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31/03/2010

Cocina de caballeros (de caballos y hombres)

Tierna y frágil: me la comería

Nonantzin Madre Mía
Netzahualcoyotl
Nonantzin, inhuac nimiquiz
moltecuilpan xinechtoca
huancac tlaz tlitlaxcalchihuaz
huan aquin miztkatkaniz

Nonantzin ¿Tleca Tichoca?
Xinaquili
Ca xoxohuix in cuahutl
ihuan poctli nechochocita

(Madre mía, cuando yo muera
sepúltame en el lugar
en donde haces tus tortillas
Madre mía si te preguntan
¿Por qué lloras?
Di que la leña esta verde
y el humo te hace llorar)

(Poema tradicional nahuatl, México)

(Para Cigarra, Emma, Mita, Zafferano, Alicia, Strika, Leónnotanferoz, Rocio Prima , Caminante (Paquita) y todas las tías que pasan por aquí)


Madeleine Peyroux - Hey, sweet man

“Tocino, alubias, harina, azúcar y café, y deme balas para el Winchester”. Como aficionado al western conozco bien el pedido típico en la consabida tienda de “abarrotes” antes de partir para atravesar ese desierto que los ‘americanos’ arrebataron a los mexicanos y estos a los yaquís. Una dieta algo brusca y desequilibrada, como la personalidad de los pioneros de las tierras vírgenes, aunque más honesta que la de moda en la nueva cocina donde te cogen una langosta y te la convierten en un diminuto sorbete servido en un plato cuadrado enorme, pero adornado como una joya y acompañado de caviar en espuma de sifón o al nitrógeno y tortilla de patatas 'deconstruida' ( o sea, huevos con patatas, sin yema, sólo la clara). Afortunadamente hay opciones entre el tocino rancio del buscador de oro en tierra de los apaches y el vacile de El Bullit; la mejor: cocinar uno mismo.

Cocino desde que me marché de casa de mi abuela, pero leo libros de cocina desde mucho más tarde, una vez que aprendí, a base de llamadas telefónicas a mi mamá, como hacer un sofrito, pochar una verduras, rebozar un pescado, confitar cebolla, lograr el punto de un arroz, y sí: freír un huevo. De ahí a la masa quebrada y el caldo corto sólo hay unos pocos pasos.

Los libros de cocina escritos por literatos, con contadas excepciones (Manuel Vázquez Montalbán, Emilia Pardo Bazán) son malos, el peor, uno de Julián Barnes del que me desprendí hace poco; como los de literatura escritos por cocineros, con la consabida así mismo excepción ('Confesiones de un chef', de Anthony Bourdain (*); descacharrante y terrorífico libro de memorias de un profesional que lo mismo podría haberlo sido del crimen organizado[1]). Por cierto, MVM decía que sólo por el libro de cocina se justificaba la existencia de la Sección Femenina del Movimiento fascista español. Aunque debió morir el dictador y hasta el maravilloso escritor catalán para que saliera una nueva edición con la vieja portada en negro, pero el nombre hasta entonces oculto de su genial y verdadera autora: Ana María Herrera.

Probablemente el libro más usado, más exitoso, más repipi, pero a su modo más útil sea el famosísimo Mil y 'no se cuantas' (1080) recetas de cocina, de la señorona Simone Ortega (una ilustre alsaciana casada con José Ortega Spottorno, patrón de Alianza, Prisa con El País, etcétera), porque es importante destacar eso, es el libro escrito por una señorona con cocinera y criadas, sólo así se entiende que recomiende quitarles las telillas negras al pulpo, las semillas al tomate y no dé apenas recetas de casquería. Pero con ese libro miles de españolitos han iniciado su vida independiente (de mamá y del menú del bar de abajo). De hecho es uno de los libros más vendidos en España (3,5 millones de ejemplares, ya quisieran los de los best sellers); publicado en 1972, no me preguntéis por qué, pero siempre pensé que anunciaba la muerte del dictador, que solo cenaba tortillas francesas con un vaso de leche.

Pero mi libro favorito no es este, un bote salvavidas desde el punto de vista gastronómico, ni el mucho mejor de la Sección Femenina (un buen buque de cabotaje), sino los de Igone Marrodán que podéis buscar por ahí y son excelsos, toda una flotilla de veleros ligeros.

En cualquier caso, honestamente, ni Quijote ni hostias, los únicos libros que releo constantemente son los de cocina (y las guías de fauna y flora)

Ay las mujeres…nos enseñan a cocinar y a amar y nosotros qué pocas veces cocinamos para ellas, no digo ya planchar, y qué toscamente las amamos. (Aprendí lo erótico que les resulta que cocines para ellas con pericia; y no olvides que el dormitorio está más cerca de tu cocina que del restaurante, y tu corazón también). No obstante, las razones para aprender a cocinar no son solo mejorar tu vida sexual, sino las mismas que para salir de casa de los padres, la gloriosa independencia de los espacios abiertos o más abiertos que los del cuarto juvenil: tocino, alubias, harina...y las balas para el winchester.

Un hombre, eso lo saben las madres, es un proyecto en construcción que un día, si hay suerte, será un verdadero hombre, pero, mientras nos hacemos tan humanos como las mujeres, los hombres que cocinamos habitualmente somos los 'houyhnhms' de nuestro sexo. Los 'houyhnhms' eran la raza de caballos inteligentes de Los viajes de Gulliver; el resto que no lo hace se parece mucho a nosotros, pero sólo son torpes caballos corrientes.

_______________________________

Mis especialidades son los arroces (secos en paella, caldosos en olla y melosos), las legumbres y la caza estofados, y los pescados. Por ejemplo, paella de conejo, aceitunas negras y cangrejos de río, arroz caldoso con zorzales, arroz con bacalao y espinacas, judiones con pato...

Mi cocina, modesta, pero por esa ventana veo las hierbas para cocinar que tengo plantadas en el patio

[1](*) Boudain, Chef de la Brasserie de Les Halles de Nueva York nos cuenta su vida no sólo profesional, aunque ha recorrido todo el escalafón de su gremio, desde baruchos en Princetown a restaurantes miradores de moda en rascacielos como el del Rockefeller Center. Uno no aprende tanto a confitar verduras como a no discutir con un pinche airado y armado de un cuchillo de trinchar (aunque peores son los cebolleros). Mi parte preferida es cuando narra el viaje que realizó a Francia de adolescente con sus padres, cuando todavía detestaba la buena cocina, hasta que descubrió las ostras y de ahí…

30/03/2010

La florida juventud (brevería opinable)

"Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir
es el único argumento de la obra."

(Jaime Gil de Biedma)


Stan Getz Quartets - My old flame

Se cubren con la capucha de la sudadera aunque no llueva ni haga frío, miran a la cámara de frente o torcidamente, y no sonríen, más bien al contrario, ¡ah!, y a veces hacen un gesto ambiguo con la manita del tipo de ‘que te den’. Se intentan parecer a un boxeador del Bronx, aunque se parecen más a un desnutrido obrero de reparación de calzadas en día de lluvia. En el fondo van tan convencionalmente uniformados como aquellos de sus padres que usaban siempre traje y corbata. Con las consabidas excepciones, son gritones, sucios, agresivos, groseros, y exhiben su incultura como una suerte de experiencia, la tienen a gala. Como Shakespeare (“Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes”), opino que sería bueno confinarlos en una isla desierta (desierta ya no) hasta que cumplieran los treinta (bueno, a ellas no, qué da gloria verlas)

No tengo nada contra ellos, incluso algunos de mi generación sostienen que, a nuestro modo, nosotros fuimos como ellos, pero, ya que tanto se metaforiza con la juventud florida y los jardines, si fueran árboles serían un desastre, porque ocupan demasiado espacio, crecen muy deprisa y maduran muy lento. Inquietantemente, no se marchan de casa, aunque no salgan de su cuarto más que para saquear la nevera, ocupar el baño o empujarte en el pasillo.

Por eso, al igual que es mejor una España sin Falange y con Garzón, es mejor una casa sin ellos y con un gato, más limpio, más bonito y más agradable. Por cierto, la Falange siempre ha hecho buenas migas con ellos: Frente de Juventudes, Organización Juvenil Española, alias OJE, y en general, gentes poco formadas, cualquier clase de catequesis y adoctrinamiento simple les engancha fácil con tal de que se les grite.

Tampoco saben que las modas son aquello que más rápidamente pasa de ídem. Y el colmo: de vez en cuando se ven patéticos alelados individuos en edad de estudiar oposiciones vestidos tres tallas más grandes y con un patinete, el mundo va más deprisa que ellos y no se apean.

Hablan como hampones, amenazan sin estar resueltos a sostener sus palabras, sin saber aún ser hombres. Se les podría aplicar el viejo hermoso refrán sefardí que menciona Rafael Sánchez Ferlosio:

"Con dizir flama non se quema la boca"

Ningún adulto en su sano juicio querría ser padre de un sujeto así, pero algunos finjen que sí. No es sólo un problema de ellos, también mío; me pasa lo que decía Neruda: "Sucede que me canso de ser hombre" (O me abochorna haber sido así)

29/03/2010

Biología y fatalismo griego (4): "hazlo, pero que parezca un accidente"

(Hoy es mi cumpleaños, así que, apropiadamente, me dedico a mí mismo este post sobre la muerte)


Marilyn Monroe - Happy Birthday, Mr. President

"Y este beso igual que un largo tunel."
(Jaime Gil de Biedma)



Evitable, pero conveniente, así es el ‘hallazgo’ evolutivo de la muerte a los ojos desprejuiciados de la moderna biología. Se desarrolló por ese poderoso y hasta ahora ignorado motor que es la incesante guerra entre bacterias y virus fagos y esa muerte programada surgió probablemente como una de las primeras armas de esta guerra.

Pensemos en la escalada toxinas-antitoxinas empleada por muchos fagos, escalada parecida a de los proyectiles penetrantes-blindajes de las guerras convencionales de carros de combate y tanques. Aunque más alevosa y ruin: el fago le inyecta a la bacteria atacada una toxina y a continuación la antitoxina que evita que muera, pero la antitoxina caduca mientras que la toxina permanece siempre. Por supuesto, las bacterias que pretenden deshacerse de los grilletes víricos, de esta extorsión química, mueren, como las inocentes no infectadas. Las bacterias pueden intentar apoderarse de la antitoxina (¿a qué esto parece una película de espías?) e incorporarlo a su genoma aunque no estén infectadas, y la guerra se propaga, evolucionando toxinas y antitoxinas; toda una escalada de armamento. Ese puede ser muy bien el modo en que evolucionaron en las antiguas cianofíceas las enzimas ‘caspasas’, las especializadas “proteínas de la muerte” porque destrozan la célula desde dentro y actuando en cascada de forma que una proteína activa a la siguiente, una tras otra como un ejército de verdugos. Cada caspasa además tiene su propio inhibidor, su “antídoto” que para su acción. Armado en múltiples niveles de ataque y resistencia, es un exponente de la larguísima batalla mil centenaria entre fagos y bacterias.

Desde este punto de vista, el suicidio no carece de ventajas, incluso en ausencia de infección. Cualquier amenaza con posibilidades de aniquilar toda la floración bacteriana (como la ausencia de nutrientes o la radiación ultravioleta) puede iniciar la muerte celular programada de cianobacterias; las células más fuertes sobreviven sin embargo en forma de ‘esporas resistentes’ que iniciaran la siembra de la siguiente floración que de otra forma no podrían acaecer con toda la población extinta. ¿Suicidio o asesinato? El resultado, que es lo que importa, es que sobreviven más copias del genoma bacteriano a lo largo del dilatado tiempo evolutivo si se eliminan las células dañadas. O visto de otra forma: es el modo más sencillo de diferenciación, el binario: vida o muerte.

(Continuará)

En la imagen Calothrix crustacea, una cianoficea que forma colonias en forma de manchas casi negras en las rocas formadas por largos filamentos. Comparte hábitat con bellotas de mar, unos cirrípedos emparentados con los percebes. Costa asturiana.

26/03/2010

Mi teoría de las épocas de la vida y la literatura (brevería canónica)

(Para Emma, mi primera comentarista histórica, a la que imagino guapa y lectora)






Oscar Peterson - Oscar's Boogie

Primero somos osados exploradores, levantando mapas de las estrellas, aunque sea a gatas y sin salir de la cuna; luego somos activos vigías/espías/atentos al agravio/ al odio y al amor; pero cuando envejecemos nos convertimos en los archivos de ese mundo que exploramos, condenamos, intentamos cambiar o apropiarnos, cronistas de nuestras propias Indias.

Descubrimiento, receptividad, expresión.

La época de mayor ensimismamiento es la infancia: un bebé contempla extasiado, y asiéndolo, su propio pie sin saber si es un fascinante animalito independiente que ha caído sobre la manta, o si forma parte de él o él del pie; meses más tarde se sienta abstraído en la tierra a mirar las hormigas o un palito. Va descubriendo el mundo y va colocándose en el; el proceso le llevará toda su vida, pero este inicial es el momento de los mayores descubrimientos. Si es un poeta empezará ya a serlo.

La época de mayor receptividad (sobre todo hacia tus iguales, más que hacia los controladores y necios adultos o a los despreciados ‘pequeños') es la juventud. Ahí ya nos ponemos en camino, junto a los de nuestra generación o contra ellos.

La época de mayor dominio expresivo es la del arranque de la vejez. Los ‘cuentos de viejas’ lo son porque los ancianos, como las batallitas del abuelo, son los mejores narradores. Antes de la programación televisiva, antes de las bibliotecas, los ancianos del grupo relataban junto al hipnótico fuego (la tele del Paleolítico) a los demás en las largas noches sin luz eléctrica; quien no ha tenido un abuelo que le contara cuentos, historias, no sabe de las delicias de los últimos restos de la mucho más dilatada que la escrita cultura oral.

Por tanto, salvo que se sea un poeta tan precoz como Rimbaud, en cuyo caso se corre el riesgo de arder en la propia llama, la mejor combinación es la del escritor maduro hablando de su juventud. Eso explica, por ejemplo excelso, que ‘El cuaderno gris’ de Josep Pla sea tan extraordinario, porque está basado en un diario de juventud reescrito en esa primera y fértil primera ancianidad narradora. Lo mismo sucede con el increíble ‘Mortal y rosa’ de Francisco Umbral, probablemente el mejor libro de prosa lírica en castellano de todo el siglo XX con permiso de Miró y de Darío, también escrito en la primera vejez (sí, hay ‘primera vejez’ del mismo modo que hay ‘primera juventud’), aunque en este caso se hable de la infancia perdida y no de la propia sino la de su pobre hijito.

Ejemplos que avalan mi teoría tengo muchos: Cunqueiro y Dieste entre los gallegos, Julio Ramón Ribeyro, Borges, Cortázar, Walsh, Vallejo, Rulfo entre los americanos, Sánchez Ferlosio, Marsé, Vázquez Montalbán, Delibes, entre los de aquí…Y me doy cuenta que, burla burlando, ejemplos al viento, acabo de escribir casi al completo mi canon de escritores hispanos y castellanos favorito.



(Próximo post: Biología y fatalismo griego (4))

25/03/2010

TABLÓN DE AVISOS (sólo para mayores, pero sin reparos)




Jordi Savall (The Celtic Viol) - Sackow's (Jig)

Hace poco un amigo no tan virtual, pues le he conocido finalmente en persona, de este mundo de la Red se mosqueó conmigo. No la culpa, pero sí la causa la tuvo o estuvo en esta forma brusca, que yo no me esmero en cultivar, pero que me aflora como mis ojillos pícaros que decía mi abuela. Soy brusco al replicar y sin la posibilidad que ofrece el cara a cara de dulcificar la expresión verbal con la facial o el gesto…El caso es que algunas almas bellas de las que no diré que su buena educación son meros remilgos se me enfadan o me lo reprochan al menos. Lo más que puedo hacer es esperar, remedando el diálogo del gendarme Claude Rains con Bogart en Casablanca, que esto no sea el final de una bella amistad.

Ya conocéis el tono de este blog, su aliento, no os podéis llamar a engaño, pero os voy a decir tres cosas, una más que un par.


Uno. Sin falsa modestia: tengo el corazón de un guerrero, o si preferís de un cazador (auténtico, no de un triste matarife o un estúpido deportista, sino de un lobo más o menos solitario). Quiere eso decir que si a veces hay que matar mato, pero siempre respetando y hasta agradeciendo la indispensable y hasta necesaria colaboración de la víctima (Recordad a Dersu Upsala agradeciendo al ciervo tras haberle matado). No, este no es un blog para adolescentes con acné en el cutis y salpullidos en el alma, sino para humanos hechos y algunos hasta derechos. Así que para llorar, la primera puerta, saliendo, a la derecha. Y lo mejor de este blog son sus visitas, quede dicho.

Yo a veces he visitado asiduamente otros blogs que me han gustado un tiempo, el de Malherido, por ejemplo, porque me apetecía ir allí a ensuciarme con barro y andar con niños malos, pero todo cansa, especialmente cuando esos niños son avispados y se dan cuenta rápido de que tu no lo eres, ni niño ni malo. Entiendo pues que os canséis de este. A mí me pasa con otros.

Dos. O primer regalo. Os regalo la recomendación de una obra maestra absoluta. Precisamente, hace poco un comentario en LectorMalherido me afeaba que yo sugiriese la Segunda Excelsa Parte del Quijote (contemplad las mayestáticas mayúsculas), supongo que por obvio no por clásico o antiguo. Esta no es obvia, porque es muy poco conocida entre nosotros. El autor, músico, pintor, literato, adscrito al Nouveau Roman, pero muy distinto y mucho más próximo a su amigo y valedor Samuel Beckett, Robert Pinget. Su novela, una obra maestra absoluta que no os revelaré su contenido pero responde al título, El inquisitorio. Repito y os deletreo si queréis: Obra Maestra. Se publicó en los sesenta en París y ahora por primera vez, cuarenta años después, en castellano. La traducción es buena.

Tres. Segundo regalo: Un CD, The Celtic Viola de Jordi Savall y Andrew Lawrence-King, con aires, danzas (jigas) de O’Corolan, Simon Fraser, Niel Gow, John Macpherson, William Marshall y anónimos irlandeses y escoceses convenientemente bebidos, supongo (I presume). Estas palabras son torpes, pero no todo es culpa mía, la música, esta en concreto, prolonga y expresa lo que no pueden las palabras, lo inefable. Por eso con la música sí es cierto lo que con la imagen es una tontería casi siempre: vale más que mil palabras. Me callo.

24/03/2010

Los culos no mienten (Brevería artística)





Los culos son cómo flores,
los hay tersos, los hay pochos
siempre tan llenos de olores,
pero a su manera hermosos.
.
Y ya que hablamos de culos
yo no miento si farfullo
que no hay aliento más puro
y reconocible en el mundo
que lo que sale del culo
.
No te avergüences amigo,
desde el rey hasta el mendigo,
después de haberse cuescado,
la sabana ha levantado.


Georges Brassens - Vénus Callipyge


Jean Leon Gerome, un tipo francamente obsesionado con los culos, como en general los pintores académicos franceses, neoclásicos y tal, mejor conocidos como 'pompiers', como Gerome, Ingres y demás; a todos les gustaban mucho los culos, que además les salían muy bien; no sé qué es causa y qué efecto.

A Cezanne le salían bien las manzanas, que a veces parecen culos, y las montañas mediterráneas cubiertas de olivos, que no, como a Van Gogh los girasoles y trigales y que jamás pintó un culo, y a Zurbarán los holgados hábitos de monjes, que disimulan los culos, y a Velázquez los culos de los caballos de combate y los de Venús, y todo lo que se mueve, bueno, en realidad todo, vivo muerto. Es obvio que a Gerome le salían bien los culos.

Las nalgas humanas, en especial las femeninas, hemisféricas y rotundas, no tienen la prosaica misión de servir de almohadillado al sentarse; para eso un feo callo como el de nuestros talones serviría mejor. Sirven para imitar los senos y poder seguir contemplando sus réplicas mayores en posición dorsal, por ejemplo, practicando el coito ‘a tergo’, por detrás, a lo perro. También sirven para hacer sonoros los pedos, habilidad que no tienen esos mismos perros, siguiendo con el mismo ejemplo.

Betsabé, Pigmalion, Manolita la del harem, tonterías.Los culos no mienten. Un buen culo es como una buena reflexión: lleva a la verdad. La luz de los paisajes del Midi de Cezanne y de Van Gogh tampoco miente, pero la luz de los cuadros de Gerome miente, la jodía; los culos, no, pero nos dejan a dos velas.


23/03/2010

¿Lo arreglamos o nos tomamos un café? (Brevería escéptica)



Carlos Gardel - Al mundo le falta un tornillo


Sebald, ese gran depresivo tempranamente fallecido en accidente de coche, le hizo decir a Stendhal: ¿O es que acaso cree usted (…) que Petrarca había sido infeliz porque nunca se había podido tomar un café?” La respuesta obvia es eso: obvia; si hubiera conocido el café, quizás lo hubiera echado de menos.

Otras obviedades son menos obvias. No tiene nada de particular el voluntarista lema de “Esto lo arreglamos entre todos”, porque eso precisamente es lo que siempre ha sucedido y sucede. Mejor haber pergeñado este otro no menos obvio ni cierto, pero menos divulgado: “Esto ha beneficiado a los pocos de siempre”.

Un trigal y el código civil. Si alguien te trae la agricultura y las leyes te entrega directamente la civilización; es lo que hizo Osiris, por ejemplo, por los egipcios. Pero si alguien te dice que entre todos vamos a encontrar una solución (al hambre, a la inseguridad ciudadana) ten por seguro no sólo de que no es un dios, sino de que ni siquiera es un buen político.

Además recuerda al furibundo “Esto lo arreglaba yo” del típico taxista fusilador. Véase:

22/03/2010

Cuestión de gustos (brevería estética)

(Para ese hombre de gusto que es Dante Bertini, con creciente afecto)

Son fascinantes las opiniones estéticas del personal. Siempre he sostenido que es difícil ver un interior de un chozo de pastor que sea feo; austero, utilitario, incluso duro, sí, pero jamás feo (*). En cambio, los saloncitos decorados de los que tienen ánimo y talante burgués…

Es el caso que en el pueblo tengo cierto predicamento entre los paisanos y me consultan cosas de lo más variopintas. Ayer le había nacido un precioso potrillo a la yegua de ‘Güipi’, dorado pero con cierto tono con brillos casi verdes, de heno segado.

“¿Cómo le llamarías tú?”, -me pregunta el orgulloso propietario mientras le miramos apoyados en la cerca.

“Calabacín”

“¿Calabacín?"

“Calabacín”

“Venga, no jodas”

“¿Qué quieres, algo más…artístico?”

"Pues sí, no sé…Más bonito”.

Pienso un momento y le digo: “Llámale Lord Dunsany”.

“¿Y ese quién es?”

“Tu potro”

“No, que quién era”

“Un escritor irlandés de historias de miedo”

“Lord dduduu...Ah…Le llamaré…’Lord’ a secas”

“No jodas”

“¿Qué pasa? ¿No te gusta? Se te ha ocurrido a ti”


Lord se ha quedado. Güipi les dice a todos que se me ocurrió a mí y a todo el mundo le encanta y me alaban el gusto. De hecho, el potrillo se mueve con la dignidad remilgada de un pequeño lord

_______________

(*) Que la gente común le concede mucha importancia a la estética –a menudo más que a la comodidad- lo demuestra, paradójicamente, la misma banal fealdad decorada de tantos de sus hogares. Un chozo de pastor, por muy humilde y rústico que sea, nunca es feo porque nada en el es superfluo. Igual pasa con los paisajes “funcionales” por muy austeros que sean, Por ello, el paisaje es también una construcción estética, -además de por el origen pictoricista de dicho concepto-, por defecto. Es decir, la fealdad es un hecho casi voluntario, como en las horrendas urbanizaciones costeras o rurales, y la belleza, paradójicamente y ahora casi siempre, consecuentemente, es cada vez más inesperado resultado de los “olvidos” milagrosos de esos factores transformantes recientes. En cambio, la belleza 'buscada', conduce a lo relamido: a la decoración.

18/03/2010

¿Trabajo o tripalium? (brevería labor-able)

"¿Por qué deben los hombres razonables afanarse por maximizar la renta cuando el precio que se paga por ello son tantas horas oscuras y melancólicas de trabajo?

J.K. Galbraith


(Hoy la música la tenéis que tararear vosotros, lectores. Hete aquí la letra: "tírame una lima, tírame un limón. tírame las llaves de tu corazón". Procurad cantarla con la gracia de la Negra Graciana (El pájaro cu'))

La etimología de ‘trabajo’ viene de ‘tripalium’ un instrumento de tortura en forma de silla (o yugo) de tres ('tri') patas (o palos: ‘palium’) de los romanos en el cual amarraban a los esclavos para azotarlos (y que propongo como emblema de los oficinistas). Cualquier intento de vender o dignificar el trabajo falla por ese innoble origen. Si haces algo a gusto o si no lo haces por dinero o por mantenerte, entonces, por duro y exigente que sea no es trabajo. Por definición. Lo dice un mambo cubano: “Porque el trabajo se lo dejo todo al buey, porque le trabajo lo hizo Dios como castigo…”

Pero de tener que ser algo, me hubiera gustado ser artista (y además sus casas suelen ser más bonitas que las de los escritores, hablo de los 'plásticos'). Sin embargo, el arte es un trabajo sucio; comprendo que alguien tiene que hacerlo, pero no veo porque tengo que ser yo. De hecho, no me tienta el trabajo. Yo tengo la suerte, compréndanme, de quererme mucho. Eso reduce mi avidez y mis exigencias respecto al mundo. Así que decidí mantenerme por otros medios y no trabajar en nada, ni siquiera como artista, que después de todo tiene un pase. Tengo además la suerte de haber nacido en un país europeo relativamente acomodado. Quién sabe qué me hubiera sucedido de haber nacido en el Tercer Mundo y haber tenido que pensar cómo comer y dónde dormir cada día.

Por su parte, Lenin y Stalin eran representantes típicos de la mente asiática, es decir, que iban en contra del individuo, es decir, de mí, el mayor logro europeo (me refiero al individuo, y naturalmente yo). Desde joven y desde el primer día detecté que sus cantos de sirena social eran llamadas a la servidumbre más extensa y uniforme. En un país que intentaba reclutarme para formar parte de un pasado trasplantado desde la España Imperial de Felipe II, sus llamadas al futuro de hormigas tampoco me sedujeron jamás; preferí mantenerme en un incómodo presente, algunos lo malinterpretaron como rebeldía: era vaguería.

Así que he nacido en un buen sitio y no formo parte de ese 16 por ciento de la población adulta mundial, unos 700 millones de individuos, que desean emigrar desde donde nacieron protagonizando el mayor fenómeno de masas de la humanidad desde que existe como tal.

En ‘Su Majestad de los Mares del Sur’ un ufano Burt Lancaster llega a una paradisíaca isla del Pacífico dispuesto a enriquecerse, es decir, no tanto a trabajar como a hacer trabajar a los demás. El típico empresario, versión viajera. En la isla todos viven en un avanzado y perfecto equilibrio ocioso, de forma que cuando tienen hambre cogen un coco o pescan un pez y de paso, chapoteando en la laguna del atolón, quedan con alguna chavala para la noche. Nunca he deseado tanto que le pegaran un lanzazo al protagonista.



Me he pasado la vida evitando tener que trabajar, así que cuando tengo alguna tarea pendiente procuro acabarla cuando antes para volver a mi ociosidad vocacional. Algunos confunden esa defensiva prontitud con amor al trabajo. Qué poco me conocen. Soy como esos niños que corren a todo tren... para sentarse los primeros.

Sólo conozco un caso mejor que el mío: el de Secretario General de la SGAE, que vive no sólo del trabajo y del talento de los demás, sino también de su ocio.

17/03/2010

Manual de excentricidad

Walton Hall (el cocodrilo ya no vive ahí)

The Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band


(Para Vanbrugh, por si no lo conoce)

Si existe un elemento del alma inglesa que me entusiasma es el de la inmoderada excentricidad (y mirar educadamente para otro lado sin inmutarse si es otro el que la manifiesta); comprendo que el fútbol, el cricket, el tiempo asqueroso, la bruma, el ‘fish and chips’, las mujeres espantosamente feas (Ah, esta ministra de exteriores europea de ahora), la mala comida peor condimentada, la flema, la música pop, Shakespeare, el periodo isabelino al completo, los tea clippers, Darwin y Cook, los sombreros de la reina, y por supuesto, el humor inglés y el Imperio; todo eso está muy bien y es genial, pero yo me quedo con la excentricidad sin más.

No hablo de la excentricidad que escandaliza, como tomar el té a las cinco menos cuarto o cambiarlo por un café con churros (más tolerable). Hablo de la bien tolerada y admitida, hasta bien vista. Hablo de aristócratas anfibios y barbados que viven en inmensas bañeras (lord Rokeby). Hablo de naturalistas aficionados, naturalmente nobles, que se pasean por sus extensas tierras de Walton Hall a lomos de un cocodrilo. De perturbados en otros países, de ermitaños, de místicos hedonistas propensos a ingerir cantidades desorbitadas de chocolate, ‘letraheridos’, viajeros, patriotas traidores, ermitaños gregarios, militares muy, pero que muy cobardes.

De todos ellos habla el que para mí es el libro más divertido de la literatura inglesa, lo que es mucho decir, y más si se tienen en cuenta que no se considera incurso en al literatura del género humorístico explícitamente sino en la biográfica. Excéntricos ingleses (English Eccentrics) de la así mismo extravagante e inclasificable Edith Stiwell, (1887-1964) poeta, ensayista, biógrafa y perteneciente a una familia de literatos, admirada por Eliot, Connolly (Cyril, por favor), Robert Graves…, que con sus hermanos Osbert y Sacheverell y en la mansión familiar de Renishaaw Hall formó uno de los clanes literarios más famosos de su tiempo. Póstumamente se publicó su autobiografía con un título que se las trae: “Taken Care Of”.

Un libro inolvidable, un poema en prosa, una colección de mini biografías, un ensayo, y la lectura más hilarante, con permiso de Wodehouse y de Richmall Crompton, que haya podido caer en mis manos.

Ella era una fea con mucho encanto. La edición española es más bonita que la más bien fea original que he manejado

16/03/2010

Reacciones desproporcionadas (brevería filosófico histórica)

"Lo inevitable no sucede nunca" (John Maynard Keynes),
"Lo inesperado, tampoco" (Antonio Tabucchi)

Bill Evans - Peace Piece

El mundo físico funciona conforme al principio de acción y reacción, el social de los humanos, también, pero con un matiz: en el mundo físico, una manzana cae al suelo con una aceleración de 9,8 metros por segundo al cuadrado, pero no perfora la corteza terrestre.

No obstante, esa reacción no tiene porque ser fácilmente previsible, ni siquiera proporcionada: la ya tópica y consabida mariposa bate sus alas en Nueva York y en Tokio se produce un huracán, pero también una muchacha bate sus pestañas ante un joven y este se hipoteca las tres décadas siguientes. Lo primero sucede conforme a las leyes del caos, lo segundo obedece a las del caso (más corriente). ¿Cuál de las dos reacciones es más desproporcionada? Un rico especula con 'futuros' y el futuro de cientos de trabajadores hipotecados se va al traste; eso es...

Una reacción desmedida es, en cambio, cuando un chaval te suelta por detrás un brutal eructo y tu te vuelves y le pegas un tiro; una patada en los huevos resulta más proporcional.

No puedo mandar al paro a casi todos los políticos españoles ni mandarles a Haití a que vivan dos años de las ayudas internacionales, así que no les voto. No voto. Es mi proporcionada reacción a su desproporcionada e inepta mediocridad.

A unos tipos les hace ilusión colocar una aduana en el Ebro, quieren emitir sus propios sellos de correos, pintar sus propios tanques con su enseña y que ondee la ikurriña en los ayuntamientos y en nombre de eso matan casi a mil inocentes. Eligen para hacerlo el momento en que acaba una dictadura y se inicia una precaria democracia formal.

Un abuelo tala delante de su casa y de su asombrado nieto un roble centenario en la plenitud de su hermosura y vigor. "¿Por qué, -le pregunta el niño-, talas un árbol tan hermoso?" (El niño era un redicho) "Para plantar en su lugar un joven retoño y que así puedan tus nietos contemplar uno igual a este dentro de cien años", le contesta el sabio anciano. Esta no es una reacción desproporcionada aunque lo parezca, de hecho es un ejemplo real y lamentablemente escaso de sostenibilidad que la mayoría de los ecologistas superficiales no entenderían.

En 1557 los crecientes costes de la guerra obligan a Felipe II a faltar a sus obligaciones con sus banqueros, y lo mismo le pasa a su enemigo Enrique II de Francia. La amenaza de bancarrota conduce a la paz entre los Austria y los Valois (ver libro de Elliott recomendado en mi otro blog)

Giordano Bruno es condenado a morir en la hoguera por predicar que la Tierra está viva, es decir, por anticipar la tesis Gaia varios siglos antes que James Lovelock. Tampoco es una reacción desproporcionada la de sus verdugos, sino proporcional al contexto histórico en que sucedió. La que no es proporcionada, por demasiado anticipatoria, es la del propio Bruno.

Los seres humanos, con sus vidas tan lamentablemente breves no entienden la magnitud del factor temporal: un pedazo de durísima roca de agudos ángulos acabará siendo un canto rodado suave y redondo, tiempo mediante.

El mundo avanza, no sé si progresa, gracias a que unos pocos se anticipan y tienen reacciones desproporcionadas (de su tiempo), pero se mantiene gracias a la mediocre mayoría de los que no las tenemos.

15/03/2010

Belleza de las preguntas y respuestas (brevería)

La ciencia y el arte son como niños, mejor dicho: como un niño; la religión, la ética y la filosofía, como el adulto que está junto a él.

Me explico. La mejor imagen que me viene a la cabeza de lo qué es La Ciencia es la de un niño persiguiendo a La Realidad mientras le hace pregunta tras pregunta.

La mejor imagen que me viene de La Religión es la de un adulto diciéndole a un niño lloroso quieto en una silla: ‘¡Quieto!' y '¡Luego!'

La mejor imagen que tengo de la Filosofía es la de un adulto que responde al niño: ‘no lo sé’

La mejor imagen que tengo de la Ética es la de un adulto diciéndose a sí mismo: ‘puedo, pero… ¿debo?’

La mejor imagen que tengo del Arte es la de un niño jugando abstraído.

La ciencia pregunta, la filosofía incita, la religión proscribe y tranquiliza, la ética ayuda a convivir, el arte ayuda a ser. Por eso los científicos se parecen físicamente más a los artistas (Einstein, Picasso) y los filósofos (Schopenhauer) a los curas, pero los curas...los curas no se parecen a nadie, son inconfundibles.

Por otra parte, la mecánica cuántica es una construcción tan bella como las catedrales, pero siempre habrá una mitad de nosotros que no lo comparta, pobres. Y es que la belleza no es sencilla, de hecho se escapa en la horrenda forma relamida cuando se la busca demasiado frontalmente.

Miremos la narrativa. Otra forma de interrogar al mundo y por tanto, con la poesía, de conocimiento, El problema de la mayoría de los novelistas es que antes no fueron músicos, poetas y pintores. Es decir, que a la inversa que el suizo Robert Pinget, violonchelista, poeta y discípulo de Braque en París, y autor de una novela maravillosa (*) no cultivaron su sensibilidad. Otra posibilidad es forjar esas antenas emotivas en otros lances y actividades que las exijan, que es lo que pasó con el contacto con los campesinos y con los territorios rurales en la novelística de Delibes.

La indiferencia que me suscitan la mayoría de los jóvenes narradores españoles no es porque, como suele afirmarse 'aún' no hayan vivido lo suficiente, sino porque no 'sienten', y claro, no me hacen sentir.



Nota:
El dibujo de arriba está realizado por un niño maltratado; se titula: 'Mamá, no te enfades'

Y por remedar una frase genial de Grillo: 'en busca y captura, como tu psiquiatra', ¿qué recompensa hay por Garzón?

(*) Esa obra maestra se llama 'El inquisitorio'; traducida en 2009 (Marbot)

12/03/2010

Biología y fatalismo griego (3): las bacterias suicidas y los virus asesinos

A Don Miguel Delibes.

Acaba de morir –lo oigo por la radio- Don Miguel Delibes, -de cuyo hijo mayor, el biólogo homónimo, soy amigo-, y al que tuve la fortuna de conocer en persona (incluso participé como conferenciante en un homenaje por su premio Cervantes en el que hablé del Delibes naturalista y cazador). Descanse en paz. Era creyente y un hombre bueno. Y mejor escritor que otros más afamados y premiados de su generación



F. Chopin - Sonata Op. 35 para piano, en Si bemol menor (Maurizio Pollini)

Estromatolitos (antiguas columnas de cianobacterias de hace...miles de millones de años) en una playa australiana

Y es que biológicamente la muerte compensa, aunque parezca increíble. La clave nos la dan unos de los organismos con más papeletas para la inmortalidad: las bacterias nuevamente. Cada cierto tiempo se dan en los océanos ‘floraciones’ sorpresivas e inmensas de cianobacterias de tal magnitud que son visibles desde el espacio. Esas floraciones persisten durante unas semanas y luego desaparecen de la noche a la mañana. Y hace muy poco que se ha empezado a entender lo que pasa: las floraciones surgen al amparo de los nutrientes removidos desde los fondos marinos o acarreados por los grandes ríos al desembocar en el mar, pero las bacterias no mueren sin más, sino que se suicidan de forma totalmente deliberada.

Todas y cada una de las cianobacterias contienen en su interior una maquinaria de muerte programada: un sistema de enzimas muy similar, extraordinariamente similar al que contienen las células de su propio cuerpo, amable lector, dedicado a desmantelar la célula desde dentro. Es como construir edificios que llevaran incluidos desde el mismo plano cargas de dinamita en sus cimientos. Desde que nacemos. Se llama 'apoptosis': muerte celular programada. Va a resultar que sí estaba escrito el día de nuestra muerte...

Ahora ya sabemos ‘cómo’, pero nos sigue faltando ‘el por qué’. La idea de organismos liquidándose a sí mismos, aunque sean míseras bacterias es tan antiintuitiva que los investigadores han tendido a mirar para otro lado y pasar por alto las pruebas, pero ya son demasiadas y demasiado sólidas para ignorarlas: las bacterias mueren deliberadamente. Los que han reunido las pruebas de que esto es un suicidio y no un asesinato, al revés que en la típica trama de novela negra, son Paul Falkowski y Kay Bidle, de una oscura universidad de Nueva Jersey que no está entre las de más glamour, Rutgers (pero a la que pienso asistir aceptando una sorprendente invitación). Y no olvidemos que este suicidio viene sucediendo desde hace más de 3000 millones de años, cuando columnas de unas bacterias muertas, casi idénticas a las actuales, dejaron sus restos fósiles para nuestro pasmo, los estromatolitos.

Cianobacterias actuales

Además de contra la intuición, debemos reaccionar frente al tópico. Todas estas diminutas células son genéticamente idénticas. Y ahora atención porque voy a destruir uno de los tópicos favoritos de la prensa y de la Ciencia Ficción: los organismos genéticamente idénticos no necesariamente son idénticos, sus células, tampoco. Así que las células genéticamente idénticas no siempre son idénticas. Por ejemplo, todas las células de cada uno de nuestros cuerpos son genéticamente idénticas, pero no son iguales: las hay hepáticas, musculares, neuronas, adipocitos, glóbulos blancos, células epiteliales…se diferencian en respuesta a sutiles indicaciones de su entorno, lo que en nuestros cuerpos significa: las células que le rodean; no hay miedo de que una nueva neurona que esté creciendo en el lóbulo temporal del cerebro se desarrolle como una fibra muscular. En el caso de las floraciones bacterianas, el entorno también implica otras células, algunas de las cuales emiten señales químicas o directamente toxinas, y además hay tensiones físicas, como el nivel de luz solar, la disponibilidad de nutrientes, infecciones víricas…alto ahí. ¡Infecciones víricas! De momento nos quedamos en eso, que son idénticas genéticamente, pero su entorno las manipula de mil maneras, como a nosotros, nada de fatalismo en esto: y está es la preciosa y precisa base de la diferenciación. Algo que nunca os explicarían bien los ‘Punset’ de turno, aunque sí sus prestigiosos invitados (dejo a Punset para otro día).

Si no morimos sin más, por simple desgaste (idea intuitiva y falsa), si estamos programados para hacerlo -hecho verdadero e inesperado, pero que convierte el clásico fatalismo griego por comparación casi en libre albedrio-, es necesario pensar que la muerte como mecanismo biológico evolucionó como el resto de nuestras características. El modo cómo evolucionó esa maquinaria de morir es incierto, pero es cada vez más verosímil que lo hizo gracias a los virus que atacan a las bacterias, los bacteriófagos (etimológicamente comedores de bacterias) o más común y casi familiarmente conocidos en microbiología como ‘fagos’. La incesante guerra entre bacterias y virus desde hace cientos de millones de años seguramente es una de las fuerzas más importantes y menos reconocidas de la evolución de la vida en el planeta; la muerte programada probablemente surgió como una de las primeras armas de esta guerra casi eterna: muero yo, pero te llevo a ti por delante, tal que los pilotos suicidas del Japón en la Segunda Guerra Mundial, los famosos y temidos kamikazees, el viento del sol.

Piloto kamikaze de la Segunda Guerra Mundial preparándose para partir a su última misión.

Los bañitos en el mar son muy sanos, pero os sorprendería saber que en los mares actuales se observan partículas víricas en una abundancia de cientos de millones por mililitro de agua: dos órdenes de magnitud más que las bacterias (de sólo unidades de millón o de cientos de miles).

Imagen al microscopio electrónico de un fago atacando una bacteria

Lo ultimo que vamos sabiendo sobre la muerte como mecanismo biológico y como 'hallazgo' evolutivo no sólo contradice nuestra intuición, sino todas y cada una las ideas y normas de todas y cada una de las variopintas culturas humanas: la muerte no es inevitable (pero sí muy conveniente)

(Continuará...)

11/03/2010

La encina (brevería)

No es el lobo, ni el lince, ni el oso, ni el toro bravo ni ninguna absurda águila hierática con dos cabezas: el verdadero ‘tótem’ natural de Iberia es este modesto, duro y longevo árbol que además se transmuta en jamón.




Encinas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!
.............
el campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.








G.F. Haendel - Der Messias, HW 56, Part 2: Dunch seine Winder sind wir geheilet (Die Tonkuestler Ensemble)

Una de las frases con la que menos de acuerdo estoy de uno de los autores con los que más de acuerdo suelo estar:

“(…)una conversación sobre árboles es casi un crimen, porque significa callar tantas fechorías…”


No, señor Bertold Brecht; comprendo el momento histórico en que usted dijo eso, cuando todos los fascismos avanzaban avasalladores; y le debo tanto que seré indulgente y no le pondré junto a Pol Pot o Stalin, pero no son ciertas ninguna de las dos proposiciones de su frase: hablar de árboles es celebrar la vida, o sea, no omitirla.

Si lo pensáis, un árbol nace, de la consabida semilla, en este caso una bellota; crece, lentamente ya que es una encina; se alimenta, es decir, hace fotosíntesis, con lo que alimenta a otros seres que no son capaces de hacer eso: nada menos que comer rayos de sol, ahí es nada; se reproduce (cada árbol tiene flores masculinas y femeninas –monoicos se llaman-, pero siempre abunda más un sexo que otro en cada pie), se mueve, sí: se mueve, no él, pero si sus propágulos que transportan otros animales en forma de bellota, de ahí que el encinar avance o retroceda y cambie de sitio, cómo si no. Y muere, tarde o temprano.

Además da otros beneficios más o menos intangibles, como regular el ciclo del agua reduciendo la escorrentía ( la circulación rápida y superficial) y aumentando la infiltración (la lenta e interna), disminuyendo la erosión, con sus raíces, e incrementando la creación y fertilización del suelo y la regulación climática, simplemente dando sombra y ‘evapotranspirando’ por sus hojas, -cada gramo de agua evaporada 'toma' o enfría un grado centígrado alrededor- como cualquier aparato de aire acondicionado.

Estas encinas de arriba en concreto están exactamente a diez minutos a buen paso de la puerta de mi casa. Son amigas, sin ñoñerías que valgan.

Y estas de abajo no lo son, para empezar, sino un quejigo, un roble pariente de la encina que tira la hoja en invierno, y unos rebollos. Están a más de veinte minutos de la puerta de casa.






(Hoy se cumplen seis años de la masacre de los trenes de cercanías de Madrid. Soy tan infantil en momentos tan desesperados, que me alegró tener un grupo sanguíneo tan raro que los servicios de emergencias aceptaban mi sangre.)

10/03/2010

Biología y fatalismo griego (2): la trucha de arroyo frente al salmón del océano



Franz Schubert - Quinteto enLa mayor "La trucha", Op. 114, D. 667 - 3 Scherzo - (Cleveland Quartet)

Todas las religiones utilizan un recurso oportunista que se aprovecha de la malévola doble condición humana de mortal y consciente: el miedo a la muerte y el ansia de trascendencia. Sin embargo, la muerte es un gran invento, uno de los diez mejores de la Evolución según el biólogo molecular Nick Lane. De hecho, quizás habría que invertir la pregunta habitual y planearnos cuál sería el precio de la inmortalidad, inmortalidad que prácticamente tienen algunos de los organismos más modestos, como las bacterias.

Menos arbitraria de lo que parece y buen complemento de la biología, vamos a seguir con la mitología. El troyano Titono fue bendecido por Zeus a petición de su amante diosa con la inmortalidad, pero…Se le olvidó solicitar también y a la par la eterna juventud. Condenado a ser un viejo decrépito por eones, se cuenta como Titono miraba con envidia los túmulos cubiertos de hierba donde yacían “los muertos felices”.

Parece lógico un compromiso entre esas muertes urgentes y truculentas programadas de la primera entrega de este post y esa suerte de atroz pervivencia de Titono ¿No? Esa carga de Titono es la que la moderna medicina, al menos en los países ricos, está echando encima de los hombros de la humanidad. Y, sobre todo, la maldición que lleva aparejado cada año más de vida concedida por los dioses de la moderna medicina: sólo unos meses de buena y gozosa salud y el resto de declive terminal, suspirando por una tumba. Envejecer es triste; estoy ya en condiciones de asegurarlo, y no hablo ahora como biólogo.

Ni cruel juego cósmico ni remedio para melancólicos (título de un espléndido libro de Bradbury). La cosa además, como suele pasar, es sencilla: las leyes de la física prohíben el movimiento perpetuo y con la misma firmeza la eterna juventud. ¿Estamos? Ahora bien, la evolución es maravillosamente flexible y una vida más larga suele estar asociada a una juventud igualmente prolongada, lo podemos comprobar ahora mismo en nuestras sociedades de perpetuos jovencitos. Y en la vida animal hay casos espectaculares; si os hablaba del triste caso del salmón del Pacífico bien está que os traiga ahora a su pariente, la trucha de arroyo. Este pececillo fue introducido en los lagos de montaña de California e inmediatamente cuadruplico su vida de seis a 24 años con un coste relativamente escaso: el retraso en la edad de su maduración sexual. Lo mismo se ha comprobado con multitud de animales, desde zarigüeyas en las islas hasta nosotros mismos, pero sin embargo, el tope de 120 años en nuestra edad máxima sigue inamovible desde los tiempos en que el mítico rey Gilgamesh buscaba las fuentes de la eterna juventud o los timadores profesionales de hace dos siglos nos vendían inyecciones de glándulas de mono.

Y algo es obvio o debería serlo. La evolución ha diseñado la muerte como un logro en bien de la especie, pero la evolución actúa a nivel del individuo así que cabe preguntarse de qué modo beneficia al individuo su muerte, o a sus genes egoístas en la divulgada expresión de Richard Dawkins.

La solución está desde luego en comprender mejor qué supone la muerte desde el punto de vista biológico y evolutivo.


Para ir leyendo:


Robert Graves: Los mitos griegos

Nick Lane: Los diez grandes inventos de la evolución