Cuando los catetos de las universidades de tierra adentro discutían airadamente sobre la posibilidad de que la Tierra fuera redonda, es decir, sobre que viviéramos en un planeta y no en un terrario más o menos amplio, los navegantes lo sabían desde siempre. No porque hubiera circunvalado la Tierra navegando por sus océanos, que también (y antes de Colón), sino porque ‘veían’ directamente todos los días encalmados de singladura su esfericidad: no sólo ese horizonte curvo que sólo se distingue en mar abierto, sino la desaparición de otro barco en ese horizonte, ‘cayendo’ por el otro lado mucho antes de que la distancia le hiciera disminuir tanto de tamaño como para dejar de verlo.
Igualmente, ahora, desde hace muy pocos lustros, sabemos que hay otros planetas en torno a otras estrellas que no son nuestro sol; los planetas extrasolares son un descubrimiento reciente en la astronomía, pero para la gente corriente y profana es obvio que los había. “Ah, ¿pero es que no sabían eso?”
El descubrimiento real es de 1995, aunque tres años antes un polaco (como Copérnico) había detectado unos objetos extraños alrededor de otro grande tipo pulsar. Los suizos Michel Mayor y Didier Queloz (entonces profe y alumno, hoy emérito y ‘cátedro’), de la Universidad de Ginebra, detectaron un planeta en órbita de una estrella que no es el Sol. Con ello abrieron una brecha que no han hecho sino ensanchar los que vinieron detrás: la búsqueda de planetas extrasolares. Este primero quedó bautizado Pegasi 51 b, es decir, el planeta b en torno a la estrella 51 de la constelación de Pegaso.
Desde entonces se ha incrementado la lista en 700 y sigue creciendo. Son planetas a los que probablemente nunca llegaremos, porque están a años luz de nosotros (50 en el caso mencionado), así que nunca lo haremos 'personalmente', sí con nuestro instrumental crecientemente fino. El objetivo, confesado o no, es encontrar planetas similares al nuestro, rocosos, de una masa similar a la Tierra y a una distancia apropiada de su sol para que el agua se encuentre en forma líquida. Si hay presencia de vida, se notará en su atmósfera, no tanto porque esta permita a aquella, como a la inversa, porque la vida deja señales en la atmósfera, como metano, nitrógeno y el omnipresente oxígeno, que a su vez, en una retroacción genial, provoca la aparición de vida aerobia.
Ah, salvo Venus, Júpiter y Marte a veces, los planetas no suelen poder verse: son objetos sin luz propia y precisan de técnicas indirectas para ‘verlos’ (figuradamente). La de nuestros suizos se basa en la llamada velocidad radial, una suerte de bamboleo que induce gravitacionalmente en la estrella que es su sol el planeta que gira a su alrededor.
Pero, claro, se lo cuentas esto al de la tienda de la esquina y él te suelta una de ovnis y a continuación te dice que claro, que como no va a haber más planetas. Y si lo piensa uno fríamente, no puedes dejarle de dar la razón. La Tierra era redonda antes de Colón, y los planetas estaban ahí, en la mente de cualquier tendero, pero ahora también en los instrumentos de nuestros astrónomos.


14 comentarios:
Pues yo tengo entendido que la mayor parte de la gente culta de la Edad Media, por ejemplo, sí sabía que la Tierra era redonda. No niego que algún cateto lo discutiera, como hay por ahí un estrambótico bloguero que defiende el geocentrismo, pero era bien conocido.
Yo lo que pienso ahora que van a ir a la luna ya de verdad qué imágenes van a mostrar que no nos hagan caer en desmentidos o falsos planos de prueba o similar de las ya sabidas.
Me cuesta no repetirme cada vez que te leo: me ilustras.
Me sumo al comentario de Raul.
Nos vamos haciendo pequeños.
Es una forma de verlo, Céfiro; otra es que vamos alargando la vista; yo la prefiero
¿No te sientes más pequeño, más insignificante al pensar en la existencia de ¿infinitos? mundos?
Desde luego, desde un punto de vista puramente humanista, no... pero ¿somos humanistas?
En cierto modo sí, pero eso no me hace sentirme mal, al contrario
(Sin embargo, una noche me tumbé en el altiplano boliviano a contemplar un increible cielo estrellado y de pronto, súbitamente, me entró un vértigo horroroso; nunca más me ha pasado)
y de todas formas, como especie, quizás tengamos el 'tamaño' justo para no ser aún más imbéciles.
En cuanto al humanismo, tiene muchas cosas positivas, pero no es la panacea, también es una miopía en cierto modo (con el resto de seres y objetos). Una cosa es que nada humano te sea ajeno (y a mí hay cosas que sí me son ajenas) y otra es que todo lo no humano o sin relaicón directa con lo humano no me interese. El Humanismo sólo es una corrección de cierta teología abusiva y medieval
Yo, desde que vi La Guerra de las Galaxias de pequeña (y te aseguro que fue mucho antes de 1995), lo tenía tan claro como el tendero... :-)
Me gusta tu blog!
Gracias, Alicia (¿también ves la luna nueva? ¿y la cara oculta?)
J.G. : a la luna fueron de verdad, lo que pasa es que llegaron de noche, aparcaron en un descampado y se vé todo tan oscuro y borroso que parece un camelo.
Por asociación de ideas : ¿ no se reían de los lamaístas que pretendían que todo ser estaba envuelto por una aura y que ellos eran capaces de verla ? Hasta que los Rusos inventaron una cámara (creo que fue en los 70)capaz de captar el fenómeno.En su día fueron imágenes revolucionarias.¿ Para todos ? No.
Publicar un comentario en la entrada