TABLÓN DE ANUNCIOS

TABLÓN DE ANUNCIOS

1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

***

2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

***

3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


31/05/2010

Descubierta la invisibilidad (brevería divulgativa)

Test de percepción de la invisibilidad (sólo para varones heterosexuales): ¿cuántos culos ves en estas tres imágenes)


Kim Carnes - Bette Davis Eyes

Michio Kaku, el físico experto en la teoría de cuerdas y uno de mis divulgadores científicos favoritos[1] consideraba que la invisibilidad era imposible. “He sido profesor de óptica. He enseñado a mis alumnos que la invisibilidad era imposible, porque violaba las leyes de la óptica. Estaba equivocado, como los libros de física.”
Parece ser que estamos aún lejos de la capa de invisibilidad de Harry Potter, pero podemos empezar ya a soñar con hacer invisibles objetos no muy grandes, como un microondas.
Sin embargo, yo he descubierto la invisibilidad por mi cuenta sin tanta alharaca y a base de paciencia. Conforme envejezco me voy volviendo invisible para las mujeres jóvenes. ¿Qué os parece?


1] 'La física de lo imposible', 'Universos paralelos', 'Hiperespacio' y 'El universo de Einstein' son alguno de sus espléndidos libros. También aparece en la BBC y en Discovery Channel. Es una especie de ‘Punset’ en serio.

27/05/2010

Regreso a casa (brevería demo-gráfica)


Para Paola, que vino desde otro hemisferio (aunque antes fui yo) 


Los Panchos - Si tú me dices "ven"

Grandes masas humanas están ahora mismo en marcha o van a emprender próximamente el camino a lugares lejanos del de su nacimiento. La emigración, por razones económicas, políticas, ecológicas, y siempre de supervivencia, se ha convertido en el fenómeno demográfico más significativo del mundo actual, más que la mortalidad, la natalidad o el mero e inquietante crecimiento poblacional. Se mueven esos millones y muy pocos lo hacen pensando en no regresar, pero muchos menos lo harán de hecho. Ha pasado siempre a los largo de la Historia, pero sus dimensiones actuales la hacen inédita. De ese pasado hemos aprendido -aunque no los políticos- que esa marea humana es imparable, porque se pueden poner puertas al campo, pero los humanos no somos ganado.

Pero sí que implican un regreso: el regreso a nuestra condición inicial de nómadas, desde aquella primera oleada que desde la Falla del Rift del Este de África pasó el Golfo de Adén, cruzó a Georgia, llegó a Europa y se extendió por el resto de continentes.

Cansa más estar de pie quietos que andar. No somos bípedos aptos para estar parados, sino en marcha: caminar nos hizo humanos, asentarnos, avaros. No tenemos raíces, tenemos pies, por fortuna.
Por eso y por las características de la vida moderna cada vez siento más como un privilegio el regreso a casa.

Como un privilegio anacrónico.

Improbable.

Porque hemos tenido demasiados divorcios.

Hemos consumido demasiado transporte.

Hemos vivido demasiado superficialmente en demasiados sitios

Cuando regreso a la que considero mi casa y hablo con alguno de esos vecinos que sólo salieron del pueblo para hacer la ‘mili’ y nunca más volvieron a irse, no veo un tipo con raíces –por fortuna ambos tenemos, insisto, algo mejor: pies-, pero sí veo a alguien insólito en su arraigo. Aunque, todo hay que decirlo, también algo limitado en su perspectiva ‘gran angular’ del mundo. En cambio, su mirada ‘macro’ es insuperable.

Mundos en sí.

Me pregunto si no terminaremos perdiendo todos esa experiencia del regreso a casa, a tu hogar tan íntimamente conocido, tan hondamente sentido, tan profundamente amado y totalmente sometido a él.


Cuando es el camino y no el destino (varias acepciones) el que define tu vida, aún te parece una palabra más hermosa la de ‘hogar’ -y 'el fuego del hogar' una tonta redundancia-, pero es que también me gusta mucho la palabra ‘vagabundo’, vagar mundos. Y añorar el hogar (varias acepciones) o llevarlo a cuestas y encenderlo donde acampes esa noche, sabiendo que el mundo es ancho y ajeno (*)
Foto Paola con la inadvertida sombra de Paola
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(*) Pero en España hay un millón de viviendas vacías, y gente que ni avanza ni se queda

25/05/2010

Insatisfacción de un 'anticuado postecnológico'



Rolling Stones - Satisfaction (I can't get no)

(Para Emma, que esta triste y no sé si azul)

"Considerate la vostra semenza: fatti non foste viver come bruti, ma per seguir virtute e canoscenza."

Insatisfacción

Yo creo que en esto casi cuentan más las sensaciones subjetivas, pero si no es así, tengo que decir que soy un tipo afortunado. Tengo lo necesario, incluso algo de dinero, y aunque me haya arruinado varias veces nunca he sido realmente pobre; una salud razonable a mis años, y amor, ese sentimiento del que Bertrand Russell decía que un solo minuto compensaba toda una vida.

Sin embargo, a menudo me levanto por las mañanas con un profundo cabreo, cuando no con un desánimo tremendo; con sensaciones de repugnancia e irritación; eso en alguien que pertenece probablemente al 1% más afortunado de la humanidad. ¿Por qué? ¿La política siempre ha sido un juego de ambiciones tan mediocres como obvias? ¿La ‘cultura del espectáculo’, conforme a la expresión acuñada por Guy Debord, tiene que dar representaciones tan malas? ¿Los cabronazos siempre se salen con la suya, la injusticia es substancial al hombre, los únicos consuelos siguen siendo esas formas tóxicas que se llaman religión? La ignorancia, la indigencia, la codicia, la brutalidad son lo habitual. No hay forma de hacer cumplir la sentencia de Dante (no el Bertini, sino el Alighieri) que ilustra la margen derecha de este blog y que ahora traduzco: “Piensa quien eres. No fuiste hecho para vivir como un bruto, sino para perseguir la virtud y el conocimiento.” ¿A quién se lo recuerdo? ¿A los hooligans embrutecidos del Liverpool o a los despiadados especuladores financieros de la City?

Y sin embargo, y con la sanción del tiempo, ese “gran escultor” como decía Yourcenar, hay un patrón oro de los logros humanos, El 'Logo' humano, desde las películas de Jean Renoir al gesto de acariciar a un niño de esa mujer y hasta el fuerte cogote de ese negro pelón. Está Borges, o Velázquez o Billy Holiday o Chet Baker, o Zidane, Nabokov, algunos culitos de gorrión, ciertas fragancias por las mañanas.

Y sin embargo, el odio. No estoy seguro de que se pueda amar al prójimo (sí a algunos prójimos, que es bien distinto), así que cómo pensar que se puede amar a un país. NO lo sé, no creo, pero pongamos la dictadura en la que yo nací y viví mi primera juventud. Parece que hay gente que no entiende algo tan sencillo como que en la España franquista no todo era malo, salvo la propia España franquista, claro, y algunas cosas hasta eran mejores que ahora. Por ejemplo, los buenos modales o el respeto a los mayores y el sabor de la fruta.

En este mundo de hoy, tan simplista y lleno de banderías, no encuentro refugio para ningún compromiso político personal, pero sé que no hay torre de marfil que no pueda penetrar la invasión de los poderes. No hay agujeros donde meterse, ni es conveniente hacerlo, pero como Groucho no estoy dispuesto a ingresar en ninguno de esos clubs deseosos de aceptarme, partidos y sindicatos. Salvo que exista de verdad un partido laico, plural, culto y social

Así que soy un tipo privilegiado, que aprendió que es mejor querer lo que se tiene que tener lo que se quiere, y pese a todo soy un puñetero disconforme.

El otro día, viendo en la tele una serie malucha de ciencia ficción sobre una cultura de otro planeta aprendí lo que soy en realidad: un antiguo postecnológico. Me va que ni pintado.

24/05/2010

la filosofía en maqueta,3: en busca del lenguaje




Jamie Cullum - Oh God

'En busca del fuego' era una película muy sugerente y acorde con lo que en aquel momento se sabía en torno a la evolución humana, un área de conocimiento en vertiginoso cambio. Pero el fuego, la prometéica tecnología, no es tan importante en el camino de la humanidad como la herramienta definitiva: el lenguaje. De ahí el subtítulo de este post que remeda aquella mítica cinta de Jean-Jacques Annaud.
En la evolución humana la laringe se hundió progresivamente, lo que provocó un aumento de las posibilidades de la fonación para realizar sonidos distintos. No debemos olvidar que cuando un chimpancé grita “¡Bo!” o “¡Da!” está advirtiendo, según los etólogos, de la aparición de un predador o de la conveniencia de subirse a un árbol. Pero en la evolución humana esos sonidos de “bo” y “da” han ido perdiendo su significado (sentido) para convertirse en sílabas, que combinadas vuelven a recobrar su sentido, en forma de palabras y multiplicadas con esa combinatoria sus posibilidades por miles.
Encima de nuestra oreja izquierda se encuentra una zona del cerebro que se conoce como el área de Broca; es la región que posibilita nuestra gramática, la capacidad para construir sonidos con significado. Hoy sabemos que hasta los tres años los niños desarrollan su lenguaje (se activan los impulsos eléctricos que podemos visualizar en una pantalla conectada a electrodos) exclusivamente en esa área. Chomsky tenía razón al postular la existencia de esa gramática innata o ‘generativa’, pero posteriormente son otras áreas, menos eficientes, las que toman el relevo; como el área de Wernicke, por eso es más difícil aprender un idioma de adulto y por eso, aunque sería largo extenderse, le resulta más fácil aprender un idioma nuevo a una persona que ya sepa otros. El saber, en este caso, no sólo no ocupa lugar, sino que paradójicamente genera más “sitio” para aprender. Seré prosaico, pero a mi me resulta más fascinante todo esto que las especulaciones de Wittgenstein, aunque en realidad lo que me gusta es que la ciencia complete a la filosofía y que la filosofía sitúe y ordene, 'puntúe', a la ciencia.
Resumiendo. La primera lengua, la lengua materna, se aprende de forma inconsciente por imitación social en el área de Broca, pero más tarde esa función la asumen otras áreas del cerebro. Sin olvidar que para entender algo se precisa tanto el mensaje como su connotación. Si yo digo –la típica frase que ‘ponía negro a Wittgenstein-: “Lo veo negro” puedo estar describiendo un color o señalando mi pesimismo ante una situación. Sólo el contexto decidirá cuál de los significados es el pertinente en cada caso.
Wittgenstein era un genio. Y muy soberbio. No quiso saber nada de las objeciones a su Tractatus, del que decía que era una contribución inapelable y definitiva. Consecuentemente, no le veía ningún interés a seguir cultivando la filosofía después de su propia breve visita a la misma.
Wittgenstein tuvo la oportunidad de aplicar sus propias recetas, porque, tras licenciarse en la escuela de Magisterio de Viena, fue maestro de niños durante una etapa de su vida. Fue un desastre (y probablemente un tormento para los niños) y totalmente exasperado abandonó ese oficio para el que obviamente no estaba llamado. A continuación se dedicó a la arquitectura (su famosa villa cubista), después regresó a Cambridge tras quince años de ausencia, recibió el doctorado presentando el dichoso Tractatus, escribió y trabajó como un poseso y consiguió una cátedra a los cincuenta años, muy tardíamente para su genio precoz. Fue un eremita, un asceta, un gurú y un guía, heredó y se empobreció.
Era tan genial que hizo lo más difícil –poneros en su lugar-: en cierto momento intuyó que su teoría del lenguaje no era correcta. A mí eso me parece lo más admirable de todos sus logros (pocos). Y un economista y matemático italiano, Piero Saffra, le acabó de convencer.

Otro día os cuento esta historia.

21/05/2010

La filosofía en maqueta, 2: el ideal austríaco


(uno de mis retratos favoritos: Wittegenstein ante una pared rayada)Yo aúno
tú ados
El atres

Etc...

(Declinación mía en broma del presente de indicativo del verbo 'aunar': unificar, juntar, reunir varias cosas para un fin)


Andrés Calamaro, Fito & Fitipaldis - Donde manda marinero

El ideal de Wittgenstein era un ‘lenguaje de precisión’, como la maqueta judicial (ver post anterior). Su lema era: ‘lo que puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar, mejor es callar’. Wittgenstein diferenciaba entre proposiciones carentes de sentido (sinlos) y absurdas (unsinnig). Las primeras se pueden evaluar sin necesidad de referirse a la realidad, como por ejemplo, verde es verde (Adiós a las letras de la copla flamenca). Las proposiciones absurdas son aquellas, en cambio, cuya veracidad o falsedad no pueden verificarse de inmediato (‘falsarse’ en argot ‘popperiano’), puesto que no refieren a ningún elemento de la realidad, por ejemplo, ‘lo que acabo de escribir es falso’. Tan consecuente fue Wittgenstein con esa suerte de lenguaje perfecto que pretendió proscribir todas las declaraciones morales, puesto que “bueno” o “malo” no existen en realidad. Supongo que la moral se la dejaba el filósofo al lenguaje de signos de los sordomudos o al gesto perdonavidas –pulgar arriba o abajo- de los sátrapas romanos.
Todo esto inspiró a unos cuantos intelectuales a formar el llamado ‘Círculo de Viena’ en 1922 para intentar aplicar el programa de Wittgenstein. Duró catorce años más y ni que decir tiene que fracasó. Por fortuna, me parece a mí, porque el resultado hubiera sido un lenguaje de escaso interés, sin ironía ni metáforas, ni ambigüedad.
En realidad, cualquier neurobiólogo lo sabe, ese lenguaje de precisión sería inhumano, aspirar a él implica no conocer en qué consiste la evolución biológica ni la función básica de todo lenguaje, que no es habitar una maqueta de precisión sino este vago, impredecible, poético y malvado mundo.
Lo que mueve la evolución del lenguaje no es la búsqueda de la verdad que pensaba un descuidado centinela austríaco, ni el autoconocimiento, sino las necesidades sociales del entendimiento, la comunicación imperfecta entre tus iguales. El lenguaje no es sólo un instrumento de conocimiento, como consideraba Wittgenstein, no es una herramienta de ingeniero ni un tornillo de la lógica formal. De hecho, en la vida real, evaluar todo bajo las leyes de la lógica –una forma de pensamiento entre otras- conduce al absurdo.
Y sin embargo, hombres tan extremadamente inteligentes como Russell o Wittgenstein pretendieron ese absurdo. El ambiente cultural del Cambridge en los años veinte era el de una abducción de la filosofía por las ciencias y la tecnología que encarnaban el espíritu revolucionario del momento. Revolucionario y arrogante hacia otros conocimientos. Para Wittgenstein no sólo era inútil como forma de lógica el psicoanálisis, sino toda la psicología. Y desde luego no sabía quienes eran Cajal ni Sherrington.
Peter Lorre en M, el vampiro de Dusseldorf


(Continuará. O no.)

20/05/2010

Leer en un todo a cien, opinar en un todo a mil (brevería crítica)

Jara (*)


No puedo vivir sin escritores porque no quiero vivir sin leer –igual ni puedo-, pero tampoco quiero que me salten desde las páginas de los periódicos que uso para informarme ¿Quién los nombra reporteros, profetas, locos, predicadores, árbitros de la elegancia y jueces? Se autodesignan ellos, eso lo tengo claro, portavoces amañados, por tanto. Pues yo fío más en la opinión política de un carpintero en concreto, amigo mío y muy lúcido, que en la del premio nacional de narrativa del año equis.

Por otra parte, si las obras maestras sólo las hace el Tiempo, como decía Anatole France (o las sanciona, en realidad), la gran literatura, esa que algunos de nosotros buscamos en vano en el mostrador de novedades (porque la novedad es como esa chica no muy guapa, pero que viste muy provocativa; en tanto que la obra maestra puede que sea tan bella como recatada), esa Literatura con mayúsculas, digo, sería un experimento de prueba y error que efectúa el tiempo, ese gran empírico.

Yo creo que vamos llegando a algo: leer a Borges es más seguro que leer a ese nuevo premio chileno que parece tan prometedor. Pero el tiempo tiene menos prisa que la mayoría de nosotros, y mientras uno puede perderse unos polvos, digo, unas lecturas maravillosas por no explorar en lo nuevo. Por otra parte, lee a Borges si quieres, pero no prestes ninguna atención a sus opiniones políticas o sobre la pesca de altura, tanto da. Y al nuevo chileno menos aún.

Y mientras las masas perdiendo el tiempo leyendo tonterías. Porque leer a voleo, a salto de mata, osea, según te salte a los ojos un libro o, peor aún, según te recomiende el suplemento cultural de turno (varias obras maestras a la semana) es como navegar a lo loco por Internet, sin vistas prefijadas por el gusto y la afición; es decir, es la misma diferencia que hay entre entrar en un todo a cien a rebuscar chucherías o acudir a una inmensa librería y escoger “ese” libro que te estaba esperando desde hace tanto tiempo.

Como decía Groucho, esta es mi opinión, pero si no os gusta, tengo otras.

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(*) Jara común o pringosa, Cistus ladanifer, el matorral más extendido en sustitución de los bosques mediterráneos degradados y un elemento muy típico de esos ecosistemas sobre suelos ácidos y pobres en materia orgánica. Sólo las cabras y el grupo de las currucas (Silvidae) le sacan verdadero partido, pero retiene suelos en laderas que de otra forma se erosionarían brutalmente; es un pirófito activo pletórico de esencias que arden con facilidad con las altas temperaturas; tras un incendio en el que se inmola vuelve a retoñar con más fuerza aún, pero habiendo eliminado a sus competidoras. Jara en árabe es ‘mierda, pero no en el sentido de excremento, sino de cosa de escaso valor, y es el nombre que le pusimos a mi perra Jara en vista de su lamentable estado y apariencia cuando la rescatamos

Jara

19/05/2010

Reino Apacible bis y un 'morandi' casero


Para el 'Fer' de 'León no es feroz', con mis mejores deseos. La primavera les espera fuera a los dos.


Jorge Drexler - Frontera





La luz siente nostalgia de las mañanas pasadas y optimismo por las que han de venir

Anoche soñé algo muy pero que muy extraño que no pienso contar aquí. A la inversa de la mayoría de las otras veces, lo recordaba al despertar muy nítidamente. No era malo ni bueno, sólo raro.

No soy tan tonto como para creer que lo que sueño sobre otras personas representa algún tipo de verdad vedada u oculta sobre ellas, pero tampoco soy tan idiota como para negar el hecho de que representa alguna verdad sobre mí mismo.

Hace mucho que yo mismo no me daba tanto que pensar

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"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más.
Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar."

(Francisco Umbral: Mortal y rosa, Barcelona, Destino, 1995, p. 219).

18/05/2010

El Reino Apacible

f-1f.-2

f.-3
f.-4

Estas fotos son de ayer mismo por la mañana. Esta primavera es un puro disparate: está disparada, como desesperada o al menos impaciente de haber esperado tanto (¿o soy yo?). Así que elijo un sombrero y un bastón, (f.1) cogemos las bicis (f.2) y salimos.

Desde el camino, dehesas, bosques, olivares, prados y monte (matorral) suben hacia los picos en los que todavía ha nevado la semana anterior. (f.3 y 4) Los pájaros enloquecen; también los insectos polinizadores, las flores son una orgía literal (son órganos sexuales bien a la vista).

Lo que veo es un lugar conocido y amado. Es un hábitat al que estamos totalmente adaptados, como el pingüino a su iceberg, una especie de Reino Apacible donde especies como la nuestra: P., Jara y yo, pueden evolucionar sin desafíos y encuentran su peldaño en la escala de la naturaleza. Me asombro de su inmutable diversidad, y constato que la belleza es cada vez más algo que el ‘progreso’ dejó de lado en su avance de buldózer.

(La foto 5 es para que JM compruebe donde he colgado ‘su’ cabeza. Las piedras, de izquierda a derecha son: 'el "oro" de los tontos', esto es, un bloque de pirita; una escoria volcánica del Teneguía y una bomba volcánica de una erupción varios siglos más antigua del Timanfaya, ambas de Lanzarote. Están colocadas sobre un estante de pino macizo cortado y curado por mi amigo Antonio y colocado por mi amigo Inocencio, 'Chencho')

f.-5

17/05/2010

La filosofía en maqueta

Un regalo que me ha hecho Grillo (ver su blog, enlace a la derecha)
Gustav Mahler - Sinfonía nº 3 en Re menor: 3A Comodo. Scherzando - Lorin Maazel, Vienna Philarmonic Orchestra

Os lo cuento por derecho, sin dar muchas vueltas. El tío es un joven sentado en una barca militar en el Vístula. Va de uniforme, claro, y estamos en el otoño de 1914. O sea, al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Es austriaco y -eso se le nota menos- ingeniero aeronáutico. Pese a ello está en una barca, no en un aeroplano, que es como se llamaban entonces los aviones. Por el principio: el Imperio austrohúngaro del que no sé si es ciudadano o súbdito el joven que además y sin que venga al caso es marica (el joven, no el Imperio en su conjunto, aunque, un poco amariconado sí que es), ese Imperio se ha metido en el primero de los dos grandes berenjenales del siglo pasado. El jovencísimo ingeniero, mal estudiante, pero un genio de las matemáticas, tiene talante filosófico. Igual no me creéis si os digo a que le enmendará la plana más adelante nada menos que al gran Bertrand Russell, pero por el momento el ingeniero de veinticinco añitos se encuentra en el frente oriental austriaco, alistado como voluntario, lo que no dice gran cosa de su prodigiosa inteligencia. Y no presta atención a su alrededor. En estos momentos se podría deslizar por su vera toda una división rusa que no se enteraría, está abstraído con un artículo que acaba de descubrir en una revista. El artículo describe un juicio por accidente de tráfico ocurrido un año antes en un tribunal de París. Reconstruye exactamente los hechos, para lo cual se ha realizado una maqueta en miniatura. En la primorosa escena a escala se ve un camioncito, un cochecitito de bebé, arbolitos en las aceritas, casitas; si mueves el cochecito de bebes el camión también es influido en su relación recíproca y se mueve a su vez. El ingeniero está más fascinado que lo que podría estarlo un niño, completamente abstraído. Menos mal que la división rusa tiene pensado pasar por otro sitio. Lo que piensa el ingeniero austriaco que tan mal vigila es que si la realidad puede representarse así, con esa suerte de teatrillo a escala con la máxima exactitud y evidenciando las recíprocas relaciones entre sus elementos móviles y fijos, entonces, entonces todo está permitido (Ah, no, ese fue otro distinto, con bigotes grandes; este nuestro va rasurado por completo). Lo que se le ocurre mientras por fin pasa ante sus narices la mitad de los efectivos del ejército ruso es que si la realidad puede representarse con figuras en un escenario también puede representarse con ‘figuras’ del pensamiento: con las palabras. Entonces se desabrocha la guerrera, saca su diario y anota: “En la proporción se confecciona a modo de prueba un mundo”

Un regalo que me ha hecho Grillo (ver su blog, enlace a la derecha)

(Continuará)

14/05/2010

AVISO

AVISO: CERRADO HASTA QUE (NO) OS REFORMÉIS

Últimamente tengo un índice de deserciones en las visitas/comentarios al blog mayor que el del frente de Verdún. De ahí el cierre, temporalmente, en vista del 'éxito'. Hala, a jugar al facebook o al twiter esos. (*)



(*) Además: si se mueren Ozores y Ángel Cristo, un cineasta que no doblaba los culos que sacaba en sus pelis y un domador que no les quitaba las uñas a sus grandes felinos, es decir, dos tipos íntegros y valientes y encima contemporáneos con el que suscribe, pues yo, lógicamente, cierro por defunción y por deferencia.

13/05/2010

De palomos fracasados y libros baratos

“Me sentaba en mi cuarto y me ponía histérico pensando en la salvaje e increíble historia que estaba escribiendo. Pero pensaba que era sólo para los franceses y que ellos se creerían cualquier cosa de los americanos, blancos o negros, si era lo bastante perversa. Además, creía que lo que estaba escribiendo era realismo. Nunca se me ocurrió pensar que estaba escribiendo absurdo. El realismo y el absurdo son tan parecidos en la vida de los negros americanos, que no se puede decir donde está la diferencia.”

Chester Himes



Chet Baker - Let's Get Lost

La imagen tópica del editor como un señor, o señora, bien trajeado, culto, buen lector y él mismo un poco escritor se rompe si pensamos en esos desastrados empresarios de medio pelo que fueron los productores de lo que en Estados Unidos y el mundo anglosajón se llaman ‘paperback’, literalmente ‘tapas blandas o de papel’, aludiendo a su escueta encuadernación y que aquí llamamos ediciones en rústica, aunque no es exactamente equivalente. Y no lo es, porque aunque eso empieza a cambiar, en los países anglosajones las primeras ediciones de un libro siempre son en tapa dura: encuadernados y con sobrecubierta, y sólo después aparecen las ediciones baratas o de bolsillo. Sin embargo, en ese mismo ecosistema editorial surgen los Paperback, las ediciones mierdecillas de novelas populares que ni siquiera llegan a las librerías, sino que se despachan en quioscos de prensa o de estación y se abandonan después de leídos y maltratados en papeleras, bancos o asientos del transporte público.

“Los paperbacks fueron huérfanos, mestizos, animales de corral a los que se dejó caer desde el aire sobre expositores de fauna exótica, pavos que habían aprendido a nadar o peces que casi volaban.” Quien así habla es James Salter, escritor negro de novela negra en su estupendo ensayo sobre el género, ‘Difficult Lives’. Los editores de esos extraños ejemplares híbridos eran a su vez gentes muy extrañas: libreros en quiebra (tal vez su estado natural), o empresarios de medio pelo y de otros ‘ramos’, como el de la alimentación. Sospecho que muchos de ellos fueron modelos para los brutales policías adversarios despiadados de los antihéroes protagonistas, a su vez 'alter egos' de los machacados y explotados autores. La reunión de esos empresarios sin piedad, nada glamourosos, y de intelectuales renegados en busca de algo de dinero dio como resultado esas colecciones populares y ‘pulp’ (de pulpa, la mala pasta de papel con la que estaban fabricados esos paperbacks) . Negocios improvisados realizados en condiciones bastante anárquicas que siempre me ha llamado la atención no hayan sido tema a su vez de alguna novela social, aunque puede que exista y yo no la conozca, porque es lógico que a alguno de los sufrientes escritores que nutrían esa industria se le ocurriera el retrato, digo yo.

Ese mismo ‘anarquismo’, con permiso de Bakunin es el que permitió grandes libertades en los temas y tratamientos, es decir, el caldo de cultivo para la innovación y la genialidad, lo que produjo algunas de las obras más originales e intensas de la literatura americana. Esos es cierto desde los tiempos de Jim Thompson, Dashiel Hammet y Chandler y lo es ahora con los Dennis Lehane, Richard Price, James Ellroy, Don Wislow y demás. A nadie que me frecuente se le oculta que adoro el género y a toda esa panda de talentos irreverentes. Una melancólica y extraña colección de individuos que parecen perpetuarse en el tiempo: insatisfechos, criticones, políticamente incorrectos, irreverentes, golfos, borrachos, drogotas, aficionados al boxeo y las rubias descaradas, pero sobre todo, adoradores de lo que en América es la gran pesadilla nacional: el Fracaso. De hecho, el antihéroe que inventan es el ‘loser’, el fracasado. A todos ellos les gustaría un poema de W.S. Merwin titulado “El vuelo” en el que se describen las tentativas de enseñar a volar a un palomo viejo y gordo, además de crédulo. Lo lanza al aire una y otra vez, pidiéndole que vuele, que se esfuerce. Hasta que un día aparece tendido y muerto en el suelo de la jaula.

Todos estamos dentro de esa jaula. Otra cosa es que queramos o no que nos hablen de ella. Los que mejor lo hacen, en mi opinión, son esos hoy más dignificados escritores del género negro, negrísimo donde yo he leído mejores cosas a menudo que entre los grandes ‘popes’ de la literatura “seria”.



Mis últimos recomendados:

12/05/2010

DE LAS AVENTURAS DE LANSKY Y ALCE (Discusiones históricas)




Andrés Calamaro - Alta suciedad

“También nosotros, entre millones de automóviles, volamos de un océano a otro, como un grano de arena llevado por la tormenta de gasolina que, desde hace tantos años, se ha desencadenado sobre América”

Ilf & Petrov: La América de una planta.


La sombra de la pared a poniente del cañón donde estamos ocultos de la patrulla de fronteras casi alcanza nuestro campamento. Es la 'hora bruja', de confidencias relajadas entre amigos.

“¿Sabías que Franco jugaba a la lotería?”, le digo a Alce, cerrando el periódico, “se han descubierto montones de décimos de lotería entre sus documentos personales que por fin están disponibles para consulta en el Archivo de Simancas. ¿Qué pretendería, si era el puto dueño de España, que usaba como si fuera su coto de caza particular?

“Los españoles sois unos cachondos”, me dice Alce, “menuda Historia tenéis”.

Como sé por dónde pueden ir los tiros le pregunto: “¿te refieres a nuestro tradicional aislamiento y la escasez de períodos democráticos?”

“Es mucho más que eso”, me contesta, agitando un manual de historia en su manaza. “Me refiero a cómo os aisláis dentro también: que tenéis los mejores regantes y los mejores agricultores de Europa en una determinada época, pues los expulsáis (se refiere a los moriscos), que tenéis una buena clase empresarial y financiera, pues los perseguís y los expulsáis (se refiere a los judíos), que os apoderáis de medio mundo, pues entráis en bancarrota cada vez que tenéis un imperio (bancarrotas bien documentadas por numerosos historiadores), en lugar de forraros con él, y si hay genios ocultos entre vuestra gente montáis una institución para cargároslos por brujos o herejes (se refiere a la Inquisición) y con ellos todo el I+D; perdonáis el cohecho con facilidad, os entregáis al caciquismo y de vez en cuando montáis una bonita y brutal guerra entre hermanos”.

Se calla un momento, pero sólo es para tomar aliento y prosigue: “Y luego está esa definición de España que da un catedrático anglosajón: 'ese país cuyos habitantes no logran ponerse de acuerdo acerca de cuántas naciones son'. Nosotros los chippewas, sabíamos cuántas naciones habitamos los grandes lagos en la confederación iroquesa" (una especie de Suiza ‘avant la lettre’, antes de que aparecieran los colonizadores europeos y en especial franceses e ingleses)

“Me parece muy tendenciosa tu forma de resumir la compleja historia de mi país”, le replico bastante mosqueado.

“Puede”, me contesta, “pero no mucho más que las fábulas habituales que vais contando por ahí, como vuestra Santa Transición”.

Este Alce no se anda con chiquitas. Piensa que El Che Guevara era un peligroso iluminado apto sólo para decorar con su ´póster' habitaciones de adolescentes; que Hamás, Hezbolá y El Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco, con ETA a la cabeza, son organizaciones fascistas, pero que el Gobierno del estado de Israel -en realidad una milicia armada más que un país- también lo es. Lo malo es que también cree que todos los casinos del mundo, incluido no sólo el de Montecarlo, sino las Bolsas de valores, deberían estar en manos de los indios norteamericanos; los del sur, como los amazónicos, dice que aún no están preparados.

Me saca literalmente de mis casillas, es decir, del cómodo lugar donde me instalo con mis prejuicios y que me ahorra tener que pensar; o sea, que me pone en mi lugar.

Despojado de argumentos, le tiro a la cabeza mi manual de Ecología Cañí: “La vida feliz del toro en la dehesa”. Lo esquiva fácilmente con un gracil movimiento de cuello, saca su tomahaw, avanza hacia mí con una sonrisa feroz...Cierro los ojos y meto la cabeza en el saco de dormir. Antes de perder el sentido, no sé si por un golpe o por razones menos traumáticas, le oigo gritarme: "Y no creo que Franco, en cualquier caso, pagara los décimos de lotería"

10/05/2010

DE LAS AVENTURAS DE LANSKY Y ALCE (El Primer Ciudadano)

(No es el Lago Superior, sino Cazorla)

Leonard Cohen - Chelsea Hotel #2

Mientras ojeo/hojeo la edición en castellano del maravilloso libro de Harold McGee, 'La cocina y los alimentos', Alce alimenta la lumbre. Como tantos, confunde una buena hoguera con la papelera de residuos y tiene la desagradable costumbre, que sabe que me molesta, de iniciarlas quemando algún periódico, que sirve de poco, pero llena de pavesas negras el aire. En este caso la mano que se dirigía hacia las ascuas se detiene y retrocede con la hoja impresa temporalmente indultada hasta llevarla a la altura de los ojos. De pronto comienza a reírse y me la tiende. Leo que un político local del Estado de Michigan, al negarse a aprobar un presupuesto extra para la enseñanza de lenguas extranjeras en las escuelas, dijo: “si el inglés fue lo bastante bueno para Nuestro Señor Jesucristo, también lo es para nuestros hijos”.(*) “Sí, que burro”, le digo, pero Alce enseguida elimina la complicidad cuando me indica que Jesús hablaba en chippewa, una de las lenguas de las tribus de los Grandes Lagos. “¿En chippewa? ¿De dónde has sacado eso?”, le digo. “Le estuve oyendo hablar en chippewa durante toda la película esa tan sanguinaria de Mel Gibson; de hecho, parecía un chippewa, con su largo cabello negro y su taparrabos", me dice sin inmutarse, "pude seguirla sin leer ni un subtítulo", añade. “Pero era arameo”, le replico; “Pues arameo, los chipewas hablarán arameo, no te lo discuto”.

Estamos bebiendo vichisky o whichi junto a la hoguera. Es una bebida de mi invención, sanísima: cuatro quintas partes de agua con gas, Vichi por ejemplo, y un dedo de whisky de malta. Alce pescó unas truchas para la cena. Cuando estaba en ello pasó un guarda forestal canadiense y le preguntó si tenía permiso, pero luego se fijo detenidamente en mi amigo y a continuación hizo un gesto de que lo dejara. “Perdón”, dijo, “no me había fijado que es usted un Primer Ciudadano” (lo pronunció con respetuosas mayúsculas). “¿Primer Ciudadano?”, le dije a Alce. “Es el título que nos dan a los nativos en Canadá” (estábamos en el lado canadiense del Lago Superior), “y nos dejan hacer estas cosas: pescar, cazar con trampas, hogueras, porque es un asunto tradicional y tal”.

Pensé dos cosas; que en España dejamos los crucifijos en las escuelas, porque aunque aconfesional el Estado, es una tradición que a nadie ofende (a mí, sí), y segundo, que en Estados Unidos a los indios que se salvaron de la masacre colonizadora les sometieron después a la villanía del alcoholismo y el confinamiento en reservas y de la tutela como ciudadanos de segunda y menores de edad, en tanto que en Canadá los consideran a esos supervivientes Primeros Ciudadanos.

“Oye Alce”, le pregunto, ¿tu eres canadiense o estadounidense?” “Yo soy lakota oglala", me responde, "y ciudadano de los caminos, como tú.” “A ti no te gusta andar”, le replico. “Tampoco me gustan los lagos, los mosquitos ni el pescado de río y aquí estoy, haciéndote compañía, indígena español”. Y me callo.

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(*) Traducción textual de unas declaraciones de un congresista del Estado de Michigan

07/05/2010

El blog 'lector malherido' y la literatura de combate

Imagen capturada o descolgada del blog de malherido (foto, pomposa como todas las suyas del famoso Helmut Newton)


Cómo sabéis muchos de los que me frecuentáis me suelo pasar por el blog de Lector Malherido, lo que no es mala costumbre, porque Juan, el avatar que escribe esa bitácora, tiene bastante gracia. No así muchos de sus comentaristas ya que por razones no del todo claras atrae a un ‘grupetto’ de individuos presumiblemente jóvenes y amargados a los que quizás, sólo ‘quizás’, les une cierto interés por la literatura, o más bien, cierto interés por publicar, aunque supongo que les paraliza tener que escribir antes algo mínimamente coherente. Juan les da cancha sobre todo ilustrando los posts con imágenes muy sugerentes –‘sicalípticas’ decían los del 98- de bellas mozas. Hasta ahí todo bien. El blog finge ser de crítica de libros, uno por post, pero en realidad es una denuncia muy inteligente de esa crítica que se monta para lucimiento del crítico y no del artista supuestamente reseñado. O sea, que se trata de una bitácora tan personal como las que relatan las circunstancias de la vida de una casada insatisfecha. Juan usa carnaza, becarias que le chupan la polla, pero va deslizando sus muchas lecturas, su gusto y criterio para no dejar a menudo títere con cabeza entre el ‘establishman’ literario hispano. Así que frecuentemente cometo el error de tomar en serio sus críticas, que son, ya digo, pretextos formales para hablar de otra cosa, con la literatura, eso sí, de telón de fondo.

El otro supuesto error que cometo es que comento, y eso da lugar a respuestas insultantes de sus comentaristas habituales. Las razones son lo de menos, aunque más o menos las tengo claras, el caso es que yo entro al trapo y les contesto a ellos insultando a mi vez. Finalmente los comentarios no tienen absolutamente nada que ver con el contenido del post en concreto. Eso ya no lo considero un error, salvo por la posibilidad de atraer granujientos (de granos y de granujas) Trolls a este blog que tanto mimo, pero a cambio del riesgo asumible me divierto muchísimo. Como he comentado en alguna ocasión es como ir a jugar con niños malos y a ensuciarse con barro.

Ahora bien, en el blog de Malherido siempre hay un telón de fondo serio, importante: la relevancia de la literatura. De hecho su autor es un joven novelista con bastante obra publicada ya y de cierto moderado pero neto éxito. Tiene talento, para mí más en sus posts breves que en sus novelas, pero es sólo mi opinión y ni siquiera aspiro a fundamentarla. El caso es que a Juan malherido se le escapan como es lógico sus preferencias literarias, no sólo su evidente talento provocativo. Y me llama muchísimo la atención que a estas alturas de la película un profesional de las letras como él, pues eso es, aún caiga en las viejas trampas de la modernidad, buscando ese talismán literario, esa piedra filosofal creativa que ya encontraron hace tanto otros y que el sigue buscando sin duda, y ojala que si no la Fuente de la Eterna Juventud por lo menos se encuentre la cálida Florida.

Porque –y esta es una opinión muy contundente- la gente más moderna de toda la literatura europea de cualquier época incluida la actual son…¡los románticos alemanes de Jena del siglo XIX! Es decir, Kleist, Novalis, Schlegel y otros menores y menos conocidos que, como bien señala Andrés Neuman, parían ensayos visionarios, poemas fragmentarios (o al revés), relatos híbridos, aforismos (como el propio Neuman, merecido premio de la crítica 2010) y novelas experimentales ante las que todo lo actual, novelistas "nocilleros" incluidos, parece…antiguo, de modo que los nuevos jóvenes novelistas españoles quedan un poco, con esta perspectiva, como lo que es también un cineasta ‘moderno’ como Almodóvar, en continuadores del landismo, en escritores costumbristas, irremediablemente anticuados en cuanto cambie eso tan frágil que llaman modas o costumbres. Cervantes, por supuesto, es un caso fascinante, tan insuperablemente (literal) moderno en las Novelas Ejemplares y en La Segunda Parte del Quijote (se anticipa en siglos y aún deja chico a Vila-Matas con el tinglado metaliterario), o tan ranciamente antiguo como en La Galatea. Shakespeare es un misterio, un arcano literario, porque probablemente era ya un clásico inmortal cuando se tiraba pedos en la cuna.

¿Qué si me gustan los decimonónicos alemanes que menciono? Hablaba de criterios, no de gustos, pero me gusta Kleist. Mucho. También os recomiendo el blog de malherido, pero no comentéis salvo que tengáis un buen detergente. Son tres consejos si no llevo mal la cuenta. Y vicios que tiene, mantiene y hasta mima uno.

06/05/2010

Un encuentro con Dios



Carl Orff - Carmina Burana: O Fortuna - Richard Cooke, Royal Philarmonic Orchestra

(Para Vanbrugh con mi afecto y mi respeto)

El otro día iba por el campo y se me apareció Dios. Fue todo un compromiso, eso de que se te aparezca Alguien o Algo en quien no crees: es como si se te aparece un catedrático de econometría o un diputado de la Asamblea de Madrid, pero peor. Pero en fin, no hay que hacer de la coherencia un valor supremo, así que agradecí que no se mostrase como una zarza ardiente (hacía mucho viento y se hubiera podido producir un incendio forestal) y aguardé a que hablara Él. No lo hizo, así que hablé yo:

-De modo que existes…

-YA LO ESTÁS VIENDO, IMBÉCIL

(La verdad es que Dios tiene una voz que ya quisieran los locutores: la hostia, con perdón)


-Si pretendes que de algún modo haga de propagandista tuyo vas dado, porque yo soy ateo y…


SILENCIO…


-Bueno, ejemmm –aguantando el tipo, porque da una impresión...-, pues si existes me vas a tener que dar muchas explicaciones, por ejemplo, ¿por qué existe la maldad en el mundo y tu no la evitas?, ¿por qué la constante cosmológica que Einstein finalmente repudió prefigura la existencia de la Energía Oscura? , ¿por que….?


-CAMINA HACIA EL HORIZOOOONTEEE.


Y eso fue todo.

Gradualmente me fui acercando al horizonte y por fin desaparecí. (!)


(Antes oí troncharse de risa a un cabrero que estaba escondido con su perro de carea detrás de un enebro)

05/05/2010

Una brevería más de la vida: deprisa, despacio



Janis Joplin - Little Girl Blue

A todos los que comentáis en este blog, porque con vuestra curiosidad por mis paridas me hacéis más amena la vida


"De momento, James, vísteme despacio que tengo prisa"

(Un Lord a su ayuda de cámara)

Es un tópico, y por tanto con su parte de verdad, que los jóvenes quieren vivir deprisa. Los viejos, en cambio, quieren vivir, lo han probado y a la mayoría les gusta. Lo de hacer un cadáver bonito, o sea, inevitablemente joven, no es de recibo salvo para los forenses con mucho sentido estético. Pero no se trata de vegetar tampoco. Quizás lo podríamos formular de este otro modo: ‘Llena tus días de vida, y no tu vida de días’. Es como el chiste ese del paciente al que el médico le va retirando en la consulta todos sus placeres: “¿Fuma?" “Sí”, “Pues déjelo”, "¿Bebe?", Etc. “Doctor, y así viviré más tiempo”, “No, pero se le hará más larga la vida”. Borges lo decía bien: “La vida es corta, pero los minutos largos”. Algunos minutos, me permito matizarte, maestro; otros son tan fugaces como ese instante que pretendía parar Goethe (ver post anterior).

De hecho la vida sólo tiene alicientes si uno tiene apetito por ella, aunque esto parezca una tautología. Mi apetito por la vida está basado muy poco en la apropiación (siempre indebida, en el fondo, si no desde el punto de vista penal o político, sí desde el ecológico) de cosas -salvo libros-, y mucho en su uso. Me gustan, insisto (ver lista de poema no prosaico anterior) la mayoría de las cosas gratuitas: los paisajes, pasear, nadar en el mar, follar, cocinar…Mi apetito por la vida es mi apetito por algunas de sus gentes contemporáneas mías por fortuna, no necesariamente humanas; por mi ávida afición a la belleza, que no está tan extendida (véase la tele para comprobar como grandes masas gustan de las heces y la mierda, como millones de moscas, conforme al aforismo del mayo francés), y por mi indeclinable curiosidad. Creo que si perdiera esta última perdería el gusto por la vida; sería como contemplar una película que no te interesa en un sala a oscuras y doliéndote el culo de estar sentado. Porque la vida duele, no vale negarlo. En ese caso, creo que me levantaría y saldría de la sala. Vosotros ya me entendéis. Pero no parece que haya llegado ese día.

04/05/2010

La vida es corta, pero ancha (brevería verdaderamente breve, y ancha)



Django Reinhardt, Stephane Grapelli - Night and day


Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.
Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia.


William Shakespeare (trad. M. Mujica Láinez)


(Para 'Grillo', foto a foto envejeciendo, como todos)


"¡Detente, instante! ¡Eres tan bello!" clamaba en vano Goethe.

Que la vida es corta -y progresivamente acelerada- uno se da cuenta sin necesidad de leer a Gil de Biedma en cuanto traspone esa infancia de veranos eternos.

Es corta, pero es ancha.

Y casi nadie lo dice. Tan ancha como la distancia que media entre ser obispo o ser pescador de cerco; entre ser especulador inmobiliario, o proxeneta, o ser ornitólogo, o fabricante de laudes ('luthier'). O ser honesto o ser corrupto. Obispos honestos y pescadores corruptos, o al revés. Algunos lo llaman libre albedrío. La vida es corta y llena de mierda, como la escalera de un gallinero (M.V.M dixit), pero también es ancha y deslumbrante, como la escalinata de un prodigioso palacio.

Lo que hace marinero a un bote no es su eslora, la longitud que media entre la proa y la popa, sino la proporción con la manga, la anchura de borda a borda. Las vidas muy cortas, pero muy anchas (luminosas como una amplia escalinata o como un fuego de artificio) como la de Rimbaud, naufragan como toda barca con demasiada manga para poca eslora. Es pura reacción-adaptación a la dinámica de fluidos.

O los buenos futbolistas, que ensanchan el campo, abren las bandas, mientras que los malos lo estrechan en un embudo en el centro; lo hacen muy largo, muy lento su centro, muy aburrido el partido.

De todas formas, el tropo de la maduración y el crecimiento, que proviene del Emilio de Rousseau, es algo incompatible con el de las muñecas rusas unas dentro de otras, las 'matrioskas', que me complace a mí. Quiero decir que dentro de nosotros deberían permanecer intactas cada una de nuestras edades; no sólo la infancia y el tópico niño a llevar uno dentro, como el relleno del bombón. Cuando mi perra Jara me nota apenado, corre a por su pelota preferida y la deposita a mi lado, apelando al niño que hay en mí. Debemos ser capaces de imaginar a la jovencita que 'hay', no solo 'hubo', en la abuela.

Sin embargo, muchos son como esos árboles enfermizos que sólo crecen y sobreviven, medran, matando algunas de sus ramas y llegan a viejos sin que les quede nada del maduro vigoroso, del joven impulsivo y del niño travieso. Sólo viejos: mutilados de sí mismos. Son los que llaman coherencia al empecinamiento, los que ignoran que un río siempre fluyente y cambiante es más igual a sí mismo -más leal, podríamos decir-, que un estanque cerrado y aislado que se va pudriendo poco a poco.

Los viejos que me gustan, el viejo que me gustará llegar a ser es el que es río y no estanque; aquel que no sabe cuán viejo es si no se lo recuerda a sí mismo; es decir, si no se lo dicen -amablemente- el niño, el joven y el maduro que habitan en él.

Por otra parte, el futuro nos aguarda a todos: montado, ‘armado’ con el muelle en tensión, como un cepo lobero, esperando nuestra pierna o, quién sabe, nuestro cuello.

02/05/2010

Somos una tormenta de verano, no el verano (Brevería filosófica)



Felix Mendelssohn - El sueño de una noche de verano: Danza de los payasos (C.Mackerras, Orchestra of the Age of Enlightenment)

Me gustan los hombres y los peces...
¡Son tan tontos!

María Félix en el papel de Doña Bárbara

A los seres humanos nos gusta pensar que diseñamos nuestra propia vida, aunque en realidad casi nunca elegimos libremente y cuando lo hacemos es a costa de renunciar a la vez a todo el resto que no elegimos. Hemos prestado demasiada atención a la literatura y demasiado poco a las ciencias naturales. No, la vida de una persona se parece menos a una narración con inicio, desarrollo y final, y más a un sistema caótico, como el tiempo atmosférico, predecible, pero difícil de predecir (más que un eclipse, como una borrasca de dentro de un mes), donde los cambios verdaderamente relevantes suceden repentina e imprevisiblemente y son los que ejercen verdadera influencia, como enamorarse, como tener hijos, como morir o como elegir profesión.

Hace muchos años veraneaba con mi ex mujer (entonces mujer) y mis dos hijos pequeños en un pueblo de la sierra madrileña. Como me llevaba ya muy mal con ella decidí, rehuyendo afrontar una decisión más drástica que finalmente llegaría, emprender la tarea de escribir un libro durante el verano, lo que implicaba marginación física, una habitación aislada, y temporal: horarios de trabajo. Inesperadamente, el libro, escasamente imaginativo pues adoptó la forma de un diccionario alfabetizado sobre una materia más o menos concreta, tuvo un éxito inmediato, lo que achaco a: que vino a llenar un hueco (es decir, como ya he dicho era un libro predecible, el que le pronosticaba el dichoso hueco), y además a que fue sorprendentemente editado por una editorial poderosa y en su colección más famosa.

Años después de aquel éxito editorial me divorcié. Una universidad americana solicitó mis servicios para unos cursos de posgrado. El gerente de la universidad que me contrató me conocía y me buscó sobre todo por el libro que escribí aquel verano. Allí conocí a mi actual esposa, que fue alumna mía. ¿Mérito mío o carambola afortunada? Bueno, escribir el libro me costó un poco, pero jamás se incluyó en el contrato de derechos de autor poder conocer a P., aunque por ella hubiera sido capaz de escribir hasta los Episodios Nacionales o la Comedia Humana.


Empezamos creyendo que la vida será un largo y plácido verano, pero terminamos comprobando que sólo es una breve y violenta tormenta; un fenómeno caótico, determinista, pero casi imprevisible. O tal vez, tan sólo el sueño de una noche de verano.