TABLÓN DE ANUNCIOS

TABLÓN DE ANUNCIOS

1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

***

2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

***

3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


28/06/2010

Los pobres entre ricos


Quince años después del final de la Segunda Guerra Mundial, al inicio de la revolución de las flores del movimiento hippie, cuando USA se había convertido en la primera potencia mundial, el economista John Kenneth Galbraith le señaló al presidente hindú Jawaharlal Nehru durante una visita de Estado y para gran asombro de este que en importantes regiones agrarias de Estados Unidos, como los condados (‘countys’) montañosos de Virginia occidental, del este de Kentucky y de Tennessee, en la meseta de los Ozark, ‘todavía’ el nivel (rural) de vida era inferior al del comparativamente próspero Punjab indio.
(De niño tuve un trasto para ver en relieve este tipo de imágenes: View Master se llamaba y traía estos preciosos discos de vistas pintorescas)
 
Uno de las manías típicas de la derecha política norteamericana, quizas un "pecado" (la ausencia de caridad) de su calvinismo original, es pretender encontrar las raíces de las bolsas de pobreza en los países genéricamente ricos en esos mismos pobres (en su pecado de serlo) y no en el propio modelo de sociedad que permite la propia riqueza más o menos general. Para investigar desde una perspectiva keynesiana estas razones Galbraith escribió a finales de los sesenta del siglo pasado un libro excelente que aquí se tradujo con el título de ‘La sociedad opulenta’, cuando en realidad se llamaba Economics in Perspective. A critical History.

Lo que Galbraith venía a decir es que en países en que todos son pobres, salvo el sátrapa de turno y sus protegidos, la pobreza ni tiene nada de notable ni requiere explicaciones excesivas. Cuando se hace notoria y nos induce a preguntarnos es cuando la vemos en medio de sociedades acomodadas, como la de su ejemplo, (Cuarto Mundo se ha llamado a veces a esas bolsas de pobreza en medio de la prosperidad general del Primero), y su explicación, reitero, hay que buscarla en causas generales, no particulares: en la naturaleza de esas sociedades de ricos, opulentas y a menudo despilfarradoras, que no sólo permiten o toleran, sino que exigen, como parte del sistema, que haya pobres. La pobreza no es un resultado inesperado, sino una pieza fundamental de todo el tinglado. Quienes olvidan esas explicaciones causales, niegan así mismo la necesidad de los servicios sociales: educación, sanidad, previsión urbana e higiene. Si no se los pueden pagar que no los tengan, puesto que es culpa suya su situación penosa.

Lo cierto es que estas sociedades, las nuestras, no sólo se olvidan de sus pobres y, en los casos de gobiernos de derechas, de su asistencia, sino que confían en un sistema mundano y opulento en continuo crecimiento, que se abraza como meta indiscutible, pero ¿lo es? El éxito económico como máximo logro y objetivo provocará, confío, una rebelión en las gentes, probablemente conjuntando reclamaciones ecológicas con las laborales y aún otras más difíciles de encuadrar. Yo creo que esa rebelión llegará, pero sobre todo deseo que llegue y puede que confunda ese deseo con la realidad futura. La anterior, entre comunistas (en realidad capitalistas de Estado) y capitalistas jamás discutió ese punto esencial.



Y en la pobreza, en aparente paradoja,  hay muchas veces belleza, aunque ella no sea bella: más que en el despilfarro

22/06/2010

canciones y salchichas. Una vida americana

(Para Miroslav, que le gusta escribir en primera persona aunque sea de Nerón)


Jimmy Dean - Big Bad John

La mía ha sido una vida típicamente americana[1]

Lo pienso ahora, apoyado en mi bastón mientras veo el humo ascender al cielo de Virginia. Contemplo las ruinas humeantes de mi rancho, que tantos esfuerzos mereció y tantas satisfacciones me dio. Apenas he conseguido recuperar un álbum de fotos y el Grammy por Big Bag John, mi gran éxito. Pienso reconstruirlo en el mismo sitio y mi esposa (la segunda y definitiva) y yo estamos bien. Resulta inevitable recapitular una vida que ha quedado reducida a cenizas.

Soy la expresión del gran sueño americano, un hombre hecho a sí mismo y un producto más típicamente americano que mis famosas salchichas old big bad john que me han hecho más rico que mis canciones. En 1961 salté de los circuitos restringidos de música country: moteles de carretera y ‘casettes’ para la radio de los camiones, al mercado nacional gracias a la dichosa canción, ni siquiera una de las mejores de mi repertorio. Ocho años después, en pleno auge del dichoso hipismo y la guerra de Vietnam, compré con mi hermano una vieja fábrica de salchichas que es la que realmente me hizo millonario. La gente, que entonces no estaba tan obsesionada con la dieta y la terapia (hoy todos se creen locos o gordos) las adoraba, y adoraba que yo las promocionara con mi sombrero stetson y mis camisas vaqueras. Un cow boy vendiendo perritos, una tontería, pero a nadie se le había ocurrido antes. Para muchos he sido esa estrella de la tele en su infancia y el de las salchichas del desayuno.
Una vez un tipo muy culto me dijo que mi vida era como una historia de Dickens. Averigüé quien era el pavo ese; resulta que era un escritor de novelones antiguos y encima inglés, aunque estuvo por aquí, en América. Intenté leer alguno de sus libros, pero no pude con ninguno; eran enormes, al tipo le debían pagar por palabras, caray. Pero entendí lo que el listillo quería decir. Nací en 1928, un año antes de la Gran Depresión y el crack de Wall Street (ese muro cayó antes que el de Berlín) en un hogar, en Plainview, Tejas, que ya era pobre antes de empobrecerse. Lo que los estirados de la Costa Este llaman 'basura blanca' ("White Trash") . Mi padre se piró de casa cuando yo era niño, lo típico. Apenas le recuerdo. Años después apareció por mi camerino muy sonriente al olor de la pasta. Le solté unos billetes, como si fuera un mendigo y le dije que no volviera a aparecer por allí, aunque lo intentó, pero yo ya había advertido a los chicos de la puerta, los que me filtraban las visitas y me hacían pasar a las chicas guapas que querían un autógrafo y … algo más.

 Aprendí a cantar en la Iglesia, en los servicios de mi parroquia baptista a los que sacudía todo repeinado con mi madre. Y aprendí a tocar el acordeón y la armónica por mi cuenta, nunca estudié música, ni falta que me hizo. Dejé el colegio pronto para ayudar en casa, aunque nunca me gustaron mucho los libros (en mi rancho han ardido unos precisos encuadernados en piel de becerro; una colección de clásicos que compré para decorar el salón y que jamás he abierto y ya nadie lo hará). A la edad mínima legal me alisté en la fuerza aérea, siempre amé a mi país. Y a finales de los cuarenta es cuando empecé a actuar en pequeños locales del circuito de country cercanos a la base militar de Bolling, en los alrededores de Washington DC., donde yo estaba acuartelado ¡Qué tiempos!¡Cómo enardecía a aquellos vigorosos chicos de uniforme! Todavía no había aparecido el rock ni otras degeneraciones, aunque debo reconocer que Elvis era bueno, incluso si cantaba country o baladas y también fue un buen patriota. Los blancos no oíamos blues ni esas porquerías politiqueras y comunistas de los Dylan y demás gentuza.
Aproveché aquel tirón y fundé mi primera banda, The Texas Wildcats, los gatos monteses tejanos, osea los pumas: ¡GRRRR!. Bunos chicos todos, menos Lenny que era un problema continuo con su morfina, aunque toca la guitarra como el mismísimo diablo. Me hice un nombre. No era tan famoso como Cash o Kristofferson (lo sería más, o al menos mis salchichas), pero había sitio para todos y yo siempre supe que mi sitio estaba un paso detrás del gran hombre de negro. Y en 1961, ya lo he dicho tuve mi mayor éxito, una canción que está ahí en el Country Hall of Fame, junto a las de Cash y de Elvis. Era una historia muy emocionante, como las de los libracos del Dickens ese y mi propia vida: un minero que salva a sus compañeros cuando el techo de la galería se hunde (el sindicato de Nevada me dio una medalla por eso).Un golpe de suerte, porque la canción, siempre lo he contado, me llevó sólo dos horas hacerla. ¿Cuánto tiempo le lleva a uno de esos tipos esas tronadas que llaman rap?

Luego tuve mi propio programa de radio y de televisión, que entonces no era lo de ahora, con tantos canales que ya nadie ve ni oye lo mismo que el vecino. En la CBS y en la ABC. Fue mi gran momento, The Jimmy Dean Show (por cierto: así me llamo; hubo un actorcillo, que murió joven espachurrado en su deportivo que se llamaba igual, bueno él usaba el James). Según  The New York Times fui el primer vaquero en actuar en las Vegas.
En fin. Pero yo había visto a tanta gente de éxito arruinada que no quise fiar todo a mi acordeón y a mi armónica y compré con mi hermano una fábrica modesta de empaquetado de alimentos. Empezamos con las salchichas, con aquel bonito envase en el que se veía mi foto en color vestido de cow boy, pero acabamos vendiendo hasta insecticidas agrícolas. Luego, lo que son las cosas, y tras fusionarnos me echaron de mi propio consejo de administración alegando que estaba viejo y hasta me asignaron una pensión (más que generosa, debo reconocerlo). Y anoche ardió el rancho. Lo tenía asegurado. Construiré otro igual en este mismo sitio, en esta misma colina y en este mismo porche desde el que puedo sentarme en mi balancín con una limonada en la mano (el matasanos me tienen prohibido el alcohol) a contemplar el atardecer de este estado. Puedo decir que he alimentado a mis paisanos, a su alma con mis canciones y a su cuerpo con mis perritos calientes y mis salchichas de desayuno ¿O no?
¿A que se da un aire a Grillo?

[1] Libremente basado en la vida de Jimmy Dean, rey de las salchichas y antiguo cantante country, fallecido a los 81 años en su rancho de Virginia mientras cenaba viendo la televisión.

18/06/2010

¿Izquierda? (por qué no voto o un desahogo manifiesto)



La Marsellesa


Las vamos a pasar putas. Toca.

De ser una ley física, la de los mercados no es la ineludible ley de la gravedad, que dicta dar patadas hacia abajo, lamer culos hacía arriba y codazos (competencia) a los lados, sino la del embudo

La peor de las mentiras no es fingir un sentimiento, como creen los románticos y los amantes despechados, ni mucho menos silencio por cómplice que sea; la peor mentira, la más peligrosa es la se creen los mismos que la enuncian.

Hubo una vez una cruda, brutal realidad en la mitad del mundo (Segundo Mundo, un escalón por encima del ‘Tercero’) que fue paradójicamente el sueño utópico de muchas buenas gentes de otros sitios, concretamente del opulento Primero, el nuestro, o sobre todo del sometido Tercero, por eso ser anticomunista (del comunismo realmente existente) era estar en compañía de lo peor. Pero el comunismo autoritario o capitalismo planificado de estado nunca fue una solución y sí parte, gran parte del problema. Y no era democrático, como tampoco lo es en sí mismo el capitalismo que se le enfrentó y venció. Pero ese capitalismo tenía una realidad adosada aunque no asociada valiosa, la democracia parlamentaria, que no es la democracia exactamente (el gobierno del pueblo), pero se le parece bastante, y había libertades, como la de expresión y de movimientos, que los pueblos sometidos al capitalismo de estado que se llamó mal comunismo no tenían, ni tampoco posibilidad, de derroche, de lujos ni a veces de cosas esenciales.

Cada vez que oigo hablar a los economistas se me llena la boca de hormigas que me resbalan por los labios, suben por mis mejillas, se me meten en los ojos…, efecto de su brujería. Son los chamanes de esta crédula sociedad.

En cambio, oír a los políticos me produce el mismo efecto que oír el pregón de un vendedor de crecepelos o bien, en el congreso, de una pelea de patio de colegio. Dan ganas de decir: ¡un poco de educación! (en sus varios sentidos).

Las palabras huecas de estos son igual de molestas que las hormigas insidiosas de aquellos. En ningún caso hay más que retórica, nada de ideas. La gente normal planta ajos, patatas, tomates, judías y las recolecta luego. Estos gestionan las solanáceas, liliáceas, leguminosas con el fin de hacer un buen balance

Comprendo también la inutilidad de ciertas medidas clásicas, desde la huelga a mi cabreo. Sin embargo, yo creo que la izquierda no debe limitarse  administrar lo que cree la realidad inamovible, sino a cambiarla, las reglas del juego del capitalismo especulativo sobre todo, y no a seguirle sumisamente la corriente a este.

No digo que no haya diferencias entre los que se autodenominan de izquierdas, y para mí no lo son, y los que se niegan a recibir el justo apelativo de derechas, pero es lo que son. Pero no es suficiente (ni siquiera para incitarme al voto), la “izquierda” (desde ahora siempre con comillas) cuando hay ‘sobrantes’ de la codicia especulativa (periodos de crecimiento económico los llaman) se aplica a hacer buenas obras con las sobras, más o menos, residencias de ancianos, guarderías, y ese conjunto evanescente pero importante que se llama estado de bienestar junto a la autorización de matrimonios gays y polideportivos en barrios pobres. Pero cuando llega una crisis o periodo de recesión recauda entre el resto de ciudadanos damnificados para sacar del apuro a los especuladores –lo que se llama privatizar beneficios y socializar inconvenientes- tanto como la derecha. En cualquier caso, jamás refunda ese capitalismo con rostro humano que dice buscar, ni controla a los especuladores conocidos eufemísticamente como mercados ni manda en lo esencial sino que es mandada.

Quien se limita a administrar la realidad, más o menos compasivamente, pero no pretende transformarla no puede reivindicarse de izquierdas, es así de simple. Como quien planta ajos sólo planta ajos, por mucho que diga que gestiona las liliáceas y bla, bla, bla.

Los mercados, o sea los especuladores, protegidos por la derecha de la que son su esencia y parte, no son modificados ni regulados lógicamente por esta, pero tampoco por la ‘izquierda’ nominal, que en realidad está dirigida por aquellos, tanto en las épocas de bonanza o crecimiento económico, como sobre todo en las crisis que dichos mercados periódica y puntualmente provocan. Es entonces cuando esa ‘izquierda’ que algunos llaman socialdemocracia y que se atribuye la creación del estado de bienestar, desmonta este si es preciso y pasa la factura de los excesos y desmanes financieros a sus propios y principales damnificados, la base social, privatizando beneficios y socializando inconvenientes. Pasa ahora y ha pasado en el pasado, es de preveer que continuará en el futuro. Lógicamente, el principal expoliador del Planeta y el apropiador de la plusvalía es el mismo agente social(*). Así que los gobiernos, incluidos los mal llamados de ‘izquierda’, no velan por el interés de los que les elijen y a los que teóricamente se deben, los ciudadanos, sino por los de esos mercados que nadie elije ni controla: está ahí para cumplir los designios de esos mercados, aunque sean dioses crueles que exijan sacrificios humanos. Hágase su voluntad.

Plantar cara a la especulación/mercados o estar a su servicio, no hay más opciones ni debería ser ninguna dilema moral para la verdadera izquierda. Pero sólo hay retóricas diferentes y de los usos de los excedentes, cuando los hay en bonanza, algo distintos 

Lógicamente para esos Nuevos Brujos que son los economistas al uso, no hay contradicción entre la voluntad de los mercados y el interés general puesto que decretan que son la misma cosa. Como comida y excremento, resultante este de aquella.

Por fortuna y por desgracia, quizás, no creo que el fin justifique los medios, así que no soy partidario de ninguna lucha armada, aunque algunas son comprensibles. Pero por eso mismo no voto: lo veo un medio muy pobre para el fin que supuestamente debería realizarse: la democracia. Yo cuando planto ajos, planto ajos.





































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(*) Hace años, en una conferencia sobre medio ambiente alguien del público me interpeló enojado diciendo que yo era como las sandías: verde por fuera, pero rojo por dentro. Ni siquiera era original, porque la frase la tomaba del presidente cristianodemócrata de un land alemán de  época. Pero yo le repliqué diciendo que yo aspiraba a ser más bien como los tomates: verde primero y rojo al madurar

17/06/2010

Benja y el granado. Una metáfora de la vida



Frederic Mompou - Música callada, Libro I: III, Placide

Cuando compramos la casa del pueblo uno de los primeros vecinos con el que entablamos amistad fue “Benja”, Benjamín, que es el marido de “Chencha” (Inocencia) que fue a su vez la encargada de enseñarnos la casa del tío Vidal (fallecido) y Mamerta (fallecida) que vendían sus herederas, Carmen y Sole, afincadas en Madrid y que, por tanto, enseñaba su tía, la mentada Chencha. Yo no sé vosotros, pero a mí Benjamín, Chencha, Mamerta y Vidal me suenan a trilla, a centeno, a huerta con tomateras, a rediles de ovejas que por aquí llaman ‘borras’, a dehesas de encinas y ríos con barbos y bogas y charcas de abrevar con tencas, cigüeñas en la espadaña de la iglesia y un reloj en la torre que da las horas y las medias, a olor de leña, a bar en la plaza con la tele. Buscábamos algo así, además de los paisajes y aires de la sierra vecina y lo encontramos. Una casa de piedra, recia como sus vecinos, con patio emparrado que parece un acuario verde en verano, prado atrás, pajar rehabilitable y troje (desván o ‘sobrao’). Una base donde volver a juntar mis libros repartidos en varias diásporas y adonde regresar de mis nomadeos. Una casa para P y para mí. Nuestra casa, mientras seguimos acampados en el apartamento urbano.

Benja había sido el pregonero del pueblo, uno de los dos únicos sueldos fijos que se podía permitir tan modesto ayuntamiento (menos de 500 habitantes al día de la fecha) y como prueba de ello conservaba en su casa un montón de fotos entrañables con el uniforme y la preciosa cornetilla de latón que inmediatamente ambicioné, aunque está mejor donde está: en la casa del antiguo alguacil o pregonero. Benja hizo de anfitrión y primer buen vecino, enseñándonos los principales caminos del término, y el primero de todos el de la ermita, antes que el del río o los de la sierra y el camino real o el cordel (en realidad una cañada real).
Y un día se presentó con tres varas o esquejes de granado, que se dan muy bien en el pueblo, y una historia:  

“Estos esquejes son de mi granado, el que tengo junto a la cancela de mi casa y que habrás visto. Salió de un corte de uno que estaba en el que ahora es tu patio cuando el tío Vidal tiró parte de los corrales que había para hacer la cocina nueva y el cuarto de baño. Y estos que traigo son del mío, o sea, nietos del que arrancamos de aquí; para que los plantes.”

Los plantamos; sólo agarró uno, que enraizó muy cerca de donde estaba el original, el resto se malograron. Creció vigoroso, ya mide más de dos metros y eso que le podo las ramas verticales que suben como flechas hacia el cielo. He logrado hacerle unas buenas podas de formación o estructurales y ahora tiene un tronco airoso y recto y una copa redonda y densa, pero pasaban los años, y no daba flores ni lógicamente tampoco frutos. Desesperado, impaciente, pensé injertarle de algún árbol menos machorro.

Cuando conocí a Benja era un viejo ágil que me acompañó todos los kilómetros de la ruta de la romería a la ermita, trepaba ágilmente a podar los olivos y te recibía siempre con una sonrisa, sobre todo a P, a la que trataba como una princesa. No han pasado muchos años, pero ahora apenas se mueve, si no es de la silla de ruedas al baño ayudado por una chica, no reconoce a nadie y no se reconoce nada articulado en sus balbuceos. Sigue sonriéndote con una sonrisa buena cuando le hablas, pero no creo que sepa a quien lo hace. Benja, aquel Benja de hace poco más de un lustro, ya no está. En cambio, su granado me ha dado la semana pasada flores por primera vez  y dará granadas este año, cuando ya no pensaba que lo hiciera.

15/06/2010

La feria del libro de Madrid, una vez más

Además de que la 'prosa sonajero' es como el tocino de cielo de la literatura: muy rica pero cansa, Umbral me enseñó a ponerle negritas a los nombres y aquí van unos y unas pocos y pocas. El que no haya puestos de churros, aunque algunas editoriales no publiquen otra cosa (en las vecinas instalaciones de la antigua Casa de Fieras persiste el antiguo foso de los monos, yo lo llenaría con esos libros y tiraría dentro a sus editores; si quisieran salir tendrían que leeéselos), desmerece algo la feria, así como el precio abusivo de la cerveza en los chiringuitos, todo sea por la cultura. Ante las largas colas delante de los mostradores donde asoman el careto los Pérez Reverte de turno siempre busco las pelotas para el pin pan pum, pero por lo visto son más partidarios de la pluma que de las armas (recomendable libro de Trapiello sobre los escritores de la Guerra Civil española) y no hay nada a mano para tirarles, salvo las ostentosas pilas de sus propios libros y eso sería como tirarle al pastelero su propia tarta. Y llueve o hace calor, eso fijo, como que no han traído a la feria ese libro justo por el que tú preguntas. En la caseta 133 la chica que atiende tiene el mejor escote con diferencia, así que hago que me busque un libro en la fila de más adelante; y en la 189 hay un poeta auténtico, pero no firmando libros, sino de dependiente. Los libros que vende son guías turísticas y de cocina ilustrados. Un niño se me mete entre las piernas y casi me emascula con su coronilla; le tiro una patada delante de sus escandalizados y permisivos padres y fallo por poco. La gente cuando es mucha hace gentío y el gentío levanta polvaredas porque arrastra los pies por este antiguo dominio real y hoy municipal, a veces se progresa. Algunos llevan bolsas de papel con folletos, separadores, viseras de cartón e incluso algún libro o artefacto similar. Muchos van hablando por sus móviles para decir que están enlaferiadelibroporquenotevienes (por si fuéramos pocos). Busco a  Mesonero Romanos (en persona, no en libro), pero sólo veo a Carlos García (Gual), que es mucho mejor. Se acude en familia o en colegio, o sea, en hordas, Gengis Khan debería ser el patrón. Supongo que Javier Marías ya estará pergeñando su columna cabreadísima protestando por todo  lo que también me molesta obviamente a mí y por cosas que le molestan sólo a él y a mí jamás se me hubieran ocurrido. Polvo, sudor y lluvia no sé si el Cid cabalga, los niños, sí. La gente tiene pinta de no saber apenas leer, pero tener ganas de jarana. Veo a un tipo joven y alopécico escribiendo abstraído en un banco y pienso que podría ser Malherido, pero luego me acuerdo que está en México, o sea, que no. Miroslav está en el Río de la Plata y Vanbrugh seguramente en la Alcarria, Emma en Luxemburgo y yo, yo estoy aquí a pesar de haberme prometido no volver. Supongo que hoy Goya en lugar de la pradera de San Isidro pintaría la Feria del Libro del Retiro, aunque es más tema de Renoir, con tanta sombrita de hojas y tantísimo resol. Muchedumbres que deambulan, miran, tocan, piden artículos gratuitos de promoción (preciosas las maquetas de barcos de papel, pero cuestan una pasta). Y la megafonía: hoy tampoco firmo ejemplares de ninguna de mis obras, menos mal. Tampoco encuentro al viejo poeta anarquista que vende directamente del productor al consumidor sus libritos y al que siempre le compro un ejemplar del mismo. Me voy pensando que cuando triunfe el libro electrónico tendrán que poner más enchufes en todas las casetas. Rompe a llover, más bien jarrea y corro hacia el Metro, no quiero que se me estropee la guía de caracoles terrestres que he comprado en el stand de la Junta de Andalucía y que es una joya ilustrada en varios sentidos.

14/06/2010

La mochila voladora y el tren de los Hermanos Marx


George Gershwin - Fascinating Rhythm (Al Gallodoro, Lincoln Mayorga, Harmonie Ensemble)

A veces tengo la ensoñación de que le enseño a Leonardo da Vinci el mundo actual. Disfruto con su maravillada aunque sensata (presumiblemente) sorpresa.

Contemplar la Historia como una sucesión lineal de momentos hasta el presente, digamos que la perspectiva cronológica simple, o mirar al futuro de idéntica forma, quizás como una escalera de peldaños siempre ascendentes, es muy erróneo. En cada momento histórico conviven situaciones de tiempos muy distintos, perduran procesos lentos a la vez que desaparecen otros efímeros y brevísimos. Y además hay retrocesos, vueltas atrás de muchos aspectos, aunque la corriente principal siga hacia...¿adelante?

El dinamismo de la Historia contra el telón de fondo (paisaje) de un escenario supuestamente inamovible es otro de los grandes errores de percepción. Cuando contemplamos un paisaje también estamos viendo (si sabemos mirar) ‘tempos’ muy distintos que se solapan en una imagen única, resultados además de procesos de velocidades muy distintas. Histéresis es la palabra que designa esa connivencia que no convivencia, diacrónica. Está el más lento y perdurable tiempo geológico, responsable de esos afloramientos graníticos de hace cientos de millones de años; está el geomorfológico, que los modeló junto a  los ríos y laderas, de sólo’ millones de años; la vegetación que arrastra también sus cientos de miles, pero cuyo aspecto actual es además resultado de labores humanas con el hacha, el fuego y el arado de hace 'solo' cientos de años, al igual que ese puente de sillares de piedra que ahora aparece tan bien acomodado al vado del propio río; está esa horrenda urbanización de hace sólo una década, el trazado de la autopista. Etc.

Podemos imaginarnos dentro de unos años desplazándonos con esas mochilas para volar que hemos visto dibujadas en los tebeos. Ya existen, pero como los automóviles actuales no son prácticas tampoco y, al revés que lo automóviles, en más de un aspecto. Por ejemplo, utilizan de combustible, de momento el único posible, peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) y su depósito viable no dura apenas, así que son como ese tren de los Hermanos Marx de “¡Madera, más madera!”, que debía nutrirse a base de hachazos de su propia estructura. Un absurdo bastante usual en nuestra cultura del despilfarro y la insostenibilidad.
Vanbrugh empujando mientras paso por encima del siempre servicial Miroslav

Y está la gente en general, que es muy, pero que muy anacrónica en las cosas esenciales y absurdamente a la moda en las superficiales, las que no perduran. Así, esa gran masa sin ninguna formación científica –hablo de las gentes alfabetizadas del primer mundo; los escasos nativos que perviven en las escasas zonas marginalmente conservadas del Planeta tienen su propio ajustado tempo- , esas gentes sin formación y hasta sin información son como el populacho medieval ignorante y crédulo. Exactamente igual, aquellos tampoco conocían el principio de la catapulta, del plano inclinado, de la polea o de la perspectiva caballera y el fuego griego, pero disfrutaban sus efectos. Nosotros pronto tendremos ordenadores cuánticos, y sin embargo sólo hay unos cientos de personas en el planeta que entienden cabalmente todos los principios de la mecánica cuántica.

Quizás esa sea la única misión honesta de esa actividad que tanto detesto: el turismo, abrirnos los ojos sobre nuestro diacronismo, desplazarnos en un avión a reacción a un burgo medieval. O contemplar un paisaje forjado por fuerzas a muy distintas velocidades, pero casi todas mucho más viejas que la mera humanidad.

11/06/2010

A los tres años


Estaba muy harto de tener que doblar tanto la cabeza hacia arriba para mirar a los ojos a los adultos. A los tres años, un niño como yo  – ¿un niño como todos?-  era alguien que sabía silbar, pero no sabía atarse los cordones de los zapatos. A los tres años, que es hasta donde puedo remontarme en mis recuerdos y extender el recuerdo del recuerdo.

Desde entonces siempre ha sido así; seguí sabiendo silbar (con dos dedos, bien fuerte) y aprendí a anudarme los cordones de los zapatos (hoy esta sociedad que reniega del esfuerzo fabrica zapatos infantiles sin cordones), pero como si los llevara desatados aún, seguí cojeando. Así aprendí a leer, pero no a escribir, aprendí a montar en bici, pero no a zurcir; aprendí a nadar, pero seguía entrándome agua en las narices…siempre cojo.

Cojear es la única bamboleante forma de avanzar por la vida que conozco. Los seres más tristes son aquellos que aprenden a atarse los cordones de los zapatos, dejan de cojear, se quedan parados y se dicen: "ya sé todo lo que necesito" (¿sobre tus pies?). Dan ganas de decirles: "sólo te has parado, no has llegado".

La vida es una sucesión de experimentos de los que obtienes a menudo dolor y a veces recompensas en forma de aprendizajes y otros modestos triunfos. Pero en los caminos y hasta en las carreteras siempre me han gustado mucho más las curvas que las rectas: tener que doblar el ángulo oculto para sorprenderme con lo que me aguardaba al otro lado, haciendo camino al andar como decía el poeta.

El niño, con los cordones desatados, es hijo del camino, por eso crece.


10/06/2010

Gentes que detesto

Y los detesto por poderosas razones, no por manía de ir contracorriente

Hay un montón de gentes famosas que concitan gran admiración a las que yo por profundas y personales razones detesto. No me refiero a esos patéticos experimentos televisivos tipo Belén Esteban, sino a personas verdaderamente relevantes, digamos que históricas, pero nada obvias.

Detesto a la Madre Teresa de Calcuta, porque es una demostración para mi muy palpable de cómo la caridad no sólo usurpa el sitio de la justicia social, sino que disfraza una tanatofilia, un gusto morboso por la muerte y la pobreza extrema que evidencia una total falta de empatía por los desfavorecidos, al reves de lo que pudiera parecer. Y la huele el aliento, hiede con la hiena caarroñera que fue.

Detesto al Dalai Lama, tan aseadito y pelón, ese defensor de las pruebas nucleares hindús, me repele al menos tanto como los dos últimos papas católicos. Y es un gran reclutador de idiotas. Los partidarios occidentales de esta montañosa teocracia además son un ejemplo palpable de cómo se puede ser un majadero en otra religión que no es la que te iculcaron indefenso de niño, sino la que escogiste con el mismo esnobismo estilista que las gafas de sol, como un precario políglota del idioma, pero en religión. No está claro a quien quiere más o es su discípulo favorito, si el ‘mamporrero’ Steven Segal, o al ‘guiñadero’ y gigoló de ancianas Richard Gere, aunque parece que el primero está mejor clasificado.

Detesto a Michael Moore, autor de obvias proclamas sobre lo inconveniente de asesinar ancianitas y de un infumable documental sobre la familia de Bin Laden;  y a Oliver Stone, obnubilado con todos los dictadores de América latina supervivientes a base de cueldad y persistencia. Son idiotas siniestros, que no izquierdistas, que demuestran que no hay peor intolerancia que la que se disfraza de progresista.

Detesto a los Kennedy y en especial al presidente asesinado y más famoso de ellos. Una familia de psicópatas con enormes delirios de grandeza, comenzando por el patibulario padre, siguiendo por el sexópata y suicida hijo mayor y todos los demás. Relativamente ‘liberales’ en el sentido anglosajón del término, en política interior, fueron unos déspotas más brutales que Truman en política exterior y pusieron al mundo al borde del desastre terminal.

Estoy profundamente convencido de que el mundo habría sido mejor sin ellos,  que no son para mí tan distintos del Estrangulador de Boston, Kissinguer, Cecil Rhodes o Leopoldo de Bélgica.

O sea, me jode la piedad peligrosa y pringosa, el progresismo oportunista y superficial, el esnobismo espiritual y el aventurerismo político. Me gustaría, por probar, la piedad política, el progresismo espiritual, el esnobismo peligroso y el aventurerismo superficial. O no.

Y adoro a Xavi, el fútbol se hizo cuerpito en tí, pequeñajo; a Mandela, ¡un hombre!, a Ted Hughes, un enorme poeta que ha tenido que aguantar las insidias de los ñoños seguidores de su esposa muerta, y a Robert Mitchum, a su modo, encarnaba otro hombre-hombre.

09/06/2010

Los trolls




Edward Grieg - Peer Gynt, Suite 1, Op. 46: IV En la Caverna del Rey de la Montaña - Neville Marriner, Academy of St. Martin in the Fields

Nos obligan a colocar censura previa –moderación de comentarios- en lo que por su naturaleza es un espacio de libertad, en la comparación de Vanbrugh es como colocar puertas blindadas y cerraduras especiales en nuestras casas. Odian el respeto sin sumisión (a mí me sigue chirriando el que los jóvenes tuteen a cualquier anciano), la cultura con mayúsculas (no las culturetas de frikis) y, hombres o mujeres, lo que antes se llamaba ‘hombría de bien’. Son groseros, insidiosos, y, sobre todo, se sienten impunes. Son mis contemporáneos y frecuentan, habitan, defecan en Internet, pero son “alocrónicos” (Alocronismo: no reconocer al otro como coetáneo tuyo).

Hace poco Miroslav le dedicó un post a los Trolls con la pretensión algo ingenua de explicarse su comportamiento http://desconciertos3.blogspot.com/2010/06/que-quieren-los-trolls.html . No lo consiguió realmente, pero digamos que las explicaciones se repartieron entre los que recurren a la psicopatología: los Trolls son enfermos, los que lo hacen a la ética, los Trolls quieren hacer daño y los que utilizan una combinación de ambas corrientes. Miroslav y yo tenemos estilos ensayísticos distintos, y a mi juicio, espero que complementarios. Desde luego su blog, Conciertos y Desconciertos refleja su limpia escritura, su tendencia a una narratividad poco elíptica y clara, su propensión a  un concienzudo documentalismo, en tanto yo me parece que soy algo más disperso e intuitivo. No sé. El caso es que Miroslav poco pudo aclarar y yo, supongo, tampoco, pero hay un par de aspectos, junto con la maldad ‘per se’ -el troll es un hijo de puta, dicho en claro-, y su enfermedad:  su falta de empatía y su incapacidad de ponerse en el lugar del otro, que me parecen también relevantes.

Toda la vida en las pequeñas comunidades en que todos se conocían ha habido dos fenómenos complementarios: maledicencias y anónimos; gente que hablaba mal de los demás, gente que vivía vicariamente las vidas de otros más que la propia (cotillas) y gentes que enviaban notas sin firmar para ensuciar, con verdades o más frecuentemente mentiras, el buen nombre de sus vecinos. Si contempláis el fenómeno troll en Internet veréis que se ajusta como un guante a estas características que podríamos definir como de aldea medieval. Sólo que antes el difamador corría más riesgos a la hora de hacer correr rumores o de lanzar sus anónimos. La Red es anónima de por sí, por diversas razones solemos utilizar nicks o pseudónimos, lo que tiene cierta gracia porque a veces dice mucho de las intenciones del bloguero: Lector Ileso, Júbilo Matinal, León No es feroz…

Es decir, La Red, Internet es como un gran carnaval en la que todos vamos si no disfrazados, sí embozados, con antifaz, y algunos aprovechan esa impunidad real o supuesta, pero perceptible para tocar el culo a las damas o para apuñalar al que se envidia. De ahí que un ataque troll sea una suerte de homenaje para el que lo sufre, un homenaje perverso, enfermizo, como se quiera, pero homenaje.

La impunidad, la maldad, la envidia, el ocio anémico o vacío, la falta de hombría de bien y de catadura moral…son las n-dimensiones que forman una suerte de nube, un hiperespacio en el que se sitúan esta ralea. En una metáfora visual, Internet sería un amplísimo cielo, unas veces azul, otras con nubes, y los trolls esos mosquitos pululantes o esas bandadas de vampiros tan alarmantes a veces. Internet es un espacio de libertad, pero también es un carnaval donde los pervertidos pueden hacer de las suyas. ¿Por qué? Porque pueden hacerlo sin apenas riesgos. Violadores de blogs (como aquellos ‘violadores del verso’)

07/06/2010

Un espejo o un perro


Hank Jones - Blue Monk

Sostengo que los perros son mejores espejos de nosotros que nosotros unos para otros.

Juan Benet se preguntaba: “Me pregunto muchas veces: si no fuera por los demás ¿qué sabríamos de nosotros mismos?"[1] En general estoy de acuerdo. Los demás nos ofrecen una imagen que los muy egotistas rechazan y los muy susceptibles perciben como una afrenta aunque no exista y, entre medias, están todos los grados de influencia que ese infierno que son los otros (esta vez es Jean Paul Sartre) arrojan sobre cada uno. Viene esto a cuento porque Vanbrugh, un buen amigo de la red y aún más, se queja de mi agresividad en los comentarios a su escasa actividad como bloguero propio y comentarista en los blogs ajenos y especialmente en el mío. No hay nada de eso; no hay, quiero decir, agresividad, eso está para mí –que conozco mis intenciones- fuera de toda duda, pero hay algo obvio, en realidad dos cosas. Una,  la famosa ley galileo (así en minúsculas) de que la ironía nunca es percibida como tal en la Red. Y dos, que si hay una cierta unanimidad en la percepción que los otros, infernales o no, tienen sobre uno, puede que se deba a que uno es un incomprendido típico, pero es más  probable que se trate de que no se acepta esa opinión unánime aunque sea certera.

De todas formas, salvo que el observador sea un artista, no suelen ser muy originales las miradas de los otros sobre uno, de ahí lo de espejo: si uno es gordo, alto, bajo, flaco, listo, tonto, te ven, te suelen ver tal cual. Y si uno es depravado, egoísta, altruista, bueno, lo mismo. Sólo el artista percibe además que no hay pecados originales, sino que todos son bastante comunes. Por otra parte, nuestras obsesiones más profundas lo son (profundas) porque están bien ocultas. Byron, el poeta del romanticismo inglés por antonomasia, temía sobre todo engordar y volverse loco, lo que, si lo pensamos bien, le emparenta con la Norteamérica moderna, siempre obsesionada por la dieta y la terapia.

Miren esta foto de William Faulkner y sus perros algo más arriba. Yo tengo dos opiniones sobre esta foto. Una, que tener varios perros es una de las muchas formas que adopta la poligamia en unos amores que si son correspondidos yo considero exclusivos igualmente. Dos, que es asombroso como los perros se parecen al escritor. Eso, el parecido de perros y sus amos, es algo que está muy estudiado y hasta cierto punto es cierto, creo. Pero aquí no  se trata solo de que sean perros chiquititos (Algo chiquititoooooo!) y “cortos de talle” (y talla), y con tendencia a posar tiesos y estirados, como el propio escritor, sino en la postura y no sólo en la apostura. Y si no, fíjense en la posición del perro de más arriba y en la de su equivalente humano. Y es que los perros no es que te devuelvan tu imagen más o menos favorecida, como el resto de humanos, sino tu alma. La vida no deja de ser un enorme malentendido, así que debemos resignarnos a morir incomprendidos. Salvo para tu perro; a él no le puedes engañar.


[1] Juan Benet: Una meditación

04/06/2010

El matiz y el nazi


Kurt Weill - Das Lied von der Unzulanglichkeit menschlichen Strebens (Teresa Stratas, soprano)

O un ejemplo nazi.

No: 'matiz' no es un anagrama de 'nazi'.

Estoy llegando a la penosa conclusión de que la mayoría de los humanos odian los matices. Y sin embargo la verdad reside en el matiz. Creo, simplificando mucho, no sé si en exceso, que el ser humano se debate entre dos tensiones opuestas: la necesidad de buscar la verdad, como seres racionales,  y la de pertenecer a un grupo, como animales sociales que somos. El grupo detesta el matiz y adora el tópico, la proclama, la consigna, no busca tanto el  siempre dificultoso logos como la tranquilizadora doctrina. Hay muchos ejemplos; los más numerosos en el mundo ideológico y de la política, también en la religión, pero no solo.

Tomemos una doctrina absolutamente enajenada, repulsiva, pletórica de consignas, como el nazismo. Pues bien, ese movimiento, pese a los millones de datos recogidos sigue siendo objeto de manipulaciones no matizadas no ya desde los hagiógrafos de su propio campo, sino, innecesariamente a mi juicio- desde los de sus adversarios demócratas. Y es que uno de los peores errores que puede cometer el pensamiento libre es intentar amordazar al que no lo es en lugar de criticarlo con ironía y certidumbres. Los delitos de opinión, por ejemplo. La opinión nunca, repito, nunca puede ser un delito, aunque a menudo sea una estupidez o simplemente una falsedad. Así, el negacionismo del Holocausto judío, que es delito en la mayoría de los países europeos es un error al que se responde con un error: convertirlo en delito.

Entre los historiadores serios con o sin diploma (o sea, que no están incluidos ni César Vidal ni Jiménez ¡Cielosantos! ni el gran negacionista inglés David Irving) del exterminio judío hay dos corrientes enfrentadas, lo “intencionalistas” y los “funcionalistas”. Los “intencionalistas” afirman que Hitler estaba decidido desde un principio a exterminar a todos los judíos y que la política atroz desarrollada entre 1933 y 1945 es el cumplimiento estricto de ciertos pasajes del Mein Kampf. Los “funcionalistas” señalan, correctamente, que los nazis apenas mataron judíos hasta 1941 y que el famoso “Endlosung", la Solución Final, era un plan semisecreto que empezó a desarrollarse justo cuando Alemania comenzó a su vez a perder la guerra en el frente ruso. Hay intencionalistas extremos que consideran que los alemanes de todo época y condición tienen un gen antisemita, pero también funcionalistas, aunque suelen ser más moderados, que pueden aproximarse a los negacionistas, cuyos elementos extremos (casi todos) opinan que todo es un invento de… ¡los judíos!

Bien. Ese es el campo de juego. Todos opinan, menos algunos que lo tienen prohibido por los que deberían no hacerlo, creo yo. No obstante, negacionistas cuyos libros no se publican o no se distribuyen, como el mentado y famoso Irving han demostrado algunas cosas sorprendentes. Repito: lo han demostrado:

  1. que no había cámaras de gas ni campos de exterminio en suelo alemán, es decir, en Belsen, Dachau y Buchenwald
  2. que no se hizo jabón con los cadáveres de los judíos.
  3. que la famosa confesión de Rudolf Hoess, el comandante de Auschwitz, fue conseguida a la fuerza, con torturas y que de ella se deducía que había matado más judíos de lo que era “humanamente posible”.

Bien. Lo anterior implica que muchos testimonios de testigos oculares eran falsos, así como muchas de las conclusiones del tribunal de Nuremberg, que más que impartir justicia aplicó (merecida) venganza. Esto último ya se sabía, lo primero se sospechaba. ¿Anula eso las conclusiones principales sobre las atrocidades nazis y el sufrimiento de los judíos? No. Sólo las matiza.

Los historiadores no son matemáticos ni físicos, su verdad está sujeta a su ideología. Marx, Gibbon o Macaulay eran ensayistas y polemistas con opiniones contundentes y sesgadas por sus prejuicios, pero eran intelectuales serios y responsables. Un historiador puede equivocarse, pero si se equivoca siempre en el mismo sentido de las tesis que defiende, entonces no se equivoca sino que hace trampas, como Irving, en el que se da paradigmáticamente este caso.

Así que lo anterior no convierte a Irving en un buen historiador, porque se ha comprobado cómo falsea o ‘ajusta’ sus datos a su conveniencia; yo personalmente no le pediría que me firmase un ejemplar de alguno de sus libros, pero no le impediría publicarlos y puede que los leyese, como hago siempre: buscando entre líneas.

Por cierto, el nazismo, además de los Hitler y Goebbles, estaba repleto de "micromegalómanos"  (si me admitís el expresivo contrasentido) y burócratas cumplidores, probos funcionarios y obedientes cadenas de mando; o sea, que con los grandes gerifaltes (halcones literalmente) no hubiera bastado, se precisaron miles de pequeños casi domésticos carroñeros.

02/06/2010

Manos que cuidan de mundos



Henry Purcell - Abdelazar. I Rondeau


“Había algo nada inglés y bastante incorrecto en ‘el campo’, con su soledad y autosuficiencia, sus distracciones sangrientas, su oscuridad  y silencio y sus ruidos repentinos e inexplicables; el tipo de lugar en el que nunca sabías de un minuto al siguiente si no te iba a embestir un toro o te iba a pinchar un paleto con una horca, o te iba a revolcar y hacer pedazos una jauría de perros de caza”
 Evelyn Waugh

Maternales roedores conducen a sus peludas crías por los rastrojos y fuera las lechuzas cazaban roedores maternales y sus peludas crías.”
 Wilham Boot








Un campesino pacíficamente armado con una azadilla, retocando allí una cacera o un desagüe de un canal mínimo allá, colocando una piedra en un tapial de mampostería en seco, arrancando un matojo del centro del camino hace más por conservar y mantener su mundo que todas las grandilocuentes manifestaciones de intenciones de conservación de la naturaleza de la mayoría de los poderes públicos. No sólo porque obras son amores y no buenas razones, sino porque ellos, los campesinos, son los verdaderos guardianes de la naturaleza, y no la guardería oficial ni mucho menos el Consejero o el Concejal responsables, expertos solo en retóricas banales, como publicistas que son.

Os aconsejo que la próxima vez que paséis por algún lugar donde parezca que la belleza es resultado de un olvido: el de ese ‘progreso’ avasallador y transformante, os acordéis también de las manos discretas guiadas por esa vieja sabiduría empírica de la prueba y el error, que no se olvidan de reparar y cuidar lo que parece espontáneo y "natural".

  Bancal de mampostería en seco, siguiendo la curva de nivel para retener la tierra fertil del rellano y evitar la erosión en laderas de fuerte pendiente
  
Postdata

Por cierto, prefiero mil veces el escepticismo urbanícola de las citas de humor inglés del frontispicio de este post que las ñoñas declaraciones de amor a la naturaleza nada creibles de tantos.
 

01/06/2010

Un niño muerde a un perro de presa y el estado de Israel es atacado por pacifistas



Chuck Berry - No particular place to go

Este blog está liberado de la esclavitud de la actualidad, pero no de vivir en el tiempo presente, que a veces se impone.

Sólo unas reflexiones para evidenciar la diferencia de lenguaje sobre actos similares según quien los perpetre. Por ejemplo, si son desarrapados somalíes, una de las naciones más pobres de la Tierra, en sus aguas territoriales contra grandes buques atuneros que esquilman sus recursos y retienen a esas tripulaciones a las que liberan más tarde se llama piratería, pero si se trata de una agresión en aguas internacionales con un balance de diez muertos (*) sobre civiles que traían ayuda humanitaria (**) no es piratería. Sir Francis Drake se sentiría confuso.

Lo cierto es que no voy a hablar de actos sionistas y actitudes antisemitas, todo eso es un lenguaje apriorístico y prejuicioso. Israel ha demostrado parecerse más y comportarse como una milicia que como una nación moderna; en realidad, como se decía de Prusia en tiempos, es un ejército que tiene un país.

Un judío antisionista, el anciano ex diputado israelí Uri Avnery sostiene que los sionistas se desintegran cuando pierden esos mecanismos de defensa que les da la sensación de que todo el mundo esté contra ellos, como si solo estuvieran felices cuando son despreciados y amenazados. Netanyahu y Barak pueden estar pues satisfechos, han conseguido la incomprensión mundial. Turquía uno de los pocos países que se mantenía al margen del conflicto palestino ya está netamente alineado en su contra

Por cierto, mi amigo e informante Antonio Pérez me recuerda la larga lista de actos de piratería israelí, desde el lejano junio de 1967 (torpederos israelíes atacaron al buque USA Liberty causando 34 muertos en aguas internacionales)

De momento, en medio de la repulsa internacional, los representantes israelíes no se defienden con medias verdades, sino que acostumbrados a un uso desproporcionado de la fuerza, incluida la retórica, lo hacen con mentiras completas: los cooperantes de las ONG con nocturnidad y en plena alta mar atacaron a sus pacíficas fuerzas de asalto y ellos se limitaron a defenderse. Lamento escribir esto, pero creo que los dirigentes judíos sí aprendieron la lección que les quisieron dar los nazis; de hecho, son ya indistinguibles de aquellos brutales maestros.
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(*) Cifra lamentablemente aún por confirmar. 9 según las primeras informaciones de fuentes oficiales israelís, 19 según fuentes no confirmadas de los cooperantes que aún no pueden moverse ni informar libremente

(**) Habrá quien piense que la misión de la ONG era una provocación en sí misma. Les recuerdo que según fuentes independientes cuatro de cada cinco habitantes de la Franja de Gaza, debido al bloqueo israelí, dependen de la ayuda humanitaria exterior para subsistir y que la gente está muriendo por falta, por ejemplo, de mera agua potable.