Nonantzin Madre Mía
Netzahualcoyotl
Nonantzin, inhuac nimiquiz
moltecuilpan xinechtoca
huancac tlaz tlitlaxcalchihuaz
huan aquin miztkatkaniz
Nonantzin ¿Tleca Tichoca?
Xinaquili
Ca xoxohuix in cuahutl
ihuan poctli nechochocita
sepúltame en el lugar
en donde haces tus tortillas
Madre mía si te preguntan
¿Por qué lloras?
Di que la leña esta verde
y el humo te hace llorar)
(Para Cigarra, Emma, Mita, Zafferano, Alicia, Strika, Leónnotanferoz, Rocio Prima , Caminante (Paquita) y todas las tías que pasan por aquí)
Madeleine Peyroux - Hey, sweet man
“Tocino, alubias, harina, azúcar y café, y deme balas para el Winchester”. Como aficionado al western conozco bien el pedido típico en la consabida tienda de “abarrotes” antes de partir para atravesar ese desierto que los ‘americanos’ arrebataron a los mexicanos y estos a los yaquís. Una dieta algo brusca y desequilibrada, como la personalidad de los pioneros de las tierras vírgenes, aunque más honesta que la de moda en la nueva cocina donde te cogen una langosta y te la convierten en un diminuto sorbete servido en un plato cuadrado enorme, pero adornado como una joya y acompañado de caviar en espuma de sifón o al nitrógeno y tortilla de patatas 'deconstruida' ( o sea, huevos con patatas, sin yema, sólo la clara). Afortunadamente hay opciones entre el tocino rancio del buscador de oro en tierra de los apaches y el vacile de El Bullit; la mejor: cocinar uno mismo.
Cocino desde que me marché de casa de mi abuela, pero leo libros de cocina desde mucho más tarde, una vez que aprendí, a base de llamadas telefónicas a mi mamá, como hacer un sofrito, pochar una verduras, rebozar un pescado, confitar cebolla, lograr el punto de un arroz, y sí: freír un huevo. De ahí a la masa quebrada y el caldo corto sólo hay unos pocos pasos.
Los libros de cocina escritos por literatos, con contadas excepciones (Manuel Vázquez Montalbán, Emilia Pardo Bazán) son malos, el peor, uno de Julián Barnes del que me desprendí hace poco; como los de literatura escritos por cocineros, con la consabida así mismo excepción ('Confesiones de un chef', de Anthony Bourdain (*); descacharrante y terrorífico libro de memorias de un profesional que lo mismo podría haberlo sido del crimen organizado[1]). Por cierto, MVM decía que sólo por el libro de cocina se justificaba la existencia de la Sección Femenina del Movimiento fascista español. Aunque debió morir el dictador y hasta el maravilloso escritor catalán para que saliera una nueva edición con la vieja portada en negro, pero el nombre hasta entonces oculto de su genial y verdadera autora: Ana María Herrera.
Probablemente el libro más usado, más exitoso, más repipi, pero a su modo más útil sea el famosísimo Mil y 'no se cuantas' (1080) recetas de cocina, de la señorona Simone Ortega (una ilustre alsaciana casada con José Ortega Spottorno, patrón de Alianza, Prisa con El País, etcétera), porque es importante destacar eso, es el libro escrito por una señorona con cocinera y criadas, sólo así se entiende que recomiende quitarles las telillas negras al pulpo, las semillas al tomate y no dé apenas recetas de casquería. Pero con ese libro miles de españolitos han iniciado su vida independiente (de mamá y del menú del bar de abajo). De hecho es uno de los libros más vendidos en España (3,5 millones de ejemplares, ya quisieran los de los best sellers); publicado en 1972, no me preguntéis por qué, pero siempre pensé que anunciaba la muerte del dictador, que solo cenaba tortillas francesas con un vaso de leche.
Pero mi libro favorito no es este, un bote salvavidas desde el punto de vista gastronómico, ni el mucho mejor de
En cualquier caso, honestamente, ni Quijote ni hostias, los únicos libros que releo constantemente son los de cocina (y las guías de fauna y flora)
Ay las mujeres…nos enseñan a cocinar y a amar y nosotros qué pocas veces cocinamos para ellas, no digo ya planchar, y qué toscamente las amamos. (Aprendí lo erótico que les resulta que cocines para ellas con pericia; y no olvides que el dormitorio está más cerca de tu cocina que del restaurante, y tu corazón también). No obstante, las razones para aprender a cocinar no son solo mejorar tu vida sexual, sino las mismas que para salir de casa de los padres, la gloriosa independencia de los espacios abiertos o más abiertos que los del cuarto juvenil: tocino, alubias, harina...y las balas para el winchester.
Un hombre, eso lo saben las madres, es un proyecto en construcción que un día, si hay suerte, será un verdadero hombre, pero, mientras nos hacemos tan humanos como las mujeres, los hombres que cocinamos habitualmente somos los 'houyhnhms' de nuestro sexo. Los 'houyhnhms' eran la raza de caballos inteligentes de Los viajes de Gulliver; el resto que no lo hace se parece mucho a nosotros, pero sólo son torpes caballos corrientes.
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Mis especialidades son los arroces (secos en paella, caldosos en olla y melosos), las legumbres y la caza estofados, y los pescados. Por ejemplo, paella de conejo, aceitunas negras y cangrejos de río, arroz caldoso con zorzales, arroz con bacalao y espinacas, judiones con pato...
[1](*) Boudain, Chef de





























