TABLÓN DE ANUNCIOS

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La historia no se repite, pero rima

Mark Twain

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La historia se repite; es uno de sus defectos más insoportables

Lansky

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¡VIVA EL DUQUE!

Le están asaeteando en la plaza pública simplemente por resucitar los valores tradicionales de los duques: robar y saquear. ¿O es que acaso el Ducado de Alba es tan prodigiosamente rico porque sus antecesores trabajaron mucho?

Lansky




11/04/2011

DE ELFOS, DICCIONARIOS Y SANTAS PALABRAS, 2



Diccionario: obra de consulta que incluye palabras ordenadas alfabéticamente, proporcionando su significado, etimología, ortografía y sumaria definición

Diccionario Delirante (de Lansky): no proporciona nada de lo anterior y ni siquiera está ordenado alfabéticamente; esto es, se ajusta al adjetivo, pero no al substantivo


Se considera al de la Crusca el primer gran diccionario europeo. Se basaba en una suerte de idolatría de las llamadas “Tres Coronas” (Dante, Petrarca y Bocaccio), y del complejo panorama lingüístico italiano se inclinaba por una sola variante dialectal, eso que hoy llamamos italiano, el toscano florentino, pero en tan meritoria labor de unificación se perdió, como valiosos daños colaterales, todo el rico léxico que no entraba en tan estrecho marco en un proceso que los epistemólogos y los lógicos suelen llamar ‘de suma cero’ (se gana, pero se pierde).

Por su parte Richelieu, el archienemigo del (presunto) analfabeto D’Artagnan (te hubiera venido bien una ‘ñ’, mosquetero) encargó un diccionario mucho antes de la famosa Enciclopedia de la Ilustración, a la Academia Francesa, que estableció un filtro de supuesta calidad y buen gusto. Lo malo, nuevamente, es que dejaba fuera a decenas de miles de palabras consideradas no aptas para alcanzar el alto honor de figurar en tal diccionario. O sea, cierto francés, bien que algo zafio, pero también presumiblemente gracioso, expresivo, acerado, se terminó extinguiendo, como tantas lenguas de pueblos primitivos, pongamos que de Nueva Guinea (y no es elección al azar).

A estos excesos puristas otros lexicógrafo más, digamos, ‘tolerantes’ reaccionaban con ímpetu laxista. Como decía el gran Julio Casares, frente a tanto jardinero (podador), aparecían los botánicos recolectando toda palabra que pillaran, malsonante o no. Exploradores tolerantes de las Selvas del Lenguaje frente a pulcros (¿relamidos?) diseñadores del Jardín del Idioma Perfecto del Edén.

Y bien; si un arriero, del gremio más famoso en España por su lenguaje soez (hoy serían los taxistas) se dedica a promocionar sus improperios no pasa nada, pero si premios Nobel de literatura, como Juan Ramón Jiménez o Gabriel García Márquez proponen revolucionarios cambios ortográficos (el de Moguer, por ejemplo, suprimiendo, en un auto homenaje, toda g con sonido j, por ejemplo: jitano) la cosa es distinta.

Y no hablemos de semántica. Al dialogo entre Alicia y Humpty Dumpty sobre los múltiples significados de las palabras me remito. Humpty lo zanja diciendo: “la cuestión es quién es el que manda…, eso es todo.” Lógico que Carroll planteara esa cuestión, porque se trata de un viejo debate entre los angloparlantes, la inexistencia de una Academy of the English Languaje con la autoridad de la Academie Française o de la Accademia della Crusca. Cosa que hizo si ir más lejos, en una de sus famosas ‘proposiciones’ Jonathan Swift (“Propuesta para corregir, mejorar y fijar la lengua inglesa”: ¿a qué suena muy parecido a ese “limpia, fija y da esplendor” de nuestra RAE?)

El panfleto de Swift, como no podía ser menos, está considerado la obra maestra de esta tendencia normativa. Sin embargo, el Doctor Johnson, autor del famoso Diccionario que compitió él solito con toda una Enciclopedia al otro lado del Canal (una especie de María Moliner en versión de inglés gordo y dieciochesco), consideraba contrario al espíritu de la lengua inglesa (aún más, del 'Spirit of English Liberty’, incluso) estos intentos. Paradójicamente, su célebre diccionario ocupó un lugar y ejerció una función muy parecida a la de un diccionario de una academia, aunque bien es cierto de que no lo impuso ninguna institución ni lo avaló ningún decreto; de hecho, no tuvo ninguna necesidad de ello, porque su autoridad era la mejor, la que emana de un prestigio bien ganado, y no la coercitiva.

Al otro lado del Atlántico fue premonitorio un tal anónimo ‘An American’ (presumiblemente el presidente en persona, John Adams, 1735-1826) que mandó cartas a la prensa recomendando una Fellows of the American Society of Lenguaje para “corregir, enriquecer y refinar” el inglés, porque –atención- está “destinado a ser en el próximo y siguientes siglos la lengua del mundo, más de lo que el latín había sido, o el francés está siendo en la actualidad”. Acierto pleno en el pronóstico, certificamos dos siglos después. ¿Habrá que empezar a estudiar el chino mandarín a partir de ahora?

25 comentarios:

Vanbrugh dijo...

El Diccionariode La Crusca, nos cuentas, se inclinó por el toscano florentino y, al hacerlo se perdió todo el rico léxico que no entraba en ese marco. El de Richelieu dejó fuera decenas de miles de palabras, que se terminaron extinguiendo…

¿No estás atribuyendo unas facultades excesivas a unos diccionarios? ¿De verdad crees que el hecho de que un diccionario la recoja o no tiene esas consecuencias determinantes para la pervivencia de una palabra? ¿No era que el idioma era un ser vivo, e inútil por tanto la pretensión “prescriptiva” de normativizarlo y de decir a la gente qué palabras usar y cáles no? ¿Y ahora resulta que la publicación de un par de diccionarios –en un siglo en que era capaz de leerlos, como mucho, el 1 % de la población– produjo, como daño colateral, la desaparición de decenas de miles de palabras?

Sinceramente, me parece que no. Si los patois franceses y los dialectos italianos se perdieron, sería por algún otro motivo, del que la publicación de estos diccionarios fue un síntoma más, simultáneo y paralelo, pero no causal. Que hayan sido los diccionarios, al excluirlas, los que acabaron con ellos es una hipótesis no solo sumamente improbable, a mi juicio, sino, además, iincompatible con las opiniones que en el anerior post decías profesar tú mismo.

Lansky dijo...

Es muy interesante tu objeción y la contradicción que implica en el fondo de mi tesis mi valoración del papel de los diccionarios. Lógicamente, en parte, llevas razón, sobre todo porque debería haber matizado mis afirmaciones, pero, como diría Miroslav, esto no es una tesis de licenciatura o de doctorado, sino un modesto post, incluso viniendo, je, je, de mi modesta pluma. Matizo
Un diccionario es la punta del iceberg de un cambio normativo, o sea, un diccionario es mucho más que un diccionario y puedes tener por seguro que si una palabra no termina incluyéndose en los más relevantes, acaba desapareciendo, aunque lo contrario: el diccionario viéndose ‘obligado’ a incluir palabras de la calle también es cierto
El diccionario normativo (RAE, Johnson, etc.) pretende “fijar” lo que por naturaleza es evolutivo, de ahí las enésimas y sucesivas ediciones, pero en realidad, los diccionarios van a remolque del habla de la calle, salvo que se trate de marginalidades (argots o germanías de delincuencia, etc.) no sólo más vistas sino interesadamente herméticas.
Hay más razones, pero esto no lo voy a convertir en un tratado de lingüística histórica; sólo pretendía hablar de diccionarios, si lo he hecho demasiado toscamente es culpa mía, no de los diccionarios y si tu lees viendo los defectos, las sombras y no las luces, será porque mi foto me ha salido mal de exposición

Miroslav Panciutti dijo...

¿Cómo tomarse en serio unos libros donde la muerte viene antes que el nacimiento y el principio después del fin? Dicha la broma, en el fondo todos coincidimos en un cierto gustillo por estos imposibles aunque útiles esfuerzos de fijación taxonómica de la semántica. En cuanto a su influencia sobre el lenguaje real, más bien poca o ninguna, como dice Vanbrugh. La historia de la confección de los diccionarios (de la que este post es un interesante apunte) viene a ser la de las personas interesadas en el idioma. Y no es casual que los autores de diccionarios sean personajes, cuando menos, interesantes.

Por cierto, los esfuerzos purificadores del francés de Richelieu y del absolutismo borbónico (Academia incluida) no dieron tanto esfuerzo como la política de libertè, fraternitè y egalitè revolucionaria. Recuerda que a finales del XVIII en el territorio de la corona (poco más o menos el mismo que ocupa la actual República) hablaban francés apenas la mitad de la población. Las políticas educativas unitarias (en francés, claro) y la persecución de los idiomas regionales asociados a la reacción (quienes más los defendían eran los curas) fue muchísimo más eficaz que ningún diccionario. Cuando cuestiones similares se plantearon en nuestra península (¡con menos diversidad idiomática que Francia!) las voces modernizadoras no pudieron con las ultramontanas.

AH, conozco a más de uno que ha puesto a sus niños a estudiar chino.

Miroslav Panciutti dijo...

Tras publicar, veo tu respuesta a Vanbrugh y me doy por contestado.

Lansky dijo...

Miroslav:

¿Poca o ninguna la influencia que tienen los diccionarios?

Esa afirmación, tuya, no de Vanbrugh, sí que requiere no ya matizaciones, sino enmiendas a la totalidad, así que ni te respondoa eso

Los diccionarios son especies indicadoras del estado del 'ecosistema hablado y escrito', no el ecosistema propiamente,evidencian unas tendencias o situación/estado, no son la tendencia y ni siquiera la marcan, por eso estaba mal expresado lo que quería decir con lo de la Crusca y el de Richelieu, pero repito, la afirmación d emiros no tiene ningún sentido

Miroslav Panciutti dijo...

Lansky, yo diría que no me enmiendas (ni total ni parcialmente) sino que explicas exactamente lo que yo digo. En efecto, los diccionarios son indicadores del estado del lenguaje y dan cuenta de la situación o tendencias de éste, pero NI SIQUIERA LA MARCAN. Es decir, y me repito, los diccionarios no influyen (o lo hacen en mínima medida) sobre la evolución del lenguaje. Obviamente, la evolución del lenguaje no sólo influye sino que determina los diccionarios.

Lansky dijo...

Insisto: "En cuanto a su influencia sobre el lenguaje real, más bien poca o ninguna, como dice Vanbrugh"; no es de recibo

Miroslav Panciutti dijo...

Pus vale, Lansky, insiste cuanto quieras. Yo, por mi parte, insisto (por última vez) en que tu explicación tras mi comentario viene a decir lo mismo que descalificas.

Vanbrugh dijo...

No es que tu foto esté mal de luz, Lansky: es que las luces, quizás injustamente, las doy por supuestas, y dedico el comentario solo a hacer notar lo que me parecen sombras. Por que soy así, qué voy a hacerle, y porque el asunto del post incide en una polémica ya vieja, contigo y con otros.

No entiendo del todo tu discusión con Miroslav. Creo que decís lo mismo, básicamente, y se me escapa tu empeño en rebatirle una frase ("En cuanto a su influencia sobre el lenguaje real, más bien poca o ninguna") que a mí me parece perfectamente coherente con lo que tú mismo afirmas: "Los diccionarios... ...evidencian unas tendencias o situación/estado, no son la tendencia y ni siquiera la marcan". Tendremos que elegir: si el diccionario no marca la tendencia, sino que solo la señala, es evidente que no tiene influencia sobre lo señalado. Si creemos que sí tiene influencia, no podemos afirmar entonces que "no es la tendencia y ni siquiera la marca". A mi juicio, estás afirmando lo mismo que Miroslav con una formulación distinta de la suya, pero compatible con ella, para acto seguido negar categóricamente la suya...

Otto Van Infirmitas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Otto Van Infirmitas dijo...

El diccionario creo que sí influye en la pervivencia de las palabras. Lo que hace precisamente el DRAE es elevar los vocablos que recoge a la categoría de lenguaje oficial del estado español. Además, se mezclan en él los ingredientes de la auctoritas y la potestas. El estado le ha otorgado el poder de ordenar el idioma a unos señores que supuestamente son "sabios" de la palabra. Esto influye mucho sobre los ciudadanos, quién no tiene un amigo que toma las definiciones del DRAE como si fuesen palabra del señor.

Otra cosa es que no sea el único factor que ha intervenido en la extinción de los dialectos franceses e italianos. En este sentido creo que es importante la tendencia centralizadora del estado francés, por ejemplo, que como dijo un profesor mío de Constitucional es un tractor que lo arrastra todo.

Andrea dijo...

Por más que lo intento y por la admiración que te profeso, lo siento, no me gusta nada Auden...

(Luego leeré el post que hace muy buen día)

Ozanu dijo...

Yo creo que Lansky se refiere a que la creación de los diversos diccionarios ayudó la uniformización de las lenguas, lo que tuvo el desagradable efecto de que todos aquellos términos que no entraban dentro de los considerados dialectos normativos no sólo quedaron relegados de la existencia literaria, sino que fueron progresivamente vistos como términos de cháchara. No olvidemos que desde aquel entonces han pasado no sólo varias generaciones, sino también procesos de alfabetización de la población, los cuales se hacían acorde a la norma. Por supuesto, por sí solos no sirven de nada.

En el lado opuesto tenemos Noruega, donde no hay lengua oficial, y los diccionarios que aparecen en ese país reflejan el grado de nacionalismo de sus autores. Para simplificarlo, resulta que el noruego recibió grandes influencias bajo el período de dominio danés, y existen dos tendencias a la hora de hablar noruego: a la danesa, y a la noruega.

De todos modos, la inexistencia de academias lingüísticas en inglés no evita que en el mundo anglosajón haya también discriminación si tu acento no se parece a la "Received Pronunciation".

Otto Van Infirmitas dijo...

Muy cierto Ozanu. En el Reino Unido están obsesionados con el acento. Pero, en mi opinión, en especial los ingleses, son quienes más fatuamente han tergiversado, de entre los europeos, el legado grecolatino, por lo que no me sorprenden sus tontas manías y su general mal gusto. Siempre lo digo, aunque por personales motivos, no genéticos, amo a esta mezcla de sajones y normandos. Pero tienen que volver a mamar de las raíces clásicas originales. Aprender quiénes fueron bárbaros y quiénes ciudadanos del imperio. Estoy muy en la línea de Alejo Carpentier, dejemos de arrodillarnos porque, a fin de cuentas, de dónde proceden los tres pilares de occidente: Grecia y Roma.

Siento haberme ido por las ramas Lansky, pero el cuerpo me pedía decirlo.

Amadeu Ros i Torres dijo...

Estimado Lansky, acabo de asomarme por aquí y veo que estais en plena discusion de un tema que desconozco.
Solamente queria saludar. Pep Segarra me apuntó tu direccion el otro dia, casualmente nos vimos y ya hacia meses que no.
Oye, que me he hecho "blogaire" ( en valenciano), ya he leido tu comentario y me paso por aquí.
Caramba con la foto en el llaüt con Toñi y los niños... Sí los otros dos tambien, vaya, vaya, como pasa el tiempo.
Dices que acaba de cumplir 30? La pequeña ya tiene 30?
Nuestro Marc tiene ahora 14 y Núria 11, y fué el otro invierno que estuvimos en Gredos...
Estais todos bien? Pues nada mas, abrazos y besos para repartir.
Nos leemos-ens llegim.

Amadeu.

J. G. dijo...

me ha costado hablar, pero yo con mucha honra nunca he pasado de mi pequeño kapelusz que siempre me acompaña

Antonio de Castro dijo...

Yo le tengo mucho cariño a mi viejo "Diccionario de sinónimos, ideas afines y contrarios" que sacó la Editorial Teide allá por los años sesenta y alguien compró en mi casa el mismo año en que nací yo.

Paco Muñoz dijo...

El diccionario es el primer libro que me causó desilusión. Cuando era uno un niño, recién aprendido a leer cae en tus manos el diccionario,uno pequeño con pastas azules que tenía mi padre, y buscas las palabras de la calle: follar, follaje, polla, chocho... y te llevas la primera gran desilusión de la serie de las que vendrán después, Follar es darle al fuelle; follaje es maleza; polla es gallina joven; y chocho es altramuz. Y por mucho que intentes ir a la definición, la mayoría de las veces es un circulo cerrado que te devuelve al origen. Luego te compras el enciclopédico por fascículos -Monitor de Salvat, me parece que media España de los sesenta lo coleccionó-, o los cuatro tomos del Sopena, que me incitaron a hacer un mapa de constelaciones que nunca acabé. En fin que como difícilmente puede uno opinar en vuestros debates, por la carencias neuronales lógicas, no tiene más remedio que introducir elementos mucho más de a nivel de calle.
Si es bueno el contenido mejores son los comentarios. Gracias.

Saludos.

Lansky dijo...

Vanbrugh:

Pues puede ser que Miros y yo digamos lo mismo, pero a mi no me lo parece, precisamente porque su afirmación de nula influencia del diccionario me parece carente de matices. Si los diccionarios recogen la tendencia ya la reafirman, como dice Ozanu y Otto, o sea, ya tienen influencia aunque no sea la principal. Ahora si escribes 'se limitan a ' ya lo estás infravalorando.

Resumo: el lenguaje no es neutral y los diccionarios tampoco

Miroslav Panciutti dijo...

Lansky, yo no digo que los diccionarios tienen nula influencia sobre el lenguaje, sino "poca o ninguna". Aceptaré pues, con el argumento de Otto, que el que las palabras se recojan en el diccionario puede contribuir en alguna medida (poca, en mi opinión) a mantenerla y, por lo tanto el diccionario sí influye en la evolución del lenguaje (pero poco, insisto).

Sigo pensando que, en este asunto, opino casi prácticamente igual que tú, aunque no te lo haya parecido. Puedo estar de acuerdo en que tendría que haber matizado mi afirmación inicial, como ahora le contestas a Vanbrugh, pero no en que requería una "enmienda a la totalidad" y por tanto no merecía ni siquiera una respuesta tuya.

Y, desde luego, totalmente de acuerdo en que el lenguaje no es neutral y los diccionarios tampoco

Lansky dijo...

Miroslav, ya que con palabras andamos, para mí, 'nula' o 'ninguna' en este caso es exactamente lo mismo

Miroslav Panciutti dijo...

Lansky, eres un maestro en salirte de la línea argumental (supongo que eso es lo que llamabas elegir el campo de batalla). Naturalmente que, también para mí, 'nula' o 'ninguna' es exactamente lo mismo (en este caso y yo diría que en casi todos). La cuestión que matizaba no era ésa, sino que yo había dicho (y tú habías "olvidado") que la influencia era POCA o ninguna. Admitiendo, como ya he hecho, que la influencia NO es ninguna (o nula), ¿podemos ponernos de acuerdo en que es poca?

Lansky dijo...

Vale, Miroslav, dejémoslo así, siempre que tu convengas conmigo en que la maestría de cualquier esgrima, sea el boxeo o sea la argumental, es elegir el campo, encontrar tu sitio como dicen los taurinos o traerle a tu querencia al oponente. Mi gancho de izquierda siempre va un poco alto, es automatismo adquirido.

Miroslav Panciutti dijo...

Lo convengo, Lansky, cuando te refieres a la competición (sea esgrima, boxeo, etc) que busca "vencer". Lo que pasa es que para mí las discusiones tienen por objeto "aprender" y, por tanto, los interlocutores no son adversarios sino colaboradores (o deberían serlo).

Lansky dijo...

Pues nada, convengo también que tu eres bueno y sabio y buscas aprender y yo, malvado y tal, vencer o con-vencer