Un camino banal y embarrado, unas cunetas y unas trincheras marrones, una valla deslabazada, pero la foto es la luz

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(preámbulo: antes de andar)
La sabiduría popular, que tan a menudo no es ni una cosa ni otra (ni popular ni sabiduría) dicta que el amor y el odio son sentimientos peligrosamente próximos y transmutables. Puede que en algunos casos sea así, como en el conocido amor pasión despechado, pero en muchos otros no. Yo odio cosas que jamás he amado ni amaré. Veamos(preámbulo: antes de andar)
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Muchas veces os he hablado de mi odio al turismo —¿debería decir 'de masas', cuando siempre lo es?—, así que no os cansaré. Esta vez, simplemente, me viene a cuento del odioso fenómeno una frase de Marx y Engels del Manifiesto: “todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado”3
No me suelen gustar las joyas, pero si algunas piezas graciosas de bisutería, y prefiero muchas piedrecillas curiosas, el ámbar y el coral a tanta piedra preciosa. El preciado alabastro me resulta casi asqueroso, mientras que la ‘vulgar’ madera me parece un material nobilísimo. De la apabullante máscara de oro de Tutankamón lo que más me gusta es la pasta de vidrio azul de sus ojos.4
Amor/odio a la lectura digital. No. Leo digital lo que nació digital, como este blog, y analógicamente en papel y tinta en forma de libro lo que como tal nació. Y creo que seguiré en esa convivencia sin suplantaciones mucho tiempo. Mi biblioteca es analógica, mi escritura cada vez más digital. Soy un comanche que hace de guía a las tropas invasoras del 5º de Caballería.5
Odio lo que estando ya inventado se vende como nuevo, por ignorar los precedentes o por oportunismo, aunque perdono peor esto último. Y esa es la parte que odio del Movimiento del 15 M y de los indignados, que son como esos chavales repletos de hormonas que piensan que antes de ellos no existía el sexo ni los besos con lengua. Los del 15 M son en cierto modo como para algunos europeos abstrusos las ‘caucuses’ de Estados Unidos, con toda su pureza primitiva democrática y asamblearia en la que priman las decisiones comunitarias sobre el simple gesto rutinario de introducir un voto en una ranura, porque no se trata de depositar una papeleta tanto como de debatir en pública asamblea quién nos representa para elegir a otro. Como en lo 'otro,' meterla está bien, pero no es lo único, ni siquiera lo primero.
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Odio a los héroes en lo que tienen de opuesto a la gente corriente. Un héroe es alguien que entrega su vida a cambio de sus sueños. Una persona corriente es la que entrega sus sueños, ay, a cambio de su vida (y a eso le llamamos trabajo). (Y odio a los que se repiten, y aquí lo he hecho, aunque es mejor que autocitarse)Y odio a los mártires. Con el asunto de los cristianos y otros chantajes suicidas, siempre me pongo de parte de las fieras. Me parece siempre más sagrada -y más limpia- la tinta del sabio que la sangre del mártir, que no tiene argumentos para mí.
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Me gustan por lo común los niños. Por eso odio las mecánicas, estereotipadas representaciones de autómatas infantiles conocidas como funciones teatrales en los colegios. Adoro a los niños traviesos y detesto a los mimados, a los que se 'buscan' la vida y no a los que reclaman que se la solucionen.8
Odio los irracionalismos, pero admito la necesidad de una cuota de irracionalidad en la vida de cada cual. Chesterton decía algo así como que los que no creemos en Dios estamos expuestos a creer en cualquier cosa, y parte de razón tenía, sobre todo al señalar el mayor irracionalismo y quizás el más consolador de todos: Dios. Parece paradójico que en la época de los brillantes desarrollos de la física y la biología que para hablar de supersticiones (adosadas o no a las religiones), astrologías y fanatismos diversos, y habrá quien diga que para cubrir la cuota bastan con las religiones, a ser posible las ‘buenas’, o sea, los monoteísmos con pedigrí y no las cienciología y demás vainas. No obstante, tanto como pueda detestar esos irracionalismos, tanto los comprendo en su necesidad: no hay nada más inhumano que alguien absolutamente racional; no es razonable.
9
Odio las masas, la gente como plural, su comportamiento ciego e irreflexivo, cuyo máximo exponente son los linchamientos, físicos o metafóricos. Desde ese punto de vista, la aclamada Opinión Pública tampoco me agrada; pero la gente, las personas, algunas, de una en una, me encantan y entiendo el mensaje cristiano y nómada de considerarlas de una en una, insisto, mis hermanos. Soy huraño, pero filántropo.10
Me suele gustar el deporte; verlo y practicarlo, aunque hay deportes divertidos de jugar y aburrridos de ver (el golf) y a la inversa. Odio el mal llamado periodismo deportivo, hablado, escrito o presentido. Pero me gusta que los buenos literatos escriban sobre estos asuntos, no suelen incurrir en bobos cotilleos y transmiten heroismo y entusiasmo.
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Adoro el contacto sexual y no odio, pero me entristece el sin-tacto sexual (si te masturbas pensando en mí, dímelo, por favor, igual podemos hacer algo juntos para mejorarlo).
Amo a las mujeres, pero detesto a las mujeres 'femeninas'.
***
Tenía más, pero no quiero llegar al 13, por superstición (Adoro la curiosidad y detesto a los cotillas, me gusta lo nuevo, pero no lo actual, que es su contrario en cierto modo; detesto los eufemismos, pero también las 'sinceras' groserías...etc.)
Ah, y odio subrayar lo que yo escribo (como, sin embargo, he hecho aquí), pero adoro subrayar lo que escriben otros.
22 comentarios:
Comanche perdido, como tú, me he enrolado en el 5º de Caballería y encima estoy encantado con la gorra. Leo en mi e-book como loco y, con todo mi amor intacto por mis queridos libros de papel, le encuentro ventajas. (A ver que piense... no pesa, no pierdes la página, ningún guarro se chupa el dedo para restregarlo luego por la esquina -costumbre fusilable-...)
Por otra parte si nos enconamos mucho contra lo que, ya inventado, se vende como nuevo, acabaremos regañados con gran parte de lo existente, porque casi todo está inventado y periódicamente intentan colocarnos como novedad también casi todo. Hay que tener paciencia...
Hay mártires y mártires. Yo también tengo bastante manía a las victimas que disfrutan con su papel y lo persiguen activamente, pero cro que hay que distinguirlas de las que no lo han elegido.
Y me ha dejado un tanto perplejo la alusión al 'mensaje cristiano y nómada'. ¿Nómada?
Por lo demás, como suele sucederme, bastante de acuerdo con tu lista de amores y odios. Qué le vamos a hacer...
Vanbrugh:
Mi madrugador comentarista (aunque a veces aproveches las tardes que no ando aquí para llenarme esto de requiebros rubensianos), te explico,
-lo de ‘nómada’ va por mi consideración de que los tres monoteísmos o religiones del libro lo son del desierto, y por ende nómadas (aunque los judíos más de oasis y por eso les jode tanto las marchas hasta el mar Rojo)
-lo del libro electrónico y demás, pues de acuerdo igual. Tanto hablar del ‘futuro del libro’, cuando de lo que se está hablando es del ‘libro del futuro’, o sea, de esos adminículos que a ti te gustan y a mí me la sudan, que cambian y se desfasarán mucho más rápido que el libro de toda la vida pero que en definitiva sirven para leer contenidos, que es lo que importa
En cuanto a los mártires, detesto a los que van de víctimas, si alguno ha caído sin querer en una redada pues cuenta con mi apoyo, porque con las brujas siempre estoy con el que está arriba de pira
y lo más importante: no me encono contra lo nuevo (parece mentira) un atento lector como vos), sino con ciertas formas de vendérnoslo.(Aunque... En realidad me jode la novedad vendida por sí sin más)
Como tú, e imagino que como cualquiera con un mínimo de sensibilidad, también odio el turismo de masas, aunque más exactamente lo que odio son los comportamientos "profanadores" de las masas haciendo turismo. Porque, también como tú, odio las masas y en realidad el odio al turismo de masas no es más que una manifestación del primero.
En lo que disiento, aunque no sea más que cuestión terminológica, es en la equivalencia semántica que haces entre turismo y turismo de masas, si bien he de reconocer que, en la práctica, la abrumadora preponderancia de esta última categoría ha abducido el significado del todo. Turismo, en la definición del diccionario (y más o menos en la de la OMT) viene a ser viajar por placer y, como bien sabes, su origen etimológico viene del francés tour, que implica un viaje hecho para volver al lugar de origen, pasando por el invento británico del XVIII del Grand Tour, esa especie de viaje de formación para los jóvenes de clase alta. A partir de la posguerra mundial, se vendió el viaje por placer como un producto más de consumo masivo y ya se ve el resultado.
Ahora bien, como todo fenómeno de tales magnitudes, el turismo masivo es complejo y digno de reflexión. Por ejemplo, en lo que se refiere a los sentimientos contradictorios que provoca en los nativos de los lugares receptores (como estas islas donde habito), cuya supervivencia económica tanto depende de que sigan viniendo esas masas ávidas de vacaciones estereotipadas y enlatadas comercialmente.
En cuanto al libro electrónico, reconozco que no logra reemplazar mi predilección afectiva por el de papel. Pero no hago la distinción que señalas (al fin y al cabo, leer los textos en la forma en que nacieron no es tarea simple ni coincide con los productos resultantes de las actuales técnica de impresión). Ahora, como Vanbrugh, le encuentro cada vez más ventajas al lector electrónico. En el breve viaje de este fin de semana, por ejemplo, me ha permitido leerme dos "libros" con una reducción significativa del peso y volumen de mi equipaje.
Te corrijo, Miroslav, aún arriesgándome a provocar una discusión interminablemente aburrida. La palabra 'turismo', aunque provenga del término 'tour' francés, es una expresión inglesa, 'The Grand Tour', que los retoños de clase alta emprendían en el romanticismo con un tutor y otro compañero, principalmente a tu amada Italia. Por eso los ingleses distinguen entre 'tourist' y 'voyager', el primero con billete programado de ida y vuelta. Prefiero pensar que soy un viajero y detesto que programen mi ocio.
En cuanto al libro electrónico ya he he contestado en mi primera respuesta a Vanbrugh: se habla del "futuro del libro", pero en realidad se habla realmente dle "libro del futuro", cuando el continente es lo de menos, importa el contenido
No temas que no voy a iniciar "una discusión interminablemente aburrida". Ciertamente, el término turismo es un neologismo que proviene del Grand Tour inglés, pero éste, a su vez, es un galicismo. Así lo dije en mi comentario, aunque tal vez me explicara mal y de ahí tu "corrección". Y sí, esos elitistas ingleses iban sobre todo a Italia, pero también a Francia e incluso a Ginebra a visitar a tu poco estimado Volatire, que venia a ser una atracción turística más.
En cuanto al libro electrónico (o analógico), estoy por supuesto de acuerdo en que lo importante es el contenido y no el continente. Tu distinción, compartiéndola, se basa en dar significados ligeramente diferentes al término libro en cada una de las dos expresiones.
ya he dicho con otras palabras que era un galicismo, joder
¿Joder es un galicismo? Nunca lo hubiera supuesto. Estos franceses es que son el demonio...
Sí, te he "repetido", como tú lo has hecho con lo que to dije antes. Si es que somos iterativos, coño.
avoir le diable au corps, Vanbrugh, ça 'est
Así me gusta a mí todo lo francés, claro...
¡por fin una discusión de altura intelectual! A mí el francés me gusta, no digo que no, pero como forma habitual de hacerlo, pues no.
No sabía yo que el intelecto quedara a esa altura. Lo que aprendo contigo...
No, no, no puedo juzgar a los demás por mi 'rasero': el mío sube muchísimo, ni te imaginas
No veo cómodo subir el trasero para un francés, pero tú verás. Cada cual tiene sus posturas.
eres un enfermo...(tu est malade)
Acabaré aburriéndote y cansando al personal de tanto alabar tu fotografías. Esta primera de hoy es magnífica, bucólica, evocativa; viendo ese camino, las matas y árbloes y ese cielo al fondo dan ganas de madrugar para pillar el campo así.
En cierto modo el punto 9 casi casi resume (compendia)todos los demás y algunos otros que pidieras añadir a tu antojo.
Siempre me chocó que los Diez Mandamientos se pudieran encerrar en dos... y mentasen cuales eran. Pues ya está: DOS.
Tus alabanzas nunca son pocas para el pozo son fondo de mi vanidad:
la he colgado porque es la luz, como digo, el paisaje es trivial y el camino, embarrado y hasta feo, con rodadas como cicatrices de acne largo, pero la luz...
Coincido en casi todas tus 12 fobias, pero permíteme que agregue un matiz: lo que más se odia es precisamente lo que más se ha amado. El odio verdadero es una rareza que no todo el mundo llega a experimentar en su vida, pero existe, como la cara B de los vinilos, y asusta cuando se siente.
Hola, Alicia, Bienvenida.
Como digo en el preámbulo, yo no estoy muy de acuerdo con esa presunta proximidad del amor y el odio; eso sí, ambos son sentimientos intensos, pouestos a la indiferencia
No es que el amor y el odio sean próximos, en realidad son opuestos, pero están juntos en el mismo disco: son la cara A y su reverso, la cara B. Lo ideal sería pinchar siempre la cara A, pero a veces, la aguja llega a la última canción y en vez de volver a pinchar esa misma cara, algo hace que le das la vuelta al disco y empiezas a pinchar con insidia la cara B, la que siempre fue desconocida. Lo difícil es lograr que no se convierta en la melodía de toda una vida y que puedas pinchar otro disco nuevo.
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