a los animales para concebir un saludable temor al hombre y con ello evitar a los cazadores humanos[5]. Es la situación inversa al de un continente “virgen” como el norteamericano, tardíamente habitado por el hombre y más tardíamente recolonizado por culturas avanzadas, donde el repentino choque de hombres bien armados y rebaños salvajes condujo a la extinción práctica de estos últimos, como el famoso bisonte de las grandes praderas. Curiosamente, aunque no inocentemente, la literatura conservacionista está plagada de estos últimos ejemplos nefastos y no de los citados africanos que se oponen a aquellos. Si el periodismo amarillo no permite que la realidad estropee una noticia, el conservacionismo al uso parece no querer que la realidad, o su inherente complejidad, estropeen una buena tesis. Lo anterior evidencia la vieja disputa entre como son las cosas y como nos gustaría que fuesen. Esta creencia (o deseo) ingenua en una armonía universal, negada al hombre pero atribuida a la “buena” Naturaleza, es fácil de criticar. Baste recordar al doctor Pangloss de Voltaire que se maravillaba de lo adecuadas que son orejas y nariz para sostener las gafas. Pero no siempre es fácil –y sobre todo es tedioso- distinguir entre “lo que es” –objeto de estudio de la ecología- y lo que “debiera” ser, -objeto del deseo del ecologismo-. Así que del dichoso “Principio Antrópico” mejor ni hablamos.[6]


[1] Este ejemplo, como tantas otras cosas de mi formación donde abundaron los profesores pero escasearon los “maestros”, se lo debo a uno de esos pocos, el ecólogo Fernando González Bernáldez, prematuramente fallecido, que gustaba mucho de él. El espacio protegido al que se alude es el de Luneburger Heyde

[2] La vieja ventaja de haber sido “cocinero antes que fraile”. Un aspecto cinegético en este drama de la extinción de la cultura campesina es la sustitución del viejo cazador rural, el que retrata el novelista Delibes, por el moderno cazador urbano, equipado como un elemento de una tropa de élite contra la naturaleza que le es, en el fondo, tan ajena.

[3] Hugo von Hofmannsthal: Instantes griegos y otros sueños; Cuatro. ediciones, Valladolid, 1998.

[5] Los massai, habitantes de las sabanas africanas tienen un proverbio muy adecuado para ilustrar esto y de paso el darwinismo más depurado, Dice: “las ágiles patas de las gacelas están cinceladas por los dientes agudos de los leones”. En efecto, la presencia de estos nativos cazadores irredentos de leones, es una garantía de la existencia del gran felino. Como lo es la existencia de campesinos asturianos para el oso. Los valles más “oseros” de las cordilleras cantábricas no son los más agrestes, sino los más suavemente intervenidos por el hombre (Comunicación personal Roberto Hartasánchez, FAPAS), como los linces y los cotos de caza o las águilas imperiales y las dehesas. El principio general extraíble es que la suave y lenta interacción del hombre con su entorno, tras su inicio brusco, está acomodado a la existencia de fauna y es hasta condición para ella. Finalmente, los osos son más viables con poblaciones campesinas que sin ellas, los leones, con massais, los linces con según que cazadores, etc. El medio ambiente, o como lo queramos llamar, puede sostenerse sin 17 mini ministerios de medio ambiente y puede soportar cazadores, y hasta amantes de la naturaleza, pero no puede mantenerse sin campesinos ni usuarios tradicionales de sus recursos.

[6] O lo hacemos a pie de página. Barrow y Tipler, en 1986, publicaron el libro “The Antropic Cosmological Principle”, en el que se reflexionaba sobre las ajustadas condiciones de nuestro universo para llegar a producir el hombre. Esta línea de reflexión, aunque sugerente, -cualquier niño piensa que el mundo está hecho para él-, es bastante improductiva y nos vuelve a recordar la ingenua maravilla del personaje creado por Voltaire. Sin embargo, esta idea, tanto en su versión “blanda” (la original) como dura, ha producido toneladas de papel impreso. Y es que todos, ya digo, somos inevitablemente algo Pangloss. La última vuelta de tuerca de este “panglossonismo” es que somos los máximos parásitos o depredadores del planeta. Nominalmente esas afirmaciones son, cuanto menos, acientíficas, y como metáforas, a mi juicio, poco afortunadas o esclarecedoras, aunque muy vistosas.



Nota sobre las fotos:


Como me sucede a menudo, ilustro con imágenes de mi entorno más próximo y familiar en los aledaños de mi 'refugio'. En ambas fotos la sierra del fondo es Gredos, desde su vertiente sur, y el río, un tributario del Tietar, que no 'viene' de las nieves de la sierra del fondo sino que avanza hacia ella desde otra menor (la Sierra de San Vicente). El color rojo del borde del agua en la primera imagen se debe a unas algas unicelulares y a los diminutos crustáceos del zooplactón que se alimentan de ellas. La segunda imagen muestra, en un punto muy próximo a la anterior, una dehesa típica de encinas, un bosque aclarado o "hueco" en forma sabaniforme o de parque instalado sobre un pastizal explotado 'a diente' por los ganados. Parece muy 'natural', y lo es: natural después de dejar pastar el ganado por generaciones ahí, interviniendo constantemente el hombre como elemento controlador del conjunto.