
Kim Carnes - Bette Davis Eyes
1] 'La física de lo imposible', 'Universos paralelos', 'Hiperespacio' y 'El universo de Einstein' son alguno de sus espléndidos libros. También aparece en
TABLÓN DE ANUNCIOS
1)“Los optimistas escriben mal”
Arno Schmidt
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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana
El cuñado de Lansky
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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado
Lansky
4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.
Lansky


Yo aúno
Como decía Groucho, esta es mi opinión, pero si no os gusta, tengo otras.
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(*) Jara común o pringosa, Cistus ladanifer, el matorral más extendido en sustitución de los bosques mediterráneos degradados y un elemento muy típico de esos ecosistemas sobre suelos ácidos y pobres en materia orgánica. Sólo las cabras y el grupo de las currucas (Silvidae) le sacan verdadero partido, pero retiene suelos en laderas que de otra forma se erosionarían brutalmente; es un pirófito activo pletórico de esencias que arden con facilidad con las altas temperaturas; tras un incendio en el que se inmola vuelve a retoñar con más fuerza aún, pero habiendo eliminado a sus competidoras. Jara en árabe es ‘mierda, pero no en el sentido de excremento, sino de cosa de escaso valor, y es el nombre que le pusimos a mi perra Jara en vista de su lamentable estado y apariencia cuando la rescatamos
Anoche soñé algo muy pero que muy extraño que no pienso contar aquí. A la inversa de la mayoría de las otras veces, lo recordaba al despertar muy nítidamente. No era malo ni bueno, sólo raro.
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"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar."
(Francisco Umbral: Mortal y rosa, Barcelona, Destino, 1995, p. 219).
Estas fotos son de ayer mismo por la mañana. Esta primavera es un puro disparate: está disparada, como desesperada o al menos impaciente de haber esperado tanto (¿o soy yo?). Así que elijo un sombrero y un bastón, (f.1) cogemos las bicis (f.2) y salimos.
Lo que veo es un lugar conocido y amado. Es un hábitat al que estamos totalmente adaptados, como el pingüino a su iceberg, una especie de Reino Apacible donde especies como la nuestra: P., Jara y yo, pueden evolucionar sin desafíos y encuentran su peldaño en la escala de la naturaleza. Me asombro de su inmutable diversidad, y constato que la belleza es cada vez más algo que el ‘progreso’ dejó de lado en su avance de buldózer.
(La foto 5 es para que JM compruebe donde he colgado ‘su’ cabeza. Las piedras, de izquierda a derecha son: 'el "oro" de los tontos', esto es, un bloque de pirita; una escoria volcánica del Teneguía y una bomba volcánica de una erupción varios siglos más antigua del Timanfaya, ambas de Lanzarote. Están colocadas sobre un estante de pino macizo cortado y curado por mi amigo Antonio y colocado por mi amigo Inocencio, 'Chencho')
f.-5
Os lo cuento por derecho, sin dar muchas vueltas. El tío es un joven sentado en una barca militar en el Vístula. Va de uniforme, claro, y estamos en el otoño de 1914. O sea, al comienzo de
(Continuará)

“Me sentaba en mi cuarto y me ponía histérico pensando en la salvaje e increíble historia que estaba escribiendo. Pero pensaba que era sólo para los franceses y que ellos se creerían cualquier cosa de los americanos, blancos o negros, si era lo bastante perversa. Además, creía que lo que estaba escribiendo era realismo. Nunca se me ocurrió pensar que estaba escribiendo absurdo. El realismo y el absurdo son tan parecidos en la vida de los negros americanos, que no se puede decir donde está la diferencia.”
Chester Himes
“Los paperbacks fueron huérfanos, mestizos, animales de corral a los que se dejó caer desde el aire sobre expositores de fauna exótica, pavos que habían aprendido a nadar o peces que casi volaban.” Quien así habla es James Salter, escritor negro de novela negra en su estupendo ensayo sobre el género, ‘Difficult Lives’. Los editores de esos extraños ejemplares híbridos eran a su vez gentes muy extrañas: libreros en quiebra (tal vez su estado natural), o empresarios de medio pelo y de otros ‘ramos’, como el de la alimentación. Sospecho que muchos de ellos fueron modelos para los brutales policías adversarios despiadados de los antihéroes protagonistas, a su vez 'alter egos' de los machacados y explotados autores. La reunión de esos empresarios sin piedad, nada glamourosos, y de intelectuales renegados en busca de algo de dinero dio como resultado esas colecciones populares y ‘pulp’ (de pulpa, la mala pasta de papel con la que estaban fabricados esos paperbacks) . Negocios improvisados realizados en condiciones bastante anárquicas que siempre me ha llamado la atención no hayan sido tema a su vez de alguna novela social, aunque puede que exista y yo no la conozca, porque es lógico que a alguno de los sufrientes escritores que nutrían esa industria se le ocurriera el retrato, digo yo.
Ese mismo ‘anarquismo’, con permiso de Bakunin es el que permitió grandes libertades en los temas y tratamientos, es decir, el caldo de cultivo para la innovación y la genialidad, lo que produjo algunas de las obras más originales e intensas de la literatura americana. Esos es cierto desde los tiempos de Jim Thompson, Dashiel Hammet y Chandler y lo es ahora con los Dennis Lehane, Richard Price, James Ellroy, Don Wislow y demás. A nadie que me frecuente se le oculta que adoro el género y a toda esa panda de talentos irreverentes. Una melancólica y extraña colección de individuos que parecen perpetuarse en el tiempo: insatisfechos, criticones, políticamente incorrectos, irreverentes, golfos, borrachos, drogotas, aficionados al boxeo y las rubias descaradas, pero sobre todo, adoradores de lo que en América es la gran pesadilla nacional: el Fracaso. De hecho, el antihéroe que inventan es el ‘loser’, el fracasado. A todos ellos les gustaría un poema de W.S. Merwin titulado “El vuelo” en el que se describen las tentativas de enseñar a volar a un palomo viejo y gordo, además de crédulo. Lo lanza al aire una y otra vez, pidiéndole que vuele, que se esfuerce. Hasta que un día aparece tendido y muerto en el suelo de la jaula.
Todos estamos dentro de esa jaula. Otra cosa es que queramos o no que nos hablen de ella. Los que mejor lo hacen, en mi opinión, son esos hoy más dignificados escritores del género negro, negrísimo donde yo he leído mejores cosas a menudo que entre los grandes ‘popes’ de la literatura “seria”.
Mis últimos recomendados:
Uno de esos enigmas en un espacio cerrado, pero con toque negrísimo; la peli no es tan buena:
Me encantó, simplemente:

“También nosotros, entre millones de automóviles, volamos de un océano a otro, como un grano de arena llevado por la tormenta de gasolina que, desde hace tantos años, se ha desencadenado sobre América”
Ilf & Petrov:
La sombra de la pared a poniente del cañón donde estamos ocultos de la patrulla de fronteras casi alcanza nuestro campamento. Es la 'hora bruja', de confidencias relajadas entre amigos.
“¿Sabías que Franco jugaba a la lotería?”, le digo a Alce, cerrando el periódico, “se han descubierto montones de décimos de lotería entre sus documentos personales que por fin están disponibles para consulta en el Archivo de Simancas. ¿Qué pretendería, si era el puto dueño de España, que usaba como si fuera su coto de caza particular?”
“Los españoles sois unos cachondos”, me dice Alce, “menuda Historia tenéis”.
Como sé por dónde pueden ir los tiros le pregunto: “¿te refieres a nuestro tradicional aislamiento y la escasez de períodos democráticos?”
“Es mucho más que eso”, me contesta, agitando un manual de historia en su manaza. “Me refiero a cómo os aisláis dentro también: que tenéis los mejores regantes y los mejores agricultores de Europa en una determinada época, pues los expulsáis (se refiere a los moriscos), que tenéis una buena clase empresarial y financiera, pues los perseguís y los expulsáis (se refiere a los judíos), que os apoderáis de medio mundo, pues entráis en bancarrota cada vez que tenéis un imperio (bancarrotas bien documentadas por numerosos historiadores), en lugar de forraros con él, y si hay genios ocultos entre vuestra gente montáis una institución para cargároslos por brujos o herejes (se refiere a
Se calla un momento, pero sólo es para tomar aliento y prosigue: “Y luego está esa definición de España que da un catedrático anglosajón: 'ese país cuyos habitantes no logran ponerse de acuerdo acerca de cuántas naciones son'. Nosotros los chippewas, sabíamos cuántas naciones habitamos los grandes lagos en la confederación iroquesa" (una especie de Suiza ‘avant la lettre’, antes de que aparecieran los colonizadores europeos y en especial franceses e ingleses)
“Me parece muy tendenciosa tu forma de resumir la compleja historia de mi país”, le replico bastante mosqueado.
“Puede”, me contesta, “pero no mucho más que las fábulas habituales que vais contando por ahí, como vuestra Santa Transición”.
Este Alce no se anda con chiquitas. Piensa que El Che Guevara era un peligroso iluminado apto sólo para decorar con su ´póster' habitaciones de adolescentes; que Hamás, Hezbolá y El Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco, con ETA a la cabeza, son organizaciones fascistas, pero que el Gobierno del estado de Israel -en realidad una milicia armada más que un país- también lo es. Lo malo es que también cree que todos los casinos del mundo, incluido no sólo el de Montecarlo, sino las Bolsas de valores, deberían estar en manos de los indios norteamericanos; los del sur, como los amazónicos, dice que aún no están preparados.
Me saca literalmente de mis casillas, es decir, del cómodo lugar donde me instalo con mis prejuicios y que me ahorra tener que pensar; o sea, que me pone en mi lugar.
Despojado de argumentos, le tiro a la cabeza mi manual de Ecología Cañí: “La vida feliz del toro en la dehesa”. Lo esquiva fácilmente con un gracil movimiento de cuello, saca su tomahaw, avanza hacia mí con una sonrisa feroz...Cierro los ojos y meto la cabeza en el saco de dormir. Antes de perder el sentido, no sé si por un golpe o por razones menos traumáticas, le oigo gritarme: "Y no creo que Franco, en cualquier caso, pagara los décimos de lotería"
Mientras ojeo/hojeo la edición en castellano del maravilloso libro de Harold McGee, 'La cocina y los alimentos', Alce alimenta la lumbre. Como tantos, confunde una buena hoguera con la papelera de residuos y tiene la desagradable costumbre, que sabe que me molesta, de iniciarlas quemando algún periódico, que sirve de poco, pero llena de pavesas negras el aire. En este caso la mano que se dirigía hacia las ascuas se detiene y retrocede con la hoja impresa temporalmente indultada hasta llevarla a la altura de los ojos. De pronto comienza a reírse y me la tiende. Leo que un político local del Estado de Michigan, al negarse a aprobar un presupuesto extra para la enseñanza de lenguas extranjeras en las escuelas, dijo: “si el inglés fue lo bastante bueno para Nuestro Señor Jesucristo, también lo es para nuestros hijos”.(*) “Sí, que burro”, le digo, pero Alce enseguida elimina la complicidad cuando me indica que Jesús hablaba en chippewa, una de las lenguas de las tribus de los Grandes Lagos. “¿En chippewa? ¿De dónde has sacado eso?”, le digo. “Le estuve oyendo hablar en chippewa durante toda la película esa tan sanguinaria de Mel Gibson; de hecho, parecía un chippewa, con su largo cabello negro y su taparrabos", me dice sin inmutarse, "pude seguirla sin leer ni un subtítulo", añade. “Pero era arameo”, le replico; “Pues arameo, los chipewas hablarán arameo, no te lo discuto”.
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(*) Traducción textual de unas declaraciones de un congresista del Estado de Michigan

Cómo sabéis muchos de los que me frecuentáis me suelo pasar por el blog de Lector Malherido, lo que no es mala costumbre, porque Juan, el avatar que escribe esa bitácora, tiene bastante gracia. No así muchos de sus comentaristas ya que por razones no del todo claras atrae a un ‘grupetto’ de individuos presumiblemente jóvenes y amargados a los que quizás, sólo ‘quizás’, les une cierto interés por la literatura, o más bien, cierto interés por publicar, aunque supongo que les paraliza tener que escribir antes algo mínimamente coherente. Juan les da cancha sobre todo ilustrando los posts con imágenes muy sugerentes –‘sicalípticas’ decían los del 98- de bellas mozas. Hasta ahí todo bien. El blog finge ser de crítica de libros, uno por post, pero en realidad es una denuncia muy inteligente de esa crítica que se monta para lucimiento del crítico y no del artista supuestamente reseñado. O sea, que se trata de una bitácora tan personal como las que relatan las circunstancias de la vida de una casada insatisfecha. Juan usa carnaza, becarias que le chupan la polla, pero va deslizando sus muchas lecturas, su gusto y criterio para no dejar a menudo títere con cabeza entre el ‘establishman’ literario hispano. Así que frecuentemente cometo el error de tomar en serio sus críticas, que son, ya digo, pretextos formales para hablar de otra cosa, con la literatura, eso sí, de telón de fondo.
El otro supuesto error que cometo es que comento, y eso da lugar a respuestas insultantes de sus comentaristas habituales. Las razones son lo de menos, aunque más o menos las tengo claras, el caso es que yo entro al trapo y les contesto a ellos insultando a mi vez. Finalmente los comentarios no tienen absolutamente nada que ver con el contenido del post en concreto. Eso ya no lo considero un error, salvo por la posibilidad de atraer granujientos (de granos y de granujas) Trolls a este blog que tanto mimo, pero a cambio del riesgo asumible me divierto muchísimo. Como he comentado en alguna ocasión es como ir a jugar con niños malos y a ensuciarse con barro.
Ahora bien, en el blog de Malherido siempre hay un telón de fondo serio, importante: la relevancia de la literatura. De hecho su autor es un joven novelista con bastante obra publicada ya y de cierto moderado pero neto éxito. Tiene talento, para mí más en sus posts breves que en sus novelas, pero es sólo mi opinión y ni siquiera aspiro a fundamentarla. El caso es que a Juan malherido se le escapan como es lógico sus preferencias literarias, no sólo su evidente talento provocativo. Y me llama muchísimo la atención que a estas alturas de la película un profesional de las letras como él, pues eso es, aún caiga en las viejas trampas de la modernidad, buscando ese talismán literario, esa piedra filosofal creativa que ya encontraron hace tanto otros y que el sigue buscando sin duda, y ojala que si no la Fuente de la Eterna Juventud por lo menos se encuentre la cálida
Porque –y esta es una opinión muy contundente- la gente más moderna de toda la literatura europea de cualquier época incluida la actual son…¡los románticos alemanes de Jena del siglo XIX! Es decir, Kleist, Novalis, Schlegel y otros menores y menos conocidos que, como bien señala Andrés Neuman, parían ensayos visionarios, poemas fragmentarios (o al revés), relatos híbridos, aforismos (como el propio Neuman, merecido premio de la crítica 2010) y novelas experimentales ante las que todo lo actual, novelistas "nocilleros" incluidos, parece…antiguo, de modo que los nuevos jóvenes novelistas españoles quedan un poco, con esta perspectiva, como lo que es también un cineasta ‘moderno’ como Almodóvar, en continuadores del landismo, en escritores costumbristas, irremediablemente anticuados en cuanto cambie eso tan frágil que llaman modas o costumbres. Cervantes, por supuesto, es un caso fascinante, tan insuperablemente (literal) moderno en las Novelas Ejemplares y en La Segunda Parte del Quijote (se anticipa en siglos y aún deja chico a Vila-Matas con el tinglado metaliterario), o tan ranciamente antiguo como en La Galatea. Shakespeare es un misterio, un arcano literario, porque probablemente era ya un clásico inmortal cuando se tiraba pedos en la cuna.
¿Qué si me gustan los decimonónicos alemanes que menciono? Hablaba de criterios, no de gustos, pero me gusta Kleist. Mucho. También os recomiendo el blog de malherido, pero no comentéis salvo que tengáis un buen detergente. Son tres consejos si no llevo mal la cuenta. Y vicios que tiene, mantiene y hasta mima uno.

El otro día iba por el campo y se me apareció Dios. Fue todo un compromiso, eso de que se te aparezca Alguien o Algo en quien no crees: es como si se te aparece un catedrático de econometría o un diputado de la Asamblea de Madrid, pero peor. Pero en fin, no hay que hacer de la coherencia un valor supremo, así que agradecí que no se mostrase como una zarza ardiente (hacía mucho viento y se hubiera podido producir un incendio forestal) y aguardé a que hablara Él. No lo hizo, así que hablé yo:
-De modo que existes…
-YA LO ESTÁS VIENDO, IMBÉCIL
(La verdad es que Dios tiene una voz que ya quisieran los locutores: la hostia, con perdón)
-Si pretendes que de algún modo haga de propagandista tuyo vas dado, porque yo soy ateo y…
SILENCIO…
-Bueno, ejemmm –aguantando el tipo, porque da una impresión...-, pues si existes me vas a tener que dar muchas explicaciones, por ejemplo, ¿por qué existe la maldad en el mundo y tu no la evitas?, ¿por qué la constante cosmológica que Einstein finalmente repudió prefigura la existencia de
-CAMINA HACIA EL HORIZOOOONTEEE.
Y eso fue todo.
Gradualmente me fui acercando al horizonte y por fin desaparecí. (!)
(Antes oí troncharse de risa a un cabrero que estaba escondido con su perro de carea detrás de un enebro)
A todos los que comentáis en este blog, porque con vuestra curiosidad por mis paridas me hacéis más amena la vida
"De momento, James, vísteme despacio que tengo prisa"
(Un Lord a su ayuda de cámara)
Es un tópico, y por tanto con su parte de verdad, que los jóvenes quieren vivir deprisa. Los viejos, en cambio, quieren vivir, lo han probado y a la mayoría les gusta. Lo de hacer un cadáver bonito, o sea, inevitablemente joven, no es de recibo salvo para los forenses con mucho sentido estético. Pero no se trata de vegetar tampoco. Quizás lo podríamos formular de este otro modo: ‘Llena tus días de vida, y no tu vida de días’. Es como el chiste ese del paciente al que el médico le va retirando en la consulta todos sus placeres: “¿Fuma?" “Sí”, “Pues déjelo”, "¿Bebe?", Etc. “Doctor, y así viviré más tiempo”, “No, pero se le hará más larga la vida”. Borges lo decía bien: “La vida es corta, pero los minutos largos”. Algunos minutos, me permito matizarte, maestro; otros son tan fugaces como ese instante que pretendía parar Goethe (ver post anterior).
De hecho la vida sólo tiene alicientes si uno tiene apetito por ella, aunque esto parezca una tautología. Mi apetito por la vida está basado muy poco en la apropiación (siempre indebida, en el fondo, si no desde el punto de vista penal o político, sí desde el ecológico) de cosas -salvo libros-, y mucho en su uso. Me gustan, insisto (ver lista de poema no prosaico anterior) la mayoría de las cosas gratuitas: los paisajes, pasear, nadar en el mar, follar, cocinar…Mi apetito por la vida es mi apetito por algunas de sus gentes contemporáneas mías por fortuna, no necesariamente humanas; por mi ávida afición a la belleza, que no está tan extendida (véase la tele para comprobar como grandes masas gustan de las heces y la mierda, como millones de moscas, conforme al aforismo del mayo francés), y por mi indeclinable curiosidad. Creo que si perdiera esta última perdería el gusto por la vida; sería como contemplar una película que no te interesa en un sala a oscuras y doliéndote el culo de estar sentado. Porque la vida duele, no vale negarlo. En ese caso, creo que me levantaría y saldría de la sala. Vosotros ya me entendéis. Pero no parece que haya llegado ese día.
"¡Detente, instante! ¡Eres tan bello!" clamaba en vano Goethe.
Que la vida es corta -y progresivamente acelerada- uno se da cuenta sin necesidad de leer a Gil de Biedma en cuanto traspone esa infancia de veranos eternos.
O los buenos futbolistas, que ensanchan el campo, abren las bandas, mientras que los malos lo estrechan en un embudo en el centro; lo hacen muy largo, muy lento su centro, muy aburrido el partido.
De todas formas, el tropo de la maduración y el crecimiento, que proviene del Emilio de Rousseau, es algo incompatible con el de las muñecas rusas unas dentro de otras, las 'matrioskas', que me complace a mí. Quiero decir que dentro de nosotros deberían permanecer intactas cada una de nuestras edades; no sólo la infancia y el tópico niño a llevar uno dentro, como el relleno del bombón. Cuando mi perra Jara me nota apenado, corre a por su pelota preferida y la deposita a mi lado, apelando al niño que hay en mí. Debemos ser capaces de imaginar a la jovencita que 'hay', no solo 'hubo', en la abuela.
Sin embargo, muchos son como esos árboles enfermizos que sólo crecen y sobreviven, medran, matando algunas de sus ramas y llegan a viejos sin que les quede nada del maduro vigoroso, del joven impulsivo y del niño travieso. Sólo viejos: mutilados de sí mismos. Son los que llaman coherencia al empecinamiento, los que ignoran que un río siempre fluyente y cambiante es más igual a sí mismo -más leal, podríamos decir-, que un estanque cerrado y aislado que se va pudriendo poco a poco.
Los viejos que me gustan, el viejo que me gustará llegar a ser es el que es río y no estanque; aquel que no sabe cuán viejo es si no se lo recuerda a sí mismo; es decir, si no se lo dicen -amablemente- el niño, el joven y el maduro que habitan en él.
Por otra parte, el futuro nos aguarda a todos: montado, ‘armado’ con el muelle en tensión, como un cepo lobero, esperando nuestra pierna o, quién sabe, nuestro cuello.

Empezamos creyendo que la vida será un largo y plácido verano, pero terminamos comprobando que sólo es una breve y violenta tormenta; un fenómeno caótico, determinista, pero casi imprevisible. O tal vez, tan sólo el sueño de una noche de verano.