profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

06/04/2011

Garrote y prensa (Franco, ¿ese 'hombre'?)

La tristeza del mar cabe en un vaso de agua. Lo dice el poeta Luis García Montero. El vaso además de la tristeza a veces tiene leche en vez de agua. La tristeza es la de un país y sobre todo una ciudad, que en cambio, le cabe en la cabeza -amueblada con cadalsos- a un general en su despacho, en la enorme mesa llena de tinteros de cristal de roca donde firma sentencias de muerte, donde rifa la suerte de antiguos ciudadanos derrotados en súbditos. Detrás de él, en la pared que sirve de fondo a sus retratos, un crucifijo feo de hierro tampoco se apiada del déspota. Con esta estética de almacén de antigüedades del monstruo hay algo que destila su ética, tan implacable como errada, porque –y esto es algo que los fachas de este país jamás entenderán- Franco nunca tenía razón. O si preferís, ninguna ‘razón’ quería estar con él.

Franco era un tonto de solemnidad que creía tener soluciones, soluciones terribles, remedios que nos hacían añorar la dulce enfermedad que pretendían curar. Los tontos solemnes son muy peligrosos. Nació junto al mar, con su tristeza y sin su grandeza y carente de cualquier arte de vivir. Distraído, firmaba sentencias de muerte mientras cenaba (textual) insulsas tortillas francesas y un vaso de leche, pero le gustaba cazar y pescar, animales grandes y hermosos. Siempre matar y a veces –hasta ahí llegaba su imaginación- denigrar. De su puño y con su letra de analfabeto funcional primoroso, junto al nombre del condenado escribió muchas veces, demasiadas: “garrote y prensa”. Quería decir que además de la ejecución por tan brutal sistema (en Filipinas, herencia española, aún se practica), había que comunicar por medio de la prensa afecta, que era toda, que el asesinado era un bribón al que el salvador de la patria, ese tonto solemne, le había aplicado su famoso remedio universal.

Con el garrote vil se muere porque un tornillo empuja una bola de hierro sobre el collar que envuelve el cuello del reo, que al retroceder disloca brutalmente la apofixis de la vértebra axis sobre el atlas. O brevemente: te parte el cuello. El último ajusticiado por este brutal sistema  fue el anarquista Salvador Puig Antich, el 2 de marzo de 1974, con 25 años, un año y medio antes que muriera el propio dictador que con mano ya temblorosa había firmado la orden de sentencia de muerte con la acostumbrada notita: "garrote y prensa".

Con los años recuperé mi ficha policial escrita en parte a máquina y en parte a mano con tinta negra. Entre otras inexactas lindezas decía: "personaje desafecto [se sobreentiende que al Régimen], anarcoide y filocomunista". Precioso ya que no preciso. Entonces no conocía la aguda respuesta que Jean Paulham le dio a François Mauriac cuando esté le reprochaba que no reaccionara aparentemente a los ataques que los colaboracionistas franceses le dedicaban durante la ocupación nazi, "qué agradable resulta ser maltratado por gente a la que no se estima". Siempre que sea sólo de palabra, añado.


 





11 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Franco era tonto, supongo (aunque según para qué, bastante listo), pero sobre todo cutre. Y también malo, con una maldad de tonto, de los carentes de empatía y, por tanto, pobres de humanidad.

Muy buena la respuesta de Jean Paulham, aunque suscribo tu apostilla.

Antonio de Castro dijo...

Un año antes de que yo naciera, mi familia paterna, entre los que había un militar, decidieron ir a pasar el día al monasterio de Caaveiro, cerca del río Eume, a la vez que Franco decidía ir a pescar al susodicho río. Así que de regreso se encontraron con la carretera cortada, y sólo pudieron volver a casa a altas horas de la noche. Es una anécdota sin importancia, pero me resulta simpático el detalle de que un militar tuviera que joderse, aunque sólo fuera un poquito y durante unas horas, por las gracias de un régimen al que apoyaba.

Lansky dijo...

Normal la aécdota, Antonio, y muy ilustrativa de como Franco consideraba que España era una finca suya, concretamente de caza y pesca

Vanbrugh dijo...

Con que anarcoide y filocomunista ¿eh? Qué bien te había calado aquel eficaz aparato de control, mamón. Lástima que te acabaste escapando, se ve que en los últimos tiempos aflojaron un poco.

Tendrás la ficha en un marco ¿no?

Lansky dijo...

No. Lo tengo en una carpeta azul de gomas junto con otros relevantes documentos, como mi partida de nacimiento fruto del pecado (padre desconocido, ahora no te lo ponen eso), la cartilla militar y un extraño test de inteligencia que le diron de mí a mi madre en el colegio según el cual yo sería una mezcla de Einstein Y Juan Sebastián Bach (creo que se equivocaron en una coma o un cero, algo de eso)

Lansky dijo...

Y en cuanto al fondo de tu comentario, Vanbrugh, es bien sabido que el franquismo era una dictadura, pero mitigada por la incompetencia general.

Emma dijo...

O aupada por la incompetencia general, que es lo que diría un paul preston cualquiera.

Lansky, la foto del garrote es tristísima. Pienso en " el verdugo" ( qué grandísima película) y luego en Puig Antich y me da una pena...

Vanbrugh dijo...

La que a mí me estremece es la foto de Franco y Millán Astray, compartiendo fervor patriótico y halitosis...

Antonio de Castro dijo...

Parecen dos chulos de pueblo. Yo conozco unos cuantos así; no tan peligrosos, claro, o igual sí de volver a darse aquellas circusntancias.

Raúl dijo...

Excelente, Lansky.
Fiel y subjetivo -como debe ser- retrato de un tiempo y un individuo que, de no haber hecho tanto daño, deberíamos de considerar hasta cachondos.

Lansky dijo...

Epitafio sobre un Tirano

Perseguió cierta clase de perfección,
y la poesía que inventaba era fácil de entender;
Conoció la debilidad humana como la palma de su mano,
y estaba muy interesado en ejércitos y armadas;
Cuando reía, senadores respetables estallaban en carcajadas,
y cuando lloraba los niños pequeños morían en las calles.

W.H. Auden